''Soy un vanidoso controlado''

DIÁLOGOS. Fernando Ampuero es periodista y escritor. Dice que con el periodismo cumple una labor social, con la literatura sacia una necesidad personal. Hace siete años le dieron un diagnóstico claro: te quedan seis meses de vida, le repitieron cinco médicos. Él terco, siguió viviendo

Con el pretexto de su último libro de cuentos "Mujeres difíciles, hombres benditos", me acerqué a uno de los supuestos operadores de la mafia literaria para una entrevista. Fernando Ampuero me recibió con desayuno en su departamento del piso 12 de un edificio miraflorino con vista al mar. Entre los jugueteos de su perro Lorenzo y los coloridos cuadros de grandes pintores en las paredes, me contó un poco de su historia. Es difícil arrancarle confesiones personales. El escritor pierde su pose de seductor y la locuacidad cuando le tocan las fibras más íntimas.

¿Al responder en la polémica entre escritores criollos y andinos, no pisaste el palito?
Prefiero pisar varios palitos a morderme la lengua. En este país nadie se dice las cosas. A algunos nos ha bastado escribir un par de artículos contestando a sus provocaciones, para generar un desembalse de resentimientos de casi medio siglo. Parece que esta gente se ha pasado la vida sufriendo lo indecible. He aquí la más ridícula violencia del tiempo.

Tu pisada del palito ha sido consciente.
Soy una persona que suele enfrentar los retos y llamar a las cosas por su nombre, no me gustan los eufemismos ni las insidias cobardes. No es mi estilo. Ahora, yo no tengo nada contra los escritores de temática andina: me gustan mucho Arguedas y Ciro Alegría y entre los vivos Edgardo Rivera Martínez, Carlos Eduardo Zavaleta, Laura Riesco, entre otros. Creo que dividir la polémica entre andinos y criollos ha sido una manipulación, porque lo que estaba detrás era un conflicto de los autores desconocidos, contra los conocidos. De otro lado esta polémica ha olvidado su principal motivación que era el reclamo de cobertura periodística. Una tontería vergonzosa, pero lo más vergonzoso es que se haya recurrido a los insultos. Probablemente hay un país literario olvidado, pero también hay un país literario sin talento y esto último no se cura con reclamos.

¿Crees que Gutiérrez y Reynoso no tienen talento?
Creo que Gutiérrez es un escritor correcto, pero a mi modo de ver está sumamente sobrevalorado. Para mí es soporífero. Reynoso me parece que es un autor de tercera fila, que desde la década del 50, se la ha pasado quejándose. Sus primeros libros tuvieron algún interés por el uso de la jerga, pero según mi punto de vista, eso ha hecho que envejezcan terriblemente. Además él juega a hacerse el marginal, pero es un tipo de marginal muy raro que busca golpear para tener prensa.

¿Por qué mencionaste a Mario Bellatin, sin que tenga nada que ver en este asunto?
Lo respeto, dije que es un buen escritor aunque a mí no me emociona. Lo menciono porque es un autor criollo y en ese momento se quería polarizar la discusión entre andinos y criollos.

El debate continúa y tú sigues refiriéndote al tema.
Me propongo no hablar más del asunto.

Estoy segura de que volverás a pisar el palito.
Probablemente porque soy temperamental, pero trataré de callar. Lo cierto es que Gutiérrez y quienes lo secundan buscaban figurar en los diarios y a estas alturas lo han conseguido. Más no pueden pedir. Los hechos han demostrado que la mafia era una fantasía y que si existiera no tendría tanto poder. Ahora utilizan los espacios periodísticos para dejar sentada su postura estética o política por la cual descalifican a los que no ven la literatura como ellos la conciben, desde la lucha de clases, que a mi entender es una visión limitadísima y empobrecedora.

¿No sería una suspicacia válida decir que pisaste el palito para extender el debate?
No soy un marketero a ese nivel. Siempre he enfrentado a mis rivales cuando he creído que debía enfrentarlos, incluso he escrito libros, uno de ellos muy festejado y pirateado.

Sobre ese libro, "El enano", dijiste que te había dado el placer que da aplastar a una cucaracha.
Aplastar un insecto. Y sí, porque este señor atacaba injustamente a un montón de personas, me atacaba a mí y no le contestaba, hasta que le escribí el libro.

¿Eres rencoroso?
No, soy una persona que tiene sangre en la cara. En realidad, nada halaga tanto como que alguna gente te insulte con tanta desesperación. Algo bueno de uno debe estar molestándolos.

Cambiando de tema, ¿cómo empezaste a escribir?
Como casi todos los escritores, escribía poemas en la adolescencia. Tuve una enfermedad muy fuerte, una úlcera, que me obligó a pasar mucho tiempo en cama y aproveché para leer. Me interesaba el teatro, la poesía y la novela. Mi primer libro, "Paren el mundo que acá me bajo", lo escribí a los 19 años. El volumen "Deliremos juntos" que lo contiene se publica cuando tengo 21 y me estoy yendo a las Islas Galápagos a vivir un año y medio. Luego tengo un largo proceso de mochilero por diferentes partes del mundo. Una educación paralela entre la universidad, donde estudié teatro y periodismo; la lectura, leía tres libros a la semana y las experiencias vitales, temía ser un escritor libresco. Finalmente trabajo en el periodismo, que se convirtió en una pasión tan fuerte y tan intensa como la literatura porque me acercaba a los problemas del país. Además me ha servido mucho para la literatura.

