
Escuchar a los ancestros; memoria y resistencia en Changó, el gran putas, de Manuel Zapata Olivella
Por Luz Adriana Ibarra
Polítologa e investigadora colombiana
Referencia Bibliográfica: Zapata Olivella, Manuel (2023). Changó, el gran putas. España: Editorial Literatura Random House.
Hay novelas que se leen y se olvidan con el tiempo, pero esto no sucede con esta obra. Changó, el gran putas nos obliga a mirar la historia desde otro lugar y deja la sensación de que muchas de las certezas con las que uno llega, ya no son las mismas cuando termina la lectura.
Aunque fue publicada hace más de cuarenta años y reeditada por Literatura Random House en el 2023, esta obra continúa vigente. El autor no cuenta la historia de la diáspora africana como un episodio del pasado; en su lugar la convierte en una memoria viva que atraviesa el continente y llega hasta el presente. Desde las primeras páginas nos invita a dejar de lado una manera eurocéntrica de leer la historia para entrar en un universo donde el tiempo no es lineal, los muertos dialogan con los vivos y los orichas acompañan el devenir del pueblo africano dispersado por la trata transatlántica. De ahí que su estructura no lineal constituya uno de sus mayores desafíos, pero también una de sus principales fortalezas. A ello se suma su riqueza simbólica, que hace de Changó una novela exigente, cuya lectura demanda paciencia y disposición para adentrarse en una lógica narrativa distinta de la novela histórica convencional.
La novela reconstruye quinientos años de resistencia, memoria, creación cultural y búsqueda de libertad desde una epistemología afrocentrada. Sí, hace justamente eso; sitúa a los pueblos africanos y afrodescendientes en el centro de la historia y con ello desafía las interpretaciones coloniales que durante siglos los han dejado en lugar marginal. Leerla es comprender que la diáspora africana no puede explicarse solo desde el dolor; también debe entenderse desde la capacidad de crear cultura, producir conocimiento, resistir, cuidar y sostener la vida.
Está organizada en cinco grandes apartados: Los orígenes, El muntu americano, La rebelión de los vodús, Las sangres encontradas y Los ancestros combatientes. Cada uno tiene identidad propia y podría leerse de manera independiente. Sin embargo, es en su conjunto donde se aprecia la enorme capacidad narrativa de Zapata Olivella. A través de estas cinco partes la historia va recorriendo África, el Caribe, Brasil, Colombia, México y Estados Unidos, articulados por un mismo hilo; la memoria de los pueblos afrodescendientes y su lucha contra la esclavización y el racismo.
Ahora bien, uno de los aspectos más originales de esta obra es la forma en que entrelaza el mito, la historia, la oralidad y la espiritualidad. El realismo mítico que desarrolló Zapata Olivella hace que los orichas, los ancestros y las fuerzas de la naturaleza no acompañen simplemente el relato, sino que sean parte de la historia misma. Y lejos de aparecer como recursos folclóricos, estas presencias nos hablan de una manera distinta de comprender el mundo, una filosofía distinta donde los vivos, los muertos, los animales, los ríos, los árboles y las divinidades forman parte de un mismo tejido espiritual.
Uno de los conceptos que más atraviesa toda la novela es el de muntu, una de las categorías centrales del pensamiento bantú. El muntu no designa únicamente al ser humano; es una fuerza vital que integra a los ancestros, a quienes vivimos hoy y a la naturaleza en un mismo tejido de existencia. Desde esta perspectiva, por ejemplo la muerte no representa una ruptura definitiva sino otra forma de continuidad de la vida. Esta manera de entender el mundo transforma también la forma de leer la historia, porque los ancestros no desaparecen; siguen acompañando las luchas de quienes continúan buscando la libertad.
La música es uno de los hilos que sostienen toda la novela. Desde las primeras páginas, el sonido de la kora africana nos introduce en un universo donde los tambores, los cantos, los arrullos, los alabados, los lumbalúes y otras expresiones musicales son formas de conocimiento, de comunicación y de resistencia. En ese sentido la música no aparece como una simple ambientación cultural; es memoria, es lenguaje político y es práctica espiritual. No solo acompaña la historia sino que también la narra y la mantiene viva. Cada tambor desafía el silenciamiento impuesto por la esclavitud; cada canto mantiene viva la presencia de los ancestros; cada ceremonia recuerda que, pese al desarraigo y a la violencia colonial una civilización logró reinventarse.
En sociedades donde todavía persisten formas de racismo que reducen las culturas afros a lo folclórico o a lo exótico, Zapata Olivella nos recuerda que la música, la oralidad y la espiritualidad son también formas de pensamiento. No son adornos culturales; son maneras de producir conocimiento, de cuidar la memoria y, sobre todo, de sostener la vida. En ese sentido, frente a las narrativas occidentales que durante siglos redujeron las culturas africanas a expresiones exóticas, esta obra muestra que las prácticas musicales, funerarias y rituales afrodescendientes son también formas de comprender el mundo, de organizar la vida comunitaria y de transmitir la memoria entre generaciones.
