Heroínas de la libertad y "obreras del pensamiento" en la Independencia del Perú

Por Eva Mª Valero Juan *
Universidad de Alicante, España

En las vísperas del Bicentenario de la emancipación hispanoamericana, el "I Encuentro Internacional Mujer e Independencia Iberoamericanas" resulta de especial relevancia como preludio de las numerosas actividades que ya comienzan a organizarse para la celebración. Evidentemente en los futuros eventos resonarán constantemente los grandes nombres de esta historia, los considerados héroes nacionales y "Padres de la Patria": Simón Bolívar, San Martín, Sucre, Bernardo O'Higgins... Más asordinadas podrían haber quedado grandes heroínas como Micaela Bastidas, Manuela Saénz, Juana Azurduy, Francisca de Zubiaga y otras muchas mujeres que protagonizaron, tanto como los hombres, las guerras de independencia y el proceso esencial de emancipación cultural posterior. Por ello, esta iniciativa de rendir homenaje a aquellas mujeres que desempeñaron los más diversos papeles, desde los protagónicos a otros más silenciosos -pero no por ello menos sacrificados-, parece no sólo acertada sino absolutamente necesaria. Y viene a sumarse a otras iniciativas que también se están impulsando desde Latinoamérica, como es el IV Simposio Internacional "Las mujeres en la Independencia de América Latina" -organizado por el Centro de Estudios La Mujer en la Historia de América Latina, CEMHAL- que se celebrará en Lima en agosto del presente año.

Las mujeres peruanas van a ser el objetivo de estas páginas, con cuatro nombres principales que jalonan, con las armas y las letras, el largo proceso de independencia política y cultural del Perú que se extiende durante todo el siglo XIX: Micaela Bastidas, Francisca de Zubiaga "la Mariscala", Flora Tristán y Clorinda Matto de Turner1 . Para abordar este objetivo, es preciso comenzar apuntando que en las últimas décadas se ha ido fraguando un proceso que ha permitido ganar importantes espacios de reflexión para el tema que nos ocupa, tal y como se puede comprobar en la ya considerable bibliografía dedicada a la historia de la mujer en Hispanoamérica2 . Voy a tratar entonces de contribuir a ese proceso de protagonismo femenino en los anales hispanoamericanos con una nueva aportación sobre la acción de las citadas mujeres con el propósito de exponer dos ideas que no sólo sintetizan el papel por ellas desempeñado en Perú, sino que aglutinan, en general, el papel de la mujer en la historia occidental desde el siglo XIX. La primera de esas ideas es bien conocida, y es que el activismo de las mujeres y sus reivindicaciones de igualdad con respecto a los hombres ha ido históricamente unido a la crítica por ellas realizada a la discriminación racial de las minorías, como la población negra o indígena. Así, al igual que en el mundo anglosajón fueron las sufragistas las que demandaron la abolición de la esclavitud, iniciada con la defensa de la libertad de la población negra en Estados Unidos, en el Perú es una mujer, Clorinda Matto de Turner, la que a finales del siglo XIX pone en el ámbito público la discriminación racial de los indígenas peruanos y su situación de humillante explotación y servidumbre.

La segunda cuestión de la que quiero partir explica el olvido al que se sometió a las mujeres principales de la emancipación hispanoamericana cuando este proceso se dio por concluido y los tradicionales grupos marginados de la sociedad -indígenas y mujeres-, que sirvieron a la causa independentista, fueron devueltos a la esfera de exclusión social -del poder y del saber- que habían ocupado durante los siglos del coloniaje. En el caso de las mujeres, fueron nuevamente recluidas en sus hogares o en los conventos, relegadas del escenario público que les había servido para conseguir una emancipación que no sólo era la de sus respectivos pueblos sino también la de su propia individualidad, y, en el caso de las grandes protagonistas, casi siempre desterradas, exiliadas y calumniadas para así borrar toda huella de su memoria. De esta manera la cuestión igualitaria que sirvió de base ideológica a las revoluciones burguesas se diluyó con la toma del poder por parte de los criollos ilustrados, que hicieron recaer el pasado colonial sobre estos grupos marcados nuevamente por la exclusión, el olvido o el silencio. Ello derivó en un hecho que no podemos pasar por alto, y es que aquellas excepcionales mujeres que conquistaron los grados militares como fruto de los conocimientos y energía puestos en defensa de la emancipación, cuando consiguieron salir del silencio fue para ser recuperadas como la amante del libertador Bolívar -Manuela Sáenz-, la esposa del guerrillero Manuel Padilla -Juana Azurduy-, la mujer de Túpac Amaru -Micaela Bastidas-, etc3 .

