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Dionisio Ridruejo

DIONISIO RIDRUEJO: UN HETERODOXO ESPAÑOL.

DEL FALANGISMO A LA DEMOCRACIA

 Por Pedro García Cueto [1]

Madrid, España


La figura de Dionisio Ridruejo sigue siendo objeto de controversia, desde su postura de hombre señero de la Falange a crítico con el Régimen de Franco, hasta el punto de vivir un exilio importante y reiteradas detenciones por el citado Régimen, ante sus posturas políticas.

Despierta admiración que ese cambio se produjera en una sociedad bastante inmovilista, donde se aplaudió al Caudillo bajo palio, donde siempre se mantuvo un silencio cómplice por parte de intelectuales de peso a la falta de democracia de nuestro país.

Concretamente, cien años hubiese cumplido Ridruejo si el destino le hubiese dotado de tan larga vida, pero los sinsabores fueron agrietando y deteriorando su salud poco a poco.

Ridruejo nació el 12 de octubre de 1912 en El Burgo de Osma (Soria), en una casa que se alzaba triunfante frente a la Plaza Mayor, a la derecha del Ayuntamiento, enfrente del hospital de San Agustín.

El Burgo de Osma permanecía anclado en el pasado, en un mundo que dejaba ver el castillo ya en ruinas, la villa episcopal respetada, con ese aire de viejo blasón de las ciudades de Castilla.

El padre de Dionisio era Dionisio Ridruejo Marín, un castellano antiguo, su estatura, sus facciones, correspondían a aquellos viejos celtas que poblaron la Península. Era un hombre que había trabajado duro, hasta dejarse la piel, por ello fue creando el negocio familiar, con el siguiente nombre: “Casa Ridruejo. Tejidos. Muebles, Paquetería, Quincalla”. Su muerte, a los 71 años, dejó huérfano al pequeño Dionisio, cuando éste contaba tres años. Dicen que aquellos hombres que han perdido al padre desde muy niños van creando una personalidad dura, agreste, convirtiendo sus actos en una reafirmación de la ausencia paterna, por ello, Ridruejo fue creciendo con esa falta inmensa y haciendo de su vida un duro esfuerzo por evolucionar ante las adversidades, madurando antes de tiempo.

Dionisio crece en un hogar donde viven solo mujeres, se forma como hombre frente a las presencias femeninas que pululan por la casa. Comienza su afición al cine, en 1919, el futuro escritor contempla las imágenes, como si en ellas naciese un mundo nuevo, ese espacio que perdió en la figura de un padre ausente, como si en las películas mudas se gestase un universo de sueños que alimenta su felicidad truncada desde niño. Segunda Jiménez Ridruejo va regalando al niño un amor grande, que Dionisio entiende con fervor, pero no quiere dejarse llevar por las emociones, su figura, como si fuese la del padre ausente, debe guardar siempre la compostura.

El otoño de 1922 dio lugar al final de la infancia de Dionisio con los continuos internados a los que tuvo que acudir, primero, con los hermanos maristas, después con los jesuitas, y luego con los frailes agustinos del Real Colegio de María Cristina de El Escorial.

Este cambio de vida lo es también para la madurez del escritor, fuera del útero materno, convertido en discípulo de los hombres de la Iglesia, los creadores de la personalidad de los jóvenes, hombres que forman al chico en unos valores que poco a poco conforman su ideología, reaccionaria y poderosamente intransigente. Nos preguntamos si el peso nefasto de la Iglesia no hubiese hecho mella en Ridruejo quizá su trayectoria no hubiese derivado al falangismo.

Dionisio tuvo como profesor a Don Antonio Machado, ese influjo pesó sobre él, porque el humanismo del poeta soriano va calando en el espíritu inquieto de Dionisio, en su amor por la literatura y por la poesía. Fue en Segovia donde se produjo el encuentro entre maestro y profesor, fue una relación importante porque sirvió de base para el hombre de letras que sería después. En Valladolid se encontró con la intransigencia de profesores que enseñaban la letra con sangre, esa huella queda en él, pero también sirvió para refugiarse en la poesía, salvavidas maravillosa en ese páramo de tristeza y de dolor.

Su última experiencia fue la de su encuentro con los agustinos de El Escorial, la llegada a la ciudad escurialense, el divino monasterio ya le produjo el peso de la España intolerante, que, poco a poco, sería a la que serviría, con afán desmedido. Fue entonces cuando el escritor va cimentando su alma de poeta, en los reductos de esa fría ciudad, árida y monjil, donde los recodos exhalaban la textura de la piedra, los siglos de historia que van posándose en el joven Dionisio.

