Selección de cuentos de Mónica Urrutia * (Chile)

LAS LAMEDORAS

Mercedes abrió los ojos y mirando el techo de cartón, se enojó de nuevo con Dios por no llevársela en el sueño. Otro día de frío, otro día de hambre , fue su queja, mientras cuatro niños se le arrimaban, buscando el calor de sus huesos. Lentamente abandonó la payasa de sacos, buscó el tarro y revivió las brasas para calentar el agua.
-Ya pue Luz, levántate y toma esta agüita, dijo la mujer.
La pequeña miró a su madre desde el suelo, ella desvió la mirada, no quiso ver el puchero en la boca llena de granos.
-Luz, y no te demorí, cuando volvai compramos pan.
La niña salió por el basural y caminó hacia el terminal de buses. Uno, dos, tres, contó, el cuarto era el suyo. Allí la esperaba el chofer. Subió, se acercó a él arrodillándose cuando el hombre abría el cierre de su pantalón

UNA NIÑA EN LA FUENTE

hombre y mujerEstábamos ahí sentados desde hacía rato, cada uno mirando para el lado contrario, evitando cualquier cruce de miradas en ese querer y no querer comunicarse, en ese temor a lo desconocido, encubierto por excusas mentirosas. Porque yo venía paseando por el parque, cuando lo vi de lejos y algo hizo que me sentara en el mismo banco de él, algo en mí, quizás el silencio largo que arrastraba por esa soledad sin esperanza, o fueron esos ojos, cuando me miró y que luego se desviaron, posándose en la niña de la fuente.

Pensaba que si él no se iba de allí, permaneciendo simplemente al igual que yo, sentía lo mismo, un desear, un tal vez, una soledad que compartir, pero no se atrevía a tomar la iniciativa. Qué idea loca, me dije enseguida. Debe estar enredado en algún recuerdo amoroso, ni siquiera sabe que hay alguien cerca, sentada en el mismo escaño. Por un momento me atrapó la nostalgia de otros tiempos, de ésos en que me sentía segura de cierto encanto especial.

La gente pasaba frente a nosotros, apurados, atareados, nos miraban de reojo, creyendo ver, de seguro, un matrimonio sumido en el aburrimiento. Sonreí por dentro. Sentí el impulso de hablarle, hacer una broma con lo que pensaba y reírnos, pero supe que la espontaneidad se me había ido. Observé la fuente, la escultura de la niña que parecía querer bailar, como yo por dentro, entonces escuché su voz, ¿usted fuma? preguntó.

LA OCURRENCIA DE MILAGRO

Mientras caminaba desprevenía por Ahumada, tres cabras venían riéndose y tomando helao, ninguna me vio y dos chocaron conmigo pasándome a llevar, claro que sin darse cuenta, es que parecía que estaban más contentas, seguro iban pa´la universidá. Yo seguí andando hasta la esquina a tomar la micro, y no sé por qué se me vino clarito el día que salí de la escuela, como si lo estuviera viviendo de nuevo.

Llegué a la casa re feliz, mi mamá estaba en el patio, doblada lavando en la artesa. Entonces le dije, mamá ¿se da cuenta? ¿De qué? me preguntó, de que terminé pue. Mi mamá siguió lavando callá. Ella no hablaba mucho, sobre todo desde que se fue mi papá, o sea desde que se lo llevaron los milicos y no supimo más de él.
    Entré a la casa, los chiquillos estaban con tremendo boche y peleando, mi mamá llegó y de un solo grito los hizo callar y me dijo, Milagro, ponte la mesa pa´tomar once. Yo la puse. Nos sentamos los cinco, había pan calientito. Ahí le conté a ella los planes que tenía. ¿Asistente social? me dijo, y con qué ropa, apurao tenimo pa´comer; dejate de soñar Mila y sale a trabajar mejor será.

Llegué a la esquina, subí a la micro y con permiso del chofer, afiné la guitarra y me puse a cantar, como todos los días.