Micaela Bastidas

Comencemos por esta última. La vejatoria situación histórica en la que vivían los indígenas peruanos hacia fines del siglo XVIII, heredada de los tres siglos de dominación española en América, estalló en 1780 en la que fue la primera gran insurrección, de signo indígena, por la independencia hispanoamericana, protagonizada por la pareja Túpac Amaru II -descendiente de la dinastía imperial incaica- y Micaela Bastidas. Ésta fue la primera gran heroína de la libertad que, con esta rebelión, trató no sólo de liberar a su pueblo de la explotación, sino también de restablecer la tradición indígena -de herencia prehispánica- de participación de la mujer en la vida social y política4 ; tradición que el sistema colonial había tratado de abolir hasta los extremos más vejatorios para la mujer indígena, víctima de todo tipo de abusos. Por otra parte, hay que tener en cuenta que esta mujer, que se convertiría en símbolo de la lucha contra la opresión y la explotación colonial, fue el nombre más visible de una verdadera legión de luchadoras andinas, quechuas y aymaras, que participaron en aquel levantamiento dirigiendo ejércitos o realizando las labores de estrategas en la lucha5 .

La conjunción antes comentada de las reivindicaciones de igualdad racial y de sexo tiene en Micaela Bastidas una precursora principal si tenemos en cuenta que, además, en esta insurrección -en principio de carácter indígena-, ella trató de agrupar y aliar a una gran legión formada por indios, cholos, zambos, negros, mulatos y criollos en torno a la común idea emancipadora, convirtiéndose así en una de las primeras defensoras de la igualdad racial en América. Algunas crónicas del momento la retrataron como figura más valiente y audaz que el propio Túpac Amaru, una imagen de superioridad que confirma la correspondencia que mantuvo la pareja durante el transcurso del levantamiento. En aquellas cartas, la Bastidas aparece como principal estratega para la toma del Cuzco, ejerciendo tareas políticas, militares y administrativas, e incluso en determinados momentos la jefatura interna del movimiento6 . La tremenda represión con que finalizó este capítulo de la incipiente historia emancipadora ha dejado como huella indeleble en la memoria hispanoamericana la inenarrable muerte que se dio a Túpac Amaru. Pero aquella crueldad aplicada al cabecilla de la insurgencia alcanzó también a Micaela Bastidas, cuya ejecución describen documentos de la época como la Relación histórica de los sucesos de la rebelión de José Gabriel Tupac-Amaru, en las provincias del Perú, el año de 1780:


Luego subió la india Micaela al tablado, donde asimismo, a presencia del marido, se le cortó la lengua, y se le dio garrote, en que padeció infinito, porque, teniendo el pescuezo muy delgado, no podía el torno ahogarla, y fue menester que los verdugos, echándola lazos al pescuezo, tirando de una y otra parte, y dándola patadas en el estómago y pechos, la acabasen de matar7 .

Sin embargo, a pesar de la importancia de este levantamiento que alcanzó dimensión continental y que concluyó en este indescriptible suplicio final de los insurgentes, las gestas emancipadoras dirigidas por indígenas fueron minimizadas y pronto olvidadas en el proceso de construcción de las nuevas sociedades dirigidas por los criollos8 . Y si esto fue así, tanto más ocurriría con las caudillas de la rebelión tupamarista, que fueron inmediatamente borradas de la historia. Fue así como Micaela Bastidas se anatematizó en la historia peruana9 , hasta que en el siglo XX la literatura le haría justicia histórica y la rescataría como símbolo de las mujeres transgresoras de una historia escrita siempre en masculino. En concreto, fue la gran ideóloga y activista del socialismo peruano, la escritora Magda Portal Magda Portal-reconocida fundadora de la poesía moderna escrita por mujeres en el Perú10 - quien escribió el poema "Palabras a Micaela Bastidas". En sus versos la homenajea como madre de esa estirpe de luchadoras en la que se encuentran Francisca Zubiaga, Flora Tristán o Clorinda Matto; como cogestora del más importante levantamiento independentista, como "legionaria" y "guerrillera inmortal", contra quienes trataron de darle no sólo muerte física sino también muerte histórica. La poeta proclama entonces: "Sigues de pie.../ Alta de pie sobre los Andes", como forma de conferirle una sobreviva en el sentido de resistencia para seguir lidiando la batalla anticolonialista, que en las primeras décadas del XX sólo había cambiado en Perú la cara del opresor. La inmortalidad de Micaela Bastidas es entonces el sentido y el objetivo del poema:

vuelve a asumir tu cetro de luchadora insigne
Asómate desde tu inmortalidad y dicta nuevas proclamas
a tus indios que están ahora mismo disputando
el derecho de poseer su tierra      usurpada por los
explotadores.
Diles que está presente aún el genio de tu raza11

A través de la reclamación de esa sobreviva de Micaela Bastidas como símbolo imperecedero de la libertad y la igualdad, invoca Magda Portal para el Perú a "una mujer nueva", libre, segura de sus convicciones políticas y protagonista directa, en el puesto de mando, de la guerra contra el colonialismo de todo signo, que a lo largo del siglo XIX tuvo otros exponentes principales de este linaje, como son Flora Tristán y Clorinda Matto. Pero antes de llegar a ellas, otro personaje clave de los años en que tuvo lugar la emancipación efectiva concluida en Perú en las batallas de Junín y Ayacucho en 1824, reclama otra parada. Me refiero a Francisca Zubiaga de Gamarra, apodada doña Pancha o "la Mariscala", quien representó nuevamente el arquetipo de las heroínas de la Independencia, con su uniforme militar y ejerciendo no sólo la milicia en los tiempos de la independencia, sino después el mando político con más autoridad que su marido, Agustín Gamarra, uno de los primeros presidentes del Perú independiente12 . Tanto fue así que durante el período de mandato de este último, entre 1829 y 1833, en Perú se la llamó la Presidenta. El escritor Abraham Valdelomar, en una obra teatral que dedicó a la Mariscala y que escribió en colaboración con José Carlos Mariátegui, la pintó "con alma de caudillo, apóstol y guerrera", y la mitificó como adalid de la libertad y de grandes ideales forjadores de un destino mejor para el Perú13 . Sin embargo, su aguerrido carácter y su brava personalidad le valieron el desprecio final de su pueblo y el exilio final a Valparaíso, donde murió en el más absoluto anonimato. Como Manuela Sáenz, finalmente exiliada en Jamaica, o Juana Azurduy, guerrillera principal de la independencia del Alto Perú y teniente coronela del ejército argentino que murió en la indigencia, Francisca ZubiagaFrancisca de Zubiaga fue repudiada por la nueva sociedad peruana surgida de la independencia, que expulsó a aquellas mujeres del poder político y, como he adelantado al principio, las devolvió al lugar del que provenían, el hogar y el convento. De este modo, todos los que eran diferentes -indígenas, negros, mujeres- fueron excluidos en el proceso de construcción de las sociedades modernas nacidas de las revoluciones emancipadoras. La igualdad de derechos ante la ley que fuera el pilar ideológico de aquellas revoluciones, resultó así la gran farsa de un proceso en el que la revolución devino en restauración.

