Néstor E. Rodríguez



            Néstor E. Rodríguez
(La Romana, República Dominicana, 1971)

Estudió en las universidades de Puerto Rico (Río Piedras) y Emory (Atlanta, EUA), donde se doctoró en literatura latinoamericana. Es autor de Animal pedestre (Puerto Rico: Terranova, 2004), Escrituras de desencuentro en la República Dominicana (México: Siglo XXI, 2005) y La isla y su envés: representaciones de lo nacional en el ensayo dominicano (Puerto Rico: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2003). Enseña en el Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Toronto (Canadá). Editó la revista cultural electrónica El Mono Adivino.

 


 



RAZONES DEL MIEDO

 

...si estuvieras aquí, si vieras hasta

qué hora son cuatro estas paredes.

-Vallejo-

 

Afuera ya no hay ruidos

sino los necesarios.

No así dentro.

Aquí las manos giran y saludan

con la súbita prestancia del ausente que regresa

como una intemperie de matices probables y remotos.

El tiempo del adentro sujeta la demora

y artificia el curso fijo de los abecedarios.

Desde aquí me confundo como otro factor

entre la turbamulta lívida de sus instrumentos.

Algo de distancia

habrá en el filo de las formas

que las vuelven insondables,

un quién sabe qué de lentas figuraciones

agotando la lámina del suelo

sin el menor espanto.

Deferencia debo a estas paredes

en su ademán de límite baldío.

Padecer la inmediatez de tal visaje

es conocer del miedo y su razón

que nunca es sola

sino la impertinencia

de salvar esta frontera sin plan concreto,

sin orden que defina

el avance o retirada de esta ciudad menor,

de este jardín hostil que todos llaman mi habitáculo.

¿Presagiaré el escarnio de sus pliegues?

¿Maliciaré la conjura de este cuarto

en que se templan los augurios

con el silencio de lo intacto?

 

 

 


PROMETEICO

 

Por este mundo en blanco

se conjura cada víspera

una suerte de reencuentro.

Cauto se detiene el aire,

el linde avieso principia los rumores.

Observa el espacio una lejana exigencia compartida.

 

Dónde encontrarse con el tedio bajo los párpados

es un lacónico reparo de promesas

dispuestas ante la espuria silueta de la muerte.

 

¿A qué esta farsa de agonía?

 

Fuera el prístino hacedor

y a volverse tornarían

las fauces del apócrifo fingidor de notas,

minúsculo impostor,

famélico oficiante.

Ese inquieto signo

curtido de rigores:

la palabra,

pide se le presente de sus nombres

el más certero,

el apenas insinuado en lugar alguno.

Luego el silencio.

 

Por este mundo en blanco

algunas cosas quedan:

una línea arcana,

un aire,

el reparo de la tinta obsesa con el fuego.

 

 

 

 

VUELTA

 

Volver ajeno,

como quien regresa.

Andar oculto,

como quien nos mira.

El retorno es un furor cifrado

contra letras imposibles,

la pátina de horas y memorias

si digo soledad para buscarte,

un intento, pues, de mordedura.

El olvido, al contrario,

es una ficha marcada

que fija en el tiempo su envés.

Con ella se negocia la precaria tregua

de los cuartos,

perdida ya la mínima cordura

al presenciar que al contacto cotidiano de las cosas

una maraña de pasos breves avanza copiosa.


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