UTOPIA

Cada mañana me levanto, me levanta tal vez la urgencia del cambio, eso que aprendí de otros, de otros que apresurados se levantan tras una quimera. Me retrasa, por ejemplo, el noticiero matinal o el gris, que entra por la ventana al correr la cortina para ver el sol y que en la noche debo cerrar, para desvestirme del día. De otro día que termina, y los otros lo mismo, lo mismo. Cada día me levanto y sé que somos menos, somos menos los urgidos, menos los que sueñan, cambia el número, sólo el número.

ESA CHAQUETA A CUADROS

Hombre invisibleSólo tres días al año me doy por muerto y quedo tranquilo en la tumba, el resto del tiempo, vivo su vida.
Después de aquel sábado en que le hice la broma de irme, lo que nunca me ha podido perdonar, se cambió de casa tratando de borrar el recuerdo. Lo cierto es que no fue un chiste el morirme, sino una distracción que resultó fatal.
Cualquier persona, en mi lugar, esperaría reposo en el silencio eterno, pero no es mi caso. Me sueña en casi todos sus sueños. Siempre es el mismo, sólo cambia el entorno, a veces la calle o una plaza, de pronto un pasillo. Anoche fue el metro. Yo estaba de espaldas a ella, al final del vagón, sin embargo como siempre, de lejos y entre cientos me descubre. Pienso que es a causa de la chaqueta, nunca me recuerda con otra. Entonces, corre entre medio de la gente, llega hasta mí y me increpa por el tiempo que le he hecho creer que estoy muerto. Jamás le respondo, tan sólo la miro, dejándola perdida en el abrazo vacío para que despierte.
Por las mañanas, me llama su nostalgia, voy con ella en las idas y venidas por la ciudad. Una música triste acompaña las lágrimas que no la dejan conducir, yo sentado atrás, la observo por el espejo y me invade una suerte de culpa.
Y no hay tregua, porque luego me urge con pedidos en rezos atropellados e insistentes, por el hijo que dejé, por aquellos que no alcancé a conocer. Es su encargo permanente.
Debí llevarme esa chaqueta a cuadros; cada noche la saca a escondidas desde el fondo del baúl verde y de puntillas entra al baño, donde se mira largo en el espejo abrigada con ella. No tuve tiempo, mi viaje imprevisible no me dejó otra que irme con lo puesto.
Hoy la espero, seis de octubre, uno de los tres días que vuelvo a la muerte. Ella vendrá al atardecer, abrazada a un ramo de flores amarillas que arreglará, buscando mi nombre semioculto por la reja gris. Luego, sentada en una piedra, bajo el árbol que me da sombra, fumará lento un cigarrillo.
Mañana prepara un nuevo cambio de casa, huyendo hacia la soledad total para perderse de miradas que interrogan. A un lugar donde pueda alargar el momento ante el espejo y luego dormirse arropada en la vieja chaqueta. Necesito anticiparme, llegar hasta el baúl y hurgar en el fondo hasta encontrarla. Mi cómplice será el silencio de la siesta, en la que ella sueña otros sueños; entonces desapareceré vestido con la que no debí olvidar. Imaginará que es otra broma mía, pero el tiempo que pierda en buscarla, la liberará sin saberlo del rito, y yo, muerto por fin, le haré un guiño desde la tumba.