Una de las mayores apuestas políticas de Changó, el gran putas está en la manera como recupera personajes históricos que durante mucho tiempo fueron relegados a un lugar secundario por una historiografía hegemónica; Benkos Biohó, François Mackandal, Toussaint Louverture, José Prudencio Padilla, José María Morelos, Malcolm X, Martin Luther King entre otros, aparecen unidos por una misma genealogía de rebeldía y resistencia. Hacen parte de una memoria colectiva que encuentra su fuerza en los ancestros africanos y en la presencia de los orichas. Así, Zapata Olivella construye una historia continental de las luchas afrodescendientes que atraviesa fronteras nacionales y nos recuerda que la diáspora también puede entenderse como un espacio compartido de resistencia.
En esta reconstrucción histórica sobresale otro aspecto fundamental; la reivindicación de otras formas de habitar el mundo. La novela recuerda que la diáspora no trasladó únicamente cuerpos esclavizados, sino también lenguas, músicas, medicinas tradicionales, sistemas agrícolas, espiritualidades, filosofías y múltiples maneras de comprender la existencia y la vida. Expresiones como los arrullos, los alabados, los chigualos o los lumbalúes son también formas de acompañar la vida y la muerte, de fortalecer los vínculos comunitarios y de preservar una memoria ancestral que la violencia colonial intentó borrar. En Changó, la cultura deja de ser únicamente un legado del pasado para convertirse en un territorio desde el cual las comunidades cuidan y sostienen la vida.
Otro aspecto que llama la atención en la novela es la decisión de Zapata Olivella de recuperar términos africanos como muntu, bazimu, babalao, Elegba o Changó, sin traducirlos plenamente a categorías occidentales. Esta decisión estética es también una apuesta política, porque desplaza al lector hacia otros horizontes de sentido y reconoce la legitimidad de formas de pensamiento que durante siglos fueron subordinadas o invisibilizadas. Esa es, quizá, una de las contribuciones más valiosas de Zapata Olivella; la novela no traduce África para hacerla inteligible desde Europa; en su lugar nos invita a leer América desde África. En tiempos en los que todavía se espera que los saberes afros sean explicados desde categorías occidentales para ser considerados legítimos; esta decisión adquiere una fuerza política única.
Desde esta perspectiva, Changó, el gran putas es una de las propuestas literarias más sólidas del pensamiento afrodiaspórico latinoamericano. Su escritura rompe con las separaciones que la modernidad occidental estableció entre historia y mito, entre razón y espiritualidad, entre naturaleza y humanidad. La memoria ya no habita únicamente los archivos escritos; también vive en el canto, la danza, el tambor, la palabra oral y en la presencia permanente de los ancestros. Quizá ahí radique uno de los mayores aportes de Manuel Zapata Olivella; en demostrar que existen otras formas de producir conocimiento y de narrar la historia sin sacrificar el rigor ni la riqueza estética.
Ahora bien, considero que Changó, el gran putas sigue siendo una novela necesaria y, me atrevería a decir, urgente. En un momento en que el racismo estructural, la colonialidad y las demandas de verdad, justicia y reparación ocupan un lugar central en el debate internacional; la obra nos recuerda que muchas de las desigualdades actuales tienen sus raíces en la esclavización transatlántica. Sin embargo, el horizonte que plantea Zapata Olivella no se agota en la denuncia del daño histórico; es, sobre todo, el de la dignidad, la creatividad y la capacidad de los pueblos afrodescendientes para sostener la memoria ancestral.
No es casual que el autor eligiera una expresión tan colombiana como el gran putas para nombrar a Changó. Lejos de una lectura peyorativa, la expresión alude a aquello que alcanza una intensidad única y a una fuerza que desborda los límites. Y esa es justamente la potencia de Changó; transformar de formas creativas el dolor en memoria, hacer del exilio una forma de resistencia y convertir la lucha por la libertad en un proyecto histórico y colectivo.
Más de cuatro décadas después de su publicación, Changó, el gran putas continúa siendo una obra fundamental de la literatura latinoamericana escrita en nuestra lengua. Su lectura requiere tiempo, sensibilidad y disposición para dejarse interpelar por sus múltiples voces y caminos. Pero quien se adentra en sus páginas no solo recorre siglos de historia; también encuentra otras formas de comprender América y de escuchar la memoria de sus pueblos.

Luz Adriana Ibarra
Luz Adriana Ibarra. Pertenece a la diáspora afrocolombiana. Actualmente es doctoranda del Programa en Estudios Internacionales en Paz, Conflictos y Desarrollo de la Universitat Jaume I (España). Magíster en Educación desde la Diversidad. Politóloga. Investigadora de la Academia de Historia del Cauca, Colombia. Líneas de investigación: construcción de paz, epistemologías para la paz, estudios afrodiaspóricos e interculturalidad. Publicaciones: Ibarra, Luz Adriana; Benítez Vidal, Lina y Cardona, Claudia. 2016. «Las máscaras de la diversidad». Plumilla Educativa, 18: 268–284. https://doi.org/10.30554/plumilla. Ibarra, Luz Adriana y Benítez Vidal, Lina. 2016. Sentidos y significados de la diversidad que han configurado los estudiantes de 14 a 16 años en la Institución Educativa Fidelina Echeverry de Puerto Tejada, Cauca. Tesis de Maestría. Universidad de Manizales. Ibarra, Luz Adriana. 2012. Historias locales. Población esclavizada en Cali, 1780–1830. Popayán: Ministerio de Educación Nacional, República de Colombia. Correo electrónico: ladriana@unicauca.edu.co