De cata con el Nobel Le Clézio

J.M.G. Le Clèzio: La cuarentena 1

Por Arturo García Ramos
Universidad Complutense de Madrid, España

Hay pocas veces en que el lector pueda resistirse a la atracción del Nobel de literatura. Los premios cumplen una función excitante, someten nuestra glándula imaginaria al aroma de algunas cocinas de la escritura exquisitas y disparan la secreción de esos jugos que despiertan el apetito voraz de la lectura. Por eso es particularmente delicado dirigir al lector hacia determinados fogones, ya que esa invitación es una elección en la que sorteamos la presencia de otros y asignamos cierta categoría al premiado.

¿Es Le Clézio merecedor del premio Nobel? El mayor premio a que puede aspirar un escritor debería presuponer ciertas cualidades que se correspondan con lo que llamamos una obra de arte. El narrador que recibe el galardón debería haber demostrado ser el creador de un mundo personal en sus ficciones, de un estilo propio y elaborado, de una obra significativa cuya lectura abre al lector las puertas a una interpretación del mundo y de la realidad que merece ser visitada y que incluso diríamos imprescindible.

¿Son estos los únicos intereses de quienes conceden el premio Nobel? Si el premio pasa a ser un instrumento diplomático o se convierte en el escenario de intereses soterrados, dejará de tener sentido. ¿Cumple este escritor francés con alguna o todas las cualidades que mencionamos?

No es fácil decir quién es Jean-Marie-Gustave Le Clézio. Parece representar a un conjunto de seres o que un montón de vidas han venido a juntarse en un nombre propio. Las biografías más o menos apresuradas nos lo muestran como un francés que vino al mundo en Niza en 1940 con una vida itinerante por Asia y América, continente en el que parece haber fijado su residencia después de una errancia de décadas; tras haber, por ejemplo, vivido en La Martinica y en México. Si hemos de hacer caso a las solapas de sus libros, sería ahora un ciudadano estadounidense que vive en Nuevo México. Es decir, un escritor multilingüe, incluso sin habérselo propuesto, cuyo contacto con culturas muy diversas habrá marcado profundamente su obra, máxime, si tenemos en cuenta que está casado con una norteafricana y que esa geografía ha inspirado alguna de sus últimas novelas.

Multiculturalismo o globalidad son conceptos inherentes a priori a lo que esperamos encontrar en sus ficciones y, tal vez, una antena atenta a las desigualdades y diferencias sociales o étnicas, a la marginación o la sostenibilidad del planeta. Las discusiones que afectan a la plaza pública del orbe carecen del valor de la sorpresa aunque presintamos siempre que lo esencial está por descubrir.

Para comprobar nuestros presentimientos leamos el título de una de sus novelas más citadas. La historia de La cuarentena es sólo aparentemente una trama tortuosa. Desde 1980 un narrador indaga en su pasado. Ha visitado o vivido en México, donde intentó ser profesor en Campeche; ha vivido en Colombia, en Panamá. Pero regresa a París, al Barrio Latino, donde percibe el vacío dejado por los manifestantes del 68, fecha en la que fue estudiante en ese mismo barrio. El contacto con París le trae la imagen y los recuerdos de su familia y decide partir a Mauricio. ¿Por qué a ese lugar en el otro lado del mundo?

