Clásicos de la Provincia (Beto Ortiz)

10 jul (Perú.21) Los personajes de la literatura peruana de la actualidad son analizados por el periodista con su característico estilo, sin pelos en la lengua.

Eternos "cover-boys" de nuestra literatura, Ampuero del Bosque y demás glorias del criollismo se desmelenan defendiendo su derecho a seguir posando solos para la foto hasta nuevo aviso. O hasta que salga un nuevo Arguedas, por lo menos. Una primicia: De acuerdo con la atendible lógica de "Los Regios", nuestros columnistas Fernando Maestre y Frieda Holler son los mejores escritores peruanos vivos después de Mario Vargas Llosa.

"Sé que no es de buen gusto que mencione mi obra, pero YO, modestamente, he agotado varias ediciones de mis novelas y cuentos y una crónica novelada que se vendió como pan caliente", se agasajó esta semana, a piacere, el ingenioso hidalgo de los "novelistas criollos" Fernando Ampuero, en sorpresivo 'road-show' multimedia que -a juzgar por su súbita laboriosidad y por la matemática sincronía de sus apariciones- no hace sino presagiar inminente lanzamiento de libro nuevo, además de permitirle perfeccionar el llamativo 'look' gris-plata-Audi-A4 con que reincide -para la foto- en su ya legendaria pose "ta-qué-rico-que-soy" tan ideal para poner en la solapa. Seamos justos: Nunca lo habíamos visto tan cerca de Hemingway como ahora.

(Soy consciente de que por muchísimo menos que el párrafo anterior se puede ser confinado de por vida al área de servicio en la solariega casona de las letras nacionales, área reservada, como se sabe, a los escritores "andinos" o "cobrizos" como va a ser siempre y como tiene que ser, caballeros, les guste o no, aquí se reserva el derecho de admisión y no hay tu tía. Vayan haciéndose a la idea. Mas lamento decepcionarlos, andinistas: no es menester parecerse físicamente a Marcial Ayaipoma ni escribir yaravíes para ser obviado olímpicamente por Férnan y esa influyente y carismática manchita dominical de "Ciclistas del Mediodía" que tan poéticamente pedaleó, de cebichería en cebichería, hasta finales de la década pasada. Para ser declarado mueble, basta con no haberles reventado cohetes suficientes mientras tuviste la magnífica oportunidad. Acabo, pues, de suicidarme, como pueden apreciar. Lejos de su gracia, ya se sabe, no hay más destino que el polvo inexorable del olvido).

Okey, ya está. Ahora, a lo nuestro: agotar varias ediciones -dice- vender como pan caliente, ¿qué significa? Hagamos números. A ver: El escritor español Arturo Pérez Reverte vendió más de dos millones de ejemplares con su novela Las Aventuras del Capitán Alatriste. Un millón doscientos mil, la traducción al español de El código Da Vinci de Dan Brown. 400,000 libros vendidos en solo una semana fue el récord de García Márquez con Memoria de mis putas tristes, según informes de la editorial Random House-Mondadori.

"Hace unos días, en el supermercado Wong", -se jacta Fer, en no sé cuál de sus inusuales artículos de esta semana, con orgullito prestado- "el buen Bryce firmó, en una tarde, 600 ejemplares de su reciente libro de memorias". ¿Bryce en Wong?, ¡manya!, ¡qué maldito! ¿Quién auspiciaba?, ¿Tacama?, ¿Navarro-Correas?, ¿Absolut Vodka? No sé por qué pero me cuesta trabajo imaginarme a otros grandes de la literatura universal autografiando en el supermercado: "Estimados clientes, les informamos que, de 3 a 6 de la tarde, el renombrado autor José Saramago estará firmando ejemplares de su última novela en la sección lácteos donde usted y familia podrán también degustar los nuevos sabores tropicales de Milkito Light: mango, guanábana y maracuyá."

Pero no contento con hacernos jojolete con la cantidad de libros que vende su estimado choche que, por si lo han olvidado, es, además, el osito de felpa de la narrativa peruana y el escritor más querido -o perdón: entrañable- del país, Ampuerín se pregunta: "¿Le duele a alguien no ser elevado al Olimpo?". ¿El Olimpo? Aguanta tu carro, causa. Aguantafá. ¿El Olimpo?, ¿in Perú? Distinguidos habitúes de la pastelería "San Antonio", tengo noticias para ustedes: el único Olimpo que hay en Lima queda en la Plaza Manco Cápac de La Victoria y es un teatrito charcheroso que hiede a berrinche y en el cual, por una módica suma, puede uno deprimirse en medio de la muda contemplación del strip-tease continuado de algunas de las señoras más tristemente flácidas del país. "Ser elevado al Olimpo!!!" Gimme a fucking break.

En el Perú, donde si vendes mil libritos ya puedes darte por recontra bien servido y si, encima, te piratean, tienes derecho a salir a hacer caravana, el eterno top del ranking de ventas -como es obvio- es Vargas Llosa: 40,000 con cualquiera de sus últimas novelas.