Entra allí en el cenáculo literario de Leonardo Catarineu, famoso por su afición al boxeo, por sus duchas de agua fría y por ir sin abrigo en pleno invierno escurialense. Empezó a trabajar en la revista Ensayos, junto a otros hombres del futuro fascismo, seres que van a cincelar un espíritu rígido que aterra aún en nuestra historia del siglo XX, me refiero a Antonio Tovar y Gerardo Salvador Merino, son hombres inteligentes que creen en la idea de Dios, de la Iglesia y de un Estado fuerte que restringa la libertad en pos del orden, naturalmente, adalides del futuro fascismo español, ya beben en las aguas de Primo de Rivera sin haberlo conocido todavía, como si la España que configuran sea la que triunfará al acabar la Guerra Civil española.

Dionisio se convierte en redactor de la revista Ensayos, tiene el honor de asistir en primera fila al entierro de la reina María Cristina. El hecho tuvo lugar en El Escorial el 8 de febrero de 1929.

Dionisio se encuentra con la cultura, en la Biblioteca de El Casino de El Escorial, allí pudo leer a Dumas, le empezó a interesar la obra de Nietzsche, el Zaratustra que simbolizaba al hombre superior en el cual quería convertirse Ridruejo. Le apasionó Stendhal, el Rojo y negro, obra maestra donde Dionisio aprendió el don de la descripción corta, pero brillante, también su lectura de la estupenda La cartuja de Parma.

Fue leyendo a muchos autores, a veces dejaba las clases a un lado, porque la vida de los libros era más real que cualquier ciencia, que cualquier manual donde aparecían números o lugares geográficos. Leyó a los grandes, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Alberti, supo que en la obra de estos poetas estaba la verdadera luz de la inteligencia, la melodía poderosa que palpitaría para siempre en su interior.

Empezó a escribir relatos en la revista Ensayos, el primer cuento se tituló “Algo que quizá sea un cuento”, el segundo “Estrella de cuatro picos”.

Luego vinieron otras lecturas muy importantes para él, como la de Unamuno que encendió en Dionisio la duda ante un Dios que permitía el dolor, un Dios omnipotente que dominaba todo, pero que dejaba que el mundo entrase en franca batalla, condenando a muchos seres humanos a la ruina moral y física.

Llegó el año 1931 y la quema de las Iglesias con el advenimiento de la República le pareció una sinrazón de un mundo que se había ideologizado hasta el tuétano. Fue entonces, cuando los amigos de Dionisio, los de la revista Ensayos, hasta hacía poco tiempo simpatizantes de una España de izquierdas, pasaron a la derecha más conservadora, al ver lo que estaba ocurriendo con la quema de las Iglesias en toda España. La República, tan victoriosa, ya no les ofrece la paz que esperaban, sino más años de concordia y de guerra.

Rechaza Dionisio la República porque en sus fauces esconde la misma sinrazón que critica, según el escritor soriano. Los amigos de Dionisio se acercan a las filas de los monárquicos y las de Acción Nacional, un poderoso grupo que acaba de salir a la arena política bajo el patrocinio de la Acción Católica.

Acción Nacional cambió pronto de nombre y se convirtió en Acción Popular, matriz de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). La defensa de la Religión seduce a Dionisio, ahora en busca de Dios, porque ve que los valores no los da la anarquía reinante, sino el orden y la disciplina, peligrosamente cercanos ya al mundo dictatorial que llegará después.

La CEDA pesa en el país, los hombres de ese movimiento significativo de la derecha española, proclaman la idea de la Cruzada, esa falsificación de la historia en que incurrió el fascismo y el títere de Franco poco después. Lenguaje de mazmorras empieza a sembrar el país, lenguaje de hombres acanallados en la ideología que dejan su sombra de cipreses en todos los rincones.

Dionisio Ridruejo tampoco ve en la CEDA la superioridad del hombre, ese ser que se distinga de los demás, el hombre fuerte por fuera y por dentro  que elimine la zafiedad de la masa que campa por sus anchas en todos los rincones del país. Sin embargo, el fascismo, con su ideología vistosa y llena de símbolos, con la influencia del futurismo de Marinetti, con la mirada de los camisas negras de Mussolini, le parece que representa sus aspiraciones, el escritor inicia la senda de su suicidio ideológico, ya que escoge la más infame de las manifestaciones del poder, la más errática y perversa de las ideologías de los años treinta.