Sin embargo, la visibilidad de estas mujeres tiene que ver con el futuro y con un luminoso tejido que se va construyendo a lo largo del siglo XIX para, en el siglo XX, encontrar los exponentes principales de recuperación de su memoria. Así por ejemplo, la repercusión histórica de Francisca Zubiaga ha sido posible gracias a obras literarias y ensayísticas contemporáneas como son las citadas de Abraham Valdelomar -la obra teatral (1916) y la biografía novelada (1915)-, la novela histórica Bajo el signo de la Mariscala (1960) de Francisco Vegas Seminario, el ensayo de Juan Lastres titulado Una neurosis célebre. El extraño caso de "La Mariscala" (1945) y Pancha Gamarra, la mariscala (1967) de Carlos Patrón. Pero este proceso comenzó sin duda mucho antes, cuando otra mujer a quien Francisca Zubiaga conoció fugazmente, la célebre Flora Tristán, la ensalzó como prototipo y ejemplo de la mujer emancipada y transgresora que se atrevió a invadir y a apropiarse de los tradicionales poderes del hombre. Nacida en Francia en 1803 y sobrina del último virrey del Perú, Flora Tristán, una de las primeras utopistas decimonónicas, fue la gran incoforme, la precursora del feminismo y de las reivindicaciones obreras a través de la cuales, como recuerda Vargas Llosa, se adelantó con su obra La unión obrera de 1843, a la idea que Marx lanzaría seis años después, en 1848 en su Manifiesto comunista: la gran unión internacional de los trabajadores para lograr la justicia y la igualdad14 . En su viaje al Perú entre 1833 y 1834 conoció a "la Mariscala" justo antes de la partida de ésta al destierro, y la impresión que le causó la "expresidenta" determinó su decisión de convertirse en la inigualable activista social y política que protagonizó la batalla por la libertad de la mujer y la justicia desde su regreso a París en 1835 hasta el año de su muerte, en 1844.

Tras su estancia en Perú, la francoperuana escribió la obra que más fama le ha dado, Peregrinaciones de una paria (1837), en la que trazó el retrato más vivo de la incipiente historia de la república peruana independiente, y en cuyo último capítulo, titulado "La expresidenta del Perú", relata el inolvidable encuentro entre estas dos grandes mujeres, dejando así, a través de la escritura, el último retrato del trágico final, entre el destierro y la enfermedad, de "la Mariscala".

Flora Tristán

En el proemio a sus Peregrinaciones, titulado "A los peruanos", Flora Tristán se permitió dirigirse a sus "medio compatriotas" para realizar una dura crítica sobre la organización social del Perú independiente, fundamentalmente sobre la pervivencia de las lacras de la Colonia, sus instituciones, su sociedad feudal y violenta, con el fin de corregir sus defectos más sobresalientes: la desigualdad endémica, la corrupción de las costumbres, la falta de educación y el agravamiento de todos estos problemas tras la Independencia:


Al ver que andáis errados y que no pensáis, ante todo, en armonizar vuestras costumbres con la organización política que habéis adoptado, he tenido el valor de decirlo, con riesgo de ofender vuestro orgullo nacional [...] He dicho, después de haberlo comprobado, que en el Perú la clase alta está profundamente corrompida y que su egoísmo la lleva, para satisfacer su afán de lucro, su amor al poder y sus otras pasiones, a las tentativas más antisociales [...]. Cuando la totalidad de los individuos sepa leer y escribir, cuando los periódicos penetren hasta la choza del indio, entonces, [...] adquiriréis las virtudes que os faltan [...] Instruid, pues, al pueblo; es por allí por donde debéis empezar para entrar a la vía de la prosperidad. Estableced escuelas hasta en las aldeas más humildes: esto es lo urgente en la actualidad15 .

Reivindicaciones en las que, por supuesto, incidió en la necesidad de educación de ambos sexos. Todas estas ideas tendrían su continuidad en el pensamiento de nuestra última protagonista, Clorinda Matto de Turner, la primera novelista peruana que inauguró el indigenismo literario con su obra principal, Aves sin nido, de 1889; un alegato étnico-social en el que planteó un programa para la regeneración del indio peruano. Con esta obra, nuevamente era otra mujer la que se adelantaba al gran defensor del indigenismo y fundador del socialismo peruano en 1928, José Carlos Mariátegui, puesto que se anticipó a la idea de este último según la cual "la solución del problema del indio tiene que ser una solución social", y fue la primera que criticó el abuso del poder de las elites no indígenas, la discriminación racial, la depresión educacional, la marginación socioeconómica de los indígenas, las humillaciones y vejaciones cometidas en la sierra con las mujeres por parte de las elites gubernamentales y eclesiásticas: en sus palabras,


la carencia de escuelas, la falta de buena fe en los párrocos y la depravación manifiesta de los pocos que comercian con la ignorancia y la consiguiente sumisión de las masas alejan, cada día más, a aquellos pueblos de la verdadera civilización, que, cimentada, agregaría al país secciones importantes con elementos tendentes a su mayor engrandecimiento16 .

