El Conjuro de César Cuadra

Por Francisco Véjar 1

Todo acto poético es un grito de rebeldía, en un mundo que agoniza de alegría artificial. Por lo mismo, presentar un libro de poemas es una especie de reconciliación con el ser humano. Aunque allí esté el desasosiego, la frustración y el acoso de la muerte. César Cuadra no esta ajeno a estos influjos e instaura su Conjuro del Serynoser, desde lo existencial, fragmentario y disperso, cuya unidad viene dada por la articulación narrativa de los textos. En el texto Balada Inglesa, escribe: "Ebrio de soledad el marinero / entona por última vez / su vieja canción: / Ni árboles ni raíces ni madres / que el viento me lleve / y el viento me traiga / sin descanso ni dirección. / Fuego contra fuego un día / la vida y la muerte / se sientan a la misma mesa / y sin consentimiento ni rechazo / nos dan su bendición / como hijos de sus luchas / como carne de sus partos... / Ebrio de soledad el marinero se aleja / murmurando su vieja canción". Este poema muestra el poder de síntesis que Cuadra desarrolla en los distintos registros que adquiere la obra. Su publicación la debemos al acertado entusiasmo de la editorial Puerto de Palos.
          Con todo, se hace necesario recordar que el autor, además de ejercer la crítica en diversos medios de prensa, anteriormente había publicado Nicanor Parra en serio & broma, en ediciones de la Universidad de Chile, 1987. Sin duda, es un referente obligado a quien quiera profundizar en la obra de Parra. Pero hoy nos reúne el Conjuro del Serynoser, donde el hablante de los poemas se pasea libremente por el museo de la historia del arte. Tiene correspondencia con los poetas latinos, la versificación inglesa, los tópicos surrealistas, la época isabelina, la antipoesía, Shakespeare y la poesía chilena. César Cuadra según estas premisas construye y desconstruye su discurso.
          Lo que Cuadra pone en movimiento con su permanente juego enserioyenbroma (todo junto) es que hoy el sujeto ya no vive como señala Lacan al interior de la "tragedia del Edipo". La naturaleza del sujeto moderno e histórico se ve desplazada y problematizada. Y de esto es lo que nos habla el Conjuro del Serynoser. Ejemplo de esto es el poema titulado Lamentablemente: "Existen malas prácticas /Que se convierten / En costumbres / Así sucede / Cuando se mezcla / Un buen café con azúcar / Un buen whisky con agua / Un buen sexo con amor". He aquí la dialéctica de Cuadra. De partida descoloca al lector, pues invierte el orden natural que le hemos dado al sexo, el whisky y el café. Se necesitaría entonces lo que anunciaba Jean Arthur Rimbaud en Una temporada en el infierno (1873) cuando afirmaba que "había que reinventar el amor". También el autor con esto quiere dar un sacudón al poeta típicamente lírico que prefiere seguir repitiendo un esquema hasta el infinito. Lo que nos propone Cuadra es siempre una doble lectura de la realidad. Como diría Cortázar, "abolir lo cotidiano para admitir otros mundos posibles".
          Su poesía se nos revela por capas, por estratos, por fisuras. Su juego no se deja atrapar en las territorialidades de la conciencia ni se lanza a iluminarla. Más bien parece sacudirla, movilizarla. Otro ejemplo, lo encontramos en Créalo, texto incluido en el volumen. Allí dice: "Los buenos amantes / al igual que los grandes deportistas / saben retirarse a tiempo".
          Para qué dar explicaciones innecesarias, los versos hablan por sí solos. La riqueza y diversidad de estilos y formas que recorren esta obra hacen de ella un verdadero mosaico. No hay en ella autocomplacencia, hay vértigo y ráfagas polifónicas cuyo alcance dependerá de cada lector. Sin duda este será el verdadero catalizador del proyecto, pues el conjuro no es otra cosa que la intervención activa en el orden de nuestras seguridades.
          La poética de Cuadra atraviesa y re-escribe lúcidamente los diversos registros heredados. Por su parte, el lector vive esas experiencias en un juego que jamás pierde la tensión dramática. En esa tensión se adivina la vitalidad y frescura de esta escritura que parece legítima herencia de las vanguardias históricas (especialmente del dadaísmo) como de esa gran revolución cultural de las postvanguardias y la antiliteratura. En Tango, leemos: "De las cuatro vías / que existen / en nuestro país / para hacerse rico / las más utilizadas / son tres: / la del ladrón y la otra".
          Cuadra no apela a un lector pasivo, a quien se le entrega todo hecho. Aquí el lector tiene que ser capaz de concluir el poema. De estar despierto y convertirse en la materia misma del poema. Es un poemario que es partícipe de la premisa de Nicanor Parra, al decir: "Lo importante es que el texto fluya". La originalidad no existe. Lo que existe es el collage en la poesía. Es decir, el palimpsesto. La idea de que siempre se está reescribiendo el mismo texto. Ya lo dijo André Gide: "Ya que todo está dicho, pero nadie está dispuesto a oír, es necesario empezar de nuevo". Y al hacer suyos estos presupuestos, Cuadra instala su sofisticada maquinaria verbal para devolverle al lector una mirada renovada del mundo que lo rodea.
          En síntesis, la poesía de Cuadra se inscribe en la estética que él mismo define como "transmodernismo" indicando con ello su pertenencia a la tradición latinoamericana sin negar el nuevo contexto global (postmoderno).

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15 de junio de 2005


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