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Ómnibus
Nº 2 Año I  marzo 2005


Círculos del Viento II

Marié Rojas Tamayo
(Cuba)

EL VUELO DE LA SERPIENTE

   Aunque nació pegada al suelo, siempre añoró las nubes. Asomando su cabeza fuera del agujero que era su hogar, admiraba el vuelo de las aves. "Has nacido serpiente, tu sino es arrastrarte, enroscar, apretar y soltar", le decían sus mayores y ella intentaba acostumbrarse a la idea, sin lograrlo.

   Un día tuvo una revelación: no volaba porque no lo había intentado. A veces basta con creer en los milagros para presenciar su realización.

   Le tomó días, quizás meses, quién sabe si años, llegar a la cúspide que había situado como el punto más alto de la ciudad. Arribó a la cima, envejecida y exhausta, convencida de la certeza de su vuelo. Apenas había que asomarse al cielo y desear con intensidad.

   Se desprendió con elegancia, la brisa que acariciaba su piel, la ingravidez de su ondular, le demostraron que todo era posible.

   Sólo el pavimento supo de su fracaso. Tal vez, aquella rueda implacable que pasó sobre sus restos, guarda también memoria del suceso, mas lo dudo, todos los días caen serpientes de los rascacielos.

Denis Álvarez Betancourt
(Cuba)

Amor

Sintió apenas un breve roce de pasión y enseguida fue a buscarla. Caminó seguro por las curvas de su dorso, hasta cubrirla completamente, invadiéndola de calor. Se entrelazaron y la sintió virarse. Caminó entonces por su interior por los caminos de la vida. Ella se dobló tenuemente por el cosquilleo, hasta que su dedo tropezó con el monte, frontera entre su piel y el vacío. Apretó fuerte, reteniéndolo y clavándole las uñas, febrilmente. Los efluvios comenzaron, haciendo la caricia más lúbrica y caliente. Giraron una y otra vez, frotándose, a veces de frente, a veces inversos, cubriendo cada espacio para mezclarse, unirse como uno solo. Penetrando, arañando, pellizcando, emitiendo sonidos débiles y enrojeciendo. Al final, ya desfallecidos, el fue retirándose lentamente. Ella no obstante trató de retenerlo hasta el infinito, pero finalmente salió de entre los barrotes, para decirle adiós. Para esperar la próxima vez que se pudieran dar las manos

Lina Zerón
(México)

CORTESANA


Soy la mujer que duerme en la jaula con los leones al ponerse el sol. Carne cruda como de sus pestilentes fauces lamo sus recovecos denigrantes y sin importarles, prueban cada mes mi sangre. Me he dejado ultrajar por conveniencia, soy mansa por una retribución, Abro mis posiciones para conseguir prodigios mayores, mejores pagas. Todas las noches meto al sol en mi cama y caliento deshilachados cuerpos. A veces suplico ternura desde el fondo de mi alma, desde el encierro de mi jaula repleta de vacíos inconmensurables, pero ellos no escuchan. El mundo me desprecia, yo lo ignoro. Vivo para alimentar a las bestias con mi carne, soy libre de volar si quisiera, de escapar, mas no tengo a donde ir... Pertenezco a esta jaula.

DESOLACIÓN


Dios ¿dónde estás? Acaso en la débil ala de una mariposa, en el monótono zumbido de la abeja o en la gaviota que roza vagamente la playa. Te busco en el crepúsculo vacío de invierno, en la luz sin frontera de mis ojos, en la melancólica sombra del ciprés. Palpitan en mi pecho reflejos de aurora. y no estás. Tampoco en el alud de tatuados dolores, en el breve escalofrío de mis párpados azules, en la marimba interna de mi cuerpo. Tal vez mis rezos llegaron tarde a la cita, tal vez eres pedestal de oro inaccesible, anzuelo en el fondo sin carnada y yo hambriento pez en la noche del océano. Tal vez seas omnipotente campo y yo roja hormiga. Tal vez seas flama desprendida del sol y yo ciego espejo incapaz de reflejarte.

Ignacio Jordi Atienza
(España)

MUCHACHAS DE SANTA SUSAN


Chicas como rubios harapos arrastrados por la vida prostitutas de sí mismas Caísteis en la trampa, no penséis, la vida es fácil, dejad las cosas en manos de los mayores. Y poco a poco el colegio el impulso hacia los hombres el tráfago hacia el que van todos los mismos bares los mismos autobuses los mismos despachos. No pensar caísteis en la trampa. Y ahora el labio se abelfa el ojo se abolsa la mirada cae y rueda como una calderilla gastada y el Gran Almacén os almacena sois mayores. Tan sólo ante la vista del niño se enciende la chispa un instante, Mira nene, el sol, un árbol, las flores las fuentes los caballos. Hacía siglos que no los veía. Pero habéis picado y duele tanta vida fragante de cuando teníais manos Y una sospecha os acosa como un mendigo insistente al dar vuelta a la revista, o guardando en el bolso el móvil: a nadie le gusta estar muerto y la vida es un poco más que esto.