Dionisio deja de lado la idea del fascismo matón y se centra en la teoría, la de José Antonio Primo de Rivera, seductora y convincente, la de Ernesto Giménez Caballero. Fue este ideólogo quien se proclamó fascista en 1929. Dos años después se asoció con Ledesma Ramos para dar vida a un partido que dejaría huella, la Falange española.


EL NACIMIENTO DE LA FALANGE ESPAÑOLA EN 1933

Dionisio Ridruejo se encontró con José Antonio Primo de Rivera el 29 de octubre de 1933 en un mitin que tuvo como escenario el teatro de la Comedia de Madrid. El líder de la Falange, hombre apuesto y soberbio que manejaba la palabra con facilidad y que tenía el aire de señorito por su ascendencia, su padre Miguel Primo de Rivera, había sido el creador de la llamada dictablanda, ilumina con su atractivo porte.

A Dionisio le fascinan los uniformes, la presencia de Julio Ruiz de Alda, un héroe de la aviación y por García Valdecasas, un intelectual del eminente Ortega y Gasset. También le gustaba la idea de un partido que reconocía la injusticia social, la idea de crear un espíritu de Contrarreforma en la línea del famoso espíritu católico ortodoxo que triunfó con Felipe II. Sin duda, veían a España en manos de herejes, de ateos, de hombres peligrosos por su libertad y querían cambiar todo eso.

José Antonio no elude la violencia, si fuese necesaria, porque mira a la Italia de Mussolini, los matones que entran en hogares imponiendo su poder. Para Primo de Rivera, “no hay más dialéctica que los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria”. Se hablaba de Estado autoritario, se hablaba de “movimiento poético”, un eufemismo para hablar de la ideología fascista, donde lo poético no existía ni siquiera en las sombras de la mirada limpia y astuta de Ridruejo.

La presencia de Ridruejo en la Falange no fue motivo de ruptura con sus amigos, ya que ellos habían apostado por la CEDA, algunos pensaron en la Falange, pero lo vieron un camino más extremo y lo rechazaron.

Los tiros y la violencia en Madrid no lograron que el poeta dejara la Falange, sino más bien intensificó su afiliación cuando surgió la compenetración de este movimiento con las JONS (Juventudes de Ofensiva Nacional Sindicalista), con Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma.

Dionisio se acerca más a Primo de Rivera, célebre fue el encuentro en Segovia, donde el poeta soriano ejerció de anfitrión. Visión de la noche de la ciudad amada, con la presencia de Agustín de Foxá, José Antonio y Áurea, hombres de la derecha, embutidos de la mirada de un mundo superior que alejaba a los pobres y a los seres sin personalidad, como si el mundo lo hubiese hecho Zaratustra, el personaje inolvidable del filósofo alemán.

A finales de septiembre de 1935 Dionisio recibió una circular firmada por José Antonio. Debía presentarse en el centro falangista de Madrid el día 30 para una campaña intensa de propaganda. José Antonio ofreció a Dionisio la jefatura del Sindicato Español Universitario (SEU), cargo honorífico en Segovia.

Lo que quería Primo de Rivera era anclar la Falange en Segovia, ir extendiendo su poder por si un día España resucitaba del marasmo en que se hallaba y los mejores, los suyos, llegaban al poder.

Pero Ridruejo se instala en Madrid, porque sabe que, para destacar, era necesario estar en la capital de España. Allí forma parte del periódico El Debate, precedido por una recomendación de El Marqués de Lozoya. Allí se integra en la vida cultural, lee poemas ante un grupo selecto de oyentes: Samuel Ros, el periodista Xavier de Echarri y el escritor Xavier de Salas. Ya fue fraguando en su interior los Sonetos a la piedra, porque en el escritor soriano ya vive la melancolía escurialense, el ámbito monacal que se quedó impreso en su memoria para siempre. Como si preguntase por Dios, Ridruejo destapa en los versos sus dudas religiosas, pero también la decisión de adscribirse a un creo conservador, porque el progresismo está violentando la sociedad. Lo que el poeta no logra entender es el exceso que suponen todos los radicalismos, el que va a perpetrar el falangismo que ha elegido como si en él latiese la superioridad moral que cambie la sociedad.

