MUESTRA DE POESÍA CHILENA (1935 – 1960)

Selección: Mario Meléndez *


JORGE TEILLIER (1935 - 1996)

JORGE TEILLIER

Para hablar con los muertos

Para hablar con los muertos
hay que elegir palabras
que ellos reconozcan tan fácilmente
como sus manos
reconocían el pelaje de sus perros en la oscuridad.
Palabras claras y tranquilas
como el agua del torrente domesticada en la copa
o las sillas ordenadas por la madre
después que se han ido los invitados.
Palabras que la noche acoja
como los pantanos a los fuegos fatuos.
Para hablar con los muertos
hay que saber esperar:
ellos son miedosos
como los primeros pasos de un niño.
Pero si tenemos paciencia
un día nos responderán
con una hoja de álamo atrapada por un espejo roto,
con una llama de súbito reanimada en la chimenea
con un regreso oscuro de pájaros
frente a la mirada de una muchacha
que aguarda inmóvil en un umbral.


FLORIDOR PÉREZ (1937)

FLORIDOR PÉREZ

La victoria

Me pusieron contra la pared, manos arriba.
           Me registraron meticulosamente.

Sólo hallaron retratos con tus ojos
y una antología con mis versos.

Noches sobe la piedra.
Días tras la alambrada

No saben -nos decían- qué les espera
Pero yo sabía.

Tras días piedra meses muro
Tú me esperabas a la puerta del cuartel

¡y ésa fue mi victoria!


OSCAR HAHN (1938)

OSCAR HAHN

Tractatus de sortilegiis

En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh,
y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho,
y un semen volando de picaflor en picaflor.
Entonces entraron las niñas en el jardín,
llenas de lluvia, de cucarachas blancas,
y la mayonesa se cortó en la cocina
y sus muñecas empezaron a menstruar.
Te pillamos in fraganti limpiándote el polen
de la enagua, el néctar de los senos, ves tú?
Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pájaros
pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas,
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas
y sus cabellos ondearon en el charco
llenos de canas verdes.
Dime, muerta de risa, a dónde llevas
ese panal de abejas libidinosas.
Y los claveles comenzaron a madurar brilloso
y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,
con sus durezas y blanduras y patas
y sangre amarilla, aj!
No se pare, no se siente, no hable
con la boca llena
de sangre:
que la sangre sueña con dalias
y las dalias empiezan a sangrar
y las palomas abortan cuervos
y claveles encinta
y unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh.


HERNÁN LAVÍN CERDA (1938)

HERNÁN LAVÍN CERDA

Ultratumba

Después de tantos años, sólo crees
en la democracia de la vida de ultratumba
donde se supone que no existirá, tumbas adentro,
la explotación del hombre por el hombre.
Pasan los años, después de tantos, y la muerta
se subirá al cadáver de su muerto:
emplumada se sube, amorosa o suspicaz, culebreando,
y lo besa en los labios, ya sin miedo, lo besa
        con júbilo
y de pronto le muerde la lengua, ven a mí,
        se la muerde
hasta la consumación de los siglos.

- Qué falso es todo, amor mío - solloza la muerta
        y sonríe
después de quitarse lentamente las medias -:
qué falso, no te abandones, nunca
                te dejes morir, no me abandones,
qué falso y hermoso es todo esto.

- Qué final, Dios mío, qué final – suspira el cadáver
        bajo la lluvia
y va respirando con la inocencia de un mamífero
que recién ha descubierto el amor, aquel amor
        de siempre,
en la democracia de la vida de ultratumba
donde se supone que no existirá, tumbas adentro,
la explotación del muerto por el muerto.


HERNÁN MIRANDA (1941)

HERNÁN MIRANDA

Todo encaja en todo armoniosamente

El macho encaja en la hembra y la hembra en el macho
tal como el cuchillo encaja en los labios de la herida sangrante
y el árbol de corteza arrugada en el paisaje que lo rodea.
Cada palabra encaja como un rompecabezas dentro de lo conversado
así como una mirada encaja entre otras miradas
o la columna atacante en el espacio del enemigo
que se repliega a duras penas.

El extremo oriental del Brasil encaja en la costa occidental de África
y el cuerpo del atormentado en el instrumento que lo lacera,
la mano del ladrón con su presa.

El vuelo de un pájaro y la caída de un pájaro encajan
y el fusilado en las balas que lo perforan
y el niño en su madre
y una boca que besa en otra boca que devuelve el beso.
La línea quebrada de las montañas encaja en la línea quebrada
del cielo que hay sobre las montañas.
El río encaja en su cauce
el mar en su lecho cóncavo
y en su cuenca el ojo lloroso y la llave en la cerradura.

Todo encaja con todo
y no parece tarea fácil desligarse de este designio.
Cómo separar al muerto de su ataúd
o la partida del viajero de su regreso.
Todo se relaciona con todo
y hasta el que se esconde en una isla solitaria

encaja como un alfiler en la solapa del olvido.
Cada cosa se disuelve dentro de otra
y hasta “el camino de subida es el mismo camino de bajada”

Al poema le es dado envolverlo todo,
evidenciar las relaciones que hacen posible
la armonía del caos.


OMAR LARA (1942)

OMAR LARA

Encuentro en Portocaliu

En ese tiempo yo corría detrás de una sombra.
Desde el décimo piso en el barrio de Drumul Taberei
yo miraba a través de una niebla caliente,
a través de una humedad humosa,
a través de las reverberaciones de agosto
una figura venía caminando
desde la parada de autobuses.
Una figura parecía dirigirse hacia mí,
yo la veía perfectamente desde el décimo piso
en el barrio de Drumul Taberei.
Era la odiada figura conocida,
su aborrecible rostro estaba ahí y su pelo
que el sol no incendiaba y con él todo su cuerpo.
Yo miraba petrificado la escena,
los indolentes pasos y su entorno:
árboles, cosas en movimiento, el asfalto que el sol
                  ondulaba.
Yo miraba esa escena con su centro precioso...

En esos tiempos yo escribía un poema titulado
“Encuentro en Portocaliu”,
era necesario encontrarme rápidamente
porque –pensaba yo- ¿la poesía para qué puede
servir sino para encontrarse?

Eso fue después de escribir muchas cartas
preguntando
¿dónde estoy? Nadie sabía dónde estaba
y no podían decírmelo,
de modo que empecé a decir a diestra y siniestra
protégeme con algo el corazón.
Protégeme con algo el corazón
seguía repitiendo
y como no me entendían
empecé a escribir unos poemitas insidiosos
relativos al río Dimbovitza,
relativos a la columna del infinito,
relativos al plan quinquenal.
Hasta que un día en Portocaliu.

Un día en Portocaliu
(en Portocaliu hay un sol amarillo como cáscara de
naranja)
una tarde en Portocaliu
(en Portocaliu hay unos grandes pájaros con
una sola pata
y picos en forma de corazón)
una noche en Portocaliu
(estaba escrito que no te encontraría
en Portocaliu
pero guardo el recuerdo de esa espera y huellas
de picotazos en forma de corazón).


JAIME QUEZADA (1942)

JAIME QUEZADA

El amor se burla del fin del mundo

Ahora que la joven Edith Piaf canta
                              una vieja canción de amor
Pienso en un viaje
                que realizaré en un siglo venidero
Cuando toda la tierra sea de seguro esa canción
Y nadie ya me recuerde ni siquiera me busque

El día de ese Siglo
los claustros a la par que los burdeles
            las metrópolis al igual que las aldeas
Serán consumida, por esa canción de amor
Y yo andaré a la manera del pecado original
Burlándome del fin del mundo
Porque sólo el amor (en una canción de Edith Piaf)
                      puede burlarse del fin del mundo.


