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PENSAMIENTO CRÍTICO

LA FORMACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO EN MEDELLÍN

 

Por Jesús Dapena Botero *

Médico psiquiatra y psicoanalista colombiano


 

La crítica es la base del progreso.

(Thomas Mann)[1]

 

 La crítica es una forma postfreudiana de la 

autobiografía…ideológica, política, cultural.

(Ricardo Piglia) [2] 

 

INTRODUCCIÓN

 Esa proposición del escritor argentino es cierta; por eso, hablaré del desarrollo del pensamiento crítico en Medellín, como una medio autobiografía, inscrita en un macrocontexto histórico cultural, en el que pasé mis años de constitución como persona, a la manera de una especie de Bildung-roman, una novela de formación, por lo tanto, bastante subjetiva y limitada, en la medida que no puedo dar cuenta de todo ese desarrollo, dados los bordes de mí mismo y de mi circunstancias.

Pero, antes que nada, creo que es necesario, precisar:


1.                   ¿QUÉ ENTIENDO POR PENSAMIENTO CRÍTICO?

Considero que es un proceso cognitivo de tipo analítico, que trata de comprender la organización de los conocimientos, para darles una interpretación, acorde con una visión del mundo, no ceñida a prejuicios culturales, como una reflexión sobre lo que pareciera ser obvio en una sociedad determinada, para ir en busca de una verdad lo más lógica posible, en pro de la expansión del conocimiento, lo que implica la constitución de un criterio propio, de acuerdo con datos, que aporta el entorno, que confrontan los juicios apriorísticos; pero, no de una forma caprichosa ni exagerada como se da en el hipercrítico y en el fanático, quienes creen que quien no piensa como ellos está en su contra.

De ahí que el verdadero pensador crítico es inteligente, capaz, tenaz, riguroso en su lógica, precavido y humilde; lo que lo constituye en un librepensador, que hace aportes a la comunidad, de acuerdo con su capacidad de reflexión, de volver a pensar y aprender de la experiencia, como bien lo señalara el gran psicoanalista inglés W. R. Bion. [3] [4]

Tal pensador crítico tendrá que enfrentarse con el establishment, como grupo dominante, que ostenta el Poder y la autoridad respecto al conocimiento tradicional, más el conjunto de relaciones, que se dan entre los miembros de lo instituido, con todas sus jerarquías; tal idea nueva, será vivida como un peligro aniquilador, por el temor de que se produzca, dentro del sistema, un cambio catastrófico, un fenómeno, que podremos observar si hacemos una mirada sociológica y etnológica de lo que pasa en la vida cotidiana. Esta situación de rechazo puede ser molesta para el creador de nuevas ideas o producciones, en la medida, que como diría Al Gore, con respecto al concepto del cambio climático, puede ser vivida una verdad incómoda [5]. Hasta que no se de una correspondencia entre el pensamiento, el pensador y el grupo, que permitan que nuevas reflexiones proliferen y el portador de las nuevas ideas, junto con el conjunto de sus semejantes evolucionen y se transformen, en una permanente espiral dialéctica. [6] 

Y es que pensar de una manera creativa implica la capacidad de tolerar las ansiedades, que genera la posibilidad de un cambio catastrófico.

Pero si hay seriedad en el aportador de nuevas ideas, éste no lo hará de una forma caprichosa y arbitraria, sino que las someterá a prueba, a la manera que lo señalara Karl Popper, para darles cierta objetividad, ya que en el conocimiento es imposible descartar del todo la subjetividad, porque en un polo del conocimiento, está el sujeto cognoscente, quien intentará verificar o desmentir las hipótesis, que se ha planteado. [7] 

Por lo tanto, el pensamiento crítico es una habilidad humana, que los sujetos debemos cultivar y desarrollar para resolver problemas, contradicciones y enigmas, que se nos plantean en el mundo de las cosas, movidos por la curiosidad, la pasión por el conocimiento o la pulsión epistemofílica, como se quiera llamarlas, lo cual ha de servir de acicate para la investigación, la reflexión y la creación, para no convertirnos en esos burócratas, sobre los que Antoine de Saint-Éxupery escribía: 

