Decisiones políticas

Por Manuel Rodríguez Becerra *
(Colombia)

¿Es económicamente posible resolver el problema del calentamiento global? Definitivamente sí, invirtiendo el uno por ciento del Producto Interno Bruto global.

Tenemos hoy la certeza de la existencia del fenómeno del calentamiento global y sus graves impactos, y disponemos de las tecnologías para detener el proceso de calentamiento en el curso de este siglo sin necesidad de quebrar la economía global. No obstante, no es aún clara la existencia de una voluntad política ecuménica para enfrentar la mayor amenaza de que se tenga noticia en la historia de la humanidad.
El Cuarto Informe del Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático señala, con un noventa por ciento de certidumbre científica, que el aumento de la temperatura media global presentado en los últimos cien años ha sido causado por la acción humana, en especial como consecuencia del consumo de combustibles fósiles (carbón y petróleo) y de otras actividades que han incrementado la concentración de los gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano, óxidos nitrosos, o GEI) en la atmósfera. En las próximas décadas el aumento de la temperatura continuará, aún si en el corto plazo se tomaran las medidas más eficientes para transitar hacia una situación en la cual se estabilizaran los GEI en la atmósfera a un nivel tal que no corriéramos el riesgo de que el impacto del calentamiento global produjera costos sociales, ambientales y económicos inaceptables.
¿Pero cuál sería ese punto de estabilización de los GEI que no nos pondría en alto riesgo? La opinión predominante de la comunidad científica es que ese punto debería estar por debajo del doble de las concentraciones anteriores a 1750, es decir 540 partes por millón (ppm). Hoy se sitúan en 380 ppm, lo que significa que los GEI en la atmósfera se han incrementado aproximadamente en un cuarenta por ciento respecto de aquella fecha. Con el grado de estabilización de GEI que se propone (entre 450 y 500 ppm), el incremento de la temperatura media no excedería los dos grados centígrados en relación con el año 2000. Permitir un mayor aumento sería demasiado arriesgado.

Incendio

Por fortuna contamos con las tecnologías que harían posible estabilizar los GEI en 450-500 ppm. Así por ejemplo, en un artículo ya clásico publicado por la revista Science, los científicos Pacala y Socolow, de la Universidad de Princeton, señalan que en el mercado existen catorce tecnologías en uso que pueden combinarse en diferentes dosis con miras a lograr la mencionada estabilización en un plazo de cincuenta años. Incluyen, entre otras, el uso más eficiente de la energía, el incremento del empleo de la energía eléctrica y de combustibles descarbonizados, y la creación o mantenimiento de sumideros de CO2 (detenimiento de la deforestación del bosque natural y reforestación). Es un menú que incluso permitiría no utilizar aquellas tecnologías que, como la nuclear, se consideran no deseables por sus posibles riesgos ambientales y sociales.
¿Pero es económicamente factible resolver el problema? La respuesta es un Sí contundente. Así lo evidencia el reciente informe elaborado bajo la dirección de Lord Stern por solicitud del Gobierno británico. Se requeriría invertir el equivalente al uno por ciento de PIB global para estabilizarlos los GEI en 500 ppm, lo cual no perturbaría el necesario crecimiento de la economía global. En contraste, el costo de no hacer nada ascendería a un mínimo del cinco por ciento del PIB global por año en la segunda mitad del presente siglo, situación que acarrearía un impacto económico sin precedentes en la historia contemporánea.

¿Están hoy los gobiernos del mundo listos a construir los acuerdos necesarios para combatir esta amenaza? La Unión Europea parece muy decidida a hacerlo, como se expresa en su seguimiento de las obligaciones adquiridas en el Protocolo de Kyoto cuya primera fase de cumplimiento finaliza en 2012, y en el anuncio de algunas de las metas que estaría dispuesta a cumplir en el segundo período de cumplimiento del Protocolo (que entraría en vigor en 2012 y cuya negociación se inicia). En contraste, Estados Unidos, el mayor emisor histórico de GEI, no ha ratificado el Protocolo, en gran parte como consecuencia de la presión de grupos empresariales que defienden sus intereses económicos de corto plazo. Sin embargo diversos factores están conduciendo al Gobierno de Washington a cambiar su política, entre ellos el creciente movimiento de los estados de la Unión por tomar medidas más fuertes que las del Gobierno Federal en consonancia con las del Protocolo, la presencia en el Congreso de una mayoría demócrata -partido tradicionalmente más ambientalista que el republicano-, y la histórica sentencia de la Corte Suprema de Justicia de abril de 2007, con una contundente derrota jurídica del Gobierno.

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En las nuevas negociaciones internacionales se avizoran diversas dificultades. Quizá la mayor se refiere a las obligaciones que se buscaría imponer a los países en desarrollo. Son muchos los interrogantes que se plantean, entre ellos: ¿Cuáles son las limitaciones en la emisión de GEI que estos países estarían dispuestos a asumir sin sacrificar el desarrollo a que tienen derecho? ¿Estarían los países desarrollados dispuestos a transferir las tecnologías y recursos económicos necesarios para que los países en desarrollo logren limitar sus emisiones? Por ejemplo, China sigue aumentando sus emisiones de GEI a tal punto que está próxima a sobrepasar las de los Estados Unidos, pero desde 1850 aquel país ha contribuido con menos del ocho por ciento de las emisiones en contraste con los Estados Unidos y la Unión Europea, responsables del 29 por ciento y el 27 por ciento respectivamente. Además la emisión per cápita de GEI de la China equivale hoy al veinte por viento de la de los Estados Unidos y al cuarenta por ciento de la de la Unión Europea.

En síntesis, la viabilidad política de la solución del problema del cambio climático está íntimamente relacionada con la respuesta que se dé a aquellos interrogantes sobre la equidad global, tema en el cual por ahora los países desarrollados se han mostrado esquivos. La creciente conciencia de los ciudadanos de lo mucho que está en juego, necesariamente propiciará la modificación de esta situación, lo que requerirá al mismo tiempo gran lucidez, visión y liderazgo de los principales dirigentes en el ámbito global. ¿Pero se tomarán las medidas debidas en el tiempo debido?

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* Manuel Rodríguez Becerra, Ingeniero Industrial por la Universidad de los Andes y MBA de Estudios de Administración por Oxford University. Catedrático y asesor internacional, ex ministro del Medio Ambiente de Colombia, fue presidente del Foro de Bosques de la ONU. Entre sus libros destacan Desempeño Ambiental del sector palmero en Colombia (Fedepalma, 2004); Guerra, Sociedad y Medio Ambiente (Foro Nacional Ambiental, 2004); Gestión Ambiental en América Latina y el Caribe (BID, 2002); El futuro ambiental de Colombia (Uniandes, 2002); La reforma Ambiental en Colombia (FES, 1998); La Política Ambiental de Fin de Siglo (Cerec, 1996) y Crisis Ambiental y Relaciones Internacionales (Cerec, 1994).
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20 de diciembre de 2007

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