Género, cultura y desarrollo
Evolución de los discursos feministas oficiales

Por Leyla Bartet *
(París. Francia)

cooperativa de mujeres


La miseria tiene rostro de mujer. De los 1.300 millones de personas que viven en la pobreza, el 70 por ciento son mujeres. Esta situación -que ha cambiado poco en los últimos veinte años- explica que sean ellas las que emigran con mayor facilidad para buscar lejos de su hogar mejores condiciones de existencia y garantizar a través de las remesas, la supervivencia de su familia. Estas consideraciones no provienen de alguna rígida militante feminista. Es la conclusión del Informe sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas, ya en 1995.
Y, sin embargo, cabría imaginar que los movimientos feministas que vieron la luz en los años 70, al calor de las reformas promovidas por Mayo del 68 y el cuestionamiento del papel social, cultural y económico al que la mujer había estado relegada, podrían haber dado mejores frutos. Y es que estos movimientos, como otros, se vieron inmersos en diversas derivas ideológicas, algunas de ellas verdaderos lastres si de resolver dificultades se trata.
El Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo titulado Nuestra Diversidad Creativa 1 , insiste en lo delicado de esta problemática, en el capítulo sobre los problemas de género. Y estos son tanto más difíciles de manejar cuanto que cualquier transformación en este terreno conlleva inevitables rupturas de los modelos de identidad de ambos sexos y trae consigo muchas implicaciones en el plano de la dominación de un sexo por el otro. Se trata pues de una cuestión de poder. Así, cualquier cambio en la condición de las mujeres en una sociedad dada, afectará inevitablemente la imagen que los hombres tienen de sí mismos. Según el informe, este tipo de rupturas resulta muy azaroso de manejar, sobre todo en aquellas sociedades aún marcadas por valores y símbolos vinculados a una ruralidad no muy lejana. La inmigración del campo a la ciudad y el aumento progresivo de la población urbana no significan la desaparición de rituales simbólicos. Esto puede explicar -en parte- el incremento alarmante de la violencia de género en las sociedades iberoamericanas: un ejemplo conocido es el caso de México donde el asesinato sistemático de mujeres trabajadoras en Ciudad Juárez es, sin duda, la muestra más trágica del desajuste evocado. Mujeres andinas
Desde la Primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer en la Ciudad de México (1975) se han realizado varios intentos destinados a reducir las brechas de género en la educación, la salud, el bienestar y la participación en la fuerza de trabajo, así como en el campo de los derechos políticos y civiles. Basada inicialmente en la teoría de la modernización, la eliminación de las desigualdades entre hombres y mujeres se aceptaba como un objetivo evidente. Más tarde, bajo la doble influencia de las críticas a la modernidad y al modelo de desarrollo vigente, es la noción de "especificidad cultural" la que -con nuevas connotaciones- pasó a ocupar el primer plano del discurso público. A medida que la cultura material y la cultura popular tienden a homogeneizarse, la "diferencia cultural" se identifica con las relaciones entre los géneros. Con frecuencia se atribuye a las mujeres el papel de portadoras y símbolos de su cultura. Es así como tanto el concepto de cultura, como aquel de género han experimentado nuevas formas de politización y los atributos de autenticidad (o de diferencia cultural) han pasado a formar parte del arsenal político de diversos movimientos sociales e ideologías. Todo esto ha tenido serias y paradójicas consecuencias, tanto en lo que se refiere a los derechos de las mujeres como -en nuestra opinión- en el lugar que ocupa la cultura en el desarrollo. El desafío consiste, en la actualidad, en evitar la doble trampa del eurocentrismo y del etnocentrismo como las formas radicalizadas del relativismo cultural que, en nombre de la "diferencia", niegan a las mujeres sus derechos fundamentales.
Tanto la citada reunión de México en 1975 como aquella de Nairobi, diez años después, se celebraron en un contexto en el que la visión del desarrollo presentaba el logro de la igualdad entre ambos géneros no sólo como una palanca para la lucha contra la pobreza sino como una cuestión de derechos humanos y de redistribución equitativa. Inicialmente el interés político centrado en la mujer constituía la expresión parcial de una más amplia preocupación sobre la pobreza y las necesidades básicas, congruente con las prioridades del desarrollo durante la década de los setenta.
La toma de conciencia del tratamiento de inferioridad que recibían las mujeres en casi todas las sociedades del mundo favoreció el nacimiento de un enfoque del desarrollo centrado en las mujeres (Woman in developpement) que tiende a ignorar o a minimizar las relaciones entre hombres y mujeres. mujeres de Chiapas
A inicios de los '90 un enfoque más crítico relacionó la subordinación de las mujeres con cuestiones más amplias de mala distribución de la riqueza y asimetrías de poder entre el Norte y el Sur. Este era el caso, por ejemplo, del grupo DAWN (Developement Alternatives with Woman for a New Era) Los defensores de este enfoque abogaban por formas de acción basadas en las experiencias de grupos de base de mujeres del Tercer Mundo y en la definición de necesidades en función de su contexto. Así, de una visión basada en la eficiencia y en la lucha contra la pobreza, se pasó a una perspectiva de "empoderamiento" (Empowerment-toma de poder) que desafiaba los enfoques exclusivamente "desarrollistas" y tecnocráticos de los organismos internacionales especializados (PNUD, CEPAL y ONGs que trabajaban sobre el tema). Pero esta línea de acción siguió centrada en un optimismo ingenuo según el cual las mujeres podían, de alguna manera, generar un desarrollo ecológicamente sostenible y equitativo. Asimismo, eludía la cuestión de cómo conseguir la autosuficiencia en un contexto de profunda crisis financiera y económica. Esta línea de análisis dio origen, a nivel práctico, a algunas medidas interesantes como los microcréditos de la Grameen Bank de Bangladesh, imaginadas por el Premio Nobel de Economía, Mohamed Yunus, quien acordaba préstamos sólo a las mujeres cabeza de familia. En el Perú, durante el gobierno de presidente Alejandro Toledo (2001-2006), un proyecto semejante se llevó a cabo en una pequeña localidad del departamento de Ayacucho (entrega de un monto directo en dólares a las mujeres cabeza de familia) pero su carácter piloto supuso que resultara considerablemente limitado en términos de alcance social real.
