Reseñas



Reseña a Tutiplenes


Tutiplenes: el humor como estrategia y armadura

Por Inés Pereira

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El humor es sin duda una weltanschaung, una forma de percibir y dirigirse hacia el mundo. En esa línea que se extiende y se eleva en sus extremos como sonrisa, mueca que acusa el golpe de un perdido paraíso y se proyecta hacia un posible estado de cosas que bien podría no suspender el dolor, pero al menos, sería capaz de volverlo tolerable; escribe Rosana. Como una bruja que elabora su pócima alquímica mezclando las más diversas sustancias, combinándolas, hasta que un inesperado acontecimiento ordene las secuencias planetarias y la piedra filosofal se bañe del áureo brillo perseguido, y acontezca así, la iluminación, en medio de la espesa capa de sombra que nos cubre, a nosotros y al mundo. Porque el humor es estrategia, armadura para no entregarse inerme al golpe de los muchos dolores que la vida nos guarda, (la muy turra). Y es también una forma elaborada del amor, una caricia que se presenta como maniobra distractiva, pero con fines serios. Dicen los chinos, (que por algo tienen los ojitos así de chiquitos) que la amargura contrae y la alegría es en cambio, expansiva. Como una onda que abarca círculos cada vez más amplios, incluyéndonos, agrupándonos, acercándonos al calor de los demás, así operan estos tutiplenes. Aquí hay un poeta que canta loas a la luna y una luna que se harta de sus barroquismos y lo dice, hay un destino marcado en los berberechos, fantasías que viajan en los trenes en las horas pico, tragedias griegas ambientadas en el conurbano bonaerense, canciones que se resignifican en nuevas asociaciones, regodeos polisémicos, gracias de reunión familiar, dedicatorias, frustraciones devenidas en gags, críticas a lo que se aparta del corazón para pensarse a solas, inútilmente, ironías acerca de la propia ilusión de novela de la tarde, memoria de barrio, de infancia, de lecturas, de amores. Hay una mirada de mujer con la pintura corrida y en ojotas, versos que se escriben en la cocina, alternando la pluma con el cucharón. Y aún así, en este aparente caos, hay la sistemática, la perseverante acción de quien se da, ofreciendo a manos llenas su genio. Un genio que mora en un frasquito con moño de raso, al alcance de todos los bolsillos pero sólo de unos pocos corazones abiertos y sensibles.





Tutiplenes untables

Por Haydée Berón



Demoré el asunto de las cobijas por saltear páginas del libro de Rosana Gutiérrez, con una pseudoculpa de lo que tenía por hacer y que finalmente se disipó entre carcajadas. Sin tinta para fabulaciones literarias en mi haber, digo que el humor no es cosa simple y que pellizca más fuerte cuando es apartado del horizonte de las expectativas. Desconociendo los propósitos (si los hubiere) de la autora, su humor le apretuja a uno la garganta, justo por detrás, como en esas telenovelas donde una mujer exagerada intenta retener al amante entre forcejeos, amenazas y portazos mientras lo sorprendente no está allí, sino en los vapores de lo incidental, la cumbia de fondo, el timbre de los evangélicos y otros inoportunos.


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