Antología‎ > ‎

Euler Granda



Euler Granda
(Riobamba, Ecuador, 1935). En 1965 se graduó de doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad de Guayaquil. Es miembro fundador de la Sociedad de Médicos Psiquiatras del Ecuador. Ha publicado los libros de poemas Voz desbordada (1963), El lado flaco (1968), El cuerpo y los sucesos (1971), La inutilmanía y otros nudos (1973), Un perro tocando la lira (1977), Daquilema Rey y otros poemas de bla, bla, bla (1982), Anotaciones del acabose (1987, Premio Internacional de Poesía Jorge Luis Borges), Ya paren de contar (1991), Poema con piel de oveja (1993), Relincha el sol (1996) y Que trata de unos gatos (2000). Es Premio Nacional Eugenio Espejo (2009).


 

 

 

 

 

  


UNA FECHA Y EL MAR

 

Una vez,

un pescador

se fue cortando al viento;

tiró la red,

la recogió vacía;

en tanto ensangrentado el sol

con todo el peso 

de su cuerpo

se arrimaba en la tarde.

De pronto,

el mar

comenzó a sacudirse

como animal mojado;

el pescador cayó

en brazos de las algas;

en la espina de un pez

se fue su corazón,

aguas abajo,

y en la porosa playa

ese día encontraron

un pedazo de sal

semejante a una lágrima.


 

 

MÍA

 

Oh rota,

oh carcamal, 

recontra mía, 

hasta cuando no pueda más; 

hasta la cacha mía;

en las malas y en las peores 

pegada a mí,

a mí adherida; 

pereciente ventosa, 

liquen,

jarro viejo, 

queloide, 

que a veces da vergüenza acostarse 

contigo.

Como los que no pisan en el suelo 

yo renegué de ti,

yo te mandé a comer en la cocina; 

al virar las esquinas te pateaba 

pero tú me seguías;

para dejarte atrás 

me ponía a volar 

pero tú me seguías; 

me emborrachaba y vomitaba

pero tú me seguías

y cuando me quitaba la peluca 

de las buenas costumbres

y me tiraba de cabeza en el silencio 

al lado me gemías como un perro. 

Tú me comprendes,

las mujeres a veces,

te echaba a que durmieras en la calle, 

me escondía de ti, 

pero tú me seguías 

y hasta hubo un momento

que llegué a creerme demasiado bueno 

para ti,

pero igual me seguías. 

¡Oh! miísima,

¡oh! contrahecha, 

¡oh! patoja,

¡oh! tuerta,

¡oh! desdentada, 

bacinilla de a perro, 

¡oh! vida sarnosamente mía, 

he regresado a ti

hasta que llegue el día

en que no puedas soportarme.


De Un perro tocando la lira (1977) 

 

 

 

LA ADVERTENCIA

 

Un día

le regalan a uno

una palabra

y uno la pone al sol,

la alimenta,

la cría,

la enseña a ser bastón,

peldaño,

droga anticonceptiva,

garra,

analgésico,

brecha para el escape

o parapeto.

Uno le saca música,

la pinta,

la vuelve más pariente

que un hermano,

más que la axila de uno.

Uno la vuelve gente

y en los instantes débiles

hasta le cuenta

las cosas subterráneas de uno;

pero cría palabras

y un día te sacarán los ojos. 

De El cuerpo y los sucesos (1970) 

 

 

 

LA DROGA

 

La más inofensiva,

la más sana,

la que nunca produjo salpullido a nadie;

la que hasta ahora que yo sepa

a nadie le ha pasmado la alegría;

la pájara,

la pajarita

que nos hizo volar sin ser aviones;

la que a mansalva nos hizo sudar miel,

quedar absortos

hasta sacar en conclusión

que el mundo lo teníamos cogido

como a una lagartija por el rabo.

Ese licor,

o si usted lo prefiere

esa licora

que nos hizo espumear sin ser cerveza,

que nos hizo calor en pleno frío.

La rica,

la pura gozadera

que no daba adicción

ni efecto de rebote

ni sueño dependencia

y así todo al respecto.

La bizca,

la bizcacha,

la tuerta,

la tuertacha

que nos hacía ver todo bonito y de colores.

Esa descabellada primavera,

ese frescor sin nombre,

ese aroma sin cara,

esa borracha borrachera

que nos exacerbaba el apetito

para que devoráramos las fechas y las calles.

Esa droga, ese placebo

que no era cocaína,

ni peyote, ni crak, ni lsd ni marihuana;

esa droga que en nada coincidía con un ave

y sin embargo era más ave

que las aves.

Esa destartalada,

esa chúcara fruta

que nos hacía sufrir delirios de grandeza,

alucinaciones, vahídos

y sin embargo teníamos

más salud que los toros.

Esa recontramuerta,

esa enterrada viva droga de la juventud. 

De Ya paren de contar (1991) 

 

 

 

LIMPIEZA GENERAL

 

De un puntapié

acabar con la ventana.

Desde el último piso

tirar el terno nuevo,

el nombre, la lascivia;

despojarme del ansia y los papeles;

arrojar a la calle

las mentiras,

las muelas que me sobran,

los amigos;

botar la basura,

la calvicie

y por fin,

sin pagar el arriendo

sin avisar a nadie,

irme

donde me dejen ser

una página en limpio. 

De El rostro de los días (1959 – 1961)

Comments