
Acerca de Luces del centro
Por Sandra Bianchi
Si el círculo es la figura que tiene un centro único, la geometría nos inspira para leer estos textos como pequeñas esferas que trazan las órbitas del universo Esther Andradi.
Si la microficción nos pide desenfocar la mirada, las luces de este libro llevan al lector al borde difuso de ese centro para explorar la realidad desde perspectivas tan inesperadas como exquisitas. Si las luces, más allá de resplandecer, invaden las zonas de sombra, irradian los contornos y hacen que se pierda la nitidez de las referencias, los lectores tendremos que gravitar en las entrelíneas para hallar las correspondencias sutiles en este “catálogo de todo”.
Luces del centro es una suerte de Aleph, ya no de vertiginosa enumeración. Por el contrario, numerosas consonancias inefables, invisibles, cruzan la Naturaleza con los vínculos personales y las reflexiones existenciales; con las derivas de la humanidad contenida en una planta de tomate; con la memoria personal y colectiva que se despierta al escuchar el ruido del agua hirviente para el café. En sus cinco secciones y una coda contiene la historia del pasado y del futuro que avizora y regresa al origen, cual círculo, una y otra vez.
Avanzando en las páginas habrá que contener y liberar la respiración como respuesta sensible a la polarización que tensa todo el libro: La muerte está de cosecha versus Crece vida, crece, aseveración y deseo que encontraran en estas páginas de manera explícita e implícita.
Frente a la insistente pregunta “¿qué es la microficción?”, Luces del centro ofrece claves narrativas que facilitan las a veces inasibles respuestas. Pero además, activará en sus lectores una sensibilidad pensante que nos recuerda que no somos otra cosa que la memoria del universo.
Esther Andradi
LUCES DEL CENTRO
Macedonia Ediciones
Argentina 2026
Selección de la autora para Ómnibus
DEL TOMATE
Cuando desperté, la planta de tomate estaba aplastada, los gajos por el suelo, sus hojas fruncidas, en estado de shock. La tierra reseca, el sol de punta. La tomé en mis brazos y la llevé al reparo mientras regaba frescas gotas de agua sobre su cabeza. La dejé a la sombra y al rato volvió a sus bríos, verde y lozana. Me parece mentira. Hace dos meses nomás eran tomates deliciosos que probé un mediodía de primavera. Sequé las semillas sobre una hoja de papel, después las puse en tierra. Y ellas comenzaron a garabatear su historia, lentamente, emergiendo desde una dicotiledónea que hizo sus primeras letras hace unos cuántos siglos en algún lugar de México.
Xitomatl la bautizaron en nahuatl. Desde entonces anda por el mundo con su identidad redonda y roja, sus dulces jugos, su increíble capacidad de sobreviviencia frente a injertos, clones, manipulaciones genéticas, jardines artificiales. Nada de reducciones, ella disfruta de su diversidad. Mis reverencias para vos, madre tomate.
A DESALAMBRAR
La ardilla siembra y yo cosecho, podría ser el título.
La ardilla entierra semillas que encuentra por ahí, y al final del invierno germina un roble, germina un arce, germina una gramilla.
Mis plantas, señoras de buena familia, desprecian a estas recién llegadas, nómadas, pibas en tránsito, busconas de la mejor tierra del mundo, arañando - asilo -comprensión – nutrición - casa - comida, en este orden de propiedad privada.
La tierra de quien la hereda- afirman las chicas burguesas engordando el espacio.
Pero no: la tierra es de la semilla, dice la ardilla.
Y siembra.
EL ÁRBOL GENEALÓGICO
Cuando el hacha abatió de un último golpe el tronco del árbol, un quejido estremeció la selva.
El follaje sorprendido se fue desplomando, arrasando con su peso las lianas, los arbustos encaramados en su cuerpo, la miríada de seres que anidaban en sus ramas, las vetas de aire suspendidas en la densa espesura, el tiempo alojado en sus anillos, los musgos aferrados a sus plantas, el dzzzdzzz de serpientes enroscadas, la impasible belleza de las orquídeas, los hongos milenarios, las especies mutantes, las delicadas colinas de termitas, los gruesos soportes de la maraña, las tiernas briznas de la mañana, la fina hiedra enredándolo todo, los estilizados helechos.
El quejido se hizo clamor y cundió como fuego.
Al día siguiente el mundo estaba en llamas.
RAÍZ DICKINSON
La guerra, otra vez la guerra.
Cuántas van, y siempre el mismo esquema.
Un país invade, otro que se defiende, soldados y coroneles por la patria, madres que lloran, niños que mueren, bombas que estallan, escombros por donde mires, dolor sin límites.
La muerte está de cosecha.
Y yo me hundo en el Herbario de Emily.
Crece vida, crece.
MIGRANTES
Tenía un rocoto en la heladera, ya comenzado.
Cuando corto un trozo para echarle al guiso que estoy haciendo, salta una arañita. Pequeña. Muy lista, valiente, y me hace frente. Es decir, no corre ni se hace la muerta, no huye, está ahí, sobre la mesada de la cocina, mirándome, como si me conociera. Interpelándome con sus bracitos en jarra: - „Esta era mi casa, adónde te creés que voy a vivir ahora?“
La entiendo perfectamente. Si estaba en la heladera es porque le gusta el frío. Entonces tomo un gajo del abeto que está en el tiesto de la ventana. Ella lee mi intención.
Y se cuelga de la rama nevada.
Ella también está en el aire.
ON THE ROCKS
El dolor se tragó mis ideas, mis proyectos, mis locuras.
En su lugar quedó un hueco, una cala donde el mar se acomoda por las noches, despacio.
Cuando hay luna, descontrolado, sube a buscarla.
Entonces, me despierta una sirena.
FUTURO INDECISO
Por las mañanas muy temprano mi gata me exige caricias.
Primero comida, sí, pero después caricias.
Su insistencia aumenta con los años.
Cuando ya no esté, seguiré acariciando su aura mirando el arce por la ventana.
Y cuando las dos nos hayamos ido, la memoria de la ventana nos evocará cada mañana en un sueño transparente, gata y mujer, acariciándose para permanecer.
O no.

Esther Andradi - Berlin, 2025-Foto María Rapela
Esther Andradi
Nació en Ataliva, Argentina, y en 1975 emigró al Perú, donde publicó su primer libro sobre la situación de las mujeres. En 1983 se radicó en Berlín (Occidental), en 1995 se mudó a Buenos Aires y desde 2003 vive y escribe entre ambas ciudades. Publicó crónica, ensayo, poesía, microficción, cuento y novela. Sus relatos forman parte de numerosas antologías en diferentes países y lenguas. Sus crónicas sobre cultura, memoria y migración se publican en diversos medios de América, España y Alemania. Tradujo la poesía de la poeta alemana negra May Ayim al español. Editó la antología Vivir en otra lengua, pionera en la construcción de un espacio para la literatura latinoamericana que se escribe fuera de las fronteras de los países de origen.
Ha sido traducida a otros idiomas, últimamente al griego. Sus ensayos reunidos en La lengua de viaje completan su trilogía berlinesa, junto con la novela Berlín es un cuento y el reportaje literario Mi Berlín. Crónicas de una ciudad mutante. (Mirada Malva, Granada, 2015)
La editorial Equidistancias acaba de publicar ANDANTE, una antología personal de su poesía. Luces del centro, su más reciente libro de microficciones, es novedad literaria de Macedonia Ediciones, la editorial argentina especializada en la brevedad.