Antología III


De pólvora telúrica

 


Ayer murió

 

Ayer murió frente a la puerta de mi casa,

un bebé

perforado entre las costillas

por los rayos del sol

y a un lado,

un biberón lleno con Coca-Cola. 

Andrés Norman Castro, El Salvador



La nada y el caos estallan

         /muerde la ciudad

y sus hijos resisten

         /los nuestros, los tuyos


nacieron dulces

y mudos se irán

         /o aprenderán a quedarse

y a gritar: estamos para siempre

porque la vida se alzará

contra la muerte


sin irse ni quedarse

regarán el árbol del paraíso

         /la rosa sexual carnívora

              —intacta—

libres de culpa

         —inocentes—.

Gerardo Guinea Díez, Guatemala



Paredón con grafitti

 

No hay que olvidar 

que muchos prefirieron ser fusilados 

antes que correr desnudos en las fiestas de Pan; 

que muchos 

prefieren hacer filas interminables en los colectivos 

a verse clavados en el horror 

de un fusilamiento.

 

La bala es un coleóptero tornasolado 

que hace bolitas con la muerte, 

su vuelo mantiene el suspenso 

en los ojos que siempre quisieron ser globos de feria. 

El sargento apoya su escalera 

y pinta, con esmalte de quinceañera, 

la sentencia luminosa que recordarán los tristes. 

Sube el mercurio 

y la llamarada solar hace sombras chinas; 

baja el mercurio 

y las focas buscan aparearse 

en los cubitos de hielo 

que flotan en el ron de los sábados.

 

No hay que olvidar 

que ahora mismo una bala ha alcanzado el nirvana

y que un hombre cae 

mientras muchos 

pasan de largo y lo comentan, 

se desnudan y se persiguen excitados.

Fabricio Estrada, Honduras



 

El pájaro solitario

 

Trato de contener la ira

de amar por encima

de toda injusticia

 

trato de seguir la ruta

 

caigo   me quiebro

levanto los ojos al cielo

 

me pregunto cómo

la bandada logra

tan impecable

coreografía

 

¿cómo hará el pájaro solitario?

¿podrá él cerrar sus alas

                                       romper las filas

sin destrozar la danza?

 

 

Zingonia Zingone, Costa Rica



 

No, si la patria se cuida sola

y celebra su cumpleaños

con todo y sus fieles garrapatas

llámanse onu, parlacén, odeca,

derechos humanos

partidos políticos

Etc.

 

Bellas batonistas vense por doquier

bombos y platillos

vistosos uniformes y alegres tambores.

 

Marchad felices

marcad el paso contentos

que la patria está de fiesta

mientras los de siempre la saquean.

 

Vida más mierda. 

 

Víctor Muñoz, Guatemala


Equidad

 

que nadie se vaya impune de esta fiesta

ni escape nadie por la puerta trasera

como si no fuese artífice de su negligencia

y no olvide la cuota de horror que se merece

ni diga

no sabía/ yo pensaba/ tengo el alma noble

 

que nadie huya

de esta fiesta de los taladros

con licencia de ángel obeso

que prohíban la venta de bulas papales

 

que nadie abandone el barco

como las ratas

ni cave túneles como los topos

 

que no se salve nadie si no nos salvamos todos

 

Osvaldo Sauma, Costa Rica



Ballena de sal

 

Una ballena de sal

apareció muerta

en la Plaza Central de Tegucigalpa.

Nadie sabe nada,

la expectativa a puerta cerrada

y el miedo, como una piedra torcida en la mano,

se abalanza sobre el crepitar de los pasos.

 

Rifles despuntando esperanzas,

palabras cuánticas midiendo injusticias.

Se ha levantado un triángulo de humo

sobre la plaza

y perfora a cuadros

el grito glacial de la multitud.

Una sustancia violenta ronda las esquinas,

hombres verduscos con bombas tragapalabras

llenan alforjas de desesperación,

cuento común para empezar el día.

 

Sólo seis heridos pronosticó el diario.

 

Nadie vio nada, nadie sabe nada,

y la ballena de sal

vuelta piedra,

por la impotencia de rostros

que siempre serán ajenos.

