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La ficcionalización del poeta comprometido: Roberto Armijo


 

La Ficcionalización del Poeta Comprometido:

Roberto Armijo en Pobrecito Poeta que era yo y El Asma de Leviatán

 

Por Inma M. Hernández [1]

 París, Francia

  

    

Luis Roberto Armijo Navarrete (Chalatenango 1937 - París 1997) es un poeta lírico salvadoreño perteneciente a la Generación Comprometida que publicó poesía y narrativa. Además, es un personaje literario desde la aparición, en 1976, de Pobrecito poeta que era yo de Roque Dalton que cuenta la vida de los jóvenes comprometidos con la sociedad en la universidad de El Salvador en la década de los años 60. En 1990 aparece El Asma de Leviatán, del propio Roberto Armijo, donde se ficcionaliza a sí mismo.

    Estamos en plena Guerra Fría y el gobierno del General Lemus (1956 – 1960) persigue abiertamente la ideología comunista. A pesar de ser un presidente electo, su gobierno presenta pocas garantías democráticas, aunque exista algún intento de reforma que no mejora la situación de la población. Un grupo de jóvenes universitarios coinciden en una ideología revolucionaria partidaria del compromiso social, de las revolución ética y estética. Son los jóvenes que firman la proclama de la revista Hoja y que se hacen   Roberto Armijo

llamar “La Generación Comprometida” (1956). Dentro de este grupo están Roque Dalton y Roberto Armijo, que compartieron la cosmovisión del mundo, la ideología literaria y revolucionaria y el deseo de cambio, y vivieron juntos momentos críticos de la historia de El Salvador: fueron perseguidos por su participación en el Homenaje Poético organizado para conmemorar el X aniversario de la fundación de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador (1959); el gobierno los encarceló acusados de participar en los desórdenes universitarios del 13 de diciembre de 1959; y en marzo de 1960 viajaron juntos a la universidad de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala, y a la vuelta fueron retenidos por las autoridades durante unos días. La ficcionalización de esta época constituye la base de Probrecito poeta que era yo, mientras que aparece narrado en El asma de Leviatán.   

   Tanto Roque Dalton como Roberto Armijo vivieron gran parte de su vida en el exilio. En el caso del primero en 1961, con el golpe de Estado del Directorio Cívico Militar. Roberto Armijo  se encontraba en París exiliado en 1972 cuando se produjo otro golpe militar que le obligó a permanecer lejos de El Salvador durante veinte años, hasta la firma de los Acuerdos de Paz en 1992.

 

Pobrecito Poeta que era yo es un testamento poético, ideológico y literario, donde se narran las tertulias y asociaciones literarias de cinco jóvenes pertenecientes a la Generación Comprometida. Aunque no se puede hacer una identificación exacta de los personajes con los miembros de esta generación, sí hay numerosos datos biográficos. Es muy probable que Roberto Armijo sirviera de inspiración para el personaje de “Roberto”, además de ser el autor del prólogo.

   Por su lado, El Asma del Levitán, publicada en 1990, comparte las características temáticas de la novela de los años 60 – 90 en Centroamérica: la función social del intelectual, la pobreza, de la injusticia social y la denuncia de los dictadores, la búsqueda de la identidad, la exaltación de los medios rurales o la configuración del carácter nacional. 

    Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre ambas novelas: si Pobrecito Poeta que era yo tiene un carácter testimonial de denuncia y recrea un momento determinado (gobierno del general Lemus) y un espacio (San Salvador),  El Asma de Leviatán es una visión totalmente personal, donde ya no hay afán de totalidad. Roberto Armijo parece retomar a Bergson para crear un tiempo y espacio que se funden en uno solo: el tiempo interior del poeta donde el pasado forma parte del presente y el futuro no se nombra. Donde el recuerdo de San Salvador invade todo París y se vuelve mucho más real que la capital francesa que es una mera sucesión de escenas y sensaciones que oprime a la voz narrativa. Si la primera obra tiene una localización temporal muy concreta, El Asma salta de un momento a otro, desde el momento “mítico” de Siete Pañuelos[2] hasta su vida en París. El tiempo psicológico domina toda la novela pero en ella hay una constante: el ideal del revolucionario.

