Círculos del Viento


Ernesto Carrión *
(Guayaquil, Ecuador, 1977)

BIZANCIOY  no  es tan malo el sol, después de todo, cambiando de lugar su gran martillo.Ebrio un mes tras otro sin tocar la tierra. También yo me distraigo.(el ébano legible de toda herrería del hombre calcina nuestras playas)Y por la noche, cuando el rocío hace castillos de los árboles pacientes, y el silencio alza su puerto en cada gesto,cede la carne desatada por las grandes migraciones de las aves. Por el agua verdedonde enjambres de astros, con sus máscaras de oro, recitan lo sagrado para el ojo tierno.Cuántos navíos ya han cruzado por aquí para encontrar Bizancio.Cuántos maderos sin sentido, flotando sobre el mar algún destino roto.También yo distraído, visible por detrás de los peñascos, aún respiro.                                        Amarrando las barcas de mi ojos.Entre el que soy y el que he perdido, sólo media el cansancio de mi boca. 



ARMISTICIO DE CASSANDRA


bajo los almendros erguidos por el torcido abrazo de las lluvias, en este día de marzo en que mi palabra calla lo que dice, dios es una mujer batiendo su borracho muslo sobre los ojos de los hombres más pacientes. Un árbol de piedra que amanece rojo entre la nieve, como un miserable. ¿Pero quién encenderá una vela por nosotros, los vagabundos, monsieur Proust? ¿una sonrisa de cascabeles alrededor de ese río que hospeda toda ruina?

dos soles consuelan el endurecimiento de ese único polvo del camino.

rupturas que piensan que la muerte es más que eso.

18 SHOTS, DYLAN THOMAS Y EL SIMIO DE LA COFRADÍASagrada nuestra culpa de sentirnos vivos -de no crecer más allá de  lo  esperado-,  desciendes        con la tarde a  compartir  despojos: TRAGEDIA llena de ruido, y orina de vencidos que              te  hace y que te hizo venalidad de tantos. Piojos envueltos en la grosería  de  los huesos,         diamantes  sobre  el  cuchillo  de los amores perdidos; doblando el sol por encima de las        chimeneas, velludas,  largas  sobre  sus  pencos soberbios.  Viveza de no pensar en nada.        Agilidad  en  la  turba. Morir y no morir siendo extranjeros, en la lengua primeriza de los        barrancos.                                                                        Aquí, bajo las copas alzadas, cada uno inventa el mundo a la justa dimensión de su demencia,         de  sus  perversidades.  Cosacos  que  nos abrazan, y besan en la boca para probar que la        alegría  puede  vestir  la  herrumbre.  Tú  inventas un hombre a la justa dimensión de las         crecientes.  Todas  las noticias del mundo en torno a  su sombrero. Toda la igualdad y el        enfado  por  quienes  soldan cadenas/ corsés de comportamiento -costilla sobre costilla-        empapadas de azote.  Tú  inventas  la  horrososa  tristeza  de  ser  feliz, adormeciendo tu        bestia, sumando la insistencia de su miembro  en  bailes:  púrpura  despensa que madura        respetable a sus degollerías.Y  sin  embargo  esta es tu fiesta,  y tu velorio. Hierve el wiskhy, y la manzana vuelve al árbol         primero, acariciando la revelación que cita: es trágico vivir como en un sueño.  Quieta la noche, bebes. Bebes por el futuro de las  costras  en  la  lumbre  del  buche.  Bebes,        varón  y  hembra  y despojo, en el espejo destrozado de lo que fuiste: océano inflamado,        brotando  de  la  entrepierna  de  mujeres  que  violaste  al  usar  por  nombres:  hombre,          amante,  vida  de  cualquiera,  hijo  de  alguno.  Bebes,  porque  corroe  fuerte  el  miedo        de ser tú mismo: UN HOMBRE ASESINADO POR UN HOMBRE.        Mas  no  en  incendio  de  manos,  una  sonora  trompeta  desbroza  el  cuero de abrigos y de        cuerpos  reajustados  a  su  vigilia.  Anécdotas   memorables condenadas a la elaboración        dudosa de sus verdugos. Bocas cicatrizadas, cerradas por los repasos de su propia lengua                   ...pedazos de palabras que solo otorgan en vano el cansancio  de   sus   rodajas,   repites.          Venas que brincan la aguja en su perduración inútil, te dices para adentro. Mientras  esperas  llegue  ese  vaso,  el  dieciocho.  Pase  todo  de  prisa. Culpable e inocente.        La vida.



* Ernesto Carrión. Ha colaborado con la prensa escrita, realizado trabajos de crítica literaria, ejercido la docencia y participado en encuentros literarios fuera y dentro de su País. Ha trabajado en poesía el libro LA MUERTE DE CAÍN, cuarteto formado por los poemarios: El Libro de la Desobediencia (2002), Carni vale, Premio Nacional de Literatura "César Dávila Andrade" (2002), Labor del Extraviado (2005) y La Bestia Vencida (inédito).

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15 de julio de 2006

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