Yamil Díaz Gómez



            Yamil Díaz Gómez
(Cuba, 1971)

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Editor, profesor y promotor cultural. Ha obtenido premios y menciones en concursos regionales, nacionales e internacionales. Aparece en decenas de antologías poéticas dentro y fuera de Cuba. Ha publicado los poemarios Apuntes de Mambrú (1993), Soldado desconocido (2001), Fotógrafo en posguerra (2004), que integran una trilogía aparecida en tomo único bajo el título de La guerra queda lejos (2006, 2009), además del folleto El flautista en la cruz (2000) y el poemario para niños En el buzón del jardín (1999, 2002, 2013). Ha publicado, además, seis tomos de prosa. 


 

 

 

 

 

EL TESTAMENTO DE MAMBRÚ

 

Hijos míos: yo nunca seré un héroe.

Nunca tracé las coordenadas por donde debió cruzar el río;

no descubrí la pista hacia la lluvia;

no ordené a los soldados un eclipse.

 

Hijos míos: yo nunca fui a la guerra.

Mi historia era un pretexto

para que las mulatas salieran al balcón.

                     

                                   Vengo del fango y del trigo

                                   sin más que mi serenata.

                                   Voy a la muerte, mulata,

                                   ¿quieres morirte conmigo?

 

Yo sé cuán poco vale el hijo de un soldado,

y por eso les dejo este silencio:

nadie recuerde que Mambrú tenía dos hijos

y un telescopio

y un fusil

y unos zapatos blancos.

 

Un día el tiempo abrirá de par en par las siemprevivas,

asomarán otras muchachas al balcón,

y por eso les dejo estas palabras

con las que les dirán que ellas vienen del trigo.

 

Hijos míos: yo nunca fui a la guerra;

pero he cruzado las calles donde alguien estafó al ilusionista.

He dormido en portales

sin más que el viento saltando entre mis dedos,

y por eso les dejo las campanas, los puentes, los caminos...

Pero no volveré a prender candiles en los rincones de la casa

porque si vuelvo dejaré de ser eterno.

 

Mi historia servirá

para que los soldados inventen un eclipse

y descubran la pista hacia la lluvia

y tracen las coordenadas por donde va a cruzar el río

y mueran por la patria,

aunque la patria sea una palabra que no entiendan.

 

                (de Apuntes de Mambrú, 1993)

 

 

 MADRIGAL DEL VERDUGO

 

Es la primera tarde en que un verdugo

se ha visto a punto de no bajar la guillotina,

sólo porque tú estabas,

y a través de tus ojos vi un geranio

y a través de tus labios pedí misericordia

y a través de tus manos rocé la soledad.

 

Pero donde hay adolescentes tiene que haber verdugos,

aunque a través de tus ojos pase un barco

en que no viaja este suicida de a poco.

Este —quien mata en nombre de un honor

que no alumbra mi sopa

y no completa mi salario—.

 

Ahora que todos gritan,

tened misericordia del verdugo.

Entre mi rostro y mi capucha corrieron lágrimas amargas;

detrás de la capucha alguien masculla frases de amor,

palabras tontas.

Tú no entiendes.

Tú lloras a lo lejos.

Y a través de tus manos la textura del mundo es tan distinta.

 

Han cambiado los nombres de los héroes,

pero yo soy el mismo desde antes de la guerra.

Yo nunca tuve nombre,

sólo esta angustia con que me pregunto:

si yo corto cabezas,

con cuál cabeza pudiera imaginar que tus geranios florecieron.

 

Pero donde hay adolescentes tiene que haber verdugos.

Y ahora es el filo de la soledad

el que va cercenándonos por dentro,

porque la vida no va a empezar otra vez

aunque yo sea el primero en quitarme la capucha

esta primera tarde en que un verdugo

ha estado a punto de gritar: ¡TE AMO!

 

                (de Fotógrafo en posguerra, 2004)



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