     Si en ambos textos se utiliza técnicas como el desdoblamiento y el multiperspectivismo, en el de Roque Dalton prima el orden, pues tiene por objetivo denunciar unos hechos y contar una experiencia.  El Asma de Leviatán está formada por diversas líneas narrativas que se corresponden con el pensamiento del protagonista: su estancia en París y los conflictos que le provocan, sus recuerdos de la infancia, los hechos históricos que vivió en El Salvador o que se conservan en la memoria colectiva y a pesar de no haberlos vivido sufrió el trauma (los sucesos políticos de 1932) y su vida  como poeta revolucionario, miembro de la Generación Comprometida y poeta en exilio después.  Para Arturo Arias, El Asma de Leviatán marca el fin de la guerra de El Salvador y el comienzo de otra época, pero lo hace desde el punto de vista de un autor en el exilio. Se plantea el problema del escritor subalterno o periférico. Es una voz “heteroglótica” que se convierte en voz de todo El Salvador. En palabras de Ignacio Ellacuría, en una carta dirigida personal el 27 de abril de 1989: “Como en lo que expresa de la vida del intelectual revolucionario, que vive sin vivir en sí”.

 

           

    Quizás estas palabras podrían aplicarse a los cinco protagonistas de la obra de Roque Dalton:  Mario, José, Roberto, Alberto y Álvaro. Todos podrían ser considerados alter – egos del autor pero el único que aparece reconocido como personaje real es Roberto. El Roberto Armijo que se muestra en El Asma de Leviatán sigue creyendo en la labor del intelectual pero está absorbido por su infierno diario, la cotidianidad y el alejamiento de su país a causa del exilio, peligros estos ya vaticinados por Roque Dalton.

    El asma de Leviatán muestra el dolor del poeta comprometido en el exilio lo que le lleva a identificarse con César Vallejo. Ambos fueron pobres y se tuvieron que dedicar a labores burguesas para poder sobrevivir, ambos murieron en la capital francesa. César Vallejo fue una de las mayores inspiraciones de Roberto Armijo y de sus compañeros de generación, precisamente por su compromiso. El primero fue miembro del Partido Comunista en París, el segundo era el representante del FMLN en Francia. Pero además, en Pobrecito poeta que era yo también aparece otro poeta en exilio, Otto René Castillo (1936 – 1967) el único miembro guatemalteco de la Generación Comprometida que había huido del país vecino. Roque Dalton denuncia como se ve obligado a trabajar como vigilante de seguridad (1954 - 1958)[3]. Este es uno de los temas estrella de la novela de Roque Dalton: la necesidad de comprometerse de una manera activa.

Casa R.Armijo en París

    Cada uno de sus personajes representa una opción dentro de este compromiso intelectual: Roberto será el ideal revolucionario, José apoya la literatura revolucionaria pero no la revolución armada, Alberto y Álvaro escriben literatura de interés social pero sin compromiso real, Mario se dedica a la literatura de conflictos metafísicos, es el que más se aleja del ideal revolucionario.

     El Roberto personaje de Roque Dalton rechaza el realismo burgués acercándose a la literatura soviética de denuncia realista, causa directa de su ingreso en la cárcel. Estos sucesos permitirían identificar a Roberto con Roberto Armijo, pero también con el mismo Roque Dalton. Roberto representa la actitud que tuvo este último durante más de quince años. Lo dos, personaje y autor, comparten encarcelamientos, persecuciones, actividades políticas, aprendizaje revolucionario en Cuba y otras experiencias vitales.

     Mario es la conciencia crítica de Roberto – y por tanto de Roque – un desdoblamiento que representa aquello que tuvieron que dejar de lado, la literatura emocional o metafísica que no prestaba la suficiente atención a la realidad social. Mario y Roberto establecen una estrecha relación que no se repite entre los demás personajes. Roberto defiende a Mario y lo tutela intentando que se integre en el grupo. Mario tiene una relación contradictoria hacia Roberto: le envidia por no poder seguir su opción vital y al mismo tiempo es profundamente crítico con su obra literaria.