JUAN LUIS MARTÍNEZ (1942 - 1993)

JUAN LUIS MARTÍNEZ

La desaparición de una familia

1 - Antes que su hija de 5 años
     se extraviara entre el comedor y la cocina
     él le había advertido: "-Esta casa no es grande ni pequeña,
     pero al menor descuido se borrarán las señales de ruta
      y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza"

2 - Antes que su hijo de 10 años se extraviara
     entre la sala de baño y el cuarto de los juguetes,
     él le había advertido: "-Ésta, la casa en que vives,
     no es ancha ni delgada: sólo delgada como un cabello
     y ancha tal vez como la aurora,
     pero al menor descuido olvidarás las señales de ruta
     y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza".

3 - Antes que "Musch" y "Gurba", los gatos de la casa,
     desaparecieran en el living,
     entre unos almohadones y un Buddha de porcelana,
     él les había advertido:
     "-Esta casa que hemos compartido durante tantos años
     es bajita como el suelo y tan alta o más que el cielo,
     pero, estad vigilantes
     porque al menor descuido confundiréis las señales de ruta
     y de esta vida al fin, habréis perdido toda esperanza".

4 - Antes que "Sogol", su pequeño fox-terrier, desapareciera
     en el séptimo peldaño de la escalera hacia el 2º piso,
     él le había dicho: "-Cuidado, viejo camarada mío,
     por las ventanas de esta casa entra el tiempo,
     por las puertas sale el espacio;
     al menor descuido ya no escucharás las señales de ruta
     y de esta vida al fin, habrás perdido toda esperanza".

5 - Ese último día, antes que él mismo se extraviara
     entre el desayuno y la hora del té,
     advirtió para sus adentros:
     "-Ahora que el tiempo se ha muerto
     y el espacio agoniza en la cama de mi mujer,
     desearía decir a los próximos que vienen,
     que en esta casa miserable
     nunca hubo ruta ni señal alguna
     y de esta vida al fin, he perdido toda esperanza".


MANUEL SILVA ACEVEDO (1942)

SILVA ACEVEDO

Danubio azul

Era un animal romántico, dijo el orangután
y apretó en su puño al granadero
y luego lo engulló
y se llenó de cintas de primera comunión
de fragatas en llamas
de bosques azotado por vendavales
de pequeñas explosiones atómicas
de cadáveres en campos de batalla

Era un animal mitológico, dijo la hiena
sumida en las tripas del orangután
y se sintió repleta de medallas y escarapelas
de ofrendas florales y salvas de cañonazos
de asonadas callejeras y cargas de caballería
de marchas nupciales interrumpidas a balazos

Era vox populi un animal de mala entraña, dijo el gusano
royendo las entrañas podridas de la hiena
y entonces fue el día del Juicio Final
y los cadáveres diseminados en campos de batalla
se pusieron de pie
y estalló el Danubio Azul
y cada oveja tomó a su pareja
y se danzó hasta altas horas de la madrugada
cuando la multitud derribó las puertas de Palacio
y una pálida dama desmayándose en los brazos de
                                          su granadero
exclamó: es el siglo que muere, amor mío.


BRUNO SERRANO (1943)

BRUNO SERRANO

Convocatoria

Venid
Recios vendedores de maní confitado
De sustancias y tortas
Curicanas
Venid fotógrafos ambulantes
Con máquinas de cajón y fotos fantasmales
Blanco y negro
Venid sonoros organilleros con bombos y platillos
Con loros viejos monos sacasuerte
Pálidos vendedores de globos coloridos
Artistas creadores de gloriosos volantines
Venid anochecidos ciegos con acordeón violín
O con guitarra
También los reyes del mote
Con huesillo de pescado frito
Y la sopaipa
Las amasadoras de las caldúas empanadas
Los espigados de cabritas made in Chile
Los caballos fabricantes de escobas
Del derrotado monopolio delos ciegos
Los tensos estiradores de somieres
Los volátiles de los molinos de papel
Los ásperos gásfiters con cautín casero
Los acerados afiladores de cuchillos
El grita en las calles la gloria al pulento
Venid
Que se apersonen
Todos los que representan
A la heroica industria nacional
¡Que no se rinde!


SOLEDAD FARIÑA (1943)

SOLEDAD FARIÑA

Húsar

a Guillermo Valenzuela

detenida en la boca
la lengua la saliva
descifrando el lugar
para después cifrarlo:

las manchas la pupila
que inventa sus jirones

la madre el sexo de la madre
las camas
las mamparas
un hálito familiar que se deshace

quitarse de la vida dar el salto

atizar en el ojo la crueldad
pisoteando el paisaje

cuchilladas al aire
ruidos tenues
imágenes veladas
-los poros de la herida-

pequeños goterones
de un húsar de madera

que no sabe su nombre


MARÍA LEÓN BASCUR (1944)

MARÍA LEÓN BASCUR

Camada

Pertenezco a la jauría
de las grandes pecadoras
a las nacidas con mancha
de pecado original
sin la menor intención
de bañarme en agua bendita
ni de hacer exorcismos
a la hora de la muerte

Soy la infiel
la vengativa
la cobra venenosa
la yegua impúdica y satánica
heroína de la alcoba
y musa de tus desvelos
a la que ningún ángel
vino a darle la buena nueva

¡La soberana, carajo
la diosa que te parió!


JOSÉ ÁNGEL CUEVAS (1944)

JOSÉ ÁNGEL CUEVAS

Otro amor

¿Para qué quiero otro amor?
¿Para ir carreteando por la Gran Avenida sin un peso
y hablarle del Tiempo de la UP
revolverme en estos 15 años
sacando la mugre del
Tarro?
Emborracharme y gritar en Tugurios
empapelados con banderas chilenas
polietileno
poliuretano
Pasar por la Alameda a las 3 de la mañana
cuando todos se hayan ido las muchedumbres
cubiertas de smog
                                   y duerman.
¿Para qué quiero otro amor?
¿Para llevarla a comer pescado frito
y sentarnos a mirar los pájaros
sin un peso para hotel
un peso para bailar abrazados hasta que amanezca?


HEDDY NAVARRO (1944)

HEDDY NAVARRO

Ofrenda

Nunca dejé una flor blanca en el altar del sol
de Macchu- Picchu
jamás lancé el aroma de sus pétalos al pozo
Sagrado
de Chichén-Itzá
Tampoco escalé el rehue para ofrendar copihues
blancos
A Ngenechen
No me cogió un mozo gallardo por esposa
no desfloró mi piel su tacya
para que floreciera mi maíz
Más bien
sólo llevaron mis manos
papas entierradas
maquis oscuros como el silencio
Más bien
sólo lancé polluelos y huevos azules
como la gallina
que corretea asustada
detrás de la del hombre


NAÍN NÓMEZ (1944)

NAÍN NÓMEZ

Del poeta como ser humano

De oráculo sagrado a empleado
público; de eléctrico cantor bajo las tiendas
de campaña, de ovidio, a druida venido a menos;
de ardiente silencioso, devorador de tules,
cortesano de palabras y ritos, a despistado social,
acuarela de turistas, coloquio de usureros;
de oficio fatigoso pero digno, a profesor de tinieblas;
de escarbador de cielos, de ángel,
de prometeo de fiesta y agua,
a esta estatura mediana de sueldos,
a este engrillado de premios,
a este venderse al mejor postor.

¿En dónde estamos?
El poeta ya no cree en su misión.
El poeta se rebela contra el relámpago de la inspiración.
El poeta reniega de sí mismo.

El poeta se siente cansado con la libre competencia
y entabla diálogos de sordos.

Le han quitado sus pájaros errantes,
sus mordisqueados pezones de alabastro,
sus lirios polvorientos.

Las ratas le han roído los mármoles,
y sus ríos ignotos se han cubierto de smog.

