Incidencia de la narrativa peruana en su cine

Por Christian Reynoso Torres *

La relación entre literatura y cine en el mundo viene desde inicios del 1900, cuando se realizaron los primeros intentos de adaptar cinematográficamente algunas obras literarias; es decir, transformando el lenguaje verbal de estas, al lenguaje de las imágenes, el movimiento y el sonido. Y es que, el cine universal ha tenido una valiosa fuente de inspiración en la literatura, a través de la adaptación cinematográfica: proceso por el cual una novela, un cuento o un poema narrativo que tiene como punto de partida el lenguaje verbal, es llevado a la imagen, con el cometido de dar cuenta de la misma historia o al menos parte de ella.


Pere Gimferrer dice: "Una adaptación genuina debe consistir en que, por los medios que le son propios -la imagen- el cine llegue a producir en el espectador un efecto análogo al que mediante el material verbal produce la novela en el lector. No se trata de reproducir o mimetizar los recursos literarios, sino alcanzar, mediante recursos fílmicos, un resultado análogo. Esta es la base de las adaptaciones fílmicas acertadas, que logran autonomía y no siempre deben ser necesariamente fieles". (1)

Con esta breve introducción de lo que significa la adaptación cinematográfica, veremos más adelante, cómo una importante parte de la producción del cine peruano ha sido concebida desde la perspectiva de la adaptación. No es la intención en este ensayo profundizar en la crítica cinematográfica de los films. Merecería estudio aparte hacer un análisis de las películas peruanas adaptadas, en el sentido de ver si respondieron a las exigencias del lenguaje fílmico narrativo o propiamente cinematográfico en relación al literario. Por ahora, nos interesa ver la incidencia de la novelística y cuentística peruana como fuente o materia prima inicial en parte de la producción cinematográfica del Perú. Giovanna Pollarolo, poeta y guionista de conocidas películas peruanas, lo confirma:


"encontramos, ..., una preferencia de los cineastas peruanos por adaptar obras literarias, casi todas ellas, si no todas, obras importantes dentro del panorama narrativo peruano". (2)

De este modo, la relación entre literatura y cine en el Perú se remonta a 1930 cuando se filmó La Huérfana de Ate, una adaptación de la novela costumbrista de Ricardo Rossell. Desde entonces, a lo largo de los años se adaptaron considerables novelas peruanas que ya en la pantalla grande han tenido sino abrumador, respetable éxito, a pesar de las carencias económicas y técnicas propias de la industria cinematográfica en el Perú. Así, proponiendo una suerte de listado, podemos mencionar a las siguientes:

Ricardo PalmaEn 1945, el film La Lunareja de Bernardo Roca adaptado de las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma. En 1966 el film Jarawi, adaptación del relato Diamantes y Pedernales de José María Arguedas. En 1967, Taita Cristo de César Villanueva, adaptada de un cuento homónimo de Eleodoro Vargas Vicuña. En 1976, la aparición de los films Los Perros Hambrientos basado en la novela del mismo nombre de Ciro Alegría y Yawar Fiesta (1986) adaptada de la novela de J. M. Arguedas, que fueron filmadas por Luis Figueroa, cineasta integrante de la llamada Escuela del Cusco.José María Arguedas Escuela que dentro de la historia del cine peruano destacó entre los años 1955 a 1965 por su trabajo cinematográfico; ya que fue la que llevó al indio, al indígena y al mundo campesino, con sus problemas, sus costumbres y sus fiestas jubilosas a la pantalla grande. Sin embargo, algunos críticos de cine, han coincidido en señalar que tales films, los de la Escuela del Cusco, -unos más que otros- tuvieron claras deficiencias técnicas y de utilización de lenguaje cinematográfico.
          Pero el llamado "cine campesino" siguió produciendo. Así, acabando la década del 70, el cineasta Federico García Hurtado produjo las películas Kuntur Wachana, donde nacen los cóndores (1977) Laulico, el ladrón de caballos (1980) El caso Huayanay: Testimonio de parte (1981), que estuvieron basadas en literaturas y tradiciones orales; además de la película Melgar, el poeta insurgente (1982) inspirada en la vida del poeta Mariano Melgar. Asimismo, Michel Gómez adaptó en 1988 la novela Todas las Sangres de José María Arguedas. A pesar que los intentos no tuvieron buen norte. Pollarolo, refiriéndose a este film afirma:


"La adaptación fue realmente fallida. Una novela compleja, con multitud de historias, con tensión épica y dramática capaz de dar cuenta de un país diverso y múltiple donde diversas perspectivas, requería no sólo un tratamiento selectivo y orgánico desde el punto de vista narrativo, sino, además, la elección de una propuesta coherente que intentara una de entre las muchas lecturas que sugiere la novela. Gómez (el director) optó por la ilustración confusa, por la caótica acumulación de episodios". (3)

Con lo cual comprobamos lo difícil que resulta en ciertos casos llevar a cabo una adaptación cinematográfica que sea convincente a los ojos de los espectadores y no traicione las bondades de la literatura en la opinión de los lectores.

Para la década de los años ochenta, se deslumbra una nueva etapa en la historia del cine peruano. A pesar de las siempre dificultades económicas; por un lado, hay más apertura a los medios, más acogida del público y más vertientes creativas, y por otro; los escenarios y las historias se sitúan con más frecuencia en el medio urbano. Así, aparece una nueva generación de cineastas peruanos de los que tendría notoria relevancia Francisco Lombardi, quien muy pronto en su trabajo fílmico incluyó adaptaciones de novelas peruanas e incluso de la literatura rusa.
          En 1982, Lombardi adaptó la novela No una sino muchas muertes de Enrique Congrains con el título de Maruja en el Infierno. Años después, Los gallinazos sin plumas de Julio Ramón Ribeyro en la película Caídos del Cielo (1990); las novelas La ciudad y los perros (1985) y Pantaleón y las visitadoras (1999) de Mario Vargas Llosa, No se lo digas a nadie (1998) de Jaime Baily. Igualmente, se propuso la adaptación de novelas extranjeras, siendo ellas, los films Tinta Roja (2000) de la novela del mismo nombre del chileno Alberto Fuguet, y, Sin Compasión (1994) que recrea en versión peruana la novela Crimen y Castigo de Fedor Dostoievsky.

Caídos del cielo

El mismo Lombardi en una entrevista que le hacen en 1994, poco después de estrenarse Crímen y Castigo, declara:


"Releí la novela regresando del Festival de cine de La Habana hace unos tres años y me asombró la cercanía de lo que narraba -hechos ocurridos en Rusia del siglo pasado- con lo que estaba pasando en el Perú de entonces: percibí un clima parecido y una similar situación de desesperación, de zozobra social, de culpabilidad y de violencia, en fin una serie de aspectos compartidos... Por eso, Sin compasión está muy marcada por los sentimientos que impregnaron la vida en el Perú en los años ochenta". (4)

Y refiriéndonos a la adaptación de La ciudad y los perros, primera novela de Vargas Llosa, Gonzalo Hurtado dice:

ciudad de M



"... (Lombardi) creó muchas expectativas debido al tratamiento de otra obra literaria. No se complicó mucho en la adaptación, no buscó un apego formal al libro. Evidentemente, era absurdo pretender representar con fidelidad el problema de los tiempos; por ello el guión utilizó sólo un raconto y centró el relato en la segunda parte de la novela". (5)

Y ya en los últimos años, otras novelas peruanas no tan conocidas como Al final de la calle de Oscar Malca y Noche de cuervos de Raúl Tola han sido adaptadas en las películas Ciudad de M (2000) y Bala Perdida (2001) de los directores Felipe Degregori y Aldo Salvini, respectivamente.


