Susana Szwarc

Entrevista a Susana Szwarc

Por Mario Buchbinder y Daniel Calmels
Escritores argentinos

 


Mario Buchbinder / Daniel Calmels -  ¿Cuándo y por qué comenzaste a escribir? 

Susana Szwarc - Creo, hoy, en este bar de Quitilipi  (pueblo donde nací), que nacemos escritos. Que hay quienes modificamos esa escritura y quienes la continúan. El que la modifica (traiciona fielmente o traduce errante), podría “llamarse” escritor/a. O poeta, palabra que “atiende” a todos los sexos.
Muy temprano, amaneciente, me alejaba (hacia el patio, hacia la vereda). Le inventaba frases a los pájaros que, me pregunto y les pregunto, ¿escuchaban? También, en la larga siesta, comía sandía; cada carozo negro entre tanto rojo era una letra. Escribía en ese juego que (nos) interviene en el mundo.
Pronto, la señorita Aroma, en la escuela de atrás de la vía, nos “recitaba” poemas. Recuerdo palabras: dones, borges, espejos, tigres. Hablaba, con otra voz, estamos como siempre en el fin de los tiempos y decía que esa oración estaba en un cuento: “La escritura del Dios”. Me inventé el Dios de los lunes, uno propio que no fue un padre sino un hermano que cada lunes tenía que cumplir mis deseos: hacerme malabarista, equilibrista. Y el Dios fraterno cumplió: ¿no es acaso la escritora, aun sin “cuarto propio”, una artista del trapecio?
¿Por qué escribir? Tal vez le escritura sea una forma de la respiración, una destilación más del cuerpo, un desplegarse en la tierra fresca.
 
 MB/DC -  ¿Cuál fue el género de referencia para tus primeros textos?

SS - Para mí, durante muchos años la palabra “género” significaba telas, las que venían a comprar las cosecheras a la “tienda” de mis padres, en el pueblo. Las mujeres tobas elegían para sus vestidos hermosos azules, rojos, verdes, y yo amaba esos colores y los géneros luminosos rodando sobre el mostrador. Mis padres mostraban “la mercadería” con un cuidado especial. Escribía cuentos, poesía, después novela, teatro, literatura llamada “infantil” (tan difícil y delicada). Los géneros se entremezclaban. (Se entrelazan porque existe “lo textual”, ese entramado sin origen y sin fin.)

 MB/DC -    Etapas o diferentes momentos en tu escritura.

SS - La escritura como juego en la infancia, como forma de descubrir el mundo. Y cuando digo escritura digo lectura. Creo que son partes de una misma hoja (de una misma “moneda”, me da risa la palabra moneda, además es linda palabra, y puede “la moneda” girar como trompos). Después, ya en la “gran ciudad” (La Capital), la lectura era un alimento, un proteger del destierro, un ir y volver. La escritura fue (es) la continuidad de ese alimento. Ahora, mientras el tiempo nos pasa como los árboles vistos desde el viejo tren, tal vez ha retornado el primer juego, con matices diferentes. La lectura/la escritura: viajes cercanos y distantes.  Aún contando lo trágico, lo cómico emerge. Aún nombrando el dolor, el placer de la escritura insiste.

MB/DC -     ¿Reconocés orientaciones en la escritura argentina actual y con cuál de ellas te sentís cercano? La misma pregunta con respecto a la poesía y narrativa  en el mundo.

SS - Sí, hay escrituras que me orientan y otras, me desorientan. Me siento cercana a mucho, muchísimo ya escrito, a los poetas de mi generación y a los más jóvenes. De pronto me alegro inmensamente, cuando jóvenes de los talleres literarios (espacio de trasmisión) que coordino, crean textos tan fuertes y sonrío porque son”mejores y dicen más” que los propios. Así, me oriento.  
 
MB/DC -   Poetas que han ejercido influencia sobre vos, por su obra o por su relación personal. Otras influencias. 