 

Sin embargo, Mario se convierte en el único que no se aburguesa, precisamente por su incapacidad de mantener ningún trabajo que pueda darle de comer; es decir, el único que consigue el fin perseguido por los demás, la actitud revolucionaria. Se define a sí mismo como un “individuo moderno, contradictorio y beligerante. Ecléctico por su mismo grado de infisionabilidad humana” Dalton (1989: 263). Desde la distancia que le separa del resto del grupo, observa la evolución de cada uno de sus compañeros y los problemas sociales que le rodean. A pesar de que sus textos son una búsqueda de la libertad individual, no puede abstraerse totalmente de lo que le rodea. Esto le impide convertirse en poeta nihilista. Tampoco sirve para ser poeta bucólico, precisamente por su incapacidad de escapar al nihilismo que embarga toda su vida.  Los intelectuales revolucionarios no pueden cantarle al amor puesto que las mujeres “terminarán prefiriendo para acostarse y hacer cochinaditas a un niño peludo de dieciocho años antes que a Balzac y Faulkner y Yehudi Menuhin o el mismo Modigliani neurasténico…” Dalton (1989: 245) Quizás esta misma incapacidad provoque que el poeta de París no pueda mantener su relación con la “Gacela cartesiana”.

 Roberto es entrevistado en calidad de “posible gloria nacional futura”, por falta de fondos para llevar a San Salvador a alguien realmente importante. Todos ellos quieren ser aceptados socialmente como grandes escritores y disfrutar de una crítica internacional que les reconozca como artistas. El Asma de Leviatán cuenta como esta “posible gloria nacional” se tuvo que asimilar, por accidente, a una sociedad que no era la suya, la parisina, siendo profesor en una universidad en un país que siente que le rechaza como “pobrecitopoeta hispano”.

 El poema de Claudia Lars con el que Roque Dalton abre el capítulo dedicado a Roberto: “Memoria confusas / una y otra vez,/ recogen el sueño/ en amarga sed” bien podrían servir de apertura para El asma de Leviatán. La obra, al igual que las tertulias, le sirve al poeta para luchar contra la soledad del exilio como ya adelantaba Roberto Bueno, la verdad es mientras conserve la memoria sobreviviré inclusive a la soledad, que es lo peor que hay” Dalton (1974: 93). Tanto el capítulo de Roque Dalton como la obra de Roberto Armijo están compuestos por una sucesión de recuerdos y pensamientos relacionados con la infancia. Si en el primero aparecen textos creados por la mente de Roberto, en el segundo se sustituyen por las alucinaciones. Si el personaje de Roque Dalton tiene como sueño dorado “tirarme un pedo audible en un recital de Berta Singerman”, el de Roberto Armijo orina en el Sena, pero la irreverencia ya no es la misma. Uno era el poeta joven revolucionario que muestra su independencia, el otro es el poeta desesperado en el exilio.

 

Roberto y el poeta – narrador de El Asma de Leviatán comparan el paisaje europeo con el americano, comparten su nacimiento en Sonsonate, su afán revolucionario a través de la palabra incluso, su dificultad para respirar. Si Roberto insiste en su catarro mientras que espera en la sala de prensa, el asma del poeta es lo que le provoca las alucinaciones en París.

 José, situado vital y literariamente entre el aburguesamiento de Álvaro y Alberto y la actitud revolucionaria de Roberto, es un comunista activo pero no participa de la revolución a pesar de apoyarla: carece de la capacidad de cometer actos violentos. Es el personaje que cuenta los encarcelamientos e interrogaciones de la CIA, las torturas y la huida, parecidas a aquellas narradas por Roberto Armijo. Tienen, además, otra coincidencia: a ambos les ofrecen una beca para irse a estudiar a Europa. Pero el personaje de Roque Dalton no la acepta, ha visto “La Luz del Túnel”, Roberto Armijo sí y como consecuencia, sufrirá veinte años de exilio.

 

   El intelectual comprometido, la necesidad de la lucha a través de la palabra no ha desaparecido en El Asma de Leviatán, pero a lo largo de los fragmentos dedicados a París vemos a un Roberto sufriendo, frustrado, quizás por no haber cumplido con ese ideal revolucionario. El prólogo de Roberto Armijo a Pobrecito poeta que era yo hablaba del dolor: “Una vez más la patria me duele dentro de mí y me sufre...” Dalton (1989: 9). Es este un sufrimiento recíproco que evoluciona con los años en París, la mirada se ha suavizado y se ha convertido en la nostalgia de la literatura del exiliado. Si en el prólogo a la obra de su amigo la denuncia era directa “Llegaron los asesinatos, los muertos de tristeza a repudiarme a blandir sus puños sobre mis ojos y lloré porque fui cobarde porque callé y tuve miedo de morir de entregarme a la lucha como debía ser” Dalton (1989: 10), en El Asma de Leviatán se hace a través de las historias que nos cuenta de su infancia, de las posibles muertes de Siete Pañuelos, todo tamizado por la distancia. Sin embargo, uno de los grandes temas de las tertulias literarias va a continuar siendo, como lo era veinte años, la literatura comprometida, única posible.