Ahora
el poeta debe abrir la boca sin llorar ni reír,
sin moverse de este mundo,
sin hacer estallar las palabras,
moviéndose pesadamente por la tierra
como el resto de los mortales;
no hacer de moscardón, no emputecerse
con los reyes del mundo ni con los delatores.
Moverse más allá de los límites está prohibido
desde ayer y para siempre.

Digamos por último,
no importa si se ha muerto;
ocupará los micrófonos,
se redescubrirán sus peores versos,
dejará de hacer daño con sus palabrotas de mal gusto.
El poeta
ahora iluminado.

¿En dónde estábamos?
Los poetas se agachan y toman posiciones.

Detrás de ellos
una nube de libros
es empujada por el viento de la Historia.

Las imágenes empiezan a vivir.


WALDO ROJAS (1944)

WALDO ROJAS

Ajedrez

Antonius Block jugaba al ajedrez con la Muerte junto al mar
sobre la arena salpicada de alfiles y caballos derrotados.
Su escudero Juan, mientras tanto, contaba con los dedos las jugadas,
sin saberlo,
en la creencia de que lo que contaba eran peregrinos de una extraña
caravana.

(Y a mí que no me gusta el ajedrez sino en raras
circunstancias.
Yo, que pude luego de perder estruendosamente una partida
beberme una botella con el ganador y sostenerle el puño en alto).

Pero Antonius Block sin duda era un eximio ajedrecista
no obstante haber perdido el último partido de su vida.
Antonius Block, quién volvía de las Cruzadas, no tuvo en cuenta
que a Dios no le habría gustado el ajedrez
aun cuando de veras hubiera algún día existido.

Afortunadamente todo esto sucedía en una sala de cine.
El mundo en miniatura en tres metros cuadrados a lo más.
Los otros personajes han pagado las consecuencias al terminar la función.

Sería bueno sostener ahora que el ajedrez está algo pasado de moda.
A pesar de la costumbre por los símbolos
y de los cuadraditos blancos y negros irreconciliables
en que se debate la vida

                                        a coletazos.


PAZ MOLINA (1945)

PAZ MOLINA

Condición y alarido

Y me ha dado la gana
de ser libre de condición
y de alarido
al medio de la calle
hurtado el cetro a la canalla
oficialmente constituida en mí
me hago presente

Me vierto en mi dominio
de lujoso desvarío virginal
Productores ufanos de quimeras
lánguidos sacristanes
me devoran

Me urjo a lo contrito
y me doy vale de fracaso
triunfalmente acosada
sin menoscabo de lo simple
me convierto en gimnasta
me doy de golpes en el pecho
me transformo en ventana
y me columpio


JUAN PABLO RIVEROS (1945)

JUAN PABLO RIVEROS

El último adiós

Me he quedado para siempre
en la latitud de los ochenta grados
y ocho minutos.
Salí de la escotilla
sin volver la vista.
Como restos de un naufragio,
ahí quedan la tiniebla,
el cansancio,
el humo
y el oro desvalido de occidente.
Me llevo la belleza,
el milagro,
este frío trozo de infierno
en un menudo y difuso paraíso,
un simple e inútil edén,
una oveja esculpida por los fríos
y el antojo de las nieves mundanas.
Grandes mesetas de limpios fríos,
llevo.
Y un cielo,
un fragmento de galaxias,
un maná caído de la oscura estepa
de burbujeantes estrellas ignotas.
Parto con mi porción de noche,
con este granizo de luz desprendido
                                  /de la Aurora,
y este gratuito silencio de la Ausencia.
Me estoy lavando el rostro
con la pura sombra de Dios.


CARMEN BERENGUER (1946)

CARMEN BERENGUER

Ruinas

La noche no es la noche ideal
ni romántica de los cantos versallescos,
ni trinos de pájaros en algún amanecer.
La noche de la novela triste, es cuando sus luces
se apagan y aparecen las sombras criminales
en las esquinas de los bares, de las casas,
a los pies de la cama, debajo de las sábanas,
en los colores de los muebles, en la opacidad
de las tablas, detrás de los cuadros, arriba del armario,
en los rincones de la escalera
en este libro,
en medio de estas páginas,
en el temblor de tu sonrisa, en ese espejo del baño,
en el cepillo del pelo, en el olor de tu traje,
en el cubierto de la mesa, en la cajita de música,
en el calcetín; broche de una noche antigua,
en la maleta,
en la página del medio,
en el candor, en la maceta de flores;
detalles del tejido,
y el pañuelo a rayas en el sillón Bauhaus,
en el cuadro de Frida Kahlo, en el retrato de revistas viejas
en los platos de comida, en el charquicán y el luche,
en los juegos de luces pascueros, en los vasos de vino, en la
ponchera, en el apiao y pajarete, en el chaleco azul,
en el anillo, en el collar de un cuello, en los aretes,
en el piso de la cocina, en la heladera,
en la silla de paja, en el jarro del café,
en la azucarera, en la mermelada,
como si arriba, en la cucharita del té,

crochete del estío en la biblia latinoamericana,
en el cantar de los cantares, en el libro de Job y Jeremías,
en las páginas sueltas, aquí mismo,
en el hilo del medio,
¡Es algo que da náuseas!

Tiene paredes, tiene paredes blancas, tiene rejas, tiene perros
rabiosos tras las rejas, tiene mercados, tiene malls, tiene edificios de
vidrios, tiene edificios nuevos con más vidrios donde se reflejan
nubes grises, tiene todo nuevo, tiene comunicaciones, tiene celulares,
tiene policía, tiene policía nueva, tiene autos nuevos, tiene camas
nuevas, tiene puertas nuevas, tiene ventanas nuevas.


SERGIO BADILLA (1947)

SERGIO BADILLA

En la mañana temprana

            Al amanecer cuando abandone este aposento
al sacar los libros del armario
                    miraré de reojo tu rostro anochecido.
                        Al bajar al parque
alguien me verá caminar erguido
con los ojos cerrados en la mañana profunda
el forastero fastidioso
que hace tiempo merodea por aldeas equívocas
donde acostumbran a aullar los lobos cuando remonta la calma
las calles serán las siluetas de un sonámbulo
que no imaginan la cobardía del hombre
                   frente a su adversario
                          Tú aún dormida
           quizás disfrutes de ese fantasma que no alcanzo
       ¿Qué sueñas en este aposento de la calle de los Olmos?
       ¿Qué sueñas en esa habitación inmaculada
mordida de luz?
Un alboroto callejero sacude tu bello cuerpo
                                         bajo las sábanas
y contrastan tus ojos
       con la refulgencia del sol.
después de la retirada del cobarde al despuntar el alba.


GONZALO MILLÁN (1947 - 2006)