La culpa está, tal vez, en la noche del invierno de 1872 en que Rimbaud, tras una trifulca con Verlaine, desapareció para siempre de París y de la poesía. El poeta es, claro, un enigma que representa la insospechada ruta que puede seguir una existencia, la incompresible aleación del genio y el mal, la ebriedad del alcohol en las noches de la Academia de Absenta en la Rue Saint-Jaques número 175 y el momento luminoso en que compuso Le bateau ivre, Voyelles o Les asis. Esa noche comenzó la desaparición de otro personaje que fue testigo de la trifulca del poeta. En la esquina de la Rue Madame con la Rue Saint-Sulpice había una taberna en 1872 en la que Rimbaud y Verlaine se vieron por última vez antes de que el primero se embarcara rumbo a la bahía de Adén. Su nombre, León Archambau, el Desaparecido, tío abuelo del narrador que es nuestro contemporáneo. A ambos les unen ciertos rasgos. Tanto León como Rimbaud sienten las estrecheces de un París mustio y decadente del que quieren huir: el poeta para convertirse en traficante de esclavos, el personaje de ficción para iniciar el acabamiento de una estirpe, la de los Archambau, cuyo negocio incluía la explotación esclavista de los ingenios azucareros. Pertenecen a familias que los mantienen a cierta distancia y con lacerante orfandad. León se ha quedado sin ninguno de sus progenitores cuando tiene doce años e ingresa en un internado, en Lorient primero y luego en Rueil-Malmaison (el nombre no oculta los horrores sufridos por el muchacho). También León es un aficionado a la poesía, aunque sólo como lector, o como alguien que se cree capaz de encarnar una vida poética, como nos enseñará más adelante el relato de su existencia. Entre sus poetas favoritos se encuentra, claro está, Arthur, de quien recita todas las noches Le bateau ivre que ha escrito a mano en un cuaderno.

A principios de agosto de 1890, el hermano mayor de León, Jacques -que se encontraba estudiando medicina en Londres- va a buscarlo desde Inglaterra para llevarlo con él y con su joven esposa Suzanne Morel -la abuela del narrador contemporáneo y su informante primera a propósito de este antepasado-. Rimbaud parte hacia Adén, León se embarca en el Ava junto a su tío y su mujer unos años después, y se detendrán en ese puerto y se encontrarán con Rimbaud moribundo, en espera de que un barco lo traslade a Marsella. Jacques es médico y se entrevista con el poeta desterrado: "Acabo de ver a un hombre que va a morir", dirá a su mujer tras la entrevista. León lo ha visto a su vez, sin darse cuenta de que estaba ante la misma persona que se descomponía borracho y violento en una taberna.
La primera cuestión que intriga al narrador contemporáneo se plantea aquí y es una de las más importantes del libro, es la consecuencia del paralelismo trazado entre los dos personajes, el real y el ficticio, el poeta y el aventurero, los dos arrumbados al olvido pero con dos legados bien distintos: del primero perdura su obra poética, ¿y del segundo?
Desde el principio el narrador ha elegido un sobrenombre para el protagonista que subraya el olvido: el Desaparecido. Ahora lo acicatea una pregunta: "¿Qué queda de las emociones, de los sueños, de los deseos cuando uno desaparece?" Tal parece el motivo que roe la fantasía del autor de este libro, lo que en un lacerante verso de Machado diríamos de este modo: "¿Y ha de morir contigo el mundo mago?"

Hemos leído hasta aquí una décima parte del libro. Nos trasladamos a la isla Plate, una isla que surgió del océano fruto de la actividad volcánica junto a Mauricio, pero de la que se separó poco a poco. Junto a Plate, otro islote, Gabriel. Los tres familiares, Jacques, Suzane y León viajan en barco en dirección a Mauricio, donde viven sus antepasados, donde está su antigua hacienda, Anna. Pero las autoridades han decidido aislar a los viajeros del Ava al haberse propagado una enfermedad a bordo y los han desembarcado en ese islote cercano en el que deberán pasar una cuarentena. Comienza así el grueso del relato: la vida de penurias en ese improvisado sanatorio en el que contrastan la deslumbrante belleza del escenario, el imponente paisaje de volcanes, la vegetación tropical, el mar, y el regreso de lo humano a la abyección. Los viajeros del Ava tratan de vivir apartados de los habitantes de la isla, parias que viven en condiciones primitivas y miserables. Pero la estancia se prolonga y la desesperación es cada vez mayor, la conducta entre los propios viajeros confinados mientras la enfermedad remite es, a medida que la estancia se dilata, más egoísta y cruel. Para sobrevivir, encuentran sin embargo la colaboración de aquellos habitantes humildes. El hombre occidental se encuentra con el mundo primitivo, elemental, tribal y ritual. León se enamora de una de las habitantes, se llama Suryavati y la novela va a contar la historia de su pueblo alternando el relato de lo que en la isla sucede durante la cuarentena con el mito de cómo ese pueblo fue emigrando hasta caer en manos de cruentos esclavistas que con engaños los embarcan para emplearlos como mano de obra barata hacia las plantaciones de hacendados como los Archambau. Además, la novela nos va informando de los apuntes que sobre la fauna va recogiendo un botánico empeñado en descubrir algunos recursos en la isla para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

