Carlos Germán Belli y la rotura del lenguaje habitual

Por Miguel Ángel Zapata *
(Perú)

Si el problema de la poesía consistiera en hacerse comprender,
nadie escribiría versos

Eugenio Montale

Carlos Germán Belli

Hugo Friedrich dice que el concepto de "lenguaje nuevo" sólo se precisa un poco allí donde acentúa su intención agresiva. Al romper con lo habitual - explica- se convierte en un shock para el lector. La "sorpresa" es ya desde Baudelaire un término técnico de la poética moderna, como en otro tiempo lo fue de la literatura barroca. Continuando con las ideas de Friedrich se podría afirmar que la poesía de Carlos Germán Belli está circunscrita dentro de este entorno agresivo, y esencialmente su poética radica en la rotura del lenguaje habitual. Una breve aclaración es necesaria. No me refiero aquí a la rotura con lo cotidiano, ni a su representación superficial en el poema, sino al uso de un lenguaje dislocado que se aleja de toda correspondencia posible entre los signos y lo designado. El lenguaje belliano es esencialmente disonante. Su densidad llega a colmarse en las diversas refundiciones que practica, e igual que en la pintura o la música, los resultados son insólitamente hermosos. Lo sorprendente es la materia viva de su poesía, y el lector pasivo puede esperar cualquier sorpresa que pudiera ser la aparición de la imagen arcaica o la ciencia posmoderna. Entonces el lector sin sesos no comprenderá por qué el poeta vuelva a las villanelas y las sextinas en estos tiempos de la oscuridad tecnológica y la exageración neobarroca. La hermosura en la poesía de Belli radica en su humanidad y experimentación con el lenguaje. Esta combinatoria hace de la poesía de Belli un artefacto complejo, profundo, y perdurable. Pero tampoco se trata de escribir una poesía humana o "realista" o estrictamente barroca, sino en combinar lo disonante con la alegría del lenguaje transparente. Vallejo fue el primero que pudo llenar estos vacíos infinitos, y otros pocos en el contexto hispánico lo han podido lograr. Uno de ellos es Belli.

No cabe duda que la presencia de la poesía de Belli en el contexto de la lengua castellana ha creado un coloquio renovado entre las poéticas de nuestro tiempo. Su poesía cumple un periplo que enmarca una densa colmena de significados. En su obra se puede vislumbrar varios tipos de temáticas. El poeta cree y participa del eterno retorno de la vida y el lenguaje, y ciertamente sabe que la vida y el lenguaje son dos artefactos distintos, dos avenidas por las cuales se llega al poema. El poeta de Lima practica una poesía polifónica, la cual evita la repetición emotiva del romanticismo, y cierta exageración del lenguaje sin sentido.

Carlos Germán Belli

El barroco belliano es un edificio que recombina las esferas de un lenguaje tradicional pero con una tónica renovada. Existe en su sentido un lenguaje feérico que cala en la profundidad de la vida y el universo. Belli ejecuta una revuelta con la poesía: retorna a la transparencia y dificultad de los clásicos, y los remira desde los claustros y los muros de una ciudad recuperada en la memoria. Las poesía de Belli tiene sentido, aun cuando sus paredes están resguardadas por arcaísmos y sonatas de otros tiempos. Esta nueva aventura del lenguaje es la que ha inaugurado Belli en la poesía hispanoamericana después de la vanguardia. No cabe duda que en poesía, el tiempo y el espacio son los dadores de vida o los portadores de la muerte. En el caso de Carlos Germán Belli, ha sido lo perdurable lo que de inmediato se asocia con su poesía.

Esta nota quiere ser un reconocimiento al escritor de alto pensamiento, y a su rigurosa labor con la palabra poética, y celebrando el Premio de Poesía José María Eguren 2004 por su libro La miscelánea íntima (Valencia: Pre-Textos, 2003), otorgado por el Instituto Peruano de Cultura de Nueva York, y el más reciente premio internacional de poesía Pablo Neruda.