GONZALO MILLÁN

Apocalipsis doméstico

Las sábanas regaladas para la boda
se gastaron y tienen agujeros.
Se quebraron los platos
en escaramuzas domésticas.
Las tazas están saltadas y sin asas.
Se perdieron tenedores y oxidaron
los cuchillos del servicio inoxidable.
La juguera está descompuesta.
Y empeñada la sortija de diamantes.
(En el tablero del calendario
están todos los días tarjados.
Al reloj se le acabó la cuerda.
Se acabaron el té, el café,
el pan, la mantequilla.
Quedan sólo unas gotas de aceite.
Vacíos cascarones, de los huevos.
En el refrigerador hay solamente
una mitad de cebolla estreñida
y una mamadera con leche agria.
Una laucha oculta en su cueva
roe los restos de un terrón de azúcar.
La estufa se apagó anoche
después de consumir su combustible.
Cortaron el teléfono
y pronto cortarán la luz.
Quedan tres o cuatro ampolletas
indemnes en toda la casa.
Las velas se convirtieron en cabos
Se terminó el papel higiénico
y el excusado está tapado
con pedazos de papel de diario.
Se desvanecerá el jabón
en la próxima lavada de manos.
La peineta perdió otro diente.
La trizadura del espejo es otra arruga.
No queda ropa limpia.
Hay pañales sucios en la tina.
Se le cayó el último botón
que le quedaba a la camisa.
En la superficie de la mesa,
impresiones de pequeñas manos,
baberos, platos sucios
con migajas y raspas de pescado.
Vasos con secas borras moradas.
En la frutera vacía,
dormita ovillando el gato.
El auto viejo estacionado afuera
no arranca desde hace meses o años.
Inmóvil descansa con sus ejes,
sobre pilas de piedras y ladrillos.
Le robaron los neumáticos, los focos/
y cada día lo despojan de nuevas piezas
como un gran insecto muerto
que devoran invisibles hormigas.
El jardín está exuberante, lozano.
Invadido de malezas que asfixian las plantas.
La manguera serpeante es invisible.
Se escapó de su jaula el canario.
Y el pez de color se ahogó
y quedó flotando panza arriba
en el agua turbia de su redoma.
El perro royó su soga
y se marchó a la siga de una perra.
El lechero ya no trae leche a casa,
ni el suplementero reparte periódicos.
El cartero trae sólo cuentas impagas.
Sobres con ventana que nadie abre.
Los acreedores golpean largamente,
pero nadie abre, nadie responde.
El basurero pasa dos veces por semana,
pero lo hace demasiado temprano.
En el patio los tarros desbordantes hieden.
El televisor encendido sin sonido
arroja movedizas sombras
sobre el suelo encalcado
por el yeso que llueve desde el cielorraso.
Un niño en un corral de palo,
entre juguetes rotos
se desgañita llorando,
hambriento y mojado,
la húmeda boca abierta,
los ojos vidriosos de lágrimas,
mirando
cómo la bestia de las dos espaldas
gruñendo convulsa se revuelca
intentando devorarse a sí misma.


JUAN CAMERON (1947)

JUAN CAMERON

Y el muro de Berlín sobre
la mesa lucía tu retrato

Polacos como cuervos rumanos en la nada
entraban en las piezas llevándose las horas
los marcos las ventanas coronas y corolas
y muerta el Ave Fénix quemada en tercer grado
se derrumbaba el mito
Todo lo sostenías los hijos las caretas
el informe político la situación del tiempo
las palabras la magia que usurpaste escondida
por todas las fronteras bajo ese doble fondo
El mundo destruiste a mis espaldas
        /y no te hiciste sal si en los aviones
aplaudías la derrota
Ladrillo tras ladrillo historia tras historia
arrancaste la base sin piedad en homenaje
        /a oscuros funcionarios
Se te dijo
Se te advirtió
los imperios son dulces como niñas
        /de fotos victorianas
las potencias cáscaras de huevo los poderes
tiemblan sobre sí mismos en silencio
Pero tú lo sabías
Y ahora qué me dices
quiénes son estos bárbaros por las habitaciones
los caídos alfiles a quien rinden tributo
        /en esta hora
Nada ha quedado en pie después
        /de los naufragios
Sola la mesa al fondo navega entre las sobras
restos certificados graffittis de otra historia
Y el Muro de Berlín sobre la mesa
        /lucía tu retrato.


CECILIA VICUÑA (1948)

CECILIA VICUÑA

Obscenidades de un caracol

Mi cintura es un girasol
un girasol de VAN GOGH
un campo amarillo y perfumado

No iré muy lejos para que no llueva.
Los que aman no podrían vivir sin mi cintura
a veces girasol o amapola.
Los que esperan que del cielo caiga una nube mágica
para volar
no podrían hacerlo sin un punto en el mapa
que es mi cintura
Muchos morirán ahogados mientras buscan una sirena
para sustituir mi cintura.
Y por último los corceles salvajes del sueño
no tendrían quien amarrar a sus crines
a una cintura sutil.
Es cierto que hay mil cinturas más bellas,
pero ciertas cosas son absolutamente incomparables.
Los hipocampos no tendrían una latitud más tibia
donde nadar
las olas no podrían navegar entre mis extremos
y se sentirían desoladas.
Muchas flores que han crecido sólo
para que yo me las ate a la cintura,
preferirían secarse a tener
cualquier otro destino.
En verdad mi cintura tiene que quedarse
todavía en la realidad
si no, nadie sabría lo que hay entre dos palmas abiertas
y eso sí que sería una tragedia


JORGE TORRES (1948 - 2001)

JORGE TORRES

Cuando llueve en julio

Cuando llueve en Julio
me preocupo por el bosque de mi infancia.
Ese bosque del que no recogí
ni moras, ni murtas,
del que no traje
ni el olor de los eucaliptos,
los sorpresivos hongos.
Ese bosque de dudosa fisonomía
en el que tal vez nunca estuve
y del que trato ahora de salir,
buscando algunas marcas en los árboles,
las piedras que guiaron mi posible entrada,
temeroso de sus aviesas sombras,
empapado de lluvia,
enterrado en el lodo,
soy un árbol más.


ELVIRA HERNÁNDEZ (1949)

ELVIRA HERNÁNDEZ

Santiago Waria

así como Atenas fue astu para los griegos
y Roma urbs para los romanos
Santiago fue waria para los mapuches
como cualquier otro poblado

Anda Sola
                     mira para atrás
                                           sólo tú quedas
en el camino
         crecen misterios            la cizalla crece
                   los perros de vidrio molido
        Sodomas y Gorgonas están por delante
                          a sólo 6 kilómetros
                                        son tu ciudadela
                                        tu podio
        súbete te moverá el carrusel
                            galoparás la máquina
                 serás la payasa más movida
                          la del billete verde
                 Anda Sola Teresa vieja...
Baba caída
                    500 milímetros al mes
                 Cielos corruptos
                                               El tiempo no es
un remedio para nada                el buen tiempo
                                                           Hay que tomar
pronto el tren         el Rápido
                                  un copetín en el snack bar
                                                   un guillete
                  La Estación Mapocho abre sus puertas
a la nada
              Para ustedes que creen estar viajando
sólo queda desembarcar


RODRIGO LIRA (1949 - 1981)

RODRIGO LIRA

Ars Poetique

para la galería imaginaria

Que el verso sea como una ganzúa
Para entrar a robar de noche
Al diccionario a la luz
De una linterna
sorda como
Tapia
Muro de los Lamentos
Lamidos
Paredes de Oído!
cae un Rocket pasa un Mirage
los ventanales quedaron temblando
Estamos en el siglo de las neuras y las siglas
y las siglas
son los nervios, son los nervios
El vigor verdadero reside en el bolsillo
es la chequera
El músculo se vende en paquetes por Correos
la ambición
no descansa la poesía
está c
ol
g
an
do
en la dirección de Bibliotecas Archivos y Museos en Artí
culos de lujo, de primera necesidad,
oh, poetas! No cantéis
a las rosas, oh, dejadlas madurar y hacedlas
mermelada de mosqueta en el poema

El Autor pide al Lector diScurpas por la molestia (Su Propinaes Misuerdo)


JUAN ANTONIO MASSONE (1950)

JUAN ANTONIO MASSONE

La muerte desgarra en lo posible

La muerte desgarra en lo posible
Un labio de sonora carcajada,
de segura y satisfecha indiferencia
impele como viento de granizos
a mi sangre que hierve porque quiere.
Me canso de los hechos, en sus formas,
me canso de decir ante los muros,
me canso, me fatigo, me derramo
por hacer de los charcos luz de estrellas.

La muerte me hiere porque vive
sometiendo a los espacios donde el vuelo
quiere hacer del mundo mejor vida,
cálido sol que dore los ensueños
y deje en el olvido los desgarros
de un pecho que se cansa porque quiere.
Cansado de ser siempre solitario,
cansado de gritar en los desiertos,
cansado de respuestas que se niegan,
cansado de anunciar que Dios existe.

La muerte me cosecha, labra el sayo
de arisca palidez con que otros miran.
La noria pronuncia en rana muerta
sequedad de mundo devorando sueños.