SS - Yo creo que a mí “le” gusta ser influenciada. Es decir, cuando leo algo que me asombra (y cada vez que lo leo me dice más) quisiera ser incorporada a “eso”. En la infancia, entre los Corín Tellado y Pequeñas Lulús de Quitilipi, se entremezclaron El Proceso de Kafka, Anábasis de Saint John Perse (conservo todavía esa edición tapa dura de Fabril); Romeo y Julieta. ¿Qué habré leído allí, qué “alcanzaría a comprender”, qué me cautivó de “la manera para siempre”? Prefiero no tener la respuesta, que “eso” siga conmigo como Amapola y Memoria, título de un libro de Celan, autor que leo, releo. Ojalá “me influencie”. Por supuesto hay otros muchos autores, mis amigos que me “dan letra” con sus poemas y cuentos. (Si nombrara mis influencias sería  larga la lista de los amores.) Puedo decir que Marguerite Duras me conmovió, Lorca, Girri, Gianuzzi, Sara Gallardo, etc. etc.  (Cuántos otros me han dado de comer y siguen haciéndolo.) Y hay otras influencias: la frase sabia del verdulero de la esquina, lo que de pronto se ve al mirar una parte del paisaje (haikus continuos), los relatos de Mary Guillán  que nos alojaba en su casa. Los idiomas de la madre y el padre, las tonadas del pueblo y la ciudad (idish, polaco, ruso, guaraní, castellanos distintos). 
 
MB/DC -  Relación con el arte y la cultura en general.

SS - Creo que la relación con la cultura “es siempre”. Que somos “biología cultural”. Creo que la relación es tan grande que cuando miro al sapo,  pienso que si lo beso podría transformarse en príncipe.  La relación con el arte es más compleja, en el sentido que allí estamos “bastante determinados”, por el lugar donde nacimos, por la clase social. Aunque siempre hay grietas que dan la posibilidad de entreverarse con lo que se llama Arte y Cultura. Y  hay otros que nos abren puertas, una maestra, un vecino, una amistad nueva, el libro leído en el momento justo. Pero ya nunca será lo mismo haber sido llevado desde pequeño al teatro Colón o al Museo de Bellas Artes o haber tenido en la escuela inglés, francés. Habrá un rasgo acompañante, y  cada uno/a verá qué hace con ese rasgo. En mi caso, haber nacido de padres sobrevivientes de la segunda guerra, que llegaron y se encontraron en la Argentina y (porque sí), en Quitilipi, dejó huellas en mí (en mi escritura). No aparecen citas en francés o inglés, pero aparece el idish (que mucho tiene que ver con el alemán antiguo) y el guaraní, lenguaje poético-científico de los “desterrados”, cosecheros-golondrinas.

MB/DC -  ¿Reconoces la existencia de una poesía nacional? 

SS - No, pero en el sentido de un deseo. Espero que para la poesía no haya naciones y que, indocumentada, pueda la poesía trasladarse por/a todas partes.

MB/DC -   Mundo interior y exterior. 

SS - Creo que son inseparables. ¿Las palabras “vienen” de adentro o de afuera? Construidos por las palabras que nos habitan, nos visten, nos insisten, muchos escritores “intentamos” estirar la llamada realidad (que “es”  muchas).

MB/DC -  Modos de trabajo en la escritura: metódico – azaroso – ordenado – desordenado – otros…

SS - Tal vez el azar sea ordenado. Tal vez no sea metódica pero insisto en “la corrección”. Y me gusta la mirada de otros (mandaría el poema que inicié en este bar para que me hicieran sugerencias, “me ayudaran”). Incluso en una lectura, me gustaría que algún escucha interrumpiera y “me avisara”: esa palabra, por ejemplo, cambió “el color” del poema. O “desentona”. Entonces, yo volvería a pensarlo (una y otra vez).

MB/DC -   Lo conceptual y la emoción 

SS -¿No están acaso los conceptos “cargados” de emoción? Y viceversa. Creo que tanto en el concepto y la emoción (“lo ideal” sería que fuesen inseparables), está lo poético-político en juego.

MB/DC -  ¿Algún otro comentario que consideres significativo de tu escritura?

SS - Dado que no hay una demanda (directa) hacia quienes escribimos, es, para mí, una “gran suerte” que me suceda el deseo de escribir. Espero, entonces que los poemas y narraciones que en mí se producen, se transformen en “un decir más” para el otro. Y agradecer la posibilidad de este intercambio.