Viejo burócrata… has construido tu paz a fuerza de bloquear, como lo hacen las termitas, la salida hacia la luz. Has rodado, como una bola, tu seguridad burguesa; en tus rutinas, en los mitos asfixiantes de tu vida provinciana; has alzado esa humilde morada contra los vientos, las mareas y las estrellas. No quieres inquietarte con los graves problemas, bastante trabajo has tenido con olvidar tu condición de hombre… No planteas preguntas sin respuesta, eres un pequeño burgués. Nadie te ha sacudido los hombros cuando aún era tiempo. Ahora la arcilla, con la que estás hecho se ha secado y endurecido y nada, en ti, podría, en adelante despertar al músico, al poeta, al astrónomo, que quizás te habitaba en un principio. [8] 

Por ello, la crítica siempre implica mentes abiertas, que manejen un sano escepticismo.

 

2.      ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL PENSAMIENTO CRÍTICO EN MEDELLÍN

Considero que sería bastante presuntuoso pensar que el pensamiento crítico en Medellín, comenzara con nuestra generación, puesto que no creo que en la Bella Villa se ignorara la presencia histórica de un Sócrates, cuestionador de los sofistas o el humanismo renacentista, que bebiera del pensamiento árabe de sabios como Averroes y Avicenas, con el que se retrotraería a Europa la obra de los filósofos griegos, ignorados en la noche medioeval y otros saberes dignos de los hombres libres frente al dogmatismo de la teología, imperante en la Iglesia católica.

Los humanistas del renacimiento escribían con un estilo grecolatino clásico y desde una mirada antropocéntrica se hacía un rescate del ser humano, como un animal con una inteligencia superior al resto de las especies, de donde surgía su capacidad de raciocinio, la cual adquiriría un valor supremo, al igual que el arte, como actividad intelectual y analítica, al servicio del conocimiento, ideas, que transmitían con un estilo natural, sin afectaciones, sin mayores diferencias entre la lengua escrita y la hablada, a pesar de cierta idealización platónica.

Así las cosas, el campesino volvía a ser objeto de preocupación, con una actitud optimista, en contraposición con el pesimismo del medioevo; mientras la lógica aristotélica se enfrentaba a los argumentos de autoridad, con escritos, que la imprenta popularizaría.

Ese proceso cultural se continuaría con la Ilustración, que también pretendía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía en pro de un mundo mejor, con la instauración de la era de la Razón, que llevaría al hombre a salir de su puerilidad y de su cobardía para pensar por cuenta propia y es ahí, en ese período histórico, que se darían las grandes críticas kantianas y culminaría con las grandes revoluciones de fines del siglo XVIII, en Francia y América. [9]

Pensamiento crítico, que influiría entre nosotros como lo muestra el hecho de que, en 1793,  Antonio Nariño usara su imprenta patriótica para divulgar la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano. [10] [11] 

Mientras a la vuelta del siglo surgirían los socialistas utópicos, que sometían a una crítica radical a la misma Revolución francesa, de los cuales sé a ciencia cierta, que eran estudiados por el político conservador, don Estanislao Gómez, secretario de Mariano Ospina Rodríguez; esos europeos, soñadores de utopías consideraban que los gobiernos deberían tender a mejorar la situación moral y material de los trabajadores, mientras la industria, como actividad productiva, debería ser el centro de los esfuerzos sociales, para cubrir las necesidades de todos.

Estos autores, junto con Hegel, influirían en Karl Marx y Friederich Engels, gestores del comunismo y en el socialismo europeo, quienes, sin lugar a dudas, influirían en la creación del partido comunista colombiano, el cual se fundaría en 1930, aunque ya en 1926 se había fundado el Partido Socialista Revolucionario, primer partido político marxista en la historia de Colombia, en el que una medellinense, María Cano, proveniente de una familia culta y humanista de educadores, periodistas y artistas, lo que se diría una librepensadora se inscribiera para dirigir la lucha por los derechos civiles fundamentales de la población, en general y de los asalariados, en particular, en un movimiento en el que  tendría una intensa labor en la agitación revolucionaria, por lo cual, para las familias tradicionales, se convertiría en una especie de coco, con el que se asustaba a los niños, con la advertencia: No te manejés mal, que si no viene María Cano por vos. 