Mayra Oyuela, Honduras


 

Oración ancestral

 

No digan el nombre del tirano ni en susurros,

(el tirano está muerto cuando duerme)

no le alerten con palabras virulentas

no le despierten con maquinaciones;

ya vendrá el cavador de rostros a arrancarle los ojos,

y el murciélago de la muerte le cortará la cabeza,

y el brujo-pavo comerá su carne y sus huesos serán triturados

con sus nervios, que fueron impasibles al dolor,

y olvidaron

que el tiempo pule las piedras del amor,

y afila el canto agudo

del peñasco y la emboscada.

 

Francisco Larios, Nicaragua



 

El dirigente

 

El dirigente arenga a las milicianas.

 

Su discurso tiene palabras como:

amor a la patria     entrega

sacrificio     honor.

 

El sol reverbera en la plaza.

 

Entre el mar de cabezas,

las banderas enhiestas.

 

El dirigente sonríe en la tribuna.

 

Imagina a las jóvenes desnudas

mientras desfilan

         haciéndole el saludo militar. 

Daisy Zamora, Nicaragua



 

Defensa propia

 

para Arquímides Cruz, en el recuerdo.

 

Un hombre me amenaza con un arma

Yo lo amenazo con una piscucha

 

El a lo sumo logrará matarme

 

Yo

en cambio

podría hacerlo feliz

 

Otoniel Guevara, El Salvador



 

Hay que ver que no se use

ningún material extraño,

así, si quiere hablarse de niños

reventados contra los árboles,

habrá que decirlo sin omitir la sangre

escurriendo las cortezas;

no vale la pena desbancar dolor

por ideas, mejor apresar la hinchazón

nerviosa que traen los ramalazos;

no meter palabra y palabra

donde el plomo sabrá armar su vacío.

Hay que evitar sucedáneos;

si la carne arde, gruñir macizo;

en cada impacto, mostrar su trayectoria;

a cada estallido, la savia roja de los árboles.

 

Alan Mills, Guatemala



Dedicado a la verdadera  resistencia indígena  1932

 

Somos sangre de nuestros ancianos

y  abuelo  de nuestros abuelos

germen impuro

el peor rojo incidente vertido sobre tierra vetusta

somos  civilización sin color de piel

almas  amorfas y grises

retrogradas conciencias

desperdigadas  en una generación sin memoria

matiz de la tierra

semilla negada  por su origen

y por su historia travestida

desde  la tumba  sin nombre

Cobardes ante la revuelta  de  la exclusión  migrante

de nuestra eterna identidad  de propaganda

leyenda  de las tribus menores asiéndose de poder.

Somos Macario  Canizales

resistencia indigna

Somos mujeres comadronas

de  ajenos  tiempos sobre tiempos

visionarias de otras dimensiones

una Mesoamérica  amalgamada de muerte,  expansión

y ficción repetitiva

Somos dominación y olvido

cuentos de cadenas en códigos escritos  dentro de nuestra sangre.

 

Duke Mental, El Salvador



 El Edén

 

Ángel o Demonio

Las dos cosas me atraen.

Aquí cerca está El Edén.

Sigue siendo privado.

Ningún Dios bueno administra

Un lugar como ése.

Desde afuera no se ve

El Árbol de la Vida.

En frente la ruta 32

La de la muerte.

A la par hay un precario

Que contrasta con su estilo.

Vienen Adán y Eva

Más hechos y derechos.

Se adivinan los letreros

De no pise el césped.

Una noche en El Edén

Para los más es un lujo.

Al polvo venimos

Y al polvo volveremos.

La manzana y la serpiente.

Los silencios del poema. 

Joan Bernal, Costa Rica



Los ojos de los desaparecidos

miran hacia adentro

no se pueden cerrar amarrados en el tiempo

flotan sus nombres al viento como bandera de nadie

dicen adiós esperando el retorno. 