Uno de los momentos más importantes en este proceso de creación ideológica fue la participación de Ridruejo en el himno de la Falange. Fue el 3 de diciembre de 1935, por la noche, cuando los falangistas armados en la puerta de la Cueva de Orkompón, fueron fraguando el himno en este bar. Estaban presentes José Antonio, Michelena, Alfaro, Sánchez Mazas, el padre del gran novelista Sánchez Ferlosio, un pianista y dos hombre de acción, Aznar y Aguilar. Dionisio llegó a los postres, acompañado de Foxá, fue Ridruejo el responsable de los dos primeros versos de la tercera estrofa, que fue completada por José Antonio:

“Volverán banderas victoriosas / al paso alegre de la paz. / Traerán prendidas cinco rosas / las flechas de mi haz”.

La casa de Pilar Primo de Rivera le abrió sus puertas, Ridruejo estaba situado en un lugar preponderante del fascismo español, al lado del jefe, del señorito que había fraguado la idea de la Falange.

El líder siempre aparecía acompañado de otros hombres, Dionisio y él nunca estaban solos, pero una noche, le dijo José Antonio a Ridruejo que esperase, entonces le contó que se sentía solo, había fraguado la idea del fascismo español, pero no tenía la sensación de sentirse cercano a nadie en realidad. La confidencia a Ridruejo parecía, sin duda, una declaración de amistad profunda, en un hombre de muchos conocidos y pocos amigos, en realidad.

José Antonio fue perdiendo su posible entendimiento con políticos de derechas, como fue el caso de Calvo Sotelo, cada vez más lejos la Falange del Bloque Nacional, constituido por cedistas, monárquicos alfonsinos y carlistas, Primo de Rivera inició su andadura solo, rompiendo un posible pacto con Gil Robles, el gran líder de la derecha española.

La Falange solo obtuvo en febrero de 1936 un 0´7 % del voto general de los españoles, solo cuarenta y cuatro mil españoles votaron al partido, ello conllevó la pérdida de José Antonio del escaño de diputado y su correspondiente inmunidad.

La violencia se hizo más habitual, los falangistas se enfrentaban a los hombres de izquierda, los primeros mataron al escolta de Luis Jiménez de Asua –uno de los redactores de la Constitución- . Por ello, José Antonio Primo de Rivera acabó en la cárcel el 13 de marzo, detenido por fascista. Acabó encerrado en la Cárcel Modelo, con diferentes cargos en su contra: tenencia ilícita de armas, por haber roto el precinto que sellaba el local de la Falange, por injurias contra el director general de Seguridad, etc.

Ridruejo visita a su jefe en la cárcel y comprende que su posición se halla al lado de la Falange siempre, sin darse cuenta que ese fervor por el líder no dejaba de ser una posición extrema en una España ya abocada a la Guerra incivil, como muchos la han calificado a lo largo de estos últimos años.


EL ESTALLIDO DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA Y LA POSICIÓN DE RIDRUEJO EN ELLA

Llegó 1936 y los conflictos empezaron a extenderse, un clima cada vez más virulento se cierne alrededor de la vida de todos los españoles.

Tras un tiempo en Madrid, el poeta regresa a Segovia al término del curso, en mayo de 1936. Ridruejo está empeñado en seguir las consignas de José Antonio para reclutar más adeptos a la Falange. En la ciudad castellana, se pone en contacto con Fernando Sanz, comandante de artillería. Pero en Segovia solo se podía contar, si estallaba un conflicto bélico de envergadura, con pocos militantes para Falange. Al ser encarcelado Luis Hermosa, jefe provincial de Falange, la responsabilidad de Ridruejo en ella se extendió.

Todo se precipitó en julio de 1936, la muerte el día 13 de Calvo Sotelo a manos de gente de izquierda, en represalia por el asesinato del teniente Castillo. El día 18 estalla la revuelta, el poeta se halla en Segovia, pero se traslada a Madrid para asistir al funeral de Calvo Sotelo, que se celebró en una iglesia próxima al Gobierno Civil. Dionisio se puso la camisa azul para asistir al funeral que transcurrió sin incidentes.