Pero, ya entre 1910 y 1913, se dio un movimiento de trece jóvenes artistas en formación y estudiantes de la Escuela de Minas, expulsados de las instituciones educativas por su espíritu belicoso y sus lecturas de Nietzsche, Baudelaire y los poetas malditos, que escandalizaban con su bohemia a una Medellín pacata, aunque serían el germen de una literatura y un arte nuevo en Colombia, entre los que destacarían un León de Greiff, un Ricardo Rendón y un Fernando González, entre otros, quienes crearían la revista Los Pánidas, que sería condenada por el arzobispo de la capital de Antioquia, Monseñor Caycedo.

Y, en el campo de las artes plásticas, Pedro Nel Gómez se constituiría en uno de los pintores de la primera modernidad del país, con una marcada búsqueda de lo propio y la investigación sobre los orígenes del imaginario colombiano, para lograr universalidad, a partir de una consciencia americanista. [12]

Había allí, mismo en el Valle de Aburrá, una chica, quien había sido rebelde desde niña, su discípula, Débora Arango, quien, además, sería lectora de filósofos y escritores de todas las tendencias y en 1938, empezaría a pintar desnudos, lo que ocasionaría un gran escándalo en la Bella Villa, donde la joven pintora fuese censurada como sórdida, impúdica y pornográfica, lo cual la empujaría a abordar la crítica social y política de nuestro país, con la denuncia de la violencia imperante en él, que alcanzara su mayor crudeza a partir de 1948.

Pero si Débora tuvo que encerrarse en su casona envigadeña, ya vendría una nueva generación, que no trabajaría tan en solitario, como sería el grupo de Gonzalo Arango y los nadaístas, quienes bajo la influencia de los poetas malditos, el surrealismo y el movimiento beatnik, retomarían la rebeldía de los Trece Pánidas, con el propósito de cuestionar a una sociedad beata, que vivía en Medellín, esa hermosa villa, muellemente tendida en la llanura, según la cantara Gregorio Gutiérrez González, en el contexto de una Colombia herida por la lucha a muerte de la violencia bipartidista, en un momento en que se estaba ad portas de que ésta se transformara no ya en un conflicto sangriento entre liberales y conservadores, quienes habían pactado al constituir el Frente Nacional y turnarse el Poder, en desmedro de la formación política de las juventudes; entonces, aparecería un enfrentamiento con adjetivos nuevos, de derecha o izquierda, con surgimiento de la Revolución Cubana, conflicto inscrito en el macrocontexto mundial de la Guerra Fría entre los Estados Unidos de América y los países soviéticos, de tal modo que se daría una transformación de una guerrilla liberal en comunista, unos grupos con ideales soviéticos y otros maoístas.  [13]

La década de 1960 comenzaría a ocasionar todo un cambio social, bastante interesante, que apuntaría hacia la era satelital y al pasaje de la aldea tribal a la aldea global, tal como lo propusiera Marshall McLuhan. [14]

Era como si se iniciaran las primeras ondas sísmicas, que ocasionarían todo un cambio de valores, a la par que en África y Asia se daban movimientos libertarios contra los colonizadores y en Colombia nos preguntábamos si éramos víctimas de un neocolonialismo de parte de los Estados Unidos. [15] 

De otro lado, a partir de El segundo sexo de Simone de Beauvoir se iba consolidando un movimiento de liberación femenina, al que se sumaba el gran invento de la píldoras anticonceptivas, lo que permitiría una mayor libertad sexual, con un control de la natalidad eficiente, aunque el feminismo se hizo más franco en la década de 1970, de una manera, a mi modo de ver, bastante radical, excluyente y sofística del hombre, que apuntaba hasta recurrir como Medea y el filicidio como ideales, en tanto y en cuanto los hombres éramos los que hacíamos la guerra, mientras se iba gestando un movimiento de liberación de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. [16]  [17] 

