La peonza


Tres poemas de Julio Pazos de su libro La peonza (2005)




Julio Pazos (Baños, Ecuador, 1944) es uno de los poetas más reconocidos de su país y su obra ha sido reseñada en numerosas antologías. También profesor universitario y crítico, ha publicado 13 libros de poesía y nueve de ensayo. En 1980 obtuvo el Premio Nacional de Literatura con su poemario La ciudad de las visiones, mientras su obra Levantamiento del país con textos libres mereció el Premio Internacional Casa de las Américas en 1982. El escritor Jorge Dávila ha destacado de Julio Pazos "su ansia infinita de beberse el mundo, de aprehenderlo, por obra y gracia de su amante y enemiga perpetua, la palabra".


Ómnibus reproduce tres de sus textos.




Es una alteración del sentimiento



Hace ocho mil años

Sobre el cadáver se colocaba una piedra.

Los vivos iban a las rocas del borde del mar

y almorzaban. Se desconocía

el pesar que destila la ausencia.



La sospecha comenzó delante de las olas anhelantes.

Fue hilacha del manojo de plumas que yacía en la playa.

Algo ocurría con el candor lunar que aupaba los cuerpos de las mujeres.



El vaso se quiebra en mil avecillas que fugan.

Palabras se resbalan en los enseres

con aire de bailarinas.



Todo es ausencia en esta mañana muy clara.

Es separación de dimensiones.

A este lado no llegan voces.

A este lado se apergamina la piel

y descompone. Nadie retorna.

Puertas indiferentes se abren y se cierran.




Autoestima



Escritor sin ángel de la guarda.

Degradado, autoafamado, subdesarrollado.

Escritorino colega del gallinazo. Sentimental.

Apto para cualquier encargo.

Escritor sin obra, sin amada, sin editorial,

sin alma gemela, sin lector, sin periodista.

Escritor sin retrato al óleo, sin fotografía, sin partidarios.

Sin contrato, sin premio, sin el aprecio de los conciudadanos.

Sin columna dominical, sin pan de San Antonio,

sin carnet profesional.



Escritor lívido, vela junto al féretro marginal,

sin derecho al parte de la boda, sin membresía,

sin condecoración edilicia.

Sin infancia, sin motocicleta, sin visa, sin rebaño,

sin clase de cívica, sin seguro dental, sin carta de recomendación.



Escritor sin poemas en antologías, sin entrada en diccionarios,

sin caricatura, sin invitaciones a los clubes de lectura.

Escritorzuelo ausente en la página web.

Escritor de segunda, de adorno, de dudosa procedencia.




Simulación del azor



La velocidad debe ser como sacarse la cabeza y colgarla en un gancho.

Consoladora manera de convertirse en luz

más allá de las antenas, acantilados, riscos nevados...

Festivo modo de ignorar el punto de partida

y olvidar la hoja de la vida.

Felices emulaciones de azores, vendavales y rayos.

Exultantes imitaciones de aludes, nubes ardientes y aerolitos.



En el ensayo del sueño acelero,

jabalina que avanza en la bruma, 

y me alejo. ¿En qué orilla descansaré?

¿En dónde depositaré la insignia?

¿Se repetirá la acechanza del vacío?



La velocidad elimina simulacros pasados.

Deja a la eventualidad del rocío

el escritorio, la máxima seriedad presente,

la valija. Deja son pena los besos en el prado del seno.



En firme la velocidad debe ser un desencuentro,

desconexión y constante recibimiento,

sucesión de albricias,

como si olas y árboles agitaran sus pañuelos.

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15 de noviembre de 2005

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