Damaris Calderón


            Damaris Calderón  (La Habana, Cuba, 1967)

Poeta, narradora, pintora y ensayista. Graduada de Letras por la Universidad de La Habana. Magíster en Lenguas y Culturas Clásicas por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), Santiago de Chile. Ha publicado, entre otros,  los poemarios: Con el terror del equilibristaDuras aguas del trópico, Se adivina un país, Guijarros, El Túnel, Duro de roer, Babosas: dejando mi propio rastro, Sílabas. Ecce Homo, Los amores del mal, El Arte de aprender a despedirse y La extranjera. Es compiladora de la antología de poesía cubana Cercados por las aguas. Ha participado en bienales de poesía en Irak, París, Rotterdam, Montevideo, Chile y Cuba, entre otras. Poemas suyos aparecen incluidos en diversas antologías sobre poesía cubana y latinoamericana actual. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, holandés, portugués, francés y servo-croata.

 

 




PARLOTEO DE SOMBRA

 

Señor Principal de Pica

calavera emplumada

camisón de colores

con que la muerte te viste

vasija de barro,

(tus cuencas vacías ya no contemplan

las visiones de este mundo).

Señor de los oasis piqueños

del Valle de Quiasma

(alrededor de 1000 d. C.)

que organizabas el tráfico de las caravanas

y la explotación de recursos

en Bajo Molle,

ya no inhalas el soplo de los dioses

y el hueco de tu nariz

(que ahora me conmueve)

alguna vez será mío.

 

 


 

 

SANTIAGO HUMBERSTONE

 

Yo, Humberstone,

hijo de un modesto empleado de correos

y nieto del Director de la Banda de Guardias Escoceses,

llegué aquí a hacer la América.

Yo, un oscuro químico

lustrado ahora por la sal,

inventé esa ficción: el pampino:

cruce de animal soñador necesitado con nativas de la zona.

Inventé el futuro, el futurismo,

Marinetti.

Me cagué en Le Corvusier,

la Torre Eiffel,

esa ciudad amanerada:

París.

Aprendí palabras ásperas:

caliche, charqui, camanchaca

(yo que jugaba delicadamente al tenis,

yo, cuya vida era un campo de golf).

copié y apliqué el sistema Shanks

(que nadie conocía por aquí).

Tuve mano férrea,

tuve mano de obra

(barata).

Comencé por conquistar Agua Santa

y ahora me pudro en las Aguas del Tiempo.

Yo, que me horroricé

cuando escuché que estos indios llamaban chanchos

a las relucientes máquinas metálicas, trituradoras,

porque les recordaban el ruido de los puercos al comer.

Establecí un Orden,

una jerarquía en el Caos:

de un lado los ingleses y administradores,

del otro, los hombres y las bestias.

Yo, que puse un toque de delicadeza,

de civilización en estos páramos:

Al espejismo de los oasis de Pica y Matilla

opuse una piscina (metálica),

construí una plaza (pública),

una iglesia,

el tendido eléctrico,

un orfeón para que estos bárbaros

escucharan música

-ópera-

no el rumor sempiterno, monótono

de las arenas.

Yo, me la creí completa

y se la hice creer a medio mundo:

"El salitre chileno el mejor del orbe":

nitrato de sodio: la pólvora más eficaz

para las guerras intestinas y extranjeras.

(Así de cosmopolita):

"El salitre chileno entra a Francia,

a Suecia,

llega a la antigua Hélade"

(hasta que los alemanes inventen el sintético

en la Segunda Guerra Mundial).

Yo, que me convertí en Santiago,

Santiago Humberstone,

tuve en mis manos el Oro,

el Oro Blanco,

el Monopolio.

Que me hice viejo, me hice venerable.

Padre

-del Salitre-,

(la Compañía me obsequió una medalla de oro,

el Rey de Inglaterra me confirió

la Orden Oficial del Imperio Británico).

Yo, James T.,

cuyo nombre desaparece

bajo la formidable leyenda y las casas huachas,

extiendo mis raíces dieciséis metros bajo tierra

y no encuentro agua.

El desierto y la muerte

recobran su señorío.

 

 



 

CÉSPED INGLÉS

 

Los segadores

tienen una rara vocación por la simetría

y recortan las palabras sicomoro,

serbal, abeto, roble.

Guardan las proporciones

como guardan sus partes pudendas.

Y ejercen sin condescendencia

el orden universal

porque el hombre

-como el pasto-

también debe ser cortado.


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