En la década siguiente (1990-2000), el cuestionamiento de las premisas en las que se basa la noción de desarrollo -la crítica del discurso universal acerca de la transformación social- ha encontrado eco en un conjunto de críticas feministas que ponen de relieve el carácter sexista y promasculino de los discursos occidentales sobre los derechos humanos y la ciudadanía.
En efecto, hasta los años 80, la corriente de pensamiento generalizada mantenía que todas las mujeres eran víctimas de la misma opresión, que existían razones para explicarla y que una lucha común podía lograr su liberación.(el marxista "proletarios del mundo, uníos" de moda en el post '68, se transformó en un utópico "mujeres del mundo, uníos"). A finales de esa década desapareció aquel consenso y se abrió un debate interno acerca de la "diferencia" y las políticas de multiculturalismo e identidad. En el contexto de ese debate, "cultura" es, en realidad, un concepto de doble filo: por un lado se utiliza para afirmar la identidad y por otro, para asegurar la obediencia forzada a normas comunitarias y castigar las "desviaciones". De la misma manera que no es posible suscribir la noción de "una cultura femenina", basada en la suposición de una naturaleza inherente a las mujeres (visión defendida por los sectores religiosos más conservadores), también resulta inaceptable el apoyo a las visiones "esencialistas" de supuestas "entidades culturales" falsamente homogéneas y sin potencialidades para cambiar las reglas de juego. Esta es una de las principales trampas de las invocaciones a la identidad cultural en la agenda feminista, ya que el discurso acerca de una diferencia destinada a afirmar una identidad contra un "otro" dominante (blanco, colonizador, miembro de una elite, o simplemente varón) termina convirtiéndose en una trampa, especialmente para quienes carecen de control sobre la producción de símbolos o significados culturales. mujeres de Kuwait
La reunión de Pekín, en 1995, permitió abarcar este debate que ha tenido lugar dentro del pensamiento feminista y entenderlo en el marco de las reivindicaciones hechas en muchas sociedades en nombre del relativismo cultural. El caso tipo es que muchas culturas que invocan leyes tradicionales o la libertad de culto manifiestan mayor preocupación por mantener los privilegios de los hombres que los derechos de las mujeres. El ejemplo más conocido es el derecho de los hombre a la poligamia, tratado como una doctrina central de la shar'ia (la ley coránica) islámica. Pero lo que no defienden esos mismos hombres musulmanes es el derecho a la herencia de la mujer, igualmente contenido en la shar'ia. Parece existir una tendencia generalizada por la cual ciertos sectores de la población masculina afrontan un cambio inesperado en sus relaciones con las mujeres, tratan de encararlo asumiendo una postura dominante.
Un nuevo énfasis en el género como concepto relacional ha permitido examinar las instituciones sociales y culturales que reproducen las jerarquías de un modo más fino. Se ha restituido también toda su complejidad cultural a la división sexual del trabajo. Algunos de estos temas plantean situaciones de conflicto y malestar en sociedades como las latinoamericanas donde la integración de la mujer al trabajo es cada vez mayor. En efecto, ¿qué ocurre cuando una joven soltera es la única que gana un sueldo estable en una familia de bajos ingresos?, ¿Qué ocurre dentro del matrimonio cuando las mujeres son el principal soporte familiar y/o el marido carece de empleo, o cuando el sueldo de la mujer es mayor que aquel del esposo? Estas situaciones son percibidas como una amenaza a las jerarquías establecidas en cuestiones de edad y género. mujeres protestando
Por otro lado, las altas tasas de desempleo y subempleo que sufre la mayor parte de los países latinoamericanos tiende a aumentar la segregación de género en el mercado de trabajo, obligando a las mujeres a trabajar en el sector informal de la economía o a hacerlo sólo a tiempo parcial. También las ideologías que predican la responsabilidad de las mujeres esencialmente como madres las inducen a retirarse, limitándose al trabajo doméstico.
La conferencia de Pekín en 1995 exigía hacer frente al desafío de articular nociones de diversidad cultural y de diferencia que no actuaran simplemente como una hoja de parra, es decir, cubriendo pudorosamente las formas -existentes aún en muchos países- de discriminación contra las mujeres. Para defender los derechos de las mujeres a escala global es necesario tener en cuenta las sensibilidades culturales de cada sociedad pero sin olvidar que la definición de cultura es siempre un ejercicio políticamente controvertido y que las mujeres pueden fácilmente convertirse en víctimas de una reacción cultural. En el delicado equilibrio de la negociación se encuentran los retos del nuevo milenio. Pero guardando siempre la conciencia de que no se trata de una negociación entre pares. Las asimetrías son aun demasiado fuertes.


