BITÁCORA DEL EMBOSCADO

Francisco Véjar 1


Tardes en el patio trasero, nuestras vidas como fotografías
poniéndose color sepia en cualquier lugar, en álbumes aje-
nos, en secreto.


Ch. Wright (The Silent Generation)





I
Echar raíces en la arena que remueve el viento

(no es fácil)



Lo que olvidé antes de partir


Soy el doble que alguien ve en la multitud
a la hora del vértigo: peso y cielos desfallecientes.
Pero cualquier cosa es motivo de alborozo;
un payaso, un organillero, el crujido de una hoja,
cuando nos preguntamos para qué esperar tanto
si las nubes caen como fuegos artificiales
y yo, pantalones de pana y chaqueta de cuero,
en los bolsillos llevo un libro y una petaca
y sueño hundir mis suelas en la arena de la playa
tal si fuera el parque en donde ahora camino
entre el murmullo de un sin fin de personas
cuando Santiago de despoja de sus máscaras.

Cualquier cosa debería contentarnos;
el vapor de una taza de café,
los círculos imaginarios que haces volar en el aire,
una postal llegada desde Europa.
Este parque se parece a una ciudad cautivante
como si sus desperdicios se esfumaran ante tu mirada.
En tanto, dejas correr ríos sobre la mesa de algún restaurante.
Hay algo subterráneo en Santiago,
rostros inimaginables, muchachas rapadas, ciegos;
seres que como nosotros creen alejarse por un instante
del frío, del miedo y de la muerte.


Cabaña (Rocas de Santo Domingo)



La nudosa madera de apariencia casi humana
posee un centenar de vidas inimaginables
donde las noches son blancas, como el oleaje marino.
Su presencia nos lleva de vuelta a lo real
y de noche cruje y se lamenta: ¿quién la hará revivir?
En su fisonomía nos aventuramos hacia otros destinos.

Frágil memoria de estos días huidizos
déjanos depositar en ti esta rara quietud
de estar una vez más envueltos en una misma piel.




Cita en el Pacífico Sur / 1999


Es bello flotar, así flotan los extraños objetos
que amanecen en las playas y que nadie reconoce.
¿Vienen de algún naufragio? Y qué importa, todos
venimos de algún naufragio aunque no lo sepamos.

                                            Rosamel del Valle



El mar es nuestro refugioPacífico Sur
En días de navegación por el Pacífico Sur
Ese curioso resplandor
Ha sido la única piedra filosofal que hemos llegado a poseer
Anoche la vaguada costera viajó con nosotros
Y todo parecía detenerse en ese instante
Tan claro como la luz de la luna
Plateando arena, mar y muelles
Una extraña ave vino a morir a nuestros pies
Mas sobrevivimos burlándonos de nosotros mismos
Y viendo pájaros acuáticos donde sólo había silencio
O poniendo libros sobre mesas de bares marítimos
En comunión con los demás
O con las discriminaciones silvestres a que incita el cielo
La brisa del mar insiste en desordenar el texto
Y repentinamente estas palabras
Relatan -es su derecho-
Lo que ellas son entre nosotros.




Nada más que el tiempo suave de amar




Nada más que el tiempo suave de amar;
las preocupaciones disueltas en el océano
y la mudez de la arena en la playa


Importan el tacto y la respiración.
La maldita llovizna que trata de borrar nuestras huellas.
La música de algunos jazzistas. Arena y vuelo.



Ha muerto Joseph Brodsky


Ha muerto Joseph Brodsky
En nuestro barrio alguien tocaba un anacrónico piano de cola
Joseph Brodsky Y se encendía la luz de melodías cansina
Esos días no entran en el calendario
Y se mezclan como un ponche
Suave como el fluir de nuestra sangre
Pero no sólo ponche corre por las venas
En la calle las motocicletas pasan como avispas
Y una adolescente abandona su doble vida para volver a casa.
Ha muerto Joseph Brodsky y con él parte de las lecturas
Que hacíamos de sus poemas en veranos marítimos.
Ya no bastan sol, mar, ni luna
Y no vale la pena preguntarnos por el valor de la vida
Sólo queda vagabundear por calles y lugares donde nos gustaría
Hacer como tú una antología universal del amor
Para los amantes de hoteles de paso.
Queremos recordar estas palabras tuyas:
El día te va buscando en el armario una camisa
Ojalá llegue pronto el invierno y con la nieve cubra
Las ciudades los hombres sobre todo lo verde
Si de noche veo una estrella en el techo
Ella -según las leyes de combustión-
Me resbala por la mejilla hasta la almohada
Sin darme tiempo a pensar un deseo



Habitar un país como tus ojos


Quiero vivir en un país como tus ojos
más nítido que las horas que el tiempo deshecha,
más lúcido y real.
Quiero habitar un país como tus ojos;
tu piel navegando en mi piel,
las coincidencias, la respiración,
las horas que sin saberlo se unen,
un bolero y el abrir y cerrar de puertas,
sabiendo que nuestro tema sigue siendo el viento.
Mas el lenguaje no basta, ni el fragmento de sol
que guardas en tu cuerpo para entregármelo
tras un ir y venir poblado de voces.