RAÚL ZURITA (1951)

RAÚL ZURITA

Anteparaíso

III
Allá va la que fue mi amor, qué más podría decirle
si ya ni mis gemidos conmueven
a la que ayer arrastraba su espalda por las piedras
Pero hasta las cenizas recuerdan cuando no era
nadie y aún están los muros contra los que llorando
aplastaba su cara mientras al verla
la gente se decía "Vámonos por otro lado"
y hacían un recodo sólo para no pasar cerca de ella
pero yo reparé en ti
sólo yo me compadecí de esos harapos
y te limpié las llagas y te tapé, contigo hice agua
de las piedras para que nos laváramos
y el mismo cielo fue una fiesta cuando te regalé
los vestidos más lindos para que la gente te respetara
Ahora caminas por las calles como si nada de esto
hubiese en verdad sucedido
ofreciéndote al primero que pase
Pero yo no me olvido
de cuando hacían un recodo para no verte
y aun tiemblo de ira ante quienes riendo te decían
"ponte de espalda" y tu espalda se hacía un camino
por donde pasaba la gente
Pero porque tampoco me olvido del color del pasto
cuando me querías ni del azul
del cielo acompañando tu vestido nuevo
perdonaré tus devaneos
Apartaré de ti mi rabia y rencor
y si te encuentro nuevamente, en ti me iré amando
incluso a tus malditos cabrones
Cuando vuelvas a quererme
y arrepentida los recuerdos se te hayan hecho ácido
deshaciendo las cadenas de tu cuello
y corras emocionada a abrazarme
y Chile se ilumine y los pastos relumbren.


DIEGO MAQUEIRA (1951)

DIEGO MAQUEIRA

La Tirana I

(ME SACARON POR LA CARA)

Yo, La Tirana, rica y famosa
la Greta Garbo del cine chileno
pero muy culta y calentona, que comienzo
a decaer, que se me va la cabeza
cada vez que me pongo a hablar
y hacer recuerdos de mis polvos con Velásquez.
Ya no lo hago tan bien como lo hacía antes
Antes, todas las noches y a todo trapo
Ahora no.
Ahora suelo a veces entrar a una Iglesia
cuando no hay nadie
porque me gusta la luz que dan ciertas velas
la luz que le dan a mis pechugas
cuando estoy rezando.
Y es verdad, mi vida es terrible
Mi vida es una inmoralidad
Y si bien vengo de una familia muy conocida
Y si es cierto que me sacaron por la cara
y que los que están afuera me destrozarán
Aún soy la vieja que se los tiró a todos
Aún soy de una ordinariez feroz.


ELICURA CHIHUAILAF (1952)

ELICURA CHIHUAILAF

Para sanarte vine, me habló el canelo

Para sanarte vine, me habló el árbol sagrado

Ve y recoge mis hojas, mis semillas
           me está diciendo
De todas partes vinieron tus buenas machi
           mis buenos machi
desde las cuatro tierras, desde las cuatro aguas
mediaremos, me están diciendo sus poderes
en tus nervios, en tus huesos, en tus venas
¿O deseas acaso abandonar a nuestra gente?
Elevaré mis rogativas, le digo
Ay, mis pensamientos se apartaron
           de los apacibles ríos de mi corazón

Piedra transparente será éste, por mí, dijiste
Oo Ngvnechen, envíame tu aliento
tu resollar de aire poderoso
Este va a ser cantor, dijiste, entregándome
           el caballo azul de la palabra
Hasta la tierra de arriba llegará en sus sueños
confundiendo al mensajero de sus enemigos
Me oirá cuando hable desde la savia
de las plantas y de las flores. Así dijiste

Mas yo quise olvidar el consejo de las Ancianas
           y de los Ancianos
por eso estoy enfermo ahora
           Mis pensamientos se alejaron
de los apacibles ríos de tu corazón

Mírame, estoy soñando que he subido
           por tus hojas
La cascada azul de la mañana vino a mojar
           mis labios con sus aguas
Subí, subí con ellas, pero me sujetó
           el murmullo de los peces
Caminé luego sobre el aroma de los bosques
Después baile. En él estaba colgado mi poder
Las buenas visiones y los buenos sueños
           lo rodeaban
Lloré entonces, lloré, abrazado
           por el espíritu de mi canelo.


VERÓNICA ZONDEK (1953)

VERÓNICA ZONDEK

Claroscuro

Soy canasta magenta y purpúrea
y peso metal en la huella del tiempo.

Con rúbricas a flor de piel
rasgado por un siglo mineral de uñas marchitas
abulta él en labor de hombre recio
y la Rosa
ahí
sola mi alma en suplir la falta
y él
salud compadre para gloria de materias
y austero el talle viejo
hasta besar el río profundo de pico hiriente
y acaramelar lo sagrado con sangre
y negro
gritar el sueño azul en la pampa sola.

Sudor enmohecido en el tiempo.

En lomo de mula camina el llanto
y luego los gestos
los aspavientos hasta el respeto
que los cuerpos aman aún bajo tierra
y tocan la carne con el dedo duro de la escama.
Es que de salmuera para la guarda está hecho el tajo
que en lámina saca y en lámina pone
lingote a lingote
hasta coronar la cabeza del rey.

Ni adular ni maldecir.

Un paso por el sendero.
El cuerpo y sus heridos.
Un casorio y una iniciación.
Eso dio y dará el sudor.
Cada gota con gota gotea.
Cada gota penetra Atacama.

Hay una extensión más ardua que el alma
donde el suelo yace bajo un costral.
Ella lo abre de pétalos
le nace naciendo una flor
y nuestro
es aroma el pan caliente

de cada
cada
día.


MAURICIO REDOLÉS (1953)

MAURICIO REDOLÉS

Del finao

Aquella tarde se habló del finao
La viuda que estaba presente
hizo una que otra acotación fue
el Lucho quien tocó el tema
la mesa estaba repleta casi no habían
extranjeros Sólo chilenos unos cuantos
cigarrillos el sol alumbraba fuera del recinto
y los niños gritaban en dos idiomas
fuera de que se conversó mucho sobre otras cosas
era imposible que no se le mencionara
era imposible
todos sentimos el corazón adentro
cuando
aquella tarde por estos lados
se habló del finao que cuatro años atrás
se la jugó sin asco


CLEMENTE RIEDEMANN (1953)

CLEMENTE RIEDEMANN

Rewind

Siendo apenas un chicuelo
fui instruido en la vulgaridad de las reformas
en el desprecio por la revolución.

En el Kindergarten había tipos que se burlaban de mí
porque no tenía cartuchera de cuero
sino un canastillo de plástico rojo
para transportar mi sanguche de muss con nata fresca.
Uno de esos forajidos es ahora alcalde de la ciudad.

O.K. muchachos vengan a bailar.

Sufrí crisis asmáticas hasta la edad de seis.
Diez años más tarde me pescó una tebecé.
Trastornos psicosomáticos al llegar la primavera.
En diciembre debuté en la cama de una chica.
A los veinte me pusieron corriente en los cocos.

O.K. muchachos vengan a bailar.

Contemplemos reunidos los hermosos amaneceres
que en televisión han preparado para nosotros.
Si cada mañana me levanto es porque estoy cierto
que la vida me adeuda los días más felices.
Y si acaso no fuese de ese modo mi destino
me levantaría lo mismo de todas maneras.


