Poemas de Nociones del vigía.
De Carlos-Enrique Ruiz


Ilustración de Emma Reyes

De dónde me viene la sombra y la súplica

la racha de fuego que me consume

De dónde me vendrá este hilito de luz

que tarda en extinguirse

que pasea por los rincones del alma

y se apuntala en el despunte del día

Cómo haré para despejar los sonidos en el silencio

para la defensa de los espacios perdidos

siempre por recuperar

Desde dónde corre el agua

es pregunta extraña al saber quizá de la suerte del río

para reconocer el otro camino 

que involucra la arena y la piedra

el vuelo de la mariposa y el rasgueo del viento

De dónde vendrá el recuerdo por lo ocurrido

sin padecimiento/ con el paso de los días

en torrente de voces diluidas

y de miradas con recelo

De dónde habrá salido el primer impulso

que no cesa



*



Las calles están aquejadas de luz

Adentro de las residencias otra luz escasea

Son los mismos seres que deambulan

por unos y otros espacios

Se entrecruzan sin ni siquiera verse a los ojos

mucho menos decirse algo

Cada jornada es igual

y la suma de todas en un período amplio

ha dado con esta soledad que se cuelga en lo árboles

en los desolados por extensos paredones

y ondea en las pocas ventanas que se abren sin temor

al viento ni al resplandor menguado de la Luna

Las calles y los habitáculos se asimilan

en esas condiciones

a tejidos prefigurados por la imaginación

de peregrinos que alguna vez cruzan por ese lugar

quienes al llegar a sus destinos propios

bendicen la luz que titila/ el golpe del aire

sobre los rostros risueños

y las aguas que canturrean en los serpentines naturales

en los grifos

Y también festejan los asomos de cambio en la Luna

De recuerdo queda un golpe ligero seco y sostenido

en los rostros de quienes alguna vez fueron conducidos

por aquellos lugares

Golpe ligero y sostenido que es el nombre

de la nostalgia


(De "El titubear del candil")



Ilustración de Emma Reyes

Me contaban que descendiendo unos metros en el mar

los colores bullían y la variedad de peces contoneaba

manadas

por entre los cuerpos de los buzos de ocasión

La placidez llegaba pronto y la sensación más increíble

arropaba las almas que también flotan

sumergidas en la mar-océano

Los relatos no podían precisar nada y entonces asumí

aquella condición

inocultable de sumergido en la ciudad



*



Manzana dorada en unos labios que trinan

con el desespero de los sauces

de los cocoteros

de los alelíes

Manzana dorada con abandono de manos y de voces

configurada de quietud y de silencio

en éxtasis



*



La luz del aposento padece el tono bajo y silencioso

de voces ausentes

En el reposo de la mirada va quedando el sentido de la

fuga

el de la lucha que no fue finalmente el paso

de quienes no pudieron darlo por encima del abismo

Esta luz que llega al aposento da todavía para percibir

sombras

en el papel blanco/   en los muros blancos

Sombras que erige el recuerdo



(De "La tabla del náufrago")

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15 de enero de 2006