        Roberto Armijo decía en 1974 “Es verdad que en mi país la vida de poeta es una mierda” Dalton (1989:10), pero la situación de los poetas exiliados en París no es mucho mejor. Nos muestra un mundo alucinado donde toda la ciudad se convierte en un infierno, el infierno de “Xibalbá”, donde los demonios son los vecinos, los pasajeros del autobús son “calaveras” y el recuerdo de El Salvador invade la ciudad.

      El poeta de la Generación Comprometida que discutía en la universidad sobre religión y marxismo ha recuperado las dos que conforman su carácter mestizo: la católica y la indígena[4]. Pero no es una recuperación de la espiritualidad sino de sus amenazas y demonios: el Leviatán y los demonios de Xibalbá. Igual que en Pobrecito poeta que era yo, la religión sigue siendo la literatura, lo único que puede salvarlo “Tienes que escribir para darle sentido a tu exilio y deja ya de pretextos y dificultades” Armijo (1990: 254).

Tumba Roberto Armijo en París   

Las palabras son el sustituto de la religión, dicen los poetas en las tertulias de Pobrecito poeta que era yo que la individualidad ha de dejarse a un lado; para que la palabra sea totalmente eficaz ha de resolver los problemas del mundo que le rodea[5]. La frustración que sienten se relaciona, de alguna manera, con la falta de éxito en esta empresa. No se sienten dueños de las palabras. Un escritor no es más que  “un tipo que hace diccionarios incompletos, que hurta los significados de sus palabras, un ladrón” Dalton (1989:144).

       El asma de Leviatán termina con una serie de referencias a las épocas de redacción de la novela que al parecer comenzó en París ya en mayo de 1975. No extraña entonces las coincidencias estructurales y técnicas con la obra de Roque Dalton, no obstante sí es curiosa la ausencia de referencias a la guerra que se desarrolló en El Salvador, señala el autor que la terminó en 1989. Puede ser que fuera por motivos de seguridad ya que ejerció de enlace del FMLN en París. La única referencia es a las masacres denunciadas en los periódicos franceses. Otra explicación es que Roberto Armijo permaneció fiel a la organización guerrillera que había ejecutado a Roque Dalton. En El asma de Leviatán sí hay dos líneas narrativas dedicadas a la actividad guerrillera: una huida de un guerrillero desde Managua hasta Honduras y el encierro junto a Juan Calderón Rueda único superviviente de los conjurados que ajusticiaron a Anastio Somoza”  Armijo (1990:38).

    Una de las técnicas utilizadas por ambos autores para ficcionalizar las conversaciones – tertulias con otros intelectuales es lo que Víctor Claus denomina “montaje documental para crear poesía” y que consiste en recoger frases y fragmentos de conversaciones donde se mezclan narradores en primera persona, el discurso indirecto y el narrador omnisciente. La lectura del texto recrea el caos que podemos sentir en una taberna tras haber bebido varios vasos de alcohol, transmitiendo así el caos espiritual de los intelectuales.

   Roque Dalton utiliza esta técnica en los capítulos colectivos: “Prólogo y Teoría General” y “Todos”. En el primero los poetas – protagonistas de la novela hablan en una taberna de política, literatura, sexualidad, persecuciones, clandestinidad, exilio. En el segundo se recrea una fiesta en “El Rancho del Artista”, un centro cultural creado y dirigido por la hondureña Clementina Suárez, que sirve de punto de encuentro de los poetas con sus “oponentes” como miembros del gobierno con los que mantenían polémicas en los periódicos o el embajador de Guatemala, que anima a Otto René Castillo a volver a su país a pesar de que está en peligro de muerte. Asistimos, también, a la entrada de Roberto en el Partido Comunista, sobre el que también discuten los poetas.