JORGE MONTEALEGRE (1954)

JORGE MONTEALEGRE

Niños de fin de siglo

En el famoso año dos mil después de Cristo
seremos niños y viejos del siglo pasado

Salvo los niños de Somalia
que no están en los planes del milenio que viene
porque los niños de Somalia no conocerán la próxima semana

Los niños de Somalia son menos que huérfanos en el desierto
Son hijos del hambre que los acuna y nadie adoptará un cachorro de hombre
que juega con su propio cadáver

Los niños de Somalia son los niños de Ruanda, de Biafra, de Etiopía
mirándose en el espejismo de una ronda africana

Los niños de Somalia no pueden escapar como los niños de Sarajevo
y los niños son niños así en el hambre como en la guerra

Los niños de Somalia son esqueletos caminando hacia ninguna parte
recién paridos a la muerte

Ya nada tienen que pedir

Nacieron sólo para enviarnos su mirada
vía satélite
Un silencio que dura un close-up eterno
ojitos que sostienen los párpados en una proeza irrepetible
a la hora de comida
cuando cambiamos de canal y de milenio moviendo las pestañas
a control remoto

La hora de vendarnos la mirada
con el último pecado
que divide a la familia principal del Reino Unido

Bienaventurados los niños de Somalia
porque nunca serán
los viejos de mierda del siglo venidero.


CARMEN GLORIA BERRÍOS (1954)

CARMEN GLORIA BERRÍOS

Caos

Todo el mundo
parece enfermo últimamente
o tiene
un funeral en perspectiva
El cielo cerró por vacaciones
y ya no es
sol
volantín
ni vía láctea
sólo un trapo desteñido
surcado por aviones
y pájaros de Hitchcock

No sé por qué ni a dónde
emigraron los deseos
las velas y las flores
por gracia concedida
La calle me parece indescifrable
incluso las palabras de los ciegos transeúntes

Todo huele a humo últimamente
a hoguera a cigarrillo
voy vestida de cenizas
dándole
la extremaunción a las cunetas
No resisto
la solemnidad de los paraguas
los anónimos zapatos
que corren hacia el Metro
Detesto
la nata de esta leche
y el bostezo miserable que circunda
Creo
que necesito una navaja

Hay que hacerle una autopsia a este vacío


ARISTÓTELES ESPAÑA (1955)

ARISTÓTELES ESPAÑA

El otro invierno

Las voces de mis primas arden en dirección a un
/enero que se fue.
Todas reencarnadas, pequeñas leyendas,
ubicándose en el agua donde eran más duendes
/que mujeres:

Imitaciones vagas, un cuadro de Renoir,
carreras en el patio donde devorábamos el asado
/ navideño.

Vuelve a repetirse el mismo sol en sus muslos
después de doce años,
esa lucha por parecernos a parientes remotos
como si nada hubiera sucedido,
y eso de usar siempre los mismos disfraces.

También una danza que ya no recuerdo
y afiches religiosos,

con los magos que regresan de una historia
/ diferente cada día,

con imágenes de leones muertos
y ese bombardeo en los órganos sexuales,
y el mismo final en boca de hijos imaginarios:

Fotografías viejas que empiezo a destrozar en el
/ cuarto
de una húmeda pensión en calle Diez de Julio en
Santiago de Chile en 1981,
reteniendo el aire,
mientras miro, inmóvil, los huesos en la pared.


JORGE DEL RÍO (1955)

Hambre tardío
XXIX

Dormida
No lo estaba

Tenía el pecho herido

La vida adentro

Desgarrándose
entre un callejón y un tiempo

La vida en los susurros

Adentro estaba
Cercana

En el rumbo
Tan despierta como un látigo
Tan desprovista
La vida
ahí estaba

Conmigo
como en el trueno
como en el vestíbulo
soñándose y yéndose

Como la marea recogiéndose despacio

De a poco en el aire
yéndose de mi
La vida
hacia adentro
hacia adentro de mis nubes
latiéndose conmigo
incesantemente
La vida
Mi vida
Conmigo
Como en su quiebre
Como abundante
Así como alrededor
De a poco por cada uno de mis confines
Disolviéndose en mis años
La Vida.


TERESA CALDERÓN (1955)

TERESA CALDERÓN

Mujeres del mundo: uníos

Arriba mujeres del mundo
la buena niña
y la niña buena para el leseo
las hermanitas de los pobres y amiguitas de los ricos
la galla chora y la mosca muerta
la galla hueca y la medio pollo
la cabra lesa y la cabra chica metida a grande
canchera la cabra
y la que volvió al redil.

La que se echa una canita al aire
la que cayó en cana o al litro
y la caída del catre
las penélopes
mata-haris y juanas de arco
la que tiene las hechas y las sospechas
la que se mete a monja
o en camisas de once varas.

La mina loca la mina rica
pedazo de mina
la que no tenga ni perro que le ladre
Y la que “tenga un bacán que la acamele”.

Arriba mujeres del mundo
la comadre que saca los choros del canasto
los pies del plato
y las castañas con la mano del gato
las damas de blanco azul y rojo
las de morado
las damas juanas y damiselas
todas las damas y la nunca tanto.

La liviana de cascos
y la pesada de sangre
la tonta que se pasó de viva y la tonta morales
la que se hace la tonta si le conviene
la que no sabe nada de nada
y esa que se la sabe por libros

La madre del año arriba,
madre hay una sola
y las que se salieron de madre.

Arriba mujeres del mundo:
la cabra que canta pidiendo limosna
la que como le cantan baila
y la que no cantó ni en la parrilla.

Arriba todas las que tengan
vela en este entierro
la que pasa la lista
y la que se pasa de lista
la aparecida y la desaparecida
la que se ríe en la fila
y la que ríe último ríe mejor:

La natasha la eliana la pía
la paz la anamaría la lila
la angelina y la cristina
la que anda revolviendo el gallinero
la que pasa pellejerías
y la que no arriesga el pellejo
la dejada por el tren
o por la mano de Dios.

Que se alcen las mujeres con valor
la pierdeteuna
y la que se las ha perdido todas
la percanta que se pasa por la punta
la que nadie lleva ni de apunte
y esa que apuntan con los fusiles.


ARMANDO RUBIO (1955 - 1980)

ARMANDO RUBIO

Confesiones

Soy bestia umbilical, delgada y andariega,
con un aire de pájaro en la calle.

Atado a los semáforos
por ley irrevocable.
Suelo ser atacado por mis hábitos
y por los vendedores ambulantes
que me auscultan la cara
de bar destartalado y decadente.

Amo a la ciudad más que a nadie:
las calles y edificios,
noches pobladas de mamíferos
domésticos y astutos, que transitan por bares,
y beben, y comen, y se ríen, y se ríen, y se mueren.

Soy bestia siempre en celo,
pájaro individual, enfermo.

Confiado ciegamente en mis zapatos,
no me pierdo un detalle
de lo que está pasando, que es muy grave.

Me entristecen los hombres, me deprimen
sus orejas, sus dientes, y las blandas
extremidades; las ojeras;
y los rostros desérticos, tortuosos;
bigotes, anteojos, pelos, anillos, monedas;
cigarros defendidos contra viento y marea; el fraudulento
pudor de las camisas;
y el orgullo, ese orgullo inconcebible…

Sobre todos,
los hombres que van solos por el mundo,
unánimes espaldas, hombros, rabia.
¡Voltear los autobuses, y tocarles
la oreja a los absurdos transeúntes,
saber de abuelas suyas y de hermanas,
y de la fecha atroz en que nacieron!

Cordialmente aborrezco
a los hombres de gafas, que saludan
suficientes, constreñidos,
con una mano blanda, lisa, como de nieve,
y se vuelven, y mueren
de cara ante el periódico;
a todos los que pasan
las horas entre muslos y aguardientes
perpetuando la fiesta de este mundo.

Extraña la ciudad cuando parece
no haber nadie, ni voces de Zutano o Mengano,
cuando una sombra inmensa, resollando
se descuelga de muros, y se manda cambiar,
de una vez por todas, hacia un patio sin hambre;
aunque haya transeúntes
con ojos de paloma y pecho duro,
y algunos que se tienden en las calles
con un olor a muertos
y a padre avejentado por sus sueños.