¿Te ha dado materia prima?
No solo eso, desde el punto de vista estilístico, al comienzo empecé a escribir como un isabelino, después descubro un lenguaje muy visual e intenso. Un lenguaje sencillo. Además, soy una persona de mi generación, con emoción social y eso lo digo en uno de mis cuentos.

Dices que eres poco coherente.
No, digo que soy contradictorio. Yo creo en lo que dice el poeta Charles Baudelaire: lo único que faltó en la Declaración de los Derechos Humanos, fue el derecho de la contradicción. Uno tiene derecho de preocuparse por la justicia social, pero también por uno mismo. Yo logré conciliar mis preocupaciones de orden personal, que eran las literarias, con el periodismo que me sirvió para cumplir una labor social.

¿Qué tal era tu relación con tus padres?
Buena. Yo soy hijo de divorciados y debo haber sido uno de los primeros alumnos de La Inmaculada aceptado a pesar de eso. Viví en una casa de campo, que era la casa de mis abuelos hasta los 10 años, después en La Punta un par de años, cuando mis padres se amistaron, y como se volvieron a separar me fui a Miraflores. Mi madre es una persona que yo quise mucho, de otra época, muy lectora, tocaba el piano.

¿Eres vanidoso?
Creo que la vanidad es el motor del progreso universal, como decía Ernesto Sábato. Pero soy un vanidoso controlado.

¿Cómo será uno descontrolado?
(Risotadas).

Hasta hablas como argentino cuando se toca el tema.
No es propiamente vanidad, quizás sea amor propio, deseos de hacer cosas, dar sentido a lo que hago. Todos tenemos defectos y no soy un dechado de virtudes.

A raíz de tu libro decías que las mujeres han sido muy importantes para ti. ¿Siempre has sido un seductor?
Esa es una leyenda que han difundido los medios de prensa no sé por qué. (Risotadas)

Tú contribuyes a la leyenda con este libro.
El libro es ficción, son historias de amor acumuladas. Siempre he celebrado la belleza de la mujer, su inteligencia, sus gracias, pero eso no me convierte en un seductor, sino en un rendido admirador de las mujeres. Mi libro es ficción, es verdad que juego con una identificación entre el autor y el protagonista de las historias, pero eso es para contribuir a la verosimilitud, no significa que estoy haciendo un inventario de mis conquistas amorosas, porque eso no es lo importante. Más importante que conquistar, --que es una actividad sencilla porque todos conocen ardides para seducir a las personas que quieren--, es conservar lo conquistado. Eso es de artistas.

¿Estás casado aún?
No, ahora estoy separado, tengo una novia desde hace seis años de quien estoy muy enamorado y tengo dos hijas, de diferentes matrimonios.

Soledad te conquistó.
La soledad siempre te conquista. Ella es maratonista. Curiosamente en la portada del libro aparece Apolo persiguiendo a Dafne que se va convirtiendo en árbol. Es una gran lectora y gran compañera.

Hace unos siete años fuiste desahuciado.
Son momentos en los que uno se replantea toda la vida. Este cáncer me tomó 11 de los 21 ganglios que uno tiene en el estómago. Me operaron, hubo muchas tomografías en las que aparecían manchas en el hígado. Se habló de una metástasis y cinco médicos distintos me dijeron que me iba al otro mundo en seis meses. Encontré un médico maravilloso, Andrés Solidoro, que me dijo pueden ser siete u ocho. Me empecé a despedir. Cenar en restaurantes donde pedía los mejores vinos, pero me di cuenta de que cada vez estaba más sonrosado como si estuviera floreciendo.

¿Por eso sacaste un libro de poemas con las pinturas de Tola?
Lo que ocurrió ahí fue que yo había publicado tres meses antes de que me diera esta enfermedad un libro de poemas que se llamó "Voces de luna llena", en el que anunciaba de alguna manera mi muerte. Durante la crisis yo me voy de viaje con mi hija y mientras estoy fuera, un gran amigo, que es el pintor José Tola, empieza a copiar mis poemas en cartulinas y pintar un cuadro sobre cada uno. Me llama a Europa y me dice: te estoy preparando un regalo. Cuando regresé me encontré con esta obra maravillosa, que es un canto a la amistad. Estuvo en mi casa como ocho meses, a la gente le pareció un lindo trabajo e insistió en que lo publicara.

¿Cuando te descubrieron el cáncer te mandaron quimioterapias?
Sí, tomé unas pastillas. Los médicos querían que me pusiera una computadora en el estómago, pero los meses que me quedaran yo los quería vivir con dignidad. Nadar, hacer lo que me gusta.

¿No te deprimió la idea de morir?
Sí, por supuesto, pero me aterraba más la posibilidad de una muerte indigna. Acabar atravesado de tubos en una clínica, por eso compré un revólver. No quería pasar por la humillación de la agonía. Además, a mí me ha costado mucho comprarme algunas cosas y quería dejárselas a mis hijas y no a un hospital. Me compré un Smith and Wesson por si un día todo fallaba. Afortunadamente ya vendí el revólver y he recuperado la salud. Me fui curando, fui a una bruja para que me ayudara en lo anímico y, de pronto, sucedió el milagro. No sé si podría actuar hoy de la misma manera, por lo pronto, no podría usar un revólver porque me he comprado este departamento y por contrato con el banco estoy impedido de suicidarme.

¿Crees que hay algo después de la muerte?
Creo que hay algo más, pero está en este mundo, en el recuerdo de tus amigos, de tus hijas y de tus enemigos.

JIMENA PINILLA CISNEROS

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30 de junio de 2005

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