Dos poemas de Willy Gómez (*)
(Lima, Perú)

La brisa en la ventana

Árboles
Árboles que semejan el crecimiento
De un bosque dividido por la noche.
Árboles contra un cielo espinoso, mira, cuya fragancia de ramas
El viento dobla sobre capas de nubes.
Superficies y espacio en la línea de fuego
Por donde los árboles mueren.
Mi cabello se alborota. Detengo una caída de hojas.
En el umbral de este cuerpo el viento es un rugido
De antigua celebración.
Las ramas de los árboles
Se doblan y enmascaran los brotes de junio.
Ramificaciones del viento en mi camisa marrón
Y al dar la vuelta cruzo otra línea.
Árboles azules ante el primer asombro oh
Girando ramas también me veo
Bajo las bóvedas del seminario de Sucre.
Un temblor de enseñanza contraria al escuchar
A los insanos de la palabra de este bosque.
Se corta la luz, el crecimiento natural de los árboles muertos
sobre ribetes blancos de la hierba como si hubiese nevado.
La primera vez en Huaraz fue similar
Y no pensé recorrer sino el hielo
Cuando inicié un concepto distinto de composición
Y grité con mis labios ruidosos
Árboles crecidos.

Otra brisa en la ventana

Árboles


Escenas con las furias en el castuillo de Benavides
Como un sueño al recorrer las calles de los ficus, todo
Mientras me afeito agitando la distensión de mis tobillos y
Detrás de mí la cárcel o el descenso a la segunda división
De nuestro mejor equipo amarillo.
Qué diría mi padre. Estaríamos sentados
En las bancas de un parque de Lima, contemplando los sauces viejos,
Cavando la tierra, el corazón enojado en el grito
De la victoria de los estandartes de oro
De las paredes del estadio nacional.
Choque de espadas, diría. Hijo, choque de titanes, me joden
Los cóndores
, me joden los pavos. Esta paz es insoportable.
Viene la música, todo, mientras me afeito, el abrazo de ella,
Caína o fístula divina a veces,
El grito en una escena del castillo de Benavides,
Ah, no tengo ninguna vida sino entre los árboles. Sentimiento
Gótico, el corazón quebrado de mi padre. Todo entre los
Árboles para recordar que no quiero la soledad. Alto retrovisor,
Atrás se pierde una multitud, los relámpagos carmesí del poeta
Y su chillido, su música, su asquerosa música llena de utopías
De vientos y nubes y dioses travestidos
Nada más. Hora de la paz. No la quiero
Ya no. Me he cortado, mi respiración nubla su palabra
Y en el agua de jabón se pierde y clava un sentimiento,
Otra batalla. Mi equipo perdió.
La música frágil, eras padre, recuerdo la máquina,
El llena todo corazón vacío que pesa. Mi equipo ha perdido,
Cruzo la línea, rompo las tablas y de nuevo entre los árboles
El descenso, la segunda división
El fondo del espejo donde veo mis huesos, mi corazón vacío.



(*) Willy Gómez Migliaro (Lima, Perú, 1968). Poeta y profesor de literatura. Ha dirigido las revistas de poesía Polvo enamorado y Tocapus. Ha publicado los libros de poesía Etérea, Nada como los campos y La breve eternidad de Raymundo Novak, todos bajo el sello Hipocampo Editores. Ha aparecido en diferentes antologías como La letra en que nació la pena, muestra de poesía peruana 1970 - 2004, cuya selección estuvo a cargo de Maurizio Medo y Raúl Zurita (Santo Oficio editores 2004); Caudal de piedra, veinte poetas peruanos, elaborada por Julio Trujillo (Fondo Editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México, 2005). Los poemas aquí publicados pertenecen a su libro inédito Volante.

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20 de marzo de 2009


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