A la par, en la década de 1960, los estudiantes universitarios de Occidente, hartos de los abusos de Poder, de la guerra de Vietnam y, sobre todo, a partir de Mayo del 68 francés y de movimientos en las grandes ciudades estadounidenses, retomaban un marxismo crítico, inspirados en Herbert Marcuse y otros pensadores europeos, cuestionadores de los atropellos de los soviéticos en Hungría, Checoslovaquia y Polonia, en contra de todo dogmatismo, en contra del socialismo real y del capitalismo puro y duro, con lo que reflotaba el pensamiento trotskista, denunciante de una revolución traicionada o se tenía esperanzas en una revolución cultural china, de tipo maoísta, casi a la espera de que Eros venciera a Tánatos, en una sociedad, que tenía todos los visos de tener fuertes tendencias filicidas. [18]  [19]

Al mismo tiempo en los Estados Unidos de América se avanzaba en el tema de los Derechos Humanos ante la ignominia del racismo homicida del Ku Klux Klan y Martin Luther King nos enseñaba a tener un sueño, a la vez que aprendíamos la desobediencia civil de un viejo Thoureau. [20] [21] [22] 

Entonces, en vez de ser señoritos de saco y corbata, bien engominados, cuando aún teníamos pelo, pasamos a ser jóvenes barbudos, melenudos, que llevábamos blue jeans y andábamos enmochilados, con modelos de pensamiento muy distintos a los de nuestros padres; mientras, las mujeres se descomplicaban y dejaban de aspirar a ser unas bellas damas, al estilo de la protagonista de Pigmalión, de George Bernard Shaw [23] y se comprometían con el espíritu crítico, el estudio, en una universidad más masiva e incluyente, mientras cambiaban las revistas de Vanidades y Buen Hogar, por textos muchísimo más profundos. 

Todos, los que andábamos en esa línea, estábamos dispuestos a conocer el mundo con los ojos bien abiertos y si algunos alteraban sus estados de conciencia con substancias psicoactivas, otros no lo hacíamos, ya que no queríamos convertirnos en una generación perdida, en la medida que soñábamos con mundos utópicos, dentro de nuestras juveniles fantasías omnipotentes, pensábamos que grandes cosas íbamos a hacer para transformar un mundo, que no nos satisfacía con sus inequidades, siempre con ese coraje de ser, que habíamos aprendido de un Paul Tillich, lo cual nos salvaba de caer en ese terrible vacío en el que caen muchos jóvenes de ahora, en medio de esta contradictoria sociedad de consumo. [24] 

Y oíamos a los Beatles, a Joan Baez, Bob Dylan, a Simon & Garfunkel, Joan Manuel Serrat, Paco Ibáñez, Víctor Manuel, Soledad Bravo y Mercedes Sosa, la Nueva Trova Cubana, los que alentaban nuestro espíritu de protesta, al exaltar nuestra imaginación.

Mientras el cine-arte, que aprendimos a ver, en el Cine Club de Medellín y otros cine-clubes, nos acercaban a los grandes directores del neorrealismo italiano, de la Nueva Ola francesa, de Ingmar Bergman o del Free Cinema inglés y el cine político de distintas latitudes, que nos brindaban temas y personajes, que entraban a hacer parte de nuestros ideales positivos o negativos; mientras nos desgarraban las historias de guerra en Vietnam o en Palestina, de los niños famélicos de Biafra, más las imágenes míticas de ciertos personajes reales, asesinados por el establishment como el Ché Guevara, Camilo Torres y Salvador Allende, en un momento en que empezábamos a leer a los filósofos de la sospecha, como los llamara Paul Ricœur [25]: Marx, Nietzsche y Freud, quienes nos mostraban que, más allá del mundo de la apariencia se daban movimientos reales, ocultos bajo fetiches, o representaciones conscientes, que tapaban lo latente en el inconsciente, hartos ya de ser engañados por ideologías, en el sentido althusseriano del término [26], entre las que estaría una visión metafísica y moralista del mundo, lecturas, que fueron muy estimuladas, en la década de 1970, por Estanislao Zuleta, hacia quien guardo una inmensa gratitud.

Pero, entre los jóvenes católicos, como lo era yo, ya el aggiornamento del Concilio Vaticano, convocado por Juan XXIII, había puesto en cuestión a la Iglesia tradicional, dada su una mirada más ecuménica y con el énfasis puesto en la justicia social, lo que tuvo un enorme influjo en América Latina, en el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en Medellín, el cual se ocupó de la promoción del ser humano y de los pueblos, en torno a los valores de justicia, paz, educación y vida familiar, con todos los problemas de las comunidades más pobres.

