La nefasta historia de las pirámides financieras

Por Luis Esteban G. Manrique *
(Madrid. España)

Estafas Piramidales

En Manias, panics and crashes, un texto clásico sobre las crisis financieras en la historia, Charles Kindleberger describe documentadamente cómo emergen los fraudes que habían estado ocultos una vez que las mareas especulativas comienzan a retroceder. La "exuberancia irracional" crea la atmósfera psicológica necesaria para que éstas alimenten el cíclico crecimiento y estallido de todo tipo de burbujas: inmobiliarias, crediticias, de obras de arte, filatélicas...

La historia de la firma de Bernard Madoff (BMIS), que podría haber estafado a sus clientes hasta 50.000 millones de dólares, es sólo la penúltima versión de una vieja estafa que consiste en conseguir nuevas aportaciones con las que seguir abonando supuestos intereses a los inversores más antiguos. El sistema se llama piramidal porque esa figura geométrica simboliza perfectamente el mecanismo de un vértice, que ocupan sus creadores, que se beneficia del crecimiento aparentemente perpetuo de una base en constante expansión. Pero el esquema es tan frágil como un castillo de naipes: los extravagantes beneficios de los primeros inversores se financian fácilmente con el creciente número de los que llegan después... hasta que dejan de hacerlo.

Esta vez el detonante fue la crisis financiera global, que movió a varios fondos de inversión a retirar 7.000 millones de dólares de BMIS. Y como siempre ocurre en estos casos, Madoff tuvo que admitir -supuestamente a sus hijos- que sus arcas estaban vacías. En Estados Unidos ese fraude se llama un ponzi scheme en "honor" de uno de sus más famosos practicantes, aunque no el primero: Carlo Ponzi, un inmigrante italiano que en 1920 creó una empresa que prometía duplicar el dinero invertido -en sellos postales- en 90 días.

Carlo Ponzi

Buena parte de las grandes crisis financieras internacionales de las últimas décadas han estado basadas en estafas piramidales. En Albania entre 1996 y 1997 siete pirámides acumularon más de 2.000 millones de dólares, casi el 30% del PIB de ese país. Cuando el tinglado se vino abajo, las turbas de estafados saquearon bancos y quemaron edificios hasta que el ejército contuvo unas protestas que, de cualquier modo, terminaron por derribar al gobierno del primer ministro Alksandr Meksi.

La Rumanía poscomunista también fue presa de la gratificación instantánea de los planes piramidales que prometían grandes ganancias a corto plazo, supuestamente sin riesgo. En una de esas operaciones, la estafa de "Caritas", que operó de abril de 1992 a agosto de 1994, se cree que llegaron a participar cuatro millones de personas, casi un 20% de la población. Como la privatización "legítima", esos esquemas fraudulentos en su mayor parte servían para canalizar el dinero privado hacia las mafias surgidas de las antiguas redes del partido y los servicios de seguridad.

En América Latina, la sombra de las pirámides es alargada. En Venezuela, los fraudes generalizados de banqueros corruptos que ofrecían intereses exorbitantes costaron al Estado más de 7.000 millones de dólares (el 15% del PIB) en un paquete rescate que en 1995 obligó al gobierno de Rafael Caldera a nacionalizar casi la mitad de los bancos del país. El ascenso político de Hugo Chávez tiene un remoto, aunque directo, antecedente en ese episodio. En México, la privatización bancaria de Carlos Salinas (1989-94) vendió los bancos estatales al mejor postor, sin tener en cuenta la experiencia en el sector financiero -o siquiera los antecedentes policiales- de los ganadores. Tras la subasta, se suprimió el coeficiente legal de caja, lo que provocó un boom crediticio basado en expectativas de crecimiento que nunca se materializaron. Cuando se produjo la devaluación del 20 de diciembre de 1994, que hizo pasar el tipo de cambio de 3,3 a 8 pesos por dólar, el crujido de la quiebra de la pirámide azteca -el llamado efecto tequila- se pudo oír de un confín a otro del planeta.

Estafas en Latinoamérica

En Colombia, el reciente desplome del Grupo DMG y otros esquemas piramidales, que según la Fiscalía de la Nación ha estafado a cuatro millones de personas alrededor de 1.000 millones de dólares, ha sido un escándalo tan devastador para el gobierno que podría poner en peligro la reelección de Álvaro Uribe. En el Perú, el desplome de CLAE erosionó corrosivamente al régimen de Fujimori y Montesinos, poniendo en evidencia los fraudes sobre los que se había erigido buena parte del boom económico de los noventa.

En EE UU, Enron y WorldCom también pertenecen a esa saga de variables del juego de la pirámide, ésta vez utilizando las bolsas como aspiradora para captar nuevos inversores. Paul Blustein cuenta en su libro And the money kept rolling in and out (2004) cómo los "analistas estrella" de Wall Street, ansiosos por sumar bonificaciones rompiendo récords sucesivos de ventas de bonos de deuda argentina, contribuyeron a precipitar el colapso de ese país mientras que en sus correos electrónicos se burlaban de la ingenuidad de sus clientes.

Bernard Madoff

La trama de Madoff era tan sofisticada que merecería que su nombre sustituyera al de Ponzi. Su supuesto "toque de Midas" se basaba en la exclusividad y su prestigio como filántropo, ex presidente del Nasdaq y miembro de la junta de asesores de la Securities and Exchange Comission (SEC), el organismo regulador del mercado bursátil, que ahora se ha convertido en una de sus principales víctimas por su incapacidad para detectar el fraude. La rentabilidad de BMIS -10% anual- no era muy alta, aunque sí sospechosamente constante a lo largo de más de 20 años. El engaño era tan cuidadoso con los detalles formales que podría haber durado muchos años más de no haber sido por la crisis de las subprime. Sin embargo, los indicios se acumulaban. Este año, cuando el índice Standard & Poor's 500 perdía un 38% hasta noviembre, BMIS reportaba beneficios del 5,6%. Consultoras como Aksia y el banco Société Générale aconsejaron a sus clientes mantenerse alejados de Madoff porque no entendían cómo conseguía semejantes beneficios.

Su caída va ser un golpe demoledor para el sector de los hedge funds, varios de los cuales, como Bayou, Word River o Lancer han quebrado en los últimos años por causas similares a BMIS, que había atraído el 1% del total de sus inversiones, especialmente de los 10 más grandes del mundo. Algunos de ellos han sufrido retiradas de hasta el 35% de sus fondos en los últimos meses a pesar de que limitan la cantidad de dinero que pueden retirar sus clientes de una sola vez, un síntoma de su potencial insolvencia. Incluso antes del fraude Madoff, diversas estimaciones anticipaban que sus activos bajarían de los dos billones de dólares de hace unos meses a los 1,4 billones.

En cierto modo, casi cualquier tipo de negocio financiero, sin necesidad alguna de que sea fraudulento, está basado en una estructura piramidal: es suficiente que se haga un hincapié exagerado en los aspectos positivos de una inversión y se minimicen los riesgos. En 1967 Paul Samuelson identificó el "secreto milagro" del sistema de la Seguridad Social: "Siempre hay más jóvenes que viejos en una población que crece (...) Una nación en constante crecimiento demográfico y económico es el mayor sistema piramidal posible".


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* Luis Esteban González (Arequipa, Perú, 1959). Periodista y escritor. Redactor jefe de la revista Política Exterior. Ganador del premio Excelencia Periodística del Citigroup 2005.
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20 de enero de 2009

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