En definitiva, Clorinda Matto puso las bases para democratizar la idea de igualdad con su indigenismo en una sociedad ya independiente. Merece recordarse, además, la conferencia que leyó en el Ateneo de Buenos Aires, en 1895, con el título "Las obreras del pensamiento en América del Sud"17 , que he tomado para dar título a estas páginas por la idoneidad con la que, a través de esa idea, Clorinda Matto evocó a las escritoras latinoamericanas, -en sus palabras- verdaderas heroínas que "luchan, día a día, hora tras hora, para producir el libro, el folleto, el periódico, encarnados en el ideal del progreso femenino". Y lo hizo reconociendo una deuda a la mujer silenciosa y resignada que cruzó barreras de siglos "repitiendo apenas, con miedoso sigilo, las mágicas palabras: libertad, derecho".

Clorinda Matto

En todo caso, si traigo a colación a Clorinda Matto en este encuentro sobre la mujer en la Independencia, es porque la emancipación peruana, lejos de haberse completado en 1825, hizo pervivir las instituciones, los prejuicios y las injusticias de la Colonia, tanto con los indígenas como con las mujeres. Y no es hasta las últimas décadas del siglo XIX cuando escritoras como Clorinda Matto o Mercedes Cabello de Carbonera ponen en la escena pública, desde el ámbito literario, una dura crítica a esas desigualdades y a la degradación moral del país. A través de esa crítica, estas intelectuales estaban originando una incipiente independencia cultural que hasta el momento no se había acometido y que resultaba imprescindible en un proceso histórico que, a fines del siglo XIX, permanecía fiel a las estructuras coloniales, tan sólo enmascaradas por un cambio de protagonistas, españoles por criollos. Las reivindicaciones sociales de igualdad racial y entre hombres y mujeres eran por fin visualizadas como los dos retos principales de la sociedad. Y fueron las mujeres quienes en Perú enfocaron por primera vez esas lacras y las lanzaron a la sociedad, lo que les produjo no pocos ataques e injurias.

Ya en pleno siglo XX, Magda Portal aglutinó toda esta tradición feminista en un nuevo activismo social formulado tanto desde el ámbito político como desde el literario18 , siguiendo la estela de Clorinda Matto o Mercedes Cabello con una concepción comprometida del arte, y en concreto de la poesía, como instrumento al servicio de la causa revolucionaria de su tiempo. El citado poema a Micaela Bastidas o su ensayo El aprismo y la mujer (1933) 19 , en cuya primera parte -"Posición de la mujer peruana"- expresa su reconocimiento a nuestras protagonistas, Francisca Zubiaga, Flora Tristán y Clorinda Matto, supone una justa recuperación, en clave de herencia, de la acción y el pensamiento de estas grandes mujeres de la historia. Esta recuperación desde el siglo XX es la mejor muestra de una andadura histórica de las mujeres que, en su pertinaz oposición a las más cruentas formas de exclusión, consiguieron trazar en el Perú, desde su historia independiente, el camino hacia la igualdad social; una utopía que, lejos de ser realidad en las puertas del siglo XXI, continúa moviendo la acción y la pluma de las grandes obreras de la libertad y del pensamiento en América Latina.