Con un fuerte sentido pastoral, se generaría la llamada Teología de la Liberación, que buscaba conocer más objetivamente la realidad nacional, mediante un método científico, orientado por la metodología de la investigación-acción, con un compromiso anti-imperialista y anti-burgués, mientras se apoyaban las luchas populares, como pasaría con el grupo Golconda, en Colombia y colegios tan tradicionales como los del Marymount y La Enseñanza, empezaron a formar a sus alumnas, en este sentido, como bien lo cuenta Leonor Esguerra, antigua directora del primero, en su libro La búsqueda. Del convento a revolución armada. Testimonio de Leonor Esguerra, que si bien encontraron una gran resistencia del establishment, ambos colegios dejaron toda una cohorte de mujeres pensantes, inquietas e inteligentes, en medio del oscurantismo en el que volvió a caer la Iglesia de Roma tras la muerte de Juan XXIII hasta que hoy resurge con la figura benévola de Francisco I, quien pareciera ser aún más comprometido con el ser humano que el papa Cirilo I, ese personaje de ficción de la bella novela de Morris West, Las sandalias del pescador, que tanto nos impresionara. [27] [28]

A su vez, también empezaron a llegarnos los ecos de la crítica freudiana a la moral sexual con toda su influencia sobre la nerviosidad moderna, que nos permitiría los beneficios de las primeras psicoterapias y luego la constitución de grupos de estudios e instituciones psicoanalíticas en Medellín, mientras desde el mayo francés, empezaban retomarse del antiguo discípulo de Freud, Wilhelm Reich, lo que llevaría a una nueva actitud más franca frente a la sexualidad, con la demolición de viejos tabúes, en pro de una vida amorosa más libre y abierta. [29] [30] [31] 

Mientras tanto, a partir de 1957, se incrementó el aporte estatal a la educación, lo que permitiría un mejor funcionamiento de las universidades públicas, con un incremento de la base estudiantil, lo que haría esos centros del saber menos elitistas, mientras se iba dando un creciente pensamiento vanguardista, con la aparición, en Colombia, de una gran número de revistas y libros sobre temas políticos, económicos y sociales, con puntos de vista, muy distintos, que permitían un análisis más complejo de nuestra realidad. 

La librería Aguirre, la del gran Alberto Aguirre, personaje tan importante para Medellín, traía libros y revistas extranjeros. 

Así se iba creando un sustento teórico para un pensamiento cada vez más crítico, al que aportaban no sólo los ensayos sociopolíticos sino que también nos íbamos liberando de tabúes con respecto a la literatura, ya que no hacíamos caso a los que la Iglesia enlistaba en el Índice de los libros prohibidos, lo cual era todo un enriquecimiento, que completaba lo que veíamos en el cine-arte, que nos daban en las salas de cine comercial, pero más seleccionados en esa magnífica aventura, que fue El subterráneo, que luego se continuaría en el Museo de Arte Moderno y el Colombo-Americano; así como nos aprovechábamos de los grupos de teatro, al principio capitalinos, luego locales, gracias a labores como la de Rodrigo Saldarriaga, Gilberto Martínez y las de otros grupos, que fueron surgiendo, que nos permitían disfrutar tanto del teatro clásico, como del más contemporáneo, sin la tontería de sainetes al estilo de El país paisa y demás productos comerciales, mucho más taquilleros, pero que sólo aportaban un reflejo especular de lo peor de nosotros mismos, con un localismo, que no aspiraba a la universalidad de lo local, de la que nos hablara ese otro gran intelectual medellinense, Jorge Alberto Naranjo, puesto que una de las cosas, que más hacía falta era esa dialéctica entre lo universal y lo local, para que sin perder nuestra identidad, nos abriéramos a lo que ocurría más allá de la Bella Villa y pasar de la aldea tribal a la aldea global, que bien vale en el sentido del pensamiento y del arte, como tan bien lo muestran Félix Ángel y sus entrevistados en el libro Nosotros, vosotros, ellos, con ese magnífico prólogo de Álvaro Tirado Mejía, que tanto me ha servido para organizar algunas ideas sobre nuestra historia cultural de la inconformidad frente a lo tradicional en Medellín. [32] 

 

3.      DE LA PROPIA EXPERIENCIA

Yo pienso que uno mismo es el producto de la época en la que le tocó vivir.