Rosa Chávez, Guatemala



Sed de mal

 

Con seguridad existen los perros. Mira ese hocico que la oscuridad no te deja ver, esos ojos de vidrio delante de los tuyos para que no veas nada. Mira ese ladrido que siempre te acompaña, esa sed que baja en los colmillos de tu pan de cada día. Mira esa pequeña figura en la otra orilla, no la ves pero la sientes como una mordida negra y apaleada.

 

Con seguridad los perros van por ti. Míralos mirar la ausencia de tu odio: su alimento. Mira ese horizonte hundido –crees que te acercas a algún sitio– sólo son sus lomos indicándote el camino, el regreso, el tamaño de tu dicha. Los perros cargan con tus huesos y te devuelven ceniza, la rabia de su rabia envenenada. Los perros se lamen en tu sombra y no los ves.

 

Con seguridad los perros son los mismos. Reproducen tu silencio a dentellas, salen de sí mismos con tu ayuda ciega, se quedan ciegos de verte tan oscuro. A eso han venido, míralos. Ladran. Ganan millones en la farsa de sus patas traseras. Huelen tu cadáver, te llevan el periódico, te sepultan en tu casa. En algún lugar los alimenta tu muerte.

 

Mira esa sed de los perros que te rondan. Ya no ves nada, no te importa la jauría. Su lengua te lastima y los perdonas. Celebran con tu carne y los perdonas. Su muerte ya no es nada comparada con la tuya. 

María Montero, Costa Rica



 La purificación del templo

 

me conmueve el pasaje

donde Cristo

                   látigo en mano

enfurecido

                  sin control

arreciaba con todo

                            gritándoles

a los vendedores de palomas

a los cambistas:

 

Quitad esto de aquí.

No hagáis de la casa de mi Padre

una casa de mercado

 

y que si este planeta errante

es el templo el santuario

la casa del Padre

no se nos haría necesario

                                        látigo en mano

echar de nuevo a esos viejos mercaderes

ahora reinstalados

entre las alzas y las bajas de Wall Street 

Osvaldo Sauma, Costa Rica


 

malditos sean los lunes

con sus labios muertos

con sus devaluaciones y fragmentos

con el agua envenenada de tiempo

con la tierra estremeciéndonos los huesos

el lunes

es el día favorito de los acreedores y las plagas

perfecto para asesinar por dinero

para colgar de los buses

y subrayar los periódicos

la ciudad es un eterno lunes podrido

se vive para asolear la sangre

para ser regañado/atropellado/eliminado 

Javier Payeras, Guatemala



 Yo avizoro

 

Yo avizoro un mundo alzándose

sobre el poder de su propia importancia.

 

Una nueva tierra y un nuevo cielo

aquí, entre nosotros,

y no en lejanos mundos accesibles

sólo por la necedad telemática.

 

Yo chateo con Dios a toda hora.

 

Es decir: hablo conmigo mismo sin necesidad

de redes espectrales controladas por el Maligno.

 

Vivo mi propio Apocalipsis todas las mañanas

al leer las noticias en los diarios.

 

Entreveo la marca de la Bestia en las sonrisas

y sobre la frente de bellos modelos indigestos.

 

Yo exijo un mundo construido

sin cielo y sin infierno. Un espacio

libre para la mujer y para el hombre.

 

Aquí, en la tierra, cercano de mi mano

y propicio al fuego de mis labios.

Un reino cuerpo, manos, cerebro, mente

y semen, unidos en el abrazo de los espermatozoides

y los óvulos. El reino de la carne para la carne.

 

Un reino neurona para la inteligencia.

 

Un espacio de luz, radical y glorioso,

por sobre la oscuridad de estos días nefastos. 

Alfonso Chase, Costa Rica



Mundo Jeans

 

Si este mundo fuera un jeans

no fuera Levi's

ni Lee

y mucho menos Moschino.

Si viviéramos cómo un jeans

seguro fuera de segunda mano

lavado y restregado incontables veces

secado al sol y al viento

con los hilos descosido

el zipper atascado

y con el botón oxidado.

Estuviéramos rasgados de los talones

pero sobretodo

de las rodillas.