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* EVA MARÍA VALERO JUAN
Ensayista. Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante y profesora de Literatura Hispanoamericana en la misma. Su trayectoria investigadora se ha centrado en la literatura hispanoamericana, con especial dedicación a la literatura peruana, fruto de la cual son los libros Lima en la tradición literaria del Perú. De la leyenda urbana a la disolución del mito (2003) y La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro (2003), así como diferentes artículos publicados en revistas nacionales e internacionales especializadas en literatura española e hispanoamericana. Como ensayista se ha dedicado también a la obra americanista de Rafael Altamira y a las relaciones culturales entre España y América Latina en los albores del siglo XX, que ha dado lugar, entre otros trabajos, al libro Rafael Altamira y la "reconquista espiritual" de América (2003). Asimismo es editora, junto con otros investigadores, de varios volúmenes colectivos como son Recuperaciones del mundo precolombino y colonial en los siglos XIX y XX hispanoamericano (2004); Con Alonso Zamora Vicente. La lengua, la academia, lo popular, los clásicos, los contemporáneos (2003); Rafael Altamira: historia, literatura y derecho (2004); y Relaciones culturales y literarias entre los países del Río de la Plata (2006). Entre 2005 y 2006 ha editado las antologías El Quijote en Perú y El Quijote en México en el Centro Virtual del Instituto Cervantes, y La casa de cartón de Martín Adán (2006). Es investigadora y docente del Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti y pertenece al Consejo Editorial de las revistas América sin nombre y Anales de literatura española, así como al Comité Científico de la colección dedicada a la literatura hispanoamericana Cuadernos de América sin nombre.

1 Excluyo de esta lista a Manuela Sáenz, que también desempeñó un importantísimo papel político desde Lima, hasta su expulsión del Perú en 1827, por ser el tema del excelente trabajo de Consuelo Triviño que aparece publicado en este mismo número de Ómnibus.

2 Véase Asunción Lavrin, Las mujeres latinoamericanas. Perspectivas históricas, México, FCE, 1985; Luis Vitale, La mitad invisible de la historia. El protagonismo social de la mujer latinoamericana, Buenos Aires, Sudamericana/Planeta Editories, 1987; Sara Beatriz Guardia, Voces y cantos de las mujeres, Lima, CEMHAL, 1999; Mabel Moraña (ed.), Mujer y cultura en la colonia hispanoamericana, Pittsburg, IILI, Biblioteca de América, 1997; Sara Beatriz Guardia (comp., ed.), Escritura de la historia de las mujeres en América Latina. El retorno de las diosas, Lima, Ed. Minerva, 2005; Carmen Meza y Teodoro Hampe (comps.), La mujer en la historia del Perú (siglos XV al XX) , Lima, Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2007; Alejandra Ciriza, "La formación de la conciencia social y política de las mujeres en el siglo XIX latinoamericano. Mujeres, política y revolución: Juana Azurduy y Manuela Sáenz", en Arturo Andrés Roig, El pensamiento social y político iberoamericano del siglo XIX, Madrid, Editorial Trotta, CSIC, 2000, pp. 143-168.

3 Cfr. Alejandra Ciriza, ibidem.

4 Sobre esta cuestión resulta imprescindible el libro de Silvia Arze, Magdalena Cajías y Ximena Medinacelli, Mujeres en rebelión. La presencia femenina en las rebeliones de Charcas del siglo XVIII, La Paz, Ministerio de Desarrollo Sostenible, Subsecretaría de Asuntos de Género, 1997. Véase también el trabajo de Leon G. Campbell, "Women and the great rebellion in Peru", The Americas. (AAFH/TAM), 42:2 Oct. 1985, pp. 163-196; y el artículo de María Teresa Díez Martín, "Perspectivas historiográficas: mujeres indias en la sociedad colonial hispanoamericana", URL: http://maytediez.blogia.com/2007/022704-perspectivas-historiograficas-mujeres-indias-en-la-sociedad-colonial-hispanoamer.php.

5 Véase el libro de Juan José Vega, Micaela Bastidas y las heroínas tupamaristas, Universidad Nacional de Educación La Cantuta, Lima, 1972.

6 Las correspondencia de Micaela Bastidas y otros documentos relativos a su vida se encuentran publicados en Francisco A. Loayza, "Micaela Bastidas", en su libro Mártires y heroínas. Documentos inéditos del año de 1780 a 1782, Lima 1945, pp. 7-152.

7 Relación histórica de los sucesos de la rebelión de José Gabriel Tupac-Amaru, en las provincias del Perú, el año de 1780, Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002, pág. 40. URL: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/07034930999658395207857/index.htm. Edición digital a partir de Pedro de Angelis, Colección de obras y documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las provincias del Río de La Plata. Tomo Quinto, Buenos Aires, Imprenta del Estado, 1836.