Ninguna novedad hoy en la tarde.
La ciudad y su curso inevitable.
Yo, bestia umbilical, pájaro enfermo,
he de seguir de noche
atado al parpadear de los semáforos,
a la misma ciudad donde parece
que ya no habita nadie.


EDUARDO LLANOS (1956)

EDUARDO LLANOS

Renovación del estado de peligro de la paz interior

Las metáforas y demás expresiones emitidas aquí
no representan necesariamente el estilo del hablante lírico.
Los versos presentes son de exclusiva responsabilidad
de cierto pulso alborotado, de cierto ahogo
producido por bombas lacrimógenas y balas
que unos policías dispararon al aire, al aire, a ese aire
que iba huyendo hacia los pulmones de un cesante aún no identificado,
al aire, al rumor que un poblador estaba propagando en su garganta
y que fue oportunamente desmentido por el plomo patriótico.

Los versos presentes no guardan el debido respeto
a los abnegados guardianes de la paz y del orden
tan peligrosamente amenazados por aquella estudiante
a quien se sugirió continuar su protesta en el más allá,
con los sesos salpicados en las paredes de su casa.

Estos poemas no representan el dolor de las viudas, el sollozo
entrecortado de aquellos huérfanos de costillas translúcidas,
las llamas de una choza incendiada en la noche
mientras sus ocupantes soñaban con un plato de arroz
                      o una sopa caliente.

Este poema está tergiversado: se inclina
descaradamente en favor de los caídos
y no refleja ni la menor serenidad de espíritu.

De seguro su autor lo escribió mientras volaba bajo, demasiado bajo,
como ave carroñera
                     sin más perspectiva
                             que la fosa común.


DIONISIO VIVANCO (1956)

DIONISIO VIVANCO

Oscuraclaridad
LXVI

Grito ¡Abel! ¡Abel!... pero nadie contesta.
Mi voz se oye como un eco desordenado,
que se devuelve y se pierde en los
campos de guerra, entre los ejércitos,
entre las trincheras,
entre los hombres que caen de rodillas
llenos de súplicas, de palabras atravesadas
por las miradas de los orangutanes.

Te llamo pero nadie responde,
es como si no existieras,
como si nunca hubieras estado entre nosotros.
Voy gritando por veredas llenas de huesos, de barro,
de despojos, de ropas quemadas,
de carne asesinada contra las alambradas,
de maderas y salmuera,
de vientos y raíces, de vidrios y agujas,
de países devastados por nuestras propias manos.

Te llamo con palabras ciegas,
con aullidos que se pierden
en las encrucijadas de una arquitectura sucia,
en el gesto religioso y maquinal que no dice nada,
y después se desmaya entre las señoras
que se crucifican en sus camas,
mientras las tijeras sueltan las costuras
que nos atan a la vida.


TOMÁS HARRÍS (1956)

TOMÁS HARRÍS

Las utopías son putas de miedo

No a las damas, amor, nos habían dicho,
cuando una noche al centro del valle,
en un sueño de perro,
se nos apareció el amor perfecto;
calzaba sandalias rojas de plástico transparente,
toda ella iba mojada,
el pelo libre
de caer
sobre la túnica magenta que se le pegaba a las tetitas
de perra joven;
olía a sal,
a transparencia,
a imaginación,
a hornacinas,
a trébol de cuatro hojas;
dos aros de oro puro terminados en una perla pequeñita
y perfecta
la perforaban por los lóbulos;
nosotros hicimos una cola, una larga e inacabable cola
donde ninguno acabó nunca;
yo le mamaba los pezones
por sobre la bambula magenta
de la túnica;
al final, la sentíamos adentro, por aquí,
en el bajo vientre, toquen,
nadando como un pez fosforescente
en una redoma demasiado pequeña para sus ganas;
pero
nosotros sabíamos que las utopías son putas de miedo,
algo había que hacer para ahuyentarla.
-No tenemos patria, ciudadana, le gemimos,
-somos Nadie gritando Nadie nos ataca.
-ámenme un poquito más -susurró la puta-
hasta que acaben en mis sábanas;
pero nosotros sabíamos que eso era un paso más hacia
la muerte,
oscura esta muerte y lenta,
la india cruel se nos iba abriendo
como fauce,
la muy magenta,
la pringosa,
fétida a sal, oro,
a transparencia,
a horno
a trébol de cuatro ojos penetrantes, quemados:
-ámenme un poquito más- gruñía,
mientras la noche no acababa,
la noche nunca acababa.


ALEXIS FIGUEROA (1956)

ALEXIS FIGUEROA

Correspondencia de Alicia

Alexis, no me escribas,
no me uses como imagen tutelar de tu metáfora,
que el viaje literario en que me viste
para mí fue pesadilla,
nunca salí del horroroso universo victoriano.

Ahora estoy bien, descanso bajo tierra,
blancos conejos, umbrosas madrigueras
me acompañan. No hay nostalgia,
tiempo ha que ya vagué tras el espejo,
pero ahora estamos todos muertos, como el dodo.

Y tú insistes en atribuirme más presencia
que la impresa en esta tinta carcelaria.
Pero amor, convéncete, soy fantasma del deseo,
una especie de romántico anhelo de las ansias.

Y bien, has de saber que nunca él
hizo gesto de tocarme, le bastaba acariciarme
                                                           /con su cámara.
(Yo bajaba algún tirante de mi blusa,
el hombro joven, dorado y reluciente,
deslumbraba).

De sonrisas sabes tanto como él,
¿Qué luz de doce años
puedes ver en mi sonrisa?
Me ves reclinada en una cerca,
inquietante como nínfula del cine.

Pero él, y yo, casi una niña;
contempláramos ansiados y miedosos nuestro ímpetu,
reemplazáramos deseo por los juegos,
o bien secretamente revolcáramos el cuerpo por los prados,
es lo mismo, nunca salí, nunca salimos
del espantoso universo victoriano.


ELEDÍN PARRAGUEZ (1956)

ELEDÍN PARRAGUEZ

Esta página

Mi casa es esta página,
Que es ese camino cuando miro mis huellas;
Después de mis pasos.
Esta página que aun construyo
Y como una torre me alza y me esconde.
Siempre hay algo que agregar,
Una ventana, otra puerta;
Un balcón para esperar el tropiezo de la luna.
Mi casa es siempre una nueva casa,
Con las mismas alas y el mismo timón.
Y parece tan vacía sólo conmigo, y
Tan llena de fantasmas y ángeles.
Las palomas cuentan sus generaciones en el entretecho,
Más abajo, bajo el cielo de mi casa, me voy apagando.
Mis herramientas no cesan en mis manos,
Duermen si yo duermo, y al soñar,
A mi lado están construyendo.
Al hacer un alto para respirar de nuevo, me pregunto:
¿Cómo seguir levantando esta casa
y que tú estés conmigo siempre?
Esta página es un camino invisible;
Se ve sólo volviendo los ojos atrás:
                                                A donde nadie vuelve.


BRUNO MONTANÉ (1957)

BRUNO MONTANÉ

Regresando a las factorías

Retrato de paciencias que cortan:
como el aire de los suburbios,
como un trayecto en una línea seca.
Y tu mano se acerca al humo
de las adivinaciones, al olor
aproximando su rostro para que comiences
a temblar en otro cuerpo.
Vuelves a los sueños, a los bosques
de decapitados, a las camas deshechas.
Las inmensas naves vacías dejan
avanzar un lánguido fin de semana,
orilla del canal donde mojabas los pies
entre las siluetas de los desaparecidos.


JOSÉ MARÍA MEMET (1957)

JOSÉ MARÍA MEMET

La misión de un hombre

Un hombre es un hombre
en cualquier parte del universo
si todavía respira.
No importa que le hayan
quitado las piernas
para que no camine.
No importa que le hayan
quitado los brazos
para que no trabaje.
No importa que le hayan
quitado el corazón
para que no cante.
Nada de eso importa,
por cuanto,
un hombre es un hombre
en cualquier parte del universo
si todavía respira
y si todavía respira
debe inventar unas piernas,
unos brazos, un corazón,
para luchar por el mundo.