 

   En El asma de Leviatán las tertulias se recrean utilizando la misma técnica y se convierten en uno de los únicos puntos de apoyo en la realidad frente a las alucinaciones del poeta en París. Se sigue hablando del poder de la palabra y sirve al poeta para utilizar el procedimiento de “mise en abyme”, en ellas se discute sobre la redacción de El asma de Leviatán y se dan las claves simbólicas necesarias para su lectura.

 En ambos autores las tertulias sirven para proclamar sus afiliaciones literarias. A lo largo de los dos textos aparecen referencias a decenas de autores que influyeron en todos los miembros de la generación: César Vallejo, Miguel Ángel Asturias, Neruda, Negro Martí, Salaurré y un largo etcétera.

 El Salvador les duele a estos poetas “porque no venimos de un huevo o de una semilla, venimos de una póstula” Dalton (1974: 16), pero en el prólogo a Pobrecito poeta que era yo, Roberto Armijo expresa su esperanza en un futuro mejor, en un ideal poético para su país: 

 Ay la edad de oro la Edad de los Poetas Todo será felicidad la alegría brotará en las flores La Patria no será una llaga pústula maligna Nos acogerá con la ternura con que acoge un padre una madre a un hijo ciego Ahora es una madrastra ramera que se entrega que nos martiriza Entonces mi patria será mi segunda infancia Volveré a mis pizcuchas A mi luna voladora Viviré alegre como una Pascua seré una dicha Un aplauso un milagro… . Dalton (1989; 11)

     Catorce años más tarde este ideal no lo ha encontrado en el futuro, sino en el pasado, en el recuerdo de El Salvador de su infancia, en una tierra de clima y paisaje idealizado que invade París, en un personaje épico que representa todos los ideales, Siete Pañuelos, que lucha contra los terratenientes y la guardia nacional cruel e injusta y muere de forma heroica, sueño del revolucionario.

 !Vi el rostro de Pinocho! ¡De Pulgarcito! ¡El rostro de Siete Pañuelos! ¡Los rostros de Otto René, de Egardo, de Roberto Obregón, de mi hermano muerto! Armijo (1990: 34)

 

Bibliografía:

 

- ARIAS, A. (1995) “Descolonizando el conocimiento, reformulando la textualidad. Repensando el papel de la narrativa centroamericana”. Revista-de-Critica-Literaria-Latinoamericana (RCLL). 21(42), 73-86.

- ARMIJO, R. (1990) El Asma de Leviatán. San Salvador: UCA Editores.

- CEA, R. (2003) La Generación Comprometida. El Salvador: Canoa Editores.

- CLAUS, V.  (1986) “La poesía de Roque Dalton a partir del humor” en Recopilación de textos sobre Roque Dalton. Serie Valoración Múltiple Casa de las Américas, el Vedado: Ed. Casa de la Américas.

- DALTON, R. (1989) Pobrecito poeta que era yo. San José de Costa Rica: EDUCA.

- VARGAS, J.A. “Novela Centroamericana Contemporánea y ficcionalización de la historia”. Comunicación, enero – julio, año/vol. 13, 001, 5 – 16.



[1] Inma M. Hernández es doctorante en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Complutense de Madrid con el proyecto de tesis doctoral: “La Narrativa Contemporánea en El Salvador: desde 1950 hasta la actualidad”. Presentó “La Narrativa de Roque Dalton” como proyecto final para el Diploma de Suficiencia Investigadora.en el año 2001. Ha trabajado como profesora de ELE y literatura hispanoamericana durante tres años en la Universidad San Clemente Ohrid de Sofía (Bulgaria). Entre sus artículos publicados están  “Roque Dalton: literatura e historia” y “Los buscadores del Paraíso Terrenal: Cristóbal Colón e Isabel la Católica” en Cartaphilus, Revista de Investigación y Crítica Estética.

 

[2]   Este momento mítico está situado antes de 1932 y estaría narrado por la voz del abuelo mientras que la del padre cuenta ya esos sucesos.

[3]   Morirá muy joven cuando ya era miembro de la Revolución Armada.

[4]   El “Prólogo y Teoría General” de Roque Dalton lleva el subtítulo “Los Blasfemos en el bar del mediodía”.

[5]   En palabras de Roberto: “se convierta verdaderamente en un instrumento eficaz del hombre medio del hombre de la casa y de la calle en su lucha por reivindicar para sí el mundo que le rodea la sociedad en que está inmerso su real imagen individual” Dalton (1989: 136)


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