Cómo el amor no transformó el mundo de Ignacio del Valle

DIÁLOGOS DE AMORES PERDIDOS

Por Mario Suárez Simich *

Unos de lo temas que intenta explicar la novela actual es el perpetuo estado de incomunicación en el que se vive, sobre todo, en las grandes ciudades. Ya en un siglo donde precisamente las comunicaciones se encuentran a la vanguardia de la tecnología, la llamada "aldea global" es cada vez más aldea, más tribu, más coto cerrado.

Esto, si nos referimos a las relaciones interpersonales más elementales y no digamos ya de aquellas que implican un intercambio recíproco de emociones y sentimientos cualquiera sea la relación y sobre todo las amorosas.

Portada de Cómo el amor no transformó el mundoEn Cómo el amor no transformó el mundo (Madrid: Editorial Espasa Calpe, 2005), Ignacio del Valle nos ofrece una curiosa y bien elaborada reconstrucción de las experiencias afectivas de siete personajes que establecen entre ellos toda una red de relaciones amorosos-sentimentales que van desde la amistad al más puro deseo sexual, pasando, por supuesto, por la caleidoscópica visión que cada uno de ellos tiene sobre el amor a priori y, a través de los años, a posteriori.

Pero esta reconstrucción está basada, y allí uno de los méritos de la novela, en la confrontación entre "lo que se pensaba" y "lo que se decía" a lo largo de los diálogos sentimentales sostenidos por los personajes en el transcurrir de sus historias.

La propuesta de Del Valle es sencilla, pero contundente. Deseamos, a nivel interno, algo de las personas que amamos, mas el lenguaje -en amplio sentido de la palabra- que usamos para comunicar ese deseo, y en especial el oral, distorsiona el mensaje lo cual lleva al otro/otra a una actitud equivocada. La persistencia en este error no sería otra cosa que la incomunicación.

Para demostrarlo, el autor/narrador usa la omnisciencia para recodificar los diálogos y restaura las vivencias sentimentales de sus personajes en su total contexto, y es allí donde el lector constata el perverso círculo vicioso al que están encadenados ellos -los personajes- y como consecuencia, nosotros.

Esta incomunicación, planteada en la novela, está signada y agravada debido a las diferencias irreconciliables existentes entre los universos femenino y masculino y de las cuales el autor/narrador saca provecho literario. Claudia, unos de los personajes, dice de los hombres:


" [...] pero todos acaban siendo unos críos. En cuanto se cansan del juguete llaman desesperadamente a su mamá. No te entras, Virginia: los tíos siempre aman a medias."

Otro de las mujeres:


" [...] A una mujer sólo la conoces cuando la tienes en contra. "

En De cómo el amor no transformó el mundo, es un texto escrito con un afán de parábola y en este contexto es que debemos leerla e interpretarla. No tiene otra pretensión que la de intentar buscar respuestas a las preguntas que nos hacemos tanto cuando amamos y somos felices, como cuando no lo somos por culpa del desamor. Porque para aprender en el mundo del amor, tenemos que escuchar a los otros. Esto hace entrañable esta novela.

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15 de julio de 2005


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