PRIMER POEMA DE PUEBLO NUEVO


Amarillo de leche enferma, de madre buena. En una rama de roble se ha posado una tanqueta y ha empezado a pegar gritos. Pero eso es cosa del tiempo, las radios que se constipan. Un mandarín con pendientes reparte casa por casa sus tarjetas de visita: viejas ranas, panes rellenos de lodo. Pero la noche ha guardado su viejo costurero y los infinitos ancianos se rascan bajo las boinas sus viejos huesos de buey y saben que todo es lo mismo. De muy lejos, el cielo amoratado se estrella contra tanta casa y suena un golpear de bolas de petanca que viene del cementerio.

Néstor Barron
(Argentina)

5 POEMAS DE MERLINA SACKS (Selección)

1
LOS MAGOS


Ella desata sus pasos con un gesto absoluto y distraído, como desprendiendo una pollera que molesta. Ella pasa entre los magos, que la miran con ojos de viento, con labios intraducibles, con miradas viejas. Ella se deja llover, pasa bailando, y los magos se alarman. Entonces corren y susurran a la gente: "Shh... Shh... No se asusten, no se asusten, es ella, es sólo ella...". Y ella ríe: precipitados en su alarma, los magos olvidaron que la gente no puede percibirlos. La gente también ríe con ella. Los magos desesperan, invisibles, viéndola tan nueva y tan presente como el mundo, tan intacta entre aullido y dentellada. Ella, la perfecta, la incorrecta. ¿Qué harán los pobres magos alarmados, cómo advertir a la gente del peligro? "¡Cuidado! ¡Ahí va ella entre la gente dibujando un ademán de brújula en el aire (pero lleva la luz en la otra mano)!". Y los magos se preguntan: ¿cómo hacer para atenuarla, cómo atarla a la magia correcta de los siglos, a la mueca ritual de las cenizas? ¿Cómo imponerle una locura que no queme, un vértigo aceptable, cómo incluirla en el manual del usuario del Misterio? Pero ella vuelve a reír y ya no hay preguntas: todo es "ahora" y "jamás" (que son lo mismo). Los magos desesperan. Están viejos. Si ella no es inmortal, ¿cómo medirla? (No saben su secreto: no la han visto bailando entre las uvas de un segundo de silencio. Allí está su retrato: ese segundo; pero los magos no perciben el silencio). "Los magos son vecinas chismosas de lo Eterno. La vida es otro asunto", ríe ella intacta e incorrecta en el peligro. La miel está en el fondo del abismo. Y el fondo del abismo está en el cielo.

2
EL GOLEM


Existe una palabra infinita bordada por el rito de una letra. Si son tus labios los que la dibujan quien se asome a ese beso está perdido: Sus mares serán fuego... La distancia entre oreja y oreja, una guitarra... Cantará al revés... Roerá diablos... Quizá se queme en hielos amarillos... Trama terrible: tus labios inocentes dibujando una letra de amapola solar, la cama de los vientos mal tendida, y todos sucumbiendo a la palabra. La Cábala ha vencido. Pero hay alguien inmune a esta tormenta: es el Golem. Tres letras en su frente lo guardaban en un pliegue de lo eterno: "MET", que nombra lo innombrable, no-muerto para siempre, siempre muerto, congelado en el anhelo de un signo ausente y fatal: la cuarta letra, la primera. Pero... Si son tus labios los que la dibujan (con esa mueca de luna sumergida en el mar que hay en tu boca), sobre la frente del Golem se desata la incandescencia de una lluvia de sabores. Ahora es "EMET": "verdad" (o también "nada", o "camino", o "nunca", o "para siempre", o "cascabeles sigilosos y descalzos", "21 cristales para un solo espejo", o cualquier significado o sinsentido). "EMET". Y para el Golem no hay silencio ni quietud, y la trama tan terrible ahora es juego. Sólo un juego. Una guirnalda marciana bailoteando en las cornisas de tu curva ahora presente, más completa y más nueva que cuando era presentida. El Golem despertó. Tus labios blancos dibujaron la sentencia luminosa. Los siglos de su sueño terminaron en el largo oficio del misterio de tu luna llena, el mar de tu reflejo. El Golem está suelto. Los costados de la noche se reclinan en su risa, otra vez cascabel, cristal, espejo, universo en la punta de un ovillo, imposible lugar de nacimiento de todas las canciones. El vigía grita "¡Tierra!" a cada ola. El reloj sólo da horas señaladas. Todo suena. En la cuenta del verdugo del eclipse ya no hay rosas ni mareas mal sumadas. Todo es obra de una letra dibujada que quizá pudo matar pero dio vida. Todo es tuyo. La Cábala ha vencido.

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15 de marzo de 2005

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