Poco sucede en las casi trescientas páginas que constituyen esta parte del relato. Gentes que enferman y mueren, la desesperación por no poder abandonar la isla y el proceso de enamoramiento del joven León que decidirá permanecer en la isla junto a Suryavati el día en que vengan a recogerlos y se separa así de su hermano Jacques y de su mujer Suzanne.
La obra se cierra con las últimas reflexiones del nieto de ambos, el narrador contemporáneo, desaparecido en el grueso de la narración, que suponemos una reconstrucción suya, pero se nos narra en primera persona como si fuera escrito por el propio León.

Las preguntas se acumulan al final de la lectura. Viene ahora el momento de justificar la valoración que la Academia Sueca ha hecho del escritor. La cuarentena está indudablemente llena de buenos propósitos pero debe además responder como obra artística, al modo en que lo pedía Oscar Wilde. Lo primero que llama la atención es el propósito del autor de contar muchas vidas en una sola novela. La trama se centra en lo ocurrido en aquella isla citada en un período coetáneo al de la existencia de Rimbaud, pero no se conforma con contar sólo eso: incluye la historia del pueblo que emigra desde la India, incorpora apuntes del cuaderno del botánico y, sobre todo, enmarca esa historia en la búsqueda que hace el narrador que es nuestro contemporáneo y que nos hace percibir el libro desde nuestro desolado presente. El punto de vista desde el que la novela se cuenta se asienta así en la nostalgia y el lamento de un mundo perdido, de nuestro perdido mundo. Me atrevo a esta interpretación: Le Clézio considera que nuestro torpe y desbarrancado presente tuvo un principio de desquiciamiento en el proceso de colonización que se propagó en el siglo XIX. Ahora bien, esa tesis, que bien puede interesarnos, no oculta las dudas que surgen al lector cuando valora la obra en sí misma, en su expresión, en su forma. Hay muchas partes que parecen no ensamblar del todo, e incluso puede discutirse la oportunidad de su inclusión en la composición final: ¿Tiene justificación la presencia de Rimbaud en la novela o se trata más bien de una referencia algo pedante para satisfacer a un público amante de la referencialidad, la intertextualidad y el mito del poeta maldito? Si es así, debo decir que esa presencia del escritor "terrible" inclinó mi elección por este título entre los que ofrece la bibliografía de Le Clézio, pero acabada la lectura su presencia se antoja huera o banal, una estrategia de ventas. Y lo peor es, tal vez, que esa suerte de artificiosidad y presencia caprichosa afecta a muchos otros ingredientes. ¿Se justifica la aparición de los fragmentos del diario del botánico en los que éste va consignando los ejemplares que encuentra de cada especie que consigue identificar? El lector halagado es ahora el de sensibilidad ecológica que puede ver en la novela un lamento por la destrucción que perpetra la mano del hombre en el medio natural. ¿Alcanza el grado de autenticidad suficiente la historia que en forma de éxodo mítico cuenta la migración del pueblo indio al que pertenece Suryavati? Además, habrá que juzgarse que el interés de la trama decrece allí donde está lo que dilatadamente quiere constituir la novela: en el cuerpo del relato que se desarrolla en la isla Plate. Ese argumento deja pronto de interesar y la historia épico-trágica del pueblo de Suryavati acusa, tal vez, lo peor que cabe esperarse del tema, está contada desde el punto de vista de un europeo que persigue una mirada exotista.

Quizá se trate de una obra de mérito en algunos momentos -quiero destacar el comienzo, y el final, pero particularmente el comienzo- luego la novela se dilata un poco a la deriva y no justifica el galardón que se ha concedido a su autor.

Valoración de 1 a 5 de diversos aspectos de la obra
Interés de la trama (tensión, originalidad): 2
Interés de los personajes que la novela crea: 4
Placer de lectura (estilo, imágenes, ritmo): 2

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1 Tusquets. Barcelona, 1998 -2ª Ed. 2008
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20 de julio de 2009


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