Yo procedía de una familia industrial en ascenso, con un padre español, con una ideología franquista y una madre demasiado católica, por lo cual estaba destinado a pertenecer al mundo del discreto encanto de la burguesía, ese mismo que nos mostrara Luis Buñuel, en su última filmografía.

Y recuerdo, una escena bastante dolorosa, cuando compramos la casa quinta de un estadounidense  muy ilustrado, con una biblioteca llena de libros ingleses, cuando yo tenía unos cinco años, hasta que vino un tío, un fraile franciscano savonarólico y sacó cantidades de libros para hacer una pira, escena que yo miraba con espanto, porque me parecía lamentable, ya a esa tierna edad, que se destruyesen libros, un producto, que me habían enseñado a amar tanto, con el único argumento de que eran libros, censurados por la Iglesia en el Índice de libros prohibidos, lista que se prolongó desde los tiempos de la Contrarreforma hasta Paulo VI.

¡Yo no podía entenderlo! Y creo que fue una escena, que me sensibilizó, frente a todo atropello a la cultura, así fuera a un nivel muy preconceptual, que más tarde haría parte de mi pensamiento científico, conocedor de la historia.

Y, consecuentemente con esa lógica familiar, fui matriculado en colegios privados y confesionales, donde cursé mis años de primaria y bachillerato, hasta un año antes, que se suprimiera la lista del famoso Índice, en instituciones educativas, que seguían a rajatabla esos principios inquisitoriales. 

Mientras de una manera ingenua, podía convertirme en un buen burgués de la vereda, como el caracolito de García Lorca, cuando había dulzura en la mañana quieta.[33]

Pero, como no hay mal que por bien no venga, en aquel medio familiar, al que en apariencia me acomodaba, vinieron a atormentarme inhibiciones, síntomas y angustias, que alertaron a una intuitiva madre, quien me llevaría al psiquiatra, el doctor Héctor Ortega Arbeláez, a quien tengo tantísimo que agradecerle, porque con su escucha paciente, me mostró los beneficios de la talking cure, la cura de la palabra, que me llevaría a la introspección, a volver a pensar y aprender de la experiencia, mediante la crítica del entorno y de mí mismo, lo cual me sacaría del mundo endogámico familiar para abrirme al mundo exogámico de la cultura, en lo que fue toda una aventura de superación de mí mismo, de tal manera que sin saberlo me condujeron por propia iniciativa a la lectura de Freud y de Nietzsche, esos dos grandes filósofos de la sospecha, lo que redundaría en el abandono de las religiones, tanto con la religión oficial de la cristiandad establecida, como de las ligazones patógenas con mi familia. 

Pero, la educación preuniversitaria nada cuestionaría, al pretender formar jóvenes de carácter a la antigua manera de Monseñor Tihamér Tóth, allá en su Hungría natal, de antes de la segunda guerra mundial, sin ningún cuestionamiento filosófico, ni social, ni político, de tal forma, que era una pedagogía destinada a mantenernos en una especie de limbo, donde aprendíamos de mala manera, las ciencias naturales, el castellano y las matemáticas, muchas veces con sistemas torturantes, con los que más que la letra, en mi caso, el número entraba con sangre, con una enseñanza acrítica de la historia, donde casi teníamos que reverenciar a María Teresa de Austria, a William Pitt y Benjmín Disraeli y nada supimos de la historia del siglo XX, en colegios unisexuales, porque las pastorales del arzobispo Nos, Tulio Botero Salazar, prohibían la educación mixta, casi bajo el lema de hombres y mujeres juntos ni difuntos. ¡Todo un horror! 

Así la escuela cumplía a perfección la función de aparato ideológico de Estado, que más tarde comprendería, a partir de mis propios estudios de la obra de Louis Althusser [34].