Oswaldo ReynosoAsimismo, los cortometrajes (filmación cinematográfica de no mayor de 30 minutos) también merecen atención especial. En el Perú se han realizado un sin fin, incluso más que películas. Y por supuesto, muchos de ellos han sido adaptados de obras literarias peruanas. Los más conocidos son: el ya mencionado Los Gallinazos sin Plumas de Julio Ramón Ribeyro, adaptado como un capítulo en la película Caídos del Cielo de Francisco Lombardi; y, El Príncipe, relato del libro Los Inocentes de Oswaldo Reynoso, en la película Cuentos Inmorales (1978) de José Luis Flores Guerra.
          Como un dato interesante, hay referencias que en los primeros años de 1960 se filmó en nuestro país en una coproducción peruana-argentina, una de las primeras adaptaciones fílmicas de la obra de Julio Cortázar. El film fue titulado Intimidad de los parques (1965) y estuvo adaptado del cuento "Continuidad de los parques". Aunque según se afirma fue un fracaso artístico y comercial.

Y como datos futuros, pronto veremos la película La Fiesta del Chivo, dirigida por Luis Llosa y basada en la novela del mismo nombre de Mario Vargas Llosa, filmada en locaciones de República Dominicana. También la novela de Alonso Cueto, Grandes Miradas, que recrea literariamente los tiempos de corrupción fujimontesinista, que será llevada al cine por Francisco Lombardi. Y en una producción sueca - peruana se viene filmando la película Bricherísimo, adaptada libremente del cuento Cazador de Gringas de Mario Guevara.

Por último, hemos visto que el universo literario y cinematográfico, a pesar de sus claras diferencias en sus lenguajes narrativos, guardan estrechas relaciones y afinidades en sus modos de articulación. Y en el Perú, de manera particular, constatamos que la incidencia de la narrativa peruana ha sido de larga data en la producción cinematográfica del Perú, por razones que seguramente van desde los acercamientos en los aspectos de fondo y forma en ambos lenguajes, o por el tratamiento mismo, atractivo en muchos casos, de las novelas en el cine. Y también, por qué no decir, porque muchas de esas novelas quizás hayan sido concebidas cinematográficamente, conciente o inconscientemente. En ese sentido, todavía habrá que profundizar, y más adelante prestar atención a las nuevas producciones cinematográficas que sean adaptadas de la literatura peruana.
          Concluimos con palabras de Jaime García Saucedo:


"... en buena parte, el modelo de la novela ha condicionado la génesis y evolución del relato cinematográfico ... Así, el cine no remite a la literatura a través de la narración, sino que hace redescubrir la lectura. La imagen reinventa la palabra, hace leer de nuevo". (6)

Y esto nos permite señalar que tanto literatura como cine tienen la común generalidad de que a través de sus formas y lenguajes remiten tanto a escritores y directores, al hecho de contar una historia; y, a lectores y espectadores, al hecho de percibir una historia.

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Notas:

1. GIMFERRER, Pere. Cine y Literatura. Planeta. Barcelona 1985.
2. En "Apuntes sobre el cine y la novela en el Perú". La Gran Ilusión, revista de cine N. 2 - Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima 1994.
3. Ibid.
4. Entrevista a Francisco Lombardi por Emilio Bustamante, Isaac León, Fernando Vivas y Ricardo Bedoya, en La Gran Ilusión, revista de cine N. 2 - Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima 1994.
5. En "Revisión de Francisco Lombardi". El cinéfilo, revista de investigación y análisis cinematográfico N. 11 - Lima, agosto 1994.
6. En "Lenguaje literario y lenguaje cinematográfico". Dia-Logos N. 25 - Colombia 1992.

Otras referencias:

- Cine: Descripción de la situación actual www.campus-oei.org/cultura/peru/10.htm
- www.unfv.edu.pe/publicaciones_unfv/matices/espectaculo.htm
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15 de julio de 2005


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