Andrés Norman Castro, El Salvador



 

Deep Sailent Complete es

 

I

 

canpana animal Babel

es la sangre pabimento del espejo

         canpana; zebras

zebras, niños; soy, señores, un pastor de zebras; de nuves tanbien

         acere

guardapolvo. soy, un ladron de zebras

lebanta la mano lebiatan, conceinte

ha Jesus el Cristo por señor y salbador, dice una bobita enferma

corasa que libra de todo mal el pecado

 

trensemos

esta vida, si, ormigas

canpanas nosticas; dance to walk! walk to dance! lets go! cienpre tarde, el hangel del Señor, señores, anunsio a Maria, y consibio una condena

canpana, es Babilonia del muro a la plenitut:

7 bueltas dio el pueblo del Dios

para ser el dedo ultimo de el Diablo, para ser salbado, para

         aniyo de chivo

                   funeral: al pueblo ce ba bailando

tropico

 

Dep silent complet, lenguas zoneras

«salbe mi alma pensando –esta cansion es mentira–»

 

 

 mi gente teik fire y

esta mas perturbada que el pueblo de el Dios

bailando ante los turistas del muro de gerico

 

si

 

II

 

si, si, si, rie la niña, mas con su granisado

mis palabras no tienen fomdo, aja

         mis palabras son superfisie

         mis palabras son

         los ijos mas putitos de el Dios

         mis palabras son

         las tetas de Judas

         mis palabras son

         algodom de asucar callendo sobre la cansion del berano

         mis palabras son

pero no son nada mas que eso

que la Elisa esperando a molerce Henri James

y despues tras el salir coriendo, aja

tras la minima lus sale

sin puertas de control sin aplahusos

a diestra la ziniestra Magdalena

y silenciosas banderas americanas

para hacer de esto un mito perfecto

dijo, dichosas las muñecas negras

         el ronboide

de la poecia es farsa

                   mentira,

                            manbo

 

 

dijo, lla no era rei, lla no soi el rei

lla no sere el rei; ni de comarcas, ni de bacio, lla no soy

Charles Mingus tocando Isabels Teible Dans;

nada de trasportador, nada de arte contenporanio

si llamaras

         contenporanio

al futuro no ay como llamarlo

         tunba

mar del delincuente

piedra fuego

(fuego, claro, alunbra a mi jente)

 

si

 

III (las siguientes mane obras o ekilibrista con los hojos serados)

 

y al fuego el fuego

el dia despues de mañana

 

y fuego lo contenporanio

de las piedras de lo que biene, rebelion

agetibo de las balas, de los halaridos

en su metamorfocis a berbo

 

despues de mañana, despues del desalluno

no llames contenporanio a nada

 

el presente

llamara moscas, nada

esta seguro muchacha

nada cegado, destruccion sintactica

sobre la memoria, morena, las ratas

que la poecia es mentira, si, ipocrecia

 

mas que candorosos, que energicos

alsaba banderas sobre tinbales mi gente

         sabe

para este cistema la mierda, dise

«Bienabenturao el que escuche este lirikelo»

 

sale tras el pan y su inpetut

y del pan, la casa mar arbol incandesente

         eso mami    para esa mara

         las palabras

para tipos, como Guillen el malo

como las maracas mas maracas

donde ce baila un sueño en vogueing

donde santo santo es El Señor. para ellos

solo santo es uno

 

para los bitniks que dan bueltas

a la espiral del sentro del Atlantico

 

 

 en amor te eccedes, mi gente

         y

                   corte/ 

Wingston González, Guatemala



Es de noche / salgo a la calle

y la indigente que duerme

en la entrada del edificio

extiende su mano / me mira sonriente

 

¿Y tu hijo? / me pregunta

como si tuviera la capacidad

de ver lo que no existe

 

Yo sonrío / le doy una moneda

murió / le digo / como si habláramos de la rutina

 

Y ella se ríe con su sonrisa muerta

y clava su mirada en mi sombra pequeña

en mi puño siempre cerrado

como quien lanza / en un escupitajo

lo que le quedaba de ternura

y nos dibuja una cruz invisible

con la moneda que acabo de entregarle

y tararea mientras sigo mi camino

con la conciencia de mi puño y de mi sombra

que juega con la luz / que por ratos se atrasa

se adelanta / me acompaña / me rodea

 

Es una muerte pequeñita

y en la medida que va creciendo

se parece más a mí 

Vania Vargas, Guatemala


 

Sosiego 

para Matilde Elena López,

como un asunto del corazón.

