La perspectiva de Gutiérrez

El autor de La violencia del tiempo realiza un repaso de su obra y de la coyuntura literaria

Considerado como uno de los escritores más representativos del país, Miguel Gutiérrez será homenajeado en la Feria Internacional del Libro de Lima en reconocimiento a su producción literaria. Además, en esta entrevista el novelista se refiere a la polémica entre los supuestos escritores "andinos" y "criollos".

M. Eráusquin/ C. Sotomayor

Correo: Haciendo un repaso de su obra, no hace mucho reeditaron su primer libro, El viejo saurio se retira. En ese sentido, ¿cómo percibe la novela con el paso del tiempo?
Miguel Gutiérrez: No soy de la idea de reeditar mis libros, porque prefiero publicar cosas nuevas. Sin embargo, en una ocasión me invitaron a Piura y mis compañeros de promoción de colegio me dieron un argumento que me pareció válido: que en Piura no existía el libro, sólo fotocopias de fotocopias. Además, mis amigos estaban en desacuerdo con la primera edición en cuanto a las fotografías, porque esas tomas no corresponden a la clase social de los muchachos de mi novela.

C: ¿Cómo es su relación con su ciudad? ¿Existe una especie de amor y odio hacia ella?
MG: Pienso que la relación que tengo con mi ciudad es la relación que en general los escritores han tenido con su propia ciudad. Hay una relación de amor y odio, de confrontación. De mi ciudad amo sus paisajes, el lenguaje de su gente, su comida, sus olores y el sentido del humor. Pero también detesto varias cosas. La Piura de mi época era un lugar muy conservador, donde imperaba la visión de los grandes hacendados. Era una sociedad sumamente racista, machista e hipócrita.

C: Ese conservadurismo en Piura no es gratuito, por algo el Opus Dei está instalado allá.
MG: Es cierto, y por algo deben estar. Cuando he ido en estos tiempos veo que las iglesias están llenas, hay una actividad muy fuerte por parte de los curas del Opus Dei. Pero Piura siempre ha sido una ciudad conservadora y cerrada. Las clases sociales parecían más bien castas. Incluso con mis amigos de clase media teníamos amistades en las clases acomodadas. Sin embargo, la amistad con esos muchachos terminaba en la calle, jamás entrábamos a sus casas.

C: En su libro La generación del 50: un mundo dividido, usted critica a Ribeyro...
MG: Ribeyro recibe la distinción del gobierno del APRA -yo lo hubiera criticado igual si no hubiese sido un gobierno aprista- y hacía poco que hubo un remate en El Frontón de los presos ya reducidos. Entonces, me pareció mal que un escritor reciba una distinción en ese momento, bajo esa coyuntura, en la que el gobierno utiliza eso para su propio beneficio. Yo respeto y admiro a Julio Ramón Ribeyro, y nunca creí que me iba a ver en esa situación.

C: Es un libro que muchos cuestionan...
MG: En el libro no se desestima a un escritor estéticamente por su pensamiento. Como hay tanta pasión, ésta obnubila la lectura total del libro. Muchos estuvieron en desacuerdo conmigo e, incluso, algunos me quitaron el habla.

C: ¿Cuál es su opinión de la generación del 50 en términos globales?
MG: Es una gran generación. Desde el punto de vista literario tiene grandes aportes. Tiene nueve o diez poetas de primer orden, incluyendo a los puros y a los sociales. Con la salvedad de que a veces los sociales han hecho poesía pura, como el caso de Romualdo en La torre de los alucinados; como Rose, que escribe un libro como Las comarcas. Porque no hay contradicción. El escritor debe explorar todas las formas posibles.

C: Fue una generación muy completa...
MG: Esta generación, la del 50, es la última generación humanística. Es decir, aquel escritor que tiene una formación integral, de las ciencias y de las artes. Voy a nombrar sólo a uno, que me parece extraordinario: Carlos Araníbar, que sucedió a Porras Barrenechea en la cátedra que dictaba. Es probablemente la mejor prosa ensayística del siglo XX.

C: ¿Qué puede decir de esta rivalidad entre los "andinos" y los "criollos"?
MG: Una de las potencialidades de la literatura peruana es su diversidad. Pero hubo un enfrentamiento entre los escritores agrupados en torno al mundo andino con los llamados criollos. Ellos planteaban (los andinos) que la literatura andina era buena y la literatura criolla no era muy buena. Mi posición es que en cualquier literatura hay cosas buenas y malas.

C: Lo importante, finalmente, es "la literatura".
MG: Frente a la discriminación, que existe, no hay que lamentarse, sino crear sus propios espacios produciendo cada vez con mayor calidad. Una obra buena finalmente se impone. Arguedas no se impuso tan fácilmente.

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30 de junio de 2005

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