Desde las enrarecidas calles me haces señas
para que no ande a tientas,
ciego, borracho o como yo.

El aire de la mañana se suspende allá afuera.




II

Tardío Tardieu y otras voces

(aproximaciones)



Epítetos #


Una fuente-corrompida
Un secreto-divulgado
Una ausencia-grave
Una eternidad-pasajera
Algunas tinieblas-fieles
Algunos truenos-cautivosl
Las pasiones-sin aire para respirar
La nieve-en cenizas
Los labios cerrados
La palabra negada
Muda
Zumbadora
Gloriosa
Y finalmente desaparecida.

#Jean Tardieu


Adaptación #


La línea sinuosa y arbolada de una colina.
Tres casas donde la tarde va a reposar.
El espacio de un río que divide los jardines.
Luego el cielo, casi blanquecino.
Semejante es mi extrañamiento en una página como esta,
donde no se podrán ver los pasos de quien soñó este paisaje.


 # Roger Giroux


II
Cicatrices y estrellas




Para sabernos dueños de este espacio


El azar nos reúne nuevamente
y la única certeza es que existes
suspendida en un tiempo de parques y avenidas.
¿Recuerdas?:

Hay un eco de pisadas en la memoria
allá en el pasadizo que no tomamos
hacia las puertas que nuca abrimos.


Quizá ese era el destino
prometido o soñado en cada gesto,
las llaves de una habitación que nos aguarda en silencio
mientras la tarde se prolonga
en el diálogo de cuerpos y miradas,

mas nuestro lujo es rebautizar
este hotel con el nombre de un jazzista
y sólo basta la cadencia de un blues
para sabernos dueños de este espacio.



Carta astral

En memoria de René Char



Mi carta astral después de años
Entre el vértigo y la espera
El vaho de espejos y canciones escarchadasCarta astral
Eso era lo mismo que la muerte
Donde lentamente se pierde el combate
En los cambios que hace la luna
O el viaje de retorno al lugar de origen.

Ahora cada uno de nosotros puede recibir
La parte misteriosa del otro
Noches de caminar bajo el resplandor de la tierra
Sin siquiera derramar su luminoso secreto.

Cada uno es hacedor de lo indecible
Incluso los pesares que se lanzan al vacío
Y luego pasan como una hoja en la tempestad.

Nadie quiere morir entre abismos
Sólo se necesita espacio y aire para vivir.



Cicatrices y estrellas


Bajo la música del Duque y las páginas de Vian me escondo
entre la sombra de personajes que bailan hasta desaparecer.
Hermoso lugar, como el país diminuto en que el gato
es monarca absoluto entre insectos y hojas secas.
Pero a veces el universo de otros es preferible a esta tarde
de junio, en que vemos desfallecer las luces
a través de la espuma de los días, y un espejo engañoso.
Cascadas de big band, cicatrices y estrellas.


IV
El emboscado

Yo? Yo persigo una imagen, nada más

Gérard de Nerval

Estación Leopoldo María Panero


Estación Leopoldo María Panerocolillas
todo lo que escribo y diviso
se va al fondo de la sangre.
Fumo para mirar la vida que pasa
mientras el cenicero acumula
voces e ideas de locos rematados.
El dipsómano baja urgente en la estación
a beberse un Nevermore.

Nuestra suerte sigue en manos de los ciegos
y lo que escribimos tal vez sea leído por parejas del 2050
en el follaje de un bosque agitado por el viento.
Hay luces harapientas, tumbas sin sosiego,
niebla sobre el césped de la calle Miguel de Cervantes.

El dipsómano sale urgente de la estación
a beberse el crepúsculo Nevermore.

Aquí dejamos latas de cervezas,
colillas que se acumulan en ceniceros,
cenizas que se acumulan en cementerios.

Observamos el funcionamiento del camión de la basura
mientras el dipsómano vuelve urgente a la estación
a beberse el crepúsculo Nevermore.

Es tan bella la ruina, tan profunda
que ni siquiera el tiempo nos puede destruir.
Niebla en la calle Miguel de Cervantes,
niebla en la estación Leopoldo María Panero.



Apuntes sobre la carátula de un disco de Stan Getz


Salimos del amor como de una catástrofe aérea
después de vagar por moteles y playas solitarias
donde nuestras huellas desaparecían tras la marea;
días y días de bañarnos con champaña
y hacer el amor mientras gritaba el oleaje.
Fuimos una rara especie de animales
que escribían sáficos imperfectos
en sus cuerpos desnudos.
Así, jugábamos a creer que dominábamos la lengua
como dominábamos ese instante.

Hoy atesoramos manuscritos, discos de jazz, libros
y esa llama que quisiéramos encender
como un profano que retorna a su creencia
y enciende las velas de un oxidado candelabro.

Salimos del amor como de una catástrofe aérea
sin equipaje ni boletos de vuelta.



