LA ARGENTINA DE LAS HISTORIAS MÍNIMAS

Por Guillermo Roz *

Felices los que están en el fondo del pozo,
Porque de allí sólo les cabe ir mejorando


Joan Manuel Serrat


I.
Dice el personaje que encarna Ricardo Darín en el Hijo de la novia: "cine argentino...no, yo no veo cine argentino". Valga la ironía para entender cómo el pesimismo nacional argentino construyó una mitología de la cerrazón hacia lo propio, primer eslabón para cualquier tragedia. Los acordes desafinados de Palito Ortega y la risa básica de la saga de un dúo de comediantes como Olmedo y Porcel, fueron durante largos y militares años, los que invitaron a la frase: "no...yo no veo cine argentino". Durante ese período el dictamen representó una declaración de principios; ¿porqué ver cine argentino, si se podía ver cine de verdad?, se preguntaban los que sabían.
Pero el tiempo, que cura todos los males y repara fallos, vio cómo los mismos que con angustia, culpa o desesperanza no se arriesgaban a dos horas frente a su acento, empezaron con timidez a ser seducidos. En las colas de los cines de la calle Corrientes y en el mundo se comenzaba a hablar del "nuevo cine argentino".


II.
La conciencia argentina se realiza en la pérdida, establece su ser en lo que se ha ido y constituye su razonamiento básico en la persistente música de la víctima con sospechosos rasgos de responsable. Los argentinos fueron construyendo el país que llora y se pregunta con mucho menos gracia que una chica Almodóvar ¿Qué he hecho yo para merecer esto?. Por eso el fenómeno de lo que se dio en llamar el "nuevo cine argentino" debe observarse como un verdadero fenómeno, porque hace no sólo un corte con ese tango terminal recreado permanentemente en un cine mediocre o malo, para fundar una categoría cinematográfica, un planteamiento que habla de la verdadera forma en que la sociedad argentina se mira y se confiesa al mundo. Este grupo de películas representa el primer registro genuino y con una mirada crítica de verdadera calidad artística, en donde la sociedad del "corralito" se acepta y hasta logra reírse de sí misma.


III.
No hay duda de que el nacimiento de esta saga de reconocidos títulos (como los que pueden verse más abajo), tienen un vínculo directo con la decadencia política, que tienen como ruta visible los últimos años del gobierno de Menem hasta la caída de De la Rúa. Si bien esta indagación sobre pesares y crisis políticas, y revisionismo (La historia oficial, la República perdida) tenía antecedentes, nunca antes el cine había logrado ser tan auténtico, despojado de clichés y por sobre todo original. Radicalizar los errores argentinos y filmarlos en blanco y negro, con historias mínimas y neorrealistas, guiones medio armados- medio improvisados y reírse de la propia desgracia, he ahí el éxito. El elemento común de los directores del nuevo cine argentino es que resultan muy argentinos y saben que esa experiencia bien contada, resulta, por lo menos, atractiva en su tragicomedia.


Ahí va Ricardo Darín, con una sonrisa con la mitad de la boca, como diciendo me río pero también me duele. Y gusta, y está bien hecho y resulta creíble.


IV
Las 7 películas capitales:


1- Buenos Aires viceversa (Alejandro Agresti, 1996)
Agresti resulta el más surrealista de los directores aquí presentado. En esta película cruza varias historias, en las que diferentes parejas mantienen largos diálogos, delirantes casi todos, ambientados por un largo paseo por Buenos Aires de día y noche, con fondo de bares y un muy presente rasgo de lo porteño. Fragmentaria, hilarante por momentos y por otros tormentosa.

Baires viceversa


2- Pizza, birra, faso (Adrián Caetano y Bruno Stagnaro, 1997)
Quizás la película más dura en cuanto a la presentación de la violencia y la miseria en Argentina. La trama gira en torno a unos amigos adolescentes y su inmersión en el mundo de la delincuencia y las drogas. Muy ágil y con un concepto novedoso de la puesta en escena de la realidad.
Muchos consideran a esta película el puntapié inicial del nuevo cine documental argentino.


3- Mundo grúa (Pablo Trapero, 1999)
En blanco y negro, Trapero demuestra todo lo que se puede contar con tan poco. Rulo (la primera película de un hombre que nunca había actuado en su vida) maneja una grúa y para llegar a fin de mes debe irse a la Patagonia. Un hombre común sobre una grúa y nada más. Excepcional.


4- La ciénaga (Lucrecia Martel, 2000)
En una casa del sofocante noroeste del país se encuentran dos familias en decadencia, con trasfondo de alcoholismo, siestas largas, depresión y un cansancio que parece una metáfora del país. Con actuaciones memorables de dos grandes damas del arte dramático argentino: Graciela Borges y Mercedes Morán.

La Cienaga


5- El hijo de la novia (Juan José Campanella, 2001)
Es la gran consagración comercial de este cine y es quizás la única que se asienta en la tradición de la vieja comedia costumbrista argentina. Ricardo Darín como protagonista encarna a un joven maduro al que el stress laboral le dice basta. Opta por brindar más tiempo a su hija y a su padre, quien quiere volver a casarse con su mujer, presa del alzheimer. Él será El hijo de la novia, en esa extravagante boda de sus padres. La película da en el blanco en el trato de lo sentimental. Basada en la historia personal del director.


6- Historias mínimas (Carlos Sorín, 2002)
A la Patagonia, con su rudeza climática y su intemperie total como fondo, se fue a buscar las historias Sorín. Don Justo de ochenta años en busca de un perro perdido, se cruza con Roberto, de profesión viajante de comercio, quien busca a una mujer. Entre ellos una joven madre que ha ganado un concurso televisivo. Una película sobre las pequeñas anécdotas de la vida, que como todos hemos vivido nos llegan al corazón.

Historias mínimas


7- El abrazo partido (Daniel Burman, 2004)
La historia de los judíos en Buenos Aires y la historia de un adolescente tardío en esa cultura sirven a la película para hablar de un barrio y de un momento del país. Ariel relata en primera persona la pesadez de su vida y la ausencia de su padre judío, quien se ha ido a Israel y vuelve después de veinte años sin un brazo (el abrazo partido). Por su parte lo único que él pretende es conseguir un pasaporte polaco para entrar a Europa. La inmigración y los dilemas de un joven en el final de la profunda crisis moral de todo una nación.

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15 de julio de 2005


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