Memorias de mi hermano

Por Omaira Bolaños Cárdenas
(University of Florida, EE.UU)

Bolaños en Lexintong 1988

Mientras intento organizar en cajas todos los libros, documentos personales, cartas y demás pertenencias que Álvaro Félix tenía en su oficina, se me hace más evidente lo difícil que es afrontar su pérdida. Ahora mientras intento escribir y mis lágrimas se escurren por mi rostro, me pregunto por qué esto no es tan sólo un mal sueño. Y en este empeño de escribir sobre él me doy cuenta que tengo que repasar sobre mis propias memorias para poder dar sentido a los sentimientos y el extraordinario impacto que mi hermano ha dejado no sólo en mi vida sino en toda su familia, amigos, colegas y estudiantes.

El campo de relación que Álvaro Félix y yo teníamos era tan vasto que me parece imposible esta tarea de escribir y describir en mil palabras parte de su vida. Es aún más difícil cuando apenas estoy aprendiendo a aceptar que para hablar y escribir sobre él debo conjugar los verbos en pasado. Para mí es más una combinación del pasado que se entrelaza con el presente. Ya no está aquí, pero su presencia se siente en cada recuerdo, en cada sueño, en cada unos de los espacios que ocupaba y en cada uno de aquellos momentos en los cuales aún tengo la sensación que puedo consultarlo y hablarle.

Hermano-padre, gran amigo, consejero y de una forma tardía e inconclusa colega, es la manera como podría resumir lo que significa Álvaro Félix para mí. Esa mezcla de hermano-padre y por lo tanto de hermana-hija, la comencé a vivir desde muy niña, aún mucho antes de que nuestro propio padre muriera. La relación que construimos y cultivamos hasta el final de sus días fue particularmente especial con relación a los otros hermanos. En los recuerdos de mi niñez siempre percibo la imagen de sus brazos protectores. Y desde el momento que debió asumir totalmente la tarea de pilar y guía de la familia, una permanente sensación de abrigo y protección es lo que siempre sentí, incluso durante los 17 años que estuvimos separados desde cuando en 1982 decidió emigrar a los Estados Unidos para hacer sus estudios de postgrado. A través de las interminables cartas que nos escribíamos, pudimos ser testigos de nuestros propios cambios, desafíos, pérdidas y logros. Con emoción y a la vez tristeza descubrí que todavía guardaba en los archivos de su oficina casi toda la correspondencia que tuvo con su familia durante todos esos años. Yo en cambio, sólo cinco meses antes de su muerte había decidido destruir sus cartas que por muchos años guardé y no sabía más cómo llevar de un lado para otro. Gran parte de su historia, sentimientos, miedos, esperanzas, y pensamiento estaba allí. Ahora sólo están en mis recuerdos y mi corazón.

Bolaños con estudiantes graduados 2003

Álvaro Félix constituyó para todos nosotros y en especial para mí un ejemplo a seguir. Él fue el primero de nuestra familia de origen campesino que logró hacer estudios universitarios y luego de postgrado. El haberse convertido en el pilar una familia de cinco hermanos, y a la vez tener la tenacidad de continuar estudiando bajo las más difíciles condiciones económicas le hizo ganar el respeto y admiración de toda la familia. Está vivo en mí el recuerdo de su constante motivación para que yo leyera. Así, desde el momento en que aprendí a leer, comencé a hurgar entre sus libros, y en vez de dedicarme a la lectura de historias para una niña de 7 años, tomé de su biblioteca la colección que tenía de Gabriel García Márquez. De esta forma comenzó a formarse una nueva manera de relacionarnos. Recuerdo las preguntas que en ese entonces me hacía sobre mis lecturas: "¿Qué fue lo que más le gustó? ¿Qué entendió?". Durante los primeros años era muy divertido responder, pero con el pasar del tiempo las mismas preguntas tomaron un nuevo sentido y mayor exigencia. A cada respuesta que me parecía inteligente, Félix me abordaba con otra pregunta más compleja sólo con la intención de que tuviera una visión más crítica sobre lo que leía. Durante muchos años, llegaba a casa trayéndome un nuevo libro para leer con una dedicatoria en la primera página. La verdad eran los mejores regalos que me podía dar. Afortunadamente aún los conservo todos.

Bolaños con su hijo Adam

Mis estudios en la Universidad del Valle en Colombia los pude hacer gracias a su apoyo económico. Además de mi trabajo en la biblioteca de la universidad acomodando libros en los estantes, recibí casi hasta el final de mi carrera entre 20-30 dólares que cada mes me enviaba ocultos en una carta. De ahí en adelante nuestra relación se consolidó alrededor de una gran amistad que nos hizo confidentes de muchos de nuestros íntimos sentimientos y situaciones vividas. No dejó de ser, sin embargo, ese hermano-padre que siempre fue, y cuando el momento lo exigió, puso todo su empeño para facilitarme salir de Colombia por las amenazas contra mi vida debido a mi trabajo con organizaciones de base campesina e indígena. Fue así como al final del año 1999 nos volvimos a reunir en Estado Unidos y nuevamente me aportó las bases para que pudiera reconstruir una nueva fase de mi vida. Inicié mis estudios de postgrado y con emoción siempre percibí que estaba atento y orgulloso de mis logros, aún cuando nunca me lo dijo directamente.

En los tres últimos años, las conversaciones sobre nuestros intereses académicos y de investigación empezaron a tener un punto de encuentro no previsto. Él desde su área de Literatura y Cultura Colonial Española y Latinoamericana, y yo desde la Antropología Cultural, cruzamos ideas sobre la representación histórica y política de la cultura e identidad indígena. Habíamos planeado para septiembre de 2007 una serie de charlas sobre el tema en la universidad de la Florida con participación de líderes indígenas colombianos. Aunque ya no contaremos con su presencia, espero dar honor a su memoria y gran aporte a la crítica e reinterpretación de nuestra historia Latinoamericana. Álvaro Félix ha dejado en mí un gran legado que espero poder transmitir a sus hijos Carlina, Alejandro Félix y Adam Marcos para que puedan continuar conociendo y disfrutando de la grandeza humana e intelectual de su padre.


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15 de octubre de 2007

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