Pero, cuidado, hay dos que venden exactamente lo mismo: Frieda Holler, la emperatriz del charm, y el psicólogo Fernando Maestre. Tanto Ese dedo meñique, exitosísimo manual de buenos modales de ella, como el primer tomo de Era tabú de él -un compendio de sus proverbiales consejos sexuales de abuelita-, alcanzaron la misma espectacular cifra de ventas a la que otros jamás llegaremos ni en nuestras más lúbricas fantasías. Allí tienen. Tomen mientras. Corónenlos ipso pucho de laureles. Ríndanse ante las delicias de su prosa. Podrá decirse que eso no es literatura. ¿Por qué, ah? Total, libro es libro. Si las listas de más vendidos de las librerías limeñas mezclan en un solo saco a Deepak Chopra con la guía turística Perú Legend, la filosofía Freddy Ternero, los Piratas del Callao y los alegres dibujitos de Carlín. Libro es libro. Y si vende, es bueno. Y se acabó. Todo lo demás es envidia, roña, tiña, la venganza del cobarde, pataleta, ñe-ñe-ñe, piconería.

Un 'best seller' en el Perú es cualquier cosa que venda por encima de 4,000 ejemplares. Y es un súper 'best seller', si pasa los 10 mil. Hay por ahí, dando vueltas, un periodista que vende como 15 mil ejemplares de cada libro que saca pero -a menos que lo atropelle un Enatru- no lo mencionaremos por su nombre aunque nos maten porque se la tenemos recontra jurada. Además, es cholo. ¿Entienden? Así es la nuez. Si no me cae bien, no lo menciono y si no lo menciono, no existe. Voilá. Es así como funciona la cofradía. No le digan mafia, tampoco secta. Suena horrible. Es apenas un alegre círculo de regios criollitos fotogénicos y dicharacheros al que, malhaya nuestra suerte, no pertenecemos. No seamos, pues, tan igualados. Ubiquémonos. Nosotros no somos como los Orozco. Yo los conozco, son ocho los monos: Nano, Toño, Alonso, Alfredo, Willy, Pita, Balo, Iwasaki. Nosotros no somos como los Orozco. Yo los conozco. (bis).

"¿Qué sucede ahora?" -guapea Ampuero del Bosque, como quien dice: ¿qué cosa pasa acá, carajo? - "Algo francamente ridículo. Un grupo de autores andinos, cobijados bajo el ala de Miguel Gutiérrez, reclama atención. Pero, ¿hay razones para dársela? ¡Por favor!". La frase le habría quedado más redonda, si escribía: ¿hay razones para dársela? S' il vous plait! "No existe un escritor andino de la dimensión de Alegría y Arguedas" -sentencia el autor de

Deliremos juntos que, como sus millones de groupies en todo el orbe sabemos, se llama también Paren el Mundo que acá me bajo. Me pregunto: ¿Y por qué les ponen la valla tan alta, ah? ¡Qué buena vaina! ¿Desde cuándo hay que ser Arguedas para salir en Circo Beat si Niño de Guzmán -que escribe un libro cada 20 años- sale todas las semanas? "Las coberturas de prensa, que yo sepa, se explican por el célebre olfato que manejan los periodistas" -se justifica. Yaaa, cuñau. Y el número de portadas que logra un pintor se explica por el número de cuadros suyos que hay en las casas de los editores o de los dueños, ¿no es verdad? "Ni siquiera existe el equivalente literario del mestizaje que encarna Chacalón" -insiste.

Siguiendo el mismo símil musical, entonces, ¿qué vendría a ser él?, ¿el Gianmarco Zignago de la literatura?, ¿su Gasparín? Y como si fuera necesario terminar de hacer alarde de sus reconocidas dotes de peruanista visionario, Ampuero cierra con el broche de oro de una gallarda concesión que -aunque contiene una premonición aterradora- lo enaltece: "No todos (los escritores) se integran a las clases altas y medias altas, es cierto, aunque ya llegarán, pues Los Olivos está creciendo". Y al Malecón Cisneros, poquito a poco, se lo está comiendo el mar, faltó agregar.

Pero de todo su Cora-Cora Melody (título que, lamentablemente, no es tan chistoso como él cree pues parodia el nombre de un libro menos conocido de lo que él quisiera), mi frase favorita es esta: "Mario Bellatín escribe bien, aunque a mi juicio es frío: no me mueve un pelo". ¡Eso sí que es un exceso imperdonable! ¿Qué nomás habría que escribir para moverle un pelo. a Ampuero? Es como si una noche de estas, Hildebrandt terminara de volverse loco y exclamara: "¡Me llega altamente!" Hildebrandt, claro. Ya estaba tardando. ¿Hasta cuándo seremos, señor, tan absolutamente previsibles y aburridos? Magalita Hildebrandt contra Giselita Ampuero. Ampuero Capuleto contra Hildebrandt Montesco. Bah. Desde los chanchullos de Almeyda hasta las nuevas voces de la poesía, todos los temas humanos y divinos pasan obligatoriamente por el escrutinio de los mismos inofensivos Tom y Jerry de toda la vida que, queriendo intercambiar deliciosas pullas, no se les ocurre mejor cosa que tratarse de "renombrados zonzos". Tres veces bah. Y lo peor de todo es que luego el Enano agarra y se cruza y va y vuelve a escribir y escribe y de su almita brotan lombrices, tenias solitarias como esta: "Esos que han pujado toda su vida para que les saliera un párrafo indoloro, una frase con alas, un adjetivo que no goteara en la micción de un cólico nefrítico". ¿Cómo dijo?, ¿un-adjetivo-que-no-goteara-en-la-micción-de-un-cólico-nefrítico? Ay, Enano, Enano, ¿cómo te lo explicamos para que no te nos ofendas? No insistas más. Claudica. Ríndete. Es inútil. Escribes hasta el culo.

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30 de junio de 2005

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