Los amigos ya no son originales ante la muerte


La muerte es la ceniza del poema>Muerte
La muerte anda en todas partes
La muerte es la huésped predilecta
La muerte es anáfora y puñal
La muerte garabatea páginas a diario
(y desordena los cuartos de hoteles
que abandonamos al amanecer).

La muerte se impacienta
y somos sus fieles cautivos.
Nos aguarda en la ciudad
con gentíos sombríos
que se buscan entre la muchedumbre
y comentan los juegos de azar
cerca de puentes y avenidas.

Por eso, lo nuestro es guarecernos en la noche
para llegar a la eterna conclusión:
los amigos ya no son originales ante la muerte.



V
Oír al silencio que precede
a la palabra de uno mismo

La tempestad no ha terminado


La tempestad no ha terminado
es verano en 2004
traduces poemas que hablan de jazz
y de semanas enteras en estado de embriaguezTempestad
Ahora miles de caminos se abren
visitamos la casa de un escritor
que en realidad es un barco anclado en tierra
y vemos al sol tan desnudo
como los ojos de los demás
Las líneas de tu mano
                       dan sabiduría
los pasos que quedan en los escaños de la escalera
                        dan sabiduría
A las cuatro de la mañana viste un caballo blanco
galopando en las praderas de los sueños
sentiste una voz repitiendo:
"soy el último en tu ruta
la última primavera la última nieve
el último combate para no morir"
La tempestad -como dije- no ha terminado
las agujas de la locura penetran en todas partes
sólo un poco de silencio
para escuchar el mudo lenguaje de las cosas
un poco de silencio
para sellar el pacto entre lo que soy y no soy.



Poética


La luna es otra cosa,
es un pedazo mío,
el recuerdo luminoso de un poema:

primavera temprana:
una hoja
separa los labios...
¿Quién está muerto, quién
vivo de nosotros dos?

Hay alguien ahí,
alguien viene.
Qué olorosa
la hoja entre nosotros!

Verde es el negro
del tiempo perdurable,
negro es el verde.
El la lengua
que canta y en la que se pudre
duerme
el por qué de la vida.



Allí duerme mi padre


Visito el cementerio:
allí duerme mi padre
sobre polvo y más polvocementerio
donde no hay más que el silencio sordo de otras
                voces,
lápidas casi borradas por las tempestades:
débiles huellas sobre el mármol.

El viento desordena el entorno.
Camino sobre pétalos resecos
que se unen a la tierra,
sobre pedazos de labios
que se juntaban para amarse.
Pero no hay respuesta.

Un día espíritu y carne fueron fuertes,
vagaban sin prisa,
releyendo en el aire las señales de la vida.

Estoy de pie en este mundo,
mirando como muere la tarde,
sintiendo la enarbolada sensación de contener
                en un segundo otros ecos.
Hay pasos que oyen,
hay ojos disueltos que observan,
también el destello de la nada.
Allí duerme mi padre
frío y delicado como la nieve.



Taxi Driver


Si ya nada importa
y la ciudad duerme tranquila
a la hora en que las citas trabajan a solas,
en cuartos solitarios y ruinosos
donde el amor sabe a cerveza rancia,
no podemos sino ser parte de ese río.

Un automóvil a domicilio
y todo puede cambiar de nombre: su rostro,
su cartera, el espejo de mano, el lápiz labial
y las monedas para su regreso.

Tiene veintiún años, como su piel
y prefiere no tener memoria
pues ignora quién anhela su espejismo;
un paraíso hecho de falsas ilusiones.

Un instante de silencio
y una puerta se abre al fondo del pasillo,
sus pasos se aligeran,
la oscuridad ya no es compasiva,
su destino está trazado
y también el nuestro.



Paráfrasis de Jean Tardieu


Un camino es un camino
Sin ser un camino
Lleva todo lo que pasa
Y también lo que no pasará más.

El presente es pasado
En el momento que lo digo
Y lo que vendrá
Ya no lo espero y no lo alcanzo.

Tiemblo al nombrar las cosas
Pues cada una toma vida
Y muere en el instante
En que escribo.
 Yo mismo desaparezco
Como las cosas que señalo
Dentro de este fuerte tumulto
De ruidos y gritos.



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Notas:

1. Chile. Poeta, compilador, crítico literario y coautor de varios títulos relacionados con la poesía chilena. Ha sido traducido al italiano y al inglés y antologado en 26 New. Voices Poetry Chile, San Francisco, Estados Unidos. Ha publicado los libros de poesía Fluvial (1988), Música para un album personal (1992), Continuidad del viaje (1994), A vuelo de poeta (1996), Canciones imposibles (1997), País insomnio (2000). En 1997 prepara libro póstumo de Jorge Teillier, En el Mudo Corazón del Bosque, publicado por el Fondo de Cultura Económica de México. Colaborador en diversos medios de prensa como el diario La Época, El Siglo, la revista Pluma y Pincel, Artes y Letras del diario El Mercurio, suplemento revista De Libros donde rescata la obra de poetas chilenos olvidados del siglo XX, entre otras.
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15 de septiembre de 2005

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