 

Hoy quisiera recuperar el tiempo perdido:

años, meses, años,

días y momentos.

 

De haber culminado con éxito mi fuga del hogar

cuando a los once me emboscaban hormonas y edenes

mi nombre no hubiera sido torpemente garabateado en las libretas obituales

de amargos policías sin cordón umbilical ni derecho al suicidio,

de pronto sabría conducir un automóvil con más ingrata maestría que al timón de la vida

y el sinuoso Beethoven hubiese perdido para siempre a un triste amante de sus sonatas

 

Si a los catorce no se me empotra en el cielo Amílcar cargado de poemas y canciones de protesta

me hubiera quedado sembrando huertos caseros en alguna selva innominada

me hubiese enamorado sin remedio de alguna campesina,

de su luz silenciosa,

de su lengua graciosa,

de su miel licenciosa,

de su pelo fragante a cascada florida.

Me hubiese enriquecido con una porqueriza

y respondería ante el nombre de “Violeta Parra”

con bibliografía hortícola o algo semejante.

 

Yo era buen futbolista. Y hasta me persignaba

a cada pitazo inicial.

Mas la vida es redonda y nos aplasta

dondequiera que vamos, contra quienes estemos,

por la simple razón de ser entre la grama.

 

Con las muchachas nunca tuve suerte:

desde los diecisiete me envuelven con sus formas

y me hacen preguntarme cosas que nunca supe.

Con ellas lo mejor es el silencio:

silencio al acercarse, al envolverlas,

al amarlas con todos los sentidos.

Mucho silencio para no despertarlas

y más para salir

en puntillas de sus vidas.

 

Quise ser guerrillero y nunca maté a nadie.

Cada vez que disparé fui yo el único herido.

Soy veterano de una guerra en la que Dios estuvo preso.

Y donde Satanás fue muerto en la primera escaramuza.

 

El tiempo se acabó. Ya no pretendo

ser inmortal.

El cuerpo pesa

y las mochilas suelen descoserse:

por los agujeros se cuela la esperanza,

se van los libros que quisimos leer, las emociones

que torpemente dejamos al pie de los amates,

la piel de los tambores

que nunca se enredaron con mi piel,

la suavidad

del beso en que murió mi boca.

 

Tantas veces la muerte perdió al póquer conmigo

¿y cuál fue mi ganancia?: arrastrar mis pasos

sobre los cementerios, engordar con papeles de amor

un baúl extraviado, gritar bajo la lluvia los rencores

al Creador, quien solamente me contestó con truenos ilegibles,

con rayos insensible y con pájaros muertos.

 

Quise ser más que un hombre

y de escudo me dieron la palabra

y de enemigo todo lo pronunciable.

 

¡Basta de sustantivos y adjetivos!

Ya no quiero más verbos: ¡Quiero sangre!

¡Sangre en el colibrí, sangre en el río,

sangre verde en la montaña ruda,

sangre azul en el cielo grisoteado,

sangre de luz en la laguna-cloaca,

sangre de ángeles al borde de los niños,

sangre de rojo amor en el demonio,

sangre de inmensidad en los poemas,

sangre de Dios en el pecho del hombre!

 

Sangre

     en el nombre,

sangre

     en el hombre:

en el nombre del hombre: ¡quiero sangre!

 

Y en el nombre del tiempo ya perdido

que ya jamás vendrá

que ya es olvido

queda la bendición del hueco de una manos

que entibien este amor sobreviviente

que trae del poeta lo soñado,

del guerrero su herida siempreardiente,

del sacerdote su consuelo infinito,

del delincuente

         su palabrota franca

y del ebrio bufón la sabia ciencia

de protestar por todo con la risa.

 

 

               De todos modos

 

 

                      la vida

 

 

              siempre empieza. 

 

Otoniel Guevara, El Salvador


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