MARIÓN CANALES (1957)

MARIÓN CANALES

Niño rapado

a Omar

Un niño camina pobre rapado
(Como si la miseria se pudiera guillotinar)
Un tierno niño rebelde ojos de canastas vacías
Espera en Malloco
Con la boca torcida de ausencia
Sin ofrendas (se entiende la diferencia entre niños)
Acumula secretamente dibujos que algún día me entregará
(Gokú héroe espacial japonés
Asesinando de un súper kame jame já al ratón Mickey
Por aburrido por indiferente por ratón).
Él mismo héroe de mis sueños
En risotadas de cebollas gritos de naranjas
Chupete helado (caricias robadas al reojo) Ropita Usá
Orgulloso y mudo en lamentaciones un niño rapado
De mi tierra de mi lengua de mi credo
Y el corazón pateándole la sangre caliente por todas
Las redes de la memoria tendido en el mesón
Desnudo de feria
Espera.


BRUNO VIDAL (1957)

BRUNO VIDAL

Madre hace muchísimo tiempo te escribí una carta contándote lo ruin de mi vida
te pedía en esa ocasión que bendijeras a este hijo cayendo en lo bajo
te narré una serie de peripecias y faltas de ánimo
hoy te pido que vayas a la iglesia a pedir perdón por tu hijo exaltado en pasiones indecibles
por pudor no puedo contarte la cantidad de felonías
No eres responsable de esta carne apasionada en el terror
Pídele a Dios que me auxilie la vez anterior te hablé de un apartamento
hoy ya no vivo ahí
me trasladaron no hay imágenes de N. S.N
todo es piedra de historia sagrada
y los bautismos de sangre abundan en los santuarios
No llores madre te lo pido encarecidamente
me atrevo a decirte algo si muero acribillado cerca de la Pizza Nostra
quiero que mis mortajas sean las sábanas de mi lecho hogareño
llévalas al Instituto Médico Legal
y permite que mi cuerpo tiroteado sea arrojado a las riberas inmaculadas del Río Mapocho


TULIO MENDOZA (1957)

TULIO MENDOZA

Que no podemos amar, ya te lo dije,
sin mostrar un aire de torpeza.

Que no podemos amar, ya te lo dije,
sin mostrar un aire de torpeza.

Apenas vislumbramos el objeto apetecido,
dispone el ánimo, sin querer nosotros,
un leve, pero intenso, temblor de sangre,
una sábana fresca para encantar la noche,
un diálogo secreto,
la música cómplice
de unos labios bebidos
bajo la luna de esta pieza.
Si el aire es azul
y una clara pasión oscura nos arrastra
y desprovisto ya el corazón de toda duda,
decimos que sí sin pensarlo dos veces
y, entonces, me abro paso en ti
como lamiendo tu mirada.
Después de todo, me dirás que la dicha
es breve, pero buena,
y que vale la pena poner en ella
algún esfuerzo que la prolongue
en este juego de tocarnos en presente,
en este tiempo de heridas subterráneas.

Estoy de acuerdo, nada hay en el agua
que no sea este intenso deseo de mojarnos.


SERGIO MANCILLA (1958)

SERGIO MANCILLA

La lluvia borrará el pueblo

La lluvia borrará el pueblo igual como las nubes
borran las estrellas.
Pero detrás del agua todo seguirá igual
como siguen iguales las estrellas
detrás de las oscuras nubes que las cubren:
el carnicero don Ulises, gordo y cojo, en su carnicería,
don Lucho en el correo, siempre con un lápiz en la oreja;
la Sra. Albina, la costurera, con su risa estridente
continuará espantando los fantasmas del mal;
Nancho, el loco, camina en redondo
a grandes zancadas por la plaza.
Continúa la algarabía de los borrachos
en la cantina de don Baldomero
y los ladridos furiosos de los perros de Bauche Ortega
y el rechinar de una carreta lejana en la madrugada.
Y yo sigo en la misma escuela primaria
llena de goteras, con los vidrios rotos, los baños inmundos,
y el auxiliar don Isaías, manco de un brazo, me regala galletas
y dulce de membrillo que envía el gobierno.
Queda en mi boca el sabor apestoso
de la leche de la Alianza para el Progreso.
Seguiré enamorado en silencio de la Doris,
mi compañera de curso.
Cuando sea grande jamás escribiré poemas;
seré un marinero apátrida, sin memoria.
Cuando la lluvia escampe, el arco iris
abrirá sus alas como un inmóvil pájaro de ausencia.


ISABEL GÓMEZ (1959)

ISABEL GÓMEZ

Esquina del dolor

Pon tu cabeza sobre el mundo
miremos hacia abajo
ahora que el miedo es hermoso
y de buena gana
dejaría de contar estrellas en el vacío
Los números calzan plenamente con la historia
sólo las calles asumen nuestras sombras
como un mero recuerdo
Por años fuimos invirtiendo la risa
hasta desaparecer
La culpa envejeció las palabras que guardábamos
Somos inocentes
de tanta nostalgia golpeándonos el rostro.
La esquina del dolor nos sobrevive
el ojo de cierra
No hay llanto que no sepa regresar
Aquí todos nos quedamos inconclusos
El tiempo salta el muro
y es lenta la neblina de los cuerpos
La escritura atraviesa otra vez
el hueco de la noche
La esquina del dolor
La esquina del hombre me sostiene
Fragmenta la memoria
se echa al final de mi rostro
y se abandona
como un animal de espaldas al mundo.


ROSABETTY MUÑOZ (1960)

ROSABETTY MUÑOZ

No se crían hijos para verlos morir

Cuando el mar se llevó a sus tres hijos
ella estaba acodada en la media puerta
de su casa, pensando en ollas aladas
y repletas. De pronto cayó en un vacío
del que surgió vieja y encorvada. No
necesitó entrar para vestirse de negro.
Ya estaba recogiendo flores cuando
salió su hombre con la radio en la
mano, desamparado y tembloroso.

Ella es una sábana flotando sobre nosotros.
Nada detiene el remolino que alienta su vuelo.
Desde su vientre deshabitado
los ovarios violeta se abren como flores nocturnas.
La ansiedad es un arrecife
donde acerados corales hieren los cuerpos amados.
Sin hijos bajo sus ojos
quisiéramos las madres
ofrecerle un trozo de pañal
para vendar sus muñones o un arca
donde recoger los alados restos.


JUAN PABLO DEL RÍO (1960)

Claudio Arrau en el purgatorio

Claudio Arrau toca una sonata de Mozart
frente a Adolf Hitler
que aplaude en su castillo de esqueletos,
junto a otras figuras del Arte
como Joseph Stalin, Kant o Max Ernst.
Arrau con sus manos de campesino
y su perfil de viejo profesor primario,
incita a las multitudes presentes a escuchar
la sacra melodía de los hornos,
la desgarradora marcha de los inocentes,
sobre aquellas inmundas callejuelas húmedas
del hambre y del terror.
-¡Toca mi querido Claudio¡-
para la platea predilecta
toca para la alta burguesía educada
y para quienes han tenido
el privilegio de poseer
la enciclopedia británica.
Y lo curioso es qué
bajo la tierra la plebe asombrada
escucha con profundo respeto
la interpretación de aquella dulce sonata.
Todas las generaciones de pobres,
de esclavos, sometidos, perdedores,
escuchan atónitos al maestro
mientras que en las grandes puertas
del purgatorio
descomunales filas de público
esperan pacientes que se abran
las boleterías.


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Texto, Copyright © 2010 Selección de Mario Meléndez
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20 de enero de 2010

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