Estando fuera del Perú -como siempre suele suceder- descubrí cuán apreciada era la poesía de Belli a nivel internacional. En El pesapalabras (1994) reuní una serie de ensayos en torno a la obra del poeta, donde colaboraron Mario Vargas Llosa, Roberto Paoli, Julio Ortega, Paul Borgeson, Javier Sologuren, Enrique Lihn, Oscar Hahn, James Higgins, Alberto Escobar, Jorge Cornejo Polar, Christine Legault, y Sainz de Medrano, entre otros. Ése era el primer homenaje al poeta como muestra del reconocimiento unánime que exigían sus lectores desparramados por todo el planeta. Este libro era necesario debido a la demanda de la crítica, y para que en el Perú circularan estos trabajos de estudiosos de la obra de Belli, y no quedara duda de su relevancia en el contexto hispánico y la posmodernidad.

Carlos Germán Belli

Belli ha experimentado hasta el hartazgo con la forma del poema, y el resultado ha sido esa fascinante obra poética que venimos releyendo a través de los años, para entender que la forma en el poema y su combinación entre lo culto y lo coloquial es fundamental en la elaboración de una lírica inusual. Su rebelión contra el lenguaje consiste justamente en revitalizar la lírica a través de un desplazamiento semántico, donde la textualidad del poema está entroncada por una sincronía global. El poeta retoma la textualidad escatológica del lenguaje e introduce una serie de recombinaciones y refundiciones. Así, Belli alcanza su plenitud que es símbolo del proceso transformativo de su palabra.

Una serie de temas caben dentro de la poesía de Belli: la casa y la infancia, la ciudad, eros, y el canto espiritual del alma. En su poesía el cuerpo y el texto conforman una textualización del placer; pero este placer es una relectura de la modernidad, y no se ajusta solamente al placer corporal sino también al placer de la imitación diferencial del lenguaje. El modelo es lírico y la belleza su sino. Ha pasado casi medio siglo, y la poesía de Belli ha ido avanzando contra el tiempo y las malas mareas de los incrédulos lectores y envidiosos poetas de la otra tribu. Belli pertenece a la tribu de la abundancia y su cosmética consiste en la reconstrucción de un pasado luminoso ante las arcas de la postmodernidad.


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* Miguel Ángel Zapata (Perú, 1955). Poeta y ensayista. Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, obtuvo el Master of Arts en la Universidad de California y el doctorado en Filosofía en Washington University, Estados Unidos. Dirige Códice-Revista de Poesía y Poética, y la colección AMARU de ensayo. Actualmente vive en Long Island, Nueva York, donde es profesor de literatura hispanoamericana en Hofstra University. Ha publicado los libros Partida y ausencia, Madrid, 1984; Periplos de abandonado, México, 1986; Imágenes los juegos, Lima, 1987; Poemas para violín y orquesta, México, 1991; El pesapalabras. Carlos Germán Belli ante la crítica, Lima, 1994; Brookings Hall, Barcelona, 1994; Mi cuervo anacoreta, Santiago de Chile, 1995; El bosque de los huesos. Antología de la nueva poesía peruana, México, 1995; Lumbre de la letra, Lima, 1997; Metáfora de la experiencia. La poesía de Antonio Cisneros, Lima, 1998; Nueva poesía latinoamericana, México, 1999; Escribir bajo el polvo, Lima, 2000; Moradas de la voz. Notas sobre la poesía hispanoamericana contemporánea, Premio José María de Hostos de Ensayo 2003, Lima, 2002; El cielo que me escribe, Premio Latino de Literatura 2003 otorgado por el Instituto de Escritores Latinoamericanos de New York; Cuervo, México, 2002; y Luces de la memoria, Caracas, 2003. Su poesía ha sido traducida al inglés, portugués, italiano, y francés, y publicada en antologías a nivel internacional.
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20 de junio de 2008

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