8 Como es bien sabido, las rebeliones indígenas dieciochescas se basaron en la idea de la utopía andina, sustentada sobre el imaginario del pasado perdido inca ("Dos siglos y medio, pasados en la servidumbre, no habían podido borrar de la memoria de los indígenas los recuerdos del gobierno paternal de los incas: grabados en las ruinas del Cuzco, donde moraban sus dioses, y descansaban sus héroes...", ibidem, pág. 3). Como ha observado María Teresa Díez Martín, esta idealización, subversiva para el orden colonial, lo fue también para los criollos del siglo posterior, por lo que "la respuesta de la intelectualidad criolla a la amenaza indígena fue una cuidadosa elaboración del pasado. Se recreó, entonces, la grandeza de los testimonios arqueológicos, desconectando su historia de la legitimación del poder inca que reivindicó Túpac Amaru II. De esta forma, rechazada la seña de identidad nacional del movimiento tupamarista por un nacionalismo criollo de marcado carácter segregacionista, también se excluyó del reconocimiento histórico a las heroínas indias de la sublevación, y a la figura principal de Micaela Bastidas Puyucahua". Art. cit.

9 Sobre Micaela Bastidas, véase también el trabajo de Sara Beatriz Guardia, "Micaela Bastidas y la insurrección de 1780", en Sara Beatriz Guardia, Voces y cantos..., op. cit. , pp. 57-88.

10 Véase el capítulo que le dedica José Carlos Mariátegui en sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, inserto en la parte titulada "El proceso de la literatura", en el que de algún modo fija el nuevo canon de la literatura peruana desde el siglo XX.

11 Magda Portal, "Palabras a Micaela Bastidas", Constancia del ser, Lima, Talleres Gráficos P. L. Villanueva, 1965, p. 202.

12 Véase Ana María da Costa Toscano, "Una mujer con poder 'Doña Francisca Gamarra': 'La Mariscala'", en Sara Beatriz Guardia (ed.), Escritura de la historia de las mujeres..., op. cit., pp. 361-377. También publicado con el título "Doña Francisca Gamarra más conocida como 'la Marsicala'". URL: http://www.gloobal.net/iepala/gloobal/hoy/index.php?id=912&canal=Ponencias&ghoy=0005&secciontxt=1

13 El mismo autor le dedicó también una biografía novelada titulada La Mariscala. Ambas obras de Valdelomar se encuentran en sus Obras completas, Tomo I, edición, prólogo, cronología, iconografía y notas de Ricardo Silva-Santisteban, Lima, Ediciones Copé, 2001.

14 Flora Tristán "concibió una idea, de la que nadie le ha reconocido aún la autoría, y que sólo seis años más tarde, en 1848, Carlos Marx lanzaría en su Manifiesto comunista: que solamente una gran unión internacional de los trabajadores de todo el mundo tendría la fuerza necesaria para poner fin al sistema presente e inaugurar una nueva era de justicia e igualdad sobre la tierra". Mario Vargas Llosa, "La odisea de Flora Tristán", en Letras libres, Año nº. 4, n.º 45, 2002, pp. 35-41. URL: http://www.letraslibres.com/index.php?art=7807

15 Flora Tristán, Peregrinaciones de una paria, en Gustavo Bacacorzo (ed.), Flora Tristán, Personalidad contestataria universal, Tomo II, pp. 15-16.

16 Clorinda Matto de Turner, Aves sin nido, en Las mejores novelas de la literatura universal, Tomo 22, Siglo XIX. La novela hispanoamericana, Benito Varela Jácome (ed.), Madrid, Cursa, 1983, p. 744.

17 Clorinda Matto de Turner, "Las obreras del pensamiento", Boreales, miniaturas y porcelanas, Buenos Aires, Imprenta de Juan A. Alsina, 1902, pp. 245-266.

18 Véase el artículo de Lady Rojas-Trempe, "Mujeres y movimientos sociales en América Latina: Ángela Ramos y Magda Portal, escritoras políticas de pie en la Historia del Perú". URL: http://www.flora.org.pe/DEBATE.htm

19 Magda Portal, El aprismo y la mujer, Lima, Editorial Cooperativa Aprista "Atahualpa", 1933.


Texto, Copyright © 2009 Eva Mª Valero Juan
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20 de mayo de 2009


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