Lamentablemente los alumnos de colegios de varones, no tuvimos la suerte, que tuvieron las chicas, que estudiaran en el Marymount y La Enseñanza, cuyas directivas se preocuparon, aún a costa de la persecución y la censura, de dar una formación más integral e integradora de los distintos saberes, más allá de lo que asignaban los pénsum oficiales, con una mujer como Leonor Esguerra, la madre Consuelo, quien nos relata sus propósitos pedagógicos en una biografía suya y, así, una y otra comunidades, crearon de un sistema educativo, con lo cual se formaron mujeres destacadas en la cultura antioqueña como María Clara Echeverría, Clara Patricia Vélez, Constanza Toro y Myriam Londoño, entre otras; puesto que de lo que se trataba era de inculcar una preocupación por la justicia social, en colegios para las clases altas y media alta, que influyeran más tarde en la búsqueda de la construcción de una sociedad más equitativa. [35] 

Otra cosa fue la universidad pública, donde como en la vida cotidiana, hombres y mujeres compartíamos las aulas y los centros educativos; desde un primer momento, encontrábamos un lugar, donde se confrontaban distintos puntos de vista, donde encontré verdaderos maestros más preocupados por sus discípulos, hacia quienes tenían un verdadero afecto, que los profesores por sus alumnos, en relaciones donde no mediaba emoción alguna. 

Una experiencia invaluable para mí fue la cátedra de Salud Pública, con un equipo de profesores, bajo la coordinación del doctor Héctor Abad Gómez, porque desde esa sección de la Facultad de Medicina, se nos permitía explorar la realidad, en un curso de antropología médica y medicina preventiva, que nos llevaba más allá del aula, a la que traían personajes egregios como la gran antropóloga colombiana, Virginia Gutiérrez de Pineda, un cura comprometido con la gente más pobre, como Gabriel Díaz, quienes nos llevarían a tener instrumentos para hacer una labor de acompañamiento a familias del Barrio Santo Domingo Savio, una familia por alumno, para ayudarles a resolver problemas sanitarios, que se les presentaban en la vida cotidiana, lo que nos ponía en contacto con el puro pueblo, en una experiencia profundamente cuestionadora, para jóvenes, como yo, que nos comportábamos como el caracol de García Lorca, como buenos burgueses de la vereda. 

O al enfrentamos vivencias dantescas, al descender al infierno del basurero municipal de Moravia, en un ámbito con olor a metano, donde vi a un hombre sucio, semidesnudo y enflaquecido batallar con un gallinazo por una tripa de pollo, cada uno de una punta de ella, en la más dura lucha por la supervivencia de las especies, que permitían comprender la teoría darwiniana, en una imagen, que te cambiaba para siempre, puesto que como alguien dijo: Cuando abres los ojos a la luz de la verdad, ya no podrás volver a dormir tranquilo.

De otro lado estaba, el departamento de microbiología y parasitología, con maestros como la doctora Ángela Restrepo Moreno, entre otros, donde se nos enfrentaba con enfermedades, que tenían una mayor frecuencia en los medios  más pobres, para lo cual hacíamos trabajos de campo hasta de una semana  y palpábamos realidades más o menos parecidas, que daban cuenta de la tristeza de los países con un desarrollo distorsionado, para utilizar la terminología del Che Guevara. [36] 

Así quedábamos instrumentados para ver la realidad con los ojos bien abiertos, aún antes de conocer la famosa entrevista a Marguerite Yourcenar. [37] 

Entonces, ¿cómo no empezar a cuestionar a un sistema, a pesar de las advertencias de los señores del discreto encanto de la burguesía de que no hiciéramos caso al comunismo imperante en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia?

Pero, en esa espiral dialéctica, que se da entre práctica y teoría, toda esas experiencias iban acompañadas de lecturas profundas, que yo buscaba por mi propia cuenta y así fue que me topé, en el puesto de revistas del frente de la Facultad, la colección de Los Hombres de la Historia, la cual fue para mí todo un descubrimiento, porque iba más allá de las vidas de hombres ilustres y mujeres célebres, ya que, en su conjunto, daba una visión bastante heterodoxa de la Historia universal, a través de sus protagonistas, a sabiendas de la Historia es una producción colectiva como fondo sobre el resaltan algunas