La hermana de Dionisio estaba en el hospital, había sido detenida poco antes, el poeta fue allí y la liberó, mientras fue preparando la defensa de los rebeldes a la República, los golpistas, con un centenar de falangistas, muchos de ellos nuevos, procedentes de las juventudes de la CEDA, el poeta logró engrosar las filas de un Regimiento de Transmisiones. Se pensaba entonces que la toma de Madrid era cuestión de días, pero todo se empezó a retrasar y la guerra se dilató casi tres años más, como todos sabemos.

Se convirtió en un orador de la Falange, en un hombre con capacidad para publicitar al movimiento falangista, para defender a los golpistas, ya que la República, para ellos, había sido perniciosa.

Como tenía madera de escritor y ya había escrito artículos y poemas, fundó un pequeño periódico –La Falange- con el propósito de defender las ideas que tenía sobre el alcance de la empresa revolucionaria que había iniciado.

En noviembre escribe “Defensa y elogio de Madrid”, donde habla de la necesidad de conquistar la capital de España para la causa revolucionaria de los golpistas. Lo peor para el poeta será la noticia que llegó poco después, cuando Primo de Rivera, su querido José Antonio, será trasladado a la cárcel de Alicante, condenado a muerte y ejecutado el 20 de noviembre de 1936. Detrás de todo ello, quedaban sombras oscuras, ya que Franco no parecía interesado en conservar a un hombre que podía hacerle sombra, a un hombre cuyas ideas no eran iguales a las suyas. Dionisio empezó a darse cuenta de que la figura de Franco era la de dictador, la de hombre con sangre en las manos.

El panorama empezó a ser desolador, Ruiz de Alda fue asesinado el 22 de agosto en la Cárcel Modelo de Madrid, la misma suerte había corrido Fernando, hermano de José Antonio. Fernández Cuesta, el secretario de la Falange, seguía preso, en manos de los republicanos.

Dionisio Ridruejo asciende, se convierte en un hombre clave de la Falange española, ya que los otros pesos pesados estaban o muertos o detenidos. Un hombre que sí se mantenía en el protagonismo era Manuel Hedilla.

Hedilla era un hombre que se había forjado desde abajo, mecánico naval de profesión, hombre escaso de palabras y con poco carisma, era un luchador y así lo manifestaba cada vez que tenía la palabra. Se convirtió en presidente de la Junta de Mando provisional, una Junta nacida por la ausencia del líder, José Antonio, que seguía en la cárcel, hasta que fue fusilado el 20 de noviembre de ese año.

Pero el peso de Hedilla era leve, ya que muchos no aceptaban su mando, le reprochaban un exceso de ambición personal. Comenzó a correr la leyenda que Hedilla, el cual se instaló en Salamanca, tenía tratos oscuros con Franco, lo que supuso su defenestración como líder de la Junta. Sin duda alguna, triunfaban los bulos frente a la verdad, porque Hedilla no era proclive a entregar a Franco el liderazgo de la Falange.

Dionisio escribe, porque vive ya su sed de poesía, esa entrega a la palabra en circunstancias adversas, enamorado de Áurea, una mujer que desataba la pasión del joven falangista, a la que dedica poemas como el que aparece en Primer libro de amor, donde expone su desatado impulso por una causa que el tiempo transformará en gran desengaño:

“La sangre sobre el mundo derramada / y el mundo sobre el alma caminante, / ancha la tarde con quietud errante, / herido el cielo, nuestra voz segada”.

Así comienza el poema, en tiempos de guerra, donde la vida ya no vale nada y todo se juega a una sola carta, como el amor que Dionisio vive, enfrentado a un mundo de enemigos y adversidades, pero Castilla, la idea de los Reyes Católicos, esa búsqueda de la centralización, pesa sobre el joven exaltado:

“Con la sed de Castilla en la mirada, / henchida del fervor agonizante, / vencía en calma el huidizo instante / nuestra pasión secreta y desposada”.

La pasión que se vive en la clandestinidad, porque la guerra lo es todo y el amor ha de ser una sombra en un mundo donde reluce el sol, donde fulge la luna al anochecer, pero siempre hay un instante para el roce, para la caricia de dos enamorados:

“¿Qué eternidad de fuego nos ceñía / en tan ilimitado señorío / por todo el horizonte desgarrado? / Sobre abismos tu mano socorría / la plenitud del ser con dulce frío / y era raíz del vuelo aventurado”.

Áurea parece el cenit que impulsa a Ridruejo a ser más falangista que nunca, a buscar el liderazgo, a sustituir a su querido José Antonio, sabiendo que Hedilla está solo y nadie le secunda en su afán de liderar Falange.

