Prólogo

                    Hacia una renovación del canon latinoamericano

Por Luis Benítez [1]

Poeta, narrador, ensayista y dramaturgo argentino


 

Toda poderosa originalidad literaria se convierte en canóni  ca.

(Harold Bloom, The Western Canon, 1994)


 

Un espinoso problema, siempre bienvenido

Sabemos que la palabra proviene de la griega Kanón, la vara que se empleaba para medir longitudes en aquella cultura, pero ya en la nuestra y aplicada al terreno de lo literario, su aplicación es una de las mayores fuentes de discusión de las que, con toda felicidad, todavía disfrutamos. Fundamentalmente, porque remite al poder de establecer las legitimaciones: quien tiene la vara –antiguo símbolo ésta de supremacía- no solo señala con ella lo válido en el presente sino que además lo proyecta sobre el porvenir… Hasta que un “contracanon” (casi inevitable) se origina a partir del primero.

La vara que mide y señala, opta e induce a optar por lo mismo, también es la vara que castiga: un canon es un sistema de inclusión, pero también lo es de exclusión. En defensa de lo inevitable de esta simultánea característica acude el razonamiento de que discernir tiene, como primera acepción: Distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas, siendo muy interesante también la segunda: Conceder u otorgar un cargo, distinción u honor. Y discernir en sus dos acepciones es el acto fundamental de una antología, así como, con alcances más generales, lo es de un canon.

Un aspecto abordable del acto de discernimiento que implica el establecer una antología o un canon sería entonces el juego entre las dos acepciones del verbo en cuestión, a fin de establecer dicho acto sobre las bases del lenguaje y no sobre la cuestión meramente estética (como la ha planteado Harold Bloom en su Canon Occidental) ni sobre consideraciones de corte ideológico, político o social, como lo han hecho buena parte de sus detractores.

Desde luego que este planteo no intenta cerrar –ni podría hacerlo- la discusión continua sobre el tema, sino fijar un punto de partida para evaluar las calidades de una obra específica, como lo es esta Antología de poesía latinoamericana. 35 grandes autores del siglo XX, elaborada por el reconocido poeta y estudioso chileno Mario Meléndez, y ello en relación a la necesidad de ampliar el canon de la poesía latinoamericana ya fijado, merced al aporte de las nuevas legitimaciones que Meléndez establece en la antología citada, en paridad con las obras y los nombres ya notoriamente incluidos en el canon, nombres y obras que Meléndez reconoce en su trabajo.

 

La creación de lo clásico

En este preciso sentido, la Antología de poesía latinoamericana. 35 grandes autores del siglo XX, posee una faceta marcadamente inclusiva, en paralelo con la inevitablemente exclusiva que se le podría cuestionar, tanto desde una visión centrada en lo estético, como desde una crítica más cercana a los criterios de los detractores de Bloom, por la necesaria ausencia de otros autores y otras obras, postulados desde diferentes corrientes críticas. Inevitable como es esa ausencia, tiene sin embargo su contrapartida en la presencia en este elenco de nombres y obras incuestionables por su calidad literaria, su trayectoria y evolución, que se suman a los señalados como consagrados previamente por el canon: nadie cuestionará en una nómina que lleva tal título la presencia de autores como Oliverio Girondo, César Vallejo, Vicente Huidobro, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, José Lezama Lima, Ernesto Cardenal, Nicanor Parra u Octavio Paz, por solo dar unos ejemplos; ello es ineluctable en un trabajo tan ecuménico. Son nombres de obligatoria presencia. Una de las caras más interesantes de la antología de Meléndez es la otra, la inclusión que hace de nombres reconocidísimos ya, pero no abundantemente puestos antes –de modo tan señalado- en paridad con los anteriormente citados.

Con gran destreza, ya desde el título mismo de la obra Meléndez apunta a esta puesta en paridad, al delimitar la cronología de su abarcamiento: se trata de 35 grandes autores del siglo pasado, cuya legitimidad se extiende hasta el presente y que, en su gran mayoría, han desarrollado sus obras contemporáneamente. Así opera esta renovación del canon latinoamericano afirmada por Mario Meléndez, y su operación no es solamente útil a los fines futuros de lo didáctico –uno de los objetivos posibles de un canon y no el más desdeñable- sino también como reconocimiento definitivo de los logros alcanzados por autores modélicos del siglo XX.

La creación de lo clásico implica invariablemente una dinámica reformulación, realimentación y renovación, no por resta sino por suma.

Respecto de los criterios empleados por Meléndez para establecer su Antología, en su obra Genre and the literary canon (publicada en New Literary History, xi, 1, Johns Hopkins University Press, Maryland, EE.UU., 1979, págs. 97-119) el crítico escocés Alastair Fowler señala una decena de cánones que pueden ser establecidos, principiando por lo que denomina como “canon potencial”, aquel que abarca el conjunto de los textos escritos y orales disponibles. Estimo que Meléndez ha empleado no menos de cuatro de estas categorías delimitadas por Fowler, al emplear buena parte de la primera, ya señalada; la segunda, consistente en la porción del canon potencial que se halla disponible en determinada instancia histórica; la tercera, conformada por otras antologías y selecciones que ya establecen un canon selectivo y fundamentalmente, la cuarta categoría, el canon personal que un autor es capaz de establecer, según sus propios criterios, individuales preferencias y afinidades. ¿Coincide Meléndez en este último aspecto con el criterio más general y colectivo, no solamente ya el de índole académica, sino también con el propio de los lectores y los otros autores? Es una de las preguntas más interesantes que nos podemos hacer, no solamente a nosotros mismos, sino a todos los que accedan a esta nómina.

En todo caso, estas breves digresiones aspiran a abrir más discusiones, al tiempo que señalan la posibilidad de que Antología de poesía latinoamericana. 35 grandes autores del siglo XX sea entendida como la obra de referencia para iniciarlas.



[1] El poeta, narrador, ensayista y dramaturgo Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Asociación de Poetas Argentinos (APOA) y de Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina (SEA). Ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales por su obra literaria, entre ellos el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); la Mención de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); el Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); el Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); el Tercer Premio Eduardo Mallea de Narrativa (Buenos Aires, período 1995-1997); el Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); el Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008). Sus 36 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro han sido publicados en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, México, Rumania, Suecia, Venezuela y Uruguay. 


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