MUTACIÓN I
Aúlla el licano,
antaño humano:
engaño de sí mismo,
intento de estar vivo.
Ladrón de ilusiones:
boca espumosa,
ojos bandidos,
alma nefanda.
¿Acaso puedes ser
la boca, el pensamiento
el grito, la justicia?
La noche empieza a roer
y el licencioso viento
te acecha con malicia.
MUTACIÓN II
Cobardemente
el hombre se hace sombra;
clandestinamente
se hace voz y se hace nombre.
¿Quién le pudiera advertir
que, al arrojar el dado en el tablero,
un ser bueno y certero
ha dado el juego a concluir?
Y nuevamente
la sombra se hace hombre,
ahogándose en la eterna duda:
de si su alma a fe es pura
y con ella por fin la gloria,
o acaso a perecer eternamente.
MUTACIÓN III
Otro día en que somos el abecedario,
el fracaso a mediatinta,
el verso que se olvida
en el rincón de un falso armario.
Otro día en que la bocanada
imita el ritmo de la nada,
otro día en que el pensamiento
revela el tardo sentimiento.
Y se muestra así la híbrida luz,
los pasos frígidos y suplicantes,
acudiendo entonces espectros lacerantes
que se escurren por el tragaluz.
Plumas y tinteros y tinta
pululan las casas semimuertas,
las manchas negras en las veredas
delatan una desgastada rima.
Y entonces al salir la luna,
después de tanto grito extinto,
algunos rastros mutan a yo existo
e inician su camino a la ventura.
MUTACIÓN IV
El frágil cristal refleja
los sueños que abarca la mirada:
andanzas cotidianas
de maniquíes esquemáticos.
Un saludo espontáneo,
en un vaivén de frases,
confirma la conjetura:
el afán grotesco.
El tiempo, detenido, advierte
la vaguedad entre ánima y cosa:
esa existencia rutinaria
de unos ojos consumidos.
Y el ánima convertida
en objeto recreado
-tinta y sangre, barro y músculo-
muestra su afán malévolo.
El buen Dios, sobrio y resoluto,
repasa, inconforme, su creación
-la aguda imperfección-;
y, en un arrebato de ira, lo destruye todo.
MUTACIÓN V
Últimamente se me ha dado por fumar
y consumir la esperanza en una bocanada,
con la nostalgia en el aire
y la razón en las cenizas.
Se me ha dado por ser enfermedad:
cáncer nocturno, envoltura de marfil,
dolor volátil, tabaco impregnado
y acoso de mi propia equivalencia.
Hoy se me ha dado por ser la vanidad:
la debilidad del buen fumador,
el cerillo encendido que incinera
mi envoltura de pasado frágil.
Hoy se me ha dado por ser mi rostro:
la humareda trágica reinventada
en un encuentro rencoroso,
la imagen evidente de un paraíso apócrifo.
Hoy se me ha dado por ser el "he aquí":
la sangre criminal y forjadora
de este falso poemario
que finiquita en este verso inane.
ENCUENTRO
A Livia ... a quien no conozco.
He dejado plasmado mi recuerdo
en el viejo sendero de cartón,
en esa eterna quietud
que dibujase el amo de las ilusiones.
He dejado mi ascetismo y mi carencia
en ese instante en que se entrecruzan
pasos y miradas al compás
de sospechas y cavilaciones.
Han quedado en aquella esquina
mi torpeza y tu fragancia de mujer,
mi débil lucha y tu férrea liberación,
mi incertidumbre y tu clara esencia.
¿De dónde emergiste, hija de Nereo?;
¿acaso eres esa imagen cabalística
que irrumpe las andanzas de los caminantes,
guiándolos al inhumano precipicio?
Eres una bengala de mito hipotético,
una vastedad de gracia muda,
una silueta de fluido atómico
y una melodía de inescrutables salmos.
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