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* Leyla Bartet. Perú. Ha realizado estudios de periodismo en el Centre International d´Etudes Supérieures de Journalisme de Strasbourg, y en la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad Central de La Habana. Estudios de Lingüística en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Universidad de Paris X. Diplomada en Sociología en el Institut de Hautes Ëtudes de l´Amérique Latine, Universidad de Paris III, entre otros. Ha trabajado como investigadora y consultora en el Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo (DESCO) en el Perú, en la Universidad central de Venezuela y para la UNESCO en París. Como periodista en diversas agencias de prensa (IPS, Prensa Latina, ALASEI) y ha sido corresponsal de diarios y revistas latinoamericanos. Ha publicado distintos libros sobre sociología y periodismo, así como Ojos que no ven, Cuentos, 1997, Me envolverán las sombras, Cuentos, 1998, Le corsaire noir, Nouvelle, 2000, entre otros y Puerta Cerrada (cuentos) de próxima publicación en España y en el Perú. En preparación El sueño de la razón (novela)
Notas:

(1) Este informe fue realizado a pedido de los estados Miembros de las Naciones Unidas y de la UNESCO en el año 1995. El estudio reunió a 90 especialistas de diferentes países, religiones y culturas, entre ellos cuatro Premios Nóbel. La dirección estuvo a cargo del ex Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuellar.
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20 de abril de 2008

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