La poesía chilena florece en el vacío

Por Leo Lobos (*)
Santiago de Chile, Chile

“cada aventura poética es distinta y cada poeta ha plantado un árbol diferente en este prodigioso bosque parlante”
Octavio Paz

Detalle de pintura electrónica de Leo Cobos

La omnipotencia de la Internet como vehiculo y canal de comunicación, la banalización de las ideas, el escepticismo generalizado, la falta de editoriales con proyectos inclusivos y masivos que den cuenta de la biodiversidad cultural y la supremacía de lo visual por sobre la palabra es el escenario donde la poesía contemporánea irrumpe y donde además debe soportar a los que dicen que ella debe reducirse a ciertos temas, formatos, ciertos lugares y colores como si se tratará de una vaca sagrada presa en una cerca inalterable.

“El buen lector -ha dicho Roberto Frost- puede indicar el momento en que ha sido tocado y vencido para siempre por un poema, de tal forma que nunca podrá olvidarlo”. No importa cuanto se condecore y promueva la poesía y a los poetas, pocos, excepto un circulo muy reducido la leen. Ha dejado ella de formar parte de la dieta regular del intelectual post-moderno. La poesía ha sido desplazada del centro del escenario, de hecho parece ser una actividad secundaria, singular, extraña, pero con un pequeño grupo de fieles que creen en ella ciegamente.

La vida, la naturaleza ha cambiado de manera fundamental y ahora los poetas y artistas deben cambiar en consecuencia. Vivimos en un mundo cuyos diarios y revistas, libros y películas, estaciones de radio y televisión han destruido, en una gran mayoría de las personas, entre otras cosas, la capacidad de entender la verdadera poesía y el arte genuino de cualquier especie. Vivimos en un Chile anti-intelectual y hostil al arte en la vida cotidiana de la nación. Un grave y por cierto subsanable error, al menos para quienes se inclinan a ver la poesía como un vehiculo de la belleza y un recipiente amplio y basto tan útil como jamás se ha concebido otro que posibilita contener las ideas, puntos de vista, percepciones, sueños, imágenes, sentimientos, colores, voces, visiones imprescindibles para personas e instituciones del presente y del futuro. Y los poetas no han cejado -afortunadamente agregaría- en su empeño de contar historias, para informar acerca de la manera en que la gente vive y ha vivido para luchar por las grandes y pequeñas causas y verdades sobre la vida, cuyo descubrimiento es la justificación final de su lectura.

La poesía lamentablemente pareciera haberse convertido en una forma artística accesoria. La poesía ha sido despojada de su espontaneidad, convirtiéndola en algo artificial y disminuyendo el ser humano en el poeta. Los poetas tienden a cultivar la compañía de otros poetas, lo cual no solo los fortalece en su actitud de avestruz frente a la realidad, sino que les impide ver con claridad sus propias debilidades. Algunos crean sobre todo para otros poetas lo cual es otra debilidad, que les hace olvidar el hecho de que más allá de su mundo cerrado existen otros mundos llenos de interés. Pues es claro que aquellos que no aprecian la poesía no son lisiados espirituales, ni los poetas tampoco los únicos seres de razonamiento sensible.

Uno descubre en la poesía, después de todo, un placer por lo genuino, a pesar de que es hoy cuando toda empresa de la creación poética se ve amenazada por haber sido arrancada del mundo, enfriada en salas de clase, y de manera profusa reproducida por hombres y mujeres autorizados por un grado académico para escribir y no necesariamente por su talento o espíritu.

Encontrar escritores que se consideren sinceramente justificados con el placer de la escritura, con el agrado de realizar el oficio diario de escribir y de hallar, escribiendo, iluminaciones que lleguen a apasionarlos sin más oscuras y bastardas pretensiones, es algo muy extraño en los tiempos que corren para la poesía. La poesía es un destello fugaz, aquí en esta selección de autores chilenos nacidos entre 1965 y 1980, realizada por el poeta Mario Meléndez, activista cultural de destacada trayectoria, podrán ver, encontrar y descubrir proyectadas, en la pantalla de la revista intercultural española ómnibus, algunas de sus propias y universales sombras.

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(*) Leo Lobos (Santiago de Chile, 1966). Poeta, ensayista, traductor y artista visual.

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20 de enero de 2010

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