José Antonio escribe a Dionisio desde la cárcel, se confiesa ante él, en la soledad inmensa de la celda, donde el tiempo corre, con la certidumbre siempre de una posible muerte.

Mientras Dionisio vive la pasión con Áurea, en Valladolid, en la primavera de 1937, ella lo mira, orgullosa del liderazgo que lleva en su mirada, de su uniforme falangista, él le dedica versos de enamorado:

“En el camino recto y amparado / por riberas de trigo adolescente, / íbamos juntos, cada cual ausente, / juntos en otro reino entresoñado”.

Bellas palabras para la dama que vive su amor por el caballero, porque los versos del poeta parecen envueltos en el clasicismo del Renacimiento, el que pide, tan iluso y equivocado, para España, sin saber que la conduce, con su apoyo, al abismo de la dictadura.

Jefe de la Falange en Valladolid, junto a personajes como Girón, con los jesuitas en bandada, la Iglesia prepotente ya se asentaba en las posaderas del Régimen, porque la Guerra Civil era asunto de meses, lo que no se confirmó en realidad, hasta la victoria final de Franco, en 1939.

Pero la Falange no era el franquismo futuro, ya que ellos creían en las ideas de José Antonio, en un sindicato vertical, en un Estado nacional-sindicalista. Ridruejo contribuyó al desarrollo del Auxilio de Invierno, fundado por la viuda de Onésimo Redondo, otro hombre asesinado en la contienda. Quiso organizar un sindicato, pero no tuvo éxito en la propuesta.


LA SOLUCIÓN DE LA ENTREGA DE LA FALANGE A FRANCO

Con la llegada de dos falangistas mallorquines a Valladolid, los comandantes López Bassa y Orbaneja, se empieza a fraguar la idea de entregar la Falange, sus ideas a Franco. Quieren tantear a Ridruejo, por el peso que tiene, pero éste no irá en la senda de una entrega de sus ideas, nacidas de las de su gran amigo José Antonio, al franquismo que se está gestando en España.

Pilar Primo de Rivera rechazó la idea, empezaron los disparates que consiguen que Ridruejo abandone el Partido para siempre, la noticia de que Hedilla, pese a su poca consistencia (sin embargo, era un falangista convencido) fuese destituido el 16 de abril de 1937, la Junta ordenó un triunvirato para sustituirle, Aznar, Dávila y Gracerán, ninguno de ellos de confianza, hombres sin peso para liderar un partido de la importancia de la Falange.

Aznar cuenta a Ridruejo que Franco está detrás de todo, lo que exaspera al poeta, mas cuando descubre que la Junta Política del Partido Único, solo está Hedilla como figura relevante, los demás son títeres de Franco, hombres de paja para liderar un partido que ya no es la sombra de lo que fue:  Miranda, González Bueno, Giménez Caballero y López Bassa.

El 18 de abril de 1937 el Consejo de la Falange devolvió a Hedilla su cargo, después se le pudo ver en el balcón de la Capitanía al lado de Franco, pero Hedilla se apresura al Generalísimo y lleva a cabo sus propios nombramientos para su Junta Política, con Ridruejo, el general Yagüe y Pilar Primo de Rivera. Este será el camino del no retorno, porque Franco se entera y manda detener a Hedilla, lo que causa conmoción en los antiguos falangistas como Ridruejo.

Todo ello lleva al poeta a renunciar a su cargo de jefe provincial, en señal de protesta por lo que acaba de ocurrir. Se marcha a Salamanca. Allí va fraguando su sentido de una Falange auténtica, con el espíritu de José Antonio en la memoria.

Serrano Suñer, el cuñado de Franco y su persona de confianza, nada entre dos aguas, por un lado, escucha a la nueva Junta de la Falange y los hombres puestos a dedo por Franco y se reúne, de forma clandestina, con los antiguos falangistas, entre los que se haya Dionisio.

Serrano se convierte para Dionisio en un hombre de valor, que puede ser escuchado. Para el cuñado de Franco, el alzamiento tenía un sentido alternativo a una posible dictadura de la izquierda, además había sido muy amigo de José Antonio, lo que le acercó más a Dionisio. Mientras tanto, a Hedilla le conmutaron la pena de muerte y tuvo que exiliarse. Para Ridruejo, el mundo que se formaba era ya un extraño puzzle donde el poder de Franco lo asolaba todo.

