La temible secta limeña (Fernando Ampuero)

04 jul (Perú.21) La vida literaria peruana, en nuestros días,se presenta movida por aguas borrascosas; vale decir, proliferan los escritores con el resentimiento a flor de piel. Y, como se sabe, el resentimiento (al igual que la razón) engendra monstruos.

Ciertos autores no aceptan que el Perú es un país pluricultural y, en consecuencia, negando a las minorías, lo dividen -lo siguen dividiendo, como en los tiempos de la Colonia- en criollos y andinos. No digieren el mestizaje, no reconocen el derecho de cada autor a escribir sobre lo que ha vivido, ni siquiera reparan que Lima es hoy la ciudad andina-negrachina- amazónica acriollada más grande del país. Solo así se explica la banalidad de sus recientes y penosos reclamos: una supuesta discriminación de los literatos limeños, un supuesto desequilibrio en la cobertura periodística. ¿Decían lo mismo cuando Ciro Alegría o José María Arguedas estaban en la palestra? No,que yo sepa. Nadie se quejaba. Entonces, ¿qué ocurre ahora? ¿No será que no hay escritores andinos de ese nivel que interesen hoy al gran público? Interesa 'Chacalón', interesa Dina Paúcar. ¿No es más bien que no se impone un equivalente literario de rasgos claramente andinos que desate pasiones entre los lectores?

Sin embargo, confieso que no le falta razón al escritor Miguel Gutiérrez, si nos atenemos a su artículo publicado el pasado 29 de junio en Perú.21,cuando nos hablaba de sectas literarias que conspiran contra los autores andinos. Y es precisamente por ello que me veo en la necesidad de informar sobre una experiencia que me ha deparado el destino.

Anoche, mediante una esquela manuscrita, acudí a una cena en una vieja casona de Barranco. Me invitaba un amigo de la infancia a quien no veía hace años, aunque pronto descubrí que ni mi amigo ni la invitación eran de fiar, sino que me habían tendido una trampa. En la casona me recibió un mayordomo que me condujo a un enorme salón sin muebles. Allí me pidió que aguardara, y luego se esfumó. Solo, bastante extrañado, me sentí inquieto ante tal acogida. Pero pronto extrañeza e inquietud se tornaron sorpresa y auténtico pánico cuando vi que por una pequeña puerta secreta (camuflada en una chimenea) irrumpían doce individuos ataviados con túnicas y capuchas negras, algunos de ellos enarbolando antorchas encendidas y otros arrastrando una joven, peluda e inocente alpaca atada con una soga. "¡Los escritores andinos nunca tendrán tanta prensa como los limeños!", exclamó uno de los encapuchados y, acto seguido, sacó un filoso cuchillo y degolló a la alpaca. "Nosotros, por si aún lo ignoras, somos la secta de escritores criollos que ningunea a los andinos", "¡Caray!", me asombré. "¡Entonces existen!", "Claro. Ya nos estás viendo". En realidad, a duras penas podía ver ojos y bocas a través de los huecos de las capuchas, y no resultaba nada fácil identificar, en esas miradas afiebradas y en esos labios sedientos de sangre andina, a ningún autor limeño. ¿Quiénes se ocultarán aquí?, pensé. ¿Iván Thays, Alonso Cueto, Jorge Benavides, Óscar Malca, Enrique Planas, Mirko Lauer, Jaime Bedoya, Santiago del Prado? No estoy muy al tanto de la vida literaria para dar más nombres, pero no me parecía que pudiera ser alguno de ellos. "Te necesitamos, Ampuero", exclamó el degollador. "Queremos que trabajes para nosotros", "No, por favor", contesté. "No me metan en líos. Ya tengo bastante con los narcos y con los cerveceros, que me amenazan, y a ellos se han sumado ahora unos dolidos poetas que sienten que he invadido sus feudos y que odian peor que peluqueros de señoras. Además, estoy a punto de publicar un nuevo libro y aprovecharán para atacarme". "No tienes alternativa, Ampuero; tienes que ayudarnos"." ¿En qué?". "Tenemos infiltrados y queremos detectarlos. Alguna de nuestra propia gente está ayudando a Miguel Gutiérrez, líder de los andinos"." Explíquense,por favor". "Gutiérrez ha publicado en Perú.21,que es un diario de nuestra secta (¡cómo diablos ocurrió esto! ¡por qué han consentido tales publicaciones!); incluso, en El Comercio, le han dedicado muchas notas y hasta un espacio destacado en una de sus enciclopedias. Esto es alta traición. ¿Quién permite que ocurran tales descuidos? Ampuero, te encargamos que lo averigües .Es algo que nos urge, pues ya se viene la Feria del libro de Guadalajara, donde el Perú es invitado de honor". Así que,queridos lectores, no piensen que el señor Gutiérrez padece delirio de persecución. Hay,en efecto, una secta que detesta a los autores andinos, y además, para colmo -tengan cuidado, literatos limeños-, hay autores andinos que están saboteando a esta secta limeña infiltrándose en los diarios que domina la "cultura oficial".

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30 de junio de 2005

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