VIA CRUCIS


Primera Estación.
En el año 1948, nace un niño en el retén de carabineros de Santa Bárbara.
Lo
llaman Juan.
Segunda Estación.
María, madre de Juan, toma al niño y viene a la capital en busca de trabajo. como empleada de casa
Tercera Estación.
Juan descubre el mundo en la oscura pieza de su madre, desde un cajón de madera.
Cuarta Estación.
Juan niño, observa la fiesta de cumpleaños del niño de la casa, por la puerta entreabierta de la cocina.
Quinta Estación.
Los patrones de María la ayudan a buscar un internado para Juan, en algún pueblo cercano a la capital.
Sexta Estación.
Juan huye del internado y regresa a la capital. Crece en el mundo de la noche y de la calle.
Séptima Estación.
Juan padece el hambre de los pobres.
Octava Estación
Juan busca trabajo, sin oficio, sin papeles. Es azotado por la humillación.
Novena Estación.
Juan carga sobre sus hombros quintales de harina en la Vega Central. Una mujer lava el rostro de Juan al anochecer.
Décima Estación.
Juan y la mujer, necesitan un techo donde vivir. Ella recolecta cartones y latas para construir la morada.
Décima Primera Estación.
Juan soporta con esfuerzo el peso de los sacos. Juan cae por primera vez.
Décima Segunda Estación.
Juan es despedido del trabajo. Cae por segunda vez.
Décima Tercera Estación.
El cuerpo sin vida de Juan es encontrado en las aguas del Mapocho. Cae por tercera vez.
Décima Cuarta Estación.
En una choza, cerca de un basural, nace el hijo de Juan.

DE UN DIA PARA OTRO

cortinas_azules. by Poaru

Era primavera, ¿o aún no? septiembre, si, eso es y de un día para otro, la ciudad quedó a oscuras. Estuve ausente, ¿un mes? ¿un año? Alguien me trajo de vuelta a casa, en un auto, parece que me dejó tirado en la acera. Cuando pude levantarme la recordé , estaba allí, empujé su puerta, estaba vacía de gente pero llena de cucarachas, el piso se ondulaba. Sentí miedo, a saltos llegué a la cama para no pisarlas. Me acosté. Tenía hambre. En algún momento golpearon a la puerta, debo haberla dejado abierta porque entró un hombre. Pasó por encima de los bichos sin verlos y se sentó en el borde del colchón. Hola, me dijo, entonces lo reconocí, más por la voz que otra cosa, mi oído es agudo ahora. ¿Cómo estás? preguntó. Parece que bien, le respondí, pero me molesta esta oscuridad y los bichos. Comprendí que no veía lo que yo. Entonces no quise contarle de las voces, me sentí distinto, aislado. Tomó mis manos con apuro, nervioso, como queriendo largarse luego. En la cocina te dejé algo de comida; pronto pasará todo, ya verás. Yo asentí, quizás por pudor, o por lo cansado de insomnio que estaba. Entonces se fue, me dijo que en cuanto pudiera volvería. No lo hizo.
    Hoy, con las manos dormidas y los ojos abiertos mi mente escucha. Las voces violentan mis oídos, los tengo hartos de informaciones contradictorias. Yo sé que alguna vez fui, debo creerles, no puede existir una mentira tan larga. Incluso, tengo síntomas de ser, aunque permanezca suspendido en un do interminable del pentagrama. El síntoma más fuerte es que sigo esperando la primavera. Pero no salgo, si lo hago vuelven los insectos.
    A veces, me abruma no ser lo que dicen que fui, me gustaría serlo. Pero ¿y si desde entonces ya estaban todos ciegos? Me lleno de dudas. Tal vez esté perdido, o escondido en un secreto no revelado. Muevo las manos para despertarlas, cierro los ojos, me levanto, camino hacia el baño. Abro los ojos, me paro frente al espejo, pestañeo, pero este me devuelve una y otra vez el reflejo de la cortina azul, cerrada.

ANGOSTURA

Desperté ligera, esbozando una sonrisa que se congeló al segundo, porque luego, esa aflicción conocida desde tanto, me atrapó. Un despertar inocente, indefenso, lleno de olvido y de golpe la realidad, entonces al tomar conciencia de ella, esa angostura en el pecho que no deja pasar el aire y que sólo puede ensanchar el llanto. Sin abrir los ojos, alargué el brazo derecho y palpé la ausencia de aquel hombre que había abandonado mi vida. Encendí la luz, miré el reloj, eran las tres de la madrugada.
    Quise retomar el sueño inconcluso, volver al agua, traté de recordar, ... nadaba en un lago, no, en un río, de corriente suave, de pronto estoy sentada en su orilla y ante mis ojo, paso deslizándome plácida, tendida sobre una balsa de troncos. Vestía una túnica blanca, de las manos enlazadas, asomaba un ramo de margaritas y el rostro, sereno. La miré como quien mira desde la distancia a una desconocida. Luego la imagen se acercó despacio, como el lente de una cámara, no hay movimiento, las aguas se estancan, todo se reduce a una fotografía en blanco y negro en una página de diario, bajo esta, unas letras que no alcancé a leer ... No pude retomarlo, no pude volver a dormir, me faltó su espalda para apoyar la frente donde encontraba esa tibieza, que me traía calma.
    Es mejor permanecer despierta, me levanto y abro la ventana, hace calor. Desde algún lugar, no tan lejos, me llega el lamento de una guitarra, tal vez sea un insomne pienso, que como yo, ha decidido no dormir porque teme despertar. Vuelvo a la cama, indefinidamente deshecha, recorro con una mano la huella que no he querido borrar y que aún se dibuja en las sábanas blancas.

PUNTOS CARDINALES

En un comienzo, los más próximos advirtieron signos de rareza en ella luego sin confesarlo, cada uno sospechó lo peor. Algunos temían una especie de locura leve, otros lamentaban la pérdida de una fémina por excelencia, los menos y muy en su interior, pensaban que tal vez ... tal vez, tuviera un amante
    Antes que nadie tomara la iniciativa de aproximarse a ella para indagar, aconsejar, por supuesto con el tacto acostumbrado en la familia, una invitación suya les llegó para el sábado siguiente. En la lista incluía a sus seis hijos y nueras, a su padre, tías y tíos, algunas primas y a Pedro, su marido, el más sorprendido de todos, invitado a su propia casa.
    Esta vez nada para comer, nada para tomar. La mujer radiante como nunca, se deslizaba en medio de los otros, quienes en susurros trataban de llevar una conversación con naturalidad.
    Cuando llegó el padre, se completó el grupo. Entonces la dueña de casa les pidió que pasaran al jardín, todos salieron expectantes. Ella, ágil como una adolescente, subió a la terraza del segundo piso donde tenía preparado el globo, tal como lo viera en una película antigua.
    Entró en él, se sentó y comenzó a elevarse, mientras una lluvia de papeles rojos caía cubriendo a los visitantes, que sin dejar de mirar hacia el cielo y en cuclillas, los cogían leyendo sin comprender: "Yo, Amelia, limito al Norte con mi padre, al Sur con mi marido, al Este con mis hijos y al Oeste con el aburrimiento infinito"

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*Mónica Urrutia nació en el siglo XX, un día de mayo en la ciudad de Concepción, Chile. El año 1973 se recibe de Orientadora Familiar en el Instituto Carlos Casanueva en Santiago de Chile. Más tarde y hasta 1978 se desempeñará como docente en el área de Relaciones humanas en dicha institución, año en que renuncia para dedicarse a la Educación Popular, trabajo que realiza en distintas poblaciones marginales de Santiago a través de instituciones como La Vicaría de la Solidaridad y Quercum (ONG) en los talleres con mujeres pobladoras, en la Zona Norte de la capital, forma el grupo de teatro "La Desideria de Renca" una experiencia colectiva, escribe los libretos, acercándose por primera vez a la escritura y lo coordina por cinco años.

En Quercum, orienta su acción a los problemas jurídicos de los pobladores. Junto a ello dirige el Departamento de Educación Popular y escribe sus primeros radioteatros (proyecto de la institución en conjunto con la emisora Radio Nuevo Mundo).

En el año 90, se integra a los talleres de narrativa que dirige Pía Barros. En los llamados "Libros Objetos" de los Talleres Ergo Sum se empiezan a publicar sus primeros cuentos. Es en el año 2001 cuando se publica su primer libro de cuentos, titulado Esa chaqueta a cuadros.(auto edición)

En el 2002, aparece su microcuento "Utopía" en una antología de Juan Armando Epple, Cien Microcuentos Chilenos.

Actualmente, escribe cuentos para una próxima publicación y participa en el curso de "Expresión Literaria" en la Universidad Católica de Chile.
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15 de febrero de 2007

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