La herencia de José Antonio fue leída por el recién liberado Fernández Cuesta (estaba preso por los republicanos), el citado legado contenía dos nombres: Serrano Suñer y él mismo, lo que suscitó las sospechas de Ridruejo ante la mentira que empezaba a reinar por doquier en la España del Generalísimo. Sin embargo, el poeta puso en manos de experto los documentos que confirmaron que eran auténticos y sintió una gran decepción al saber que José Antonio no pensó en él en su testamento.

Sería muy extenso repasar todos los acontecimientos que transcurrieron en vida de Ridruejo, ya que ocurrieron muchas cosas que excederían este estudio y darían lugar a un libro. Todo el mundo conoce que Ridruejo estuvo en la División Azul, cuya experiencia ha sido reflejada en muchos libros ya. La dureza del clima, las necesidades que tuvieron que pasar quedan como testimonio en muchos libros publicados, excelente el que Javier Reverte ha dedicado este año a la experiencia de los soldados en aquellos lugares de la antigua URSS.


EL ACERCAMIENTO DE RIDRUEJO A LA DEMOCRACIA Y SUS ENCARCELAMIENTOS POR DEFENDER SUS IDEAS

Los problemas para el poeta llegan años después, cuando cansado de ver la falta de libertad de su país, descreído de la Falange y del franquismo, empieza a reivindicar la democracia como alternativa a una dictadura que se aleja cada vez más de las ideas en que creyó antes de la Guerra Civil.

Todo comienza en los años cincuenta, cuando Dionisio se da cuenta que la dictadura es ya un arcaísmo que hay que superar, España debe abrirse a la democracia, la Guerra Civil debe ser superada, hay que reconciliar a un bando con el otro, el poeta se da cuenta de que sus ideas del pasado ya no valen, es consciente del atraso de España y empiezan sus contactos, con Tierno Galván, por ejemplo.

El poeta traza unas ideas que se deben cumplir, entre ellas, liquidar el partido único, dar paso a la formación de corrientes o tendencia de la opinión, declarar un límite a la dictadura, admitir el derecho a huelga económica, aprobada por los sindicatos, previa democratización de estos, liquidar todos los modos de discriminación y admitir a todos los exiliados y antiguos adversarios del régimen en la convivencia, en la amnistía política.

Comienza una actividad cultural incansable, a finales de 1951 salió en defensa de los artistas de vanguardia que habían expuesto sus cuadros con motivo de la I Exposición Bienal Hispanoamericana del Arte. En 1952, creó junto a Ruiz Giménez y Pérez Villanueva una publicación llamada Revista, donde habla de la necesidad de comprender las posturas del bando perdedor en la Guerra y reivindica figuras como la de Unamuno o Miguel Hernández.

Fue promotor también de los encuentros poéticos que se celebraron en la Universidad de Madrid durante el curso 1952-1953 al amparo de Pedro Laín Entralgo, el rector.

En el ámbito universitario, Dionisio prestó todo su apoyo a los estudiantes más activos, algunos de los cuales eran marxistas o comunistas. Se creó un Congreso de Escritores Jóvenes, también la liberalización del Sindicato Español Universitario (SEU). La idea de Ridruejo era democratizar la vida universitaria española, inmovilista, lo que llevó, con la iniciativa de Dionisio, a una recogida de firmas para liberalizar y democratizar el famoso sindicato universitario, lo que llevó a enfrentamientos entre los partidarios del franquismo y del inmovilismo y los nuevos adalides de la libertad entre los que se hallaba ya Ridruejo.

La Dirección General de Seguridad empezó a detener a Ridruejo en sendas ocasiones, por su agitación social en pos de una liberalización democrática que el Régimen prohibía en todos los sentidos. Le retiraron el Pasaporte, le insultaron y amenazaron, empezó a ser un hombre en clandestinidad, desde un origen de poder que ya no deseaba y del que se arrepentía.

Las maniobras de Dionisio, de Tierno Galván, de Gil Robles, para destronar al Caudillo, empezaron a sonar demasiado, el poeta fue detenido por segunda vez el 16 de abril de 1957. Ya el poeta era un hombre sospechoso de tener relaciones con comunistas y de querer cambiar el Régimen de Franco.

Ya en la cárcel escribe romances como “La carabanchelera”, un canto a favor de la libertad, tan lejos del hombre que escribió el “Cara al sol”:

“Levantemos la voz españoles, / por el pueblo humillado clamad, /  es la voz de los hombres unidos, / que despiertan a la libertad. / Esta vez marchamos juntos / los que ayer combatían / porque vuelve la vida / triunfando del rencor; / y con la paz ganada/ tendrá la tiranía / en las viejas trincheras / su tumba sin honor”.

En 1962, se celebró en Munich el Cuarto Congreso del Movimiento Europeo, donde se dieron cita los democristianos, encabezados por Gil Robles y Alvárez de Miranda, los monárquicos liberales, capitaneados por Salvador de Madariaga, los socialistas, por Llopis. Ridruejo quiso ir, pero privado de pasaporte, tuvo que hacerlo a hurtadillas, a través de las montañas. En el camino, el poeta sufrió su primera angina de pecho, pero se recuperó y llegó a Munich.

Franco consideró el encuentro el “contubernio de la traición”, muchos de ellos sufrieron represalias, el caso de Gil Robles le llevó al exilio en Fuerteventura, Ridruejo se exilió en París.


LOS ÚLTIMOS AÑOS DE RIDRUEJO

Pasó un período fructífero en Estados Unidos entre 1968 y 1970, donde ejerció como profesor de Literatura en la Universidad de Wisconsin, primero y luego en Austin. Pero su dolencia cardíaca fue empeorando. Escribe allí un poemario titulado Casi en prosa, del que destaco este poema:

“Un corazón que sube / una colina puede / partirse en dos. Un medio / es todavía un gamo / lleno de confianza”.

Principio de un poema donde ya expresa el esfuerzo de vivir, en tan duras circunstancias, solo por defender la libertad y la democracia, que, en un pasado, no había sido importante para él.

Su vuelta a Madrid supuso un afán imparable, se llegó a entrevistar con Don Juan en su retiro de Estoril, porque ya fraguaba, en silencio, la ansiada democracia. El doctor Vega Díaz aconsejó al poeta vivir tranquilo, dado los riesgos de su dolencia cardíaca, pero no hizo caso, fundó la Unión Social Demócrata Española (USDE).

No se quedó en casa, viajó a Suiza, desgastando su ya cansado corazón, estuvo en la Revolución de los Claveles en Portugal, en México asistió al homenaje que brindaron allí al poeta León Felipe.

No se detuvo un momento, hasta que el 29 de junio de 1975, en el hospital Clínico de Madrid, moría Ridruejo, a los setenta y dos años. En su casa, estaban las pruebas de su Poesía Completa que editaría Castalia, dejó inconcluso un poemario, titulado Salvaciones y muchas cosas más.

Como conclusión, dejo en estas páginas las palabras de un hombre que supo reconocer sus errores y abrir un camino a la libertad, olvidando un pasado nefasto, asumiendo así su compromiso con la libertad y con la historia, se pronunciaron el 15 de abril de 1975 en un homenaje que le hicieron sus amigos en el Hotel Mindanao:

“Nuestra voz es una, pero deben sonar otras muchas, todas las que el pueblo español tiene como suyas –digo voces y debo decir también lenguas- para sentirse dueño de sí mismo. Porque aquí, donde estamos juntos, la esperanza que me gana sobre todas no es la de ser un exponente, un dirigente o un indicador, sino, ante todo y sobre todo, el hombre que pueda sentirse completo incorporándose a la corriente emocional de un pueblo en pie que afirma su decencia en la práctica de la libertad –ésta que ahora tomamos porque es nuestra- para la realización de la justicia”.

La voz de Ridruejo, su ética vital, sigue presente en estos tiempos, para darnos cuenta que un hombre puede arrepentirse de sus ideas extremas y comprender que la libertad es necesaria y pasar página a una vida que destacó por su compromiso en la Falange, pero que supo encauzar los valores democráticas desde los años cincuenta, comprendiendo el fracaso que toda dictadura supone. Sin duda, un heterodoxo de nuestro tiempo al que debemos recordar en estos duros tiempos de enfrentamiento social y político.

 


[1] DOCTOR EN FILOLOGÍA HISPÁNICA POR LA UNED Y DOCENTE DE EDUCACIÓN SECUNDARIA EN LA COMUNIDAD DE MADRID, CRÍTICO LITERARIO Y DE CINE, AUTOR DE DOS LIBROS DE ENSAYO SOBRE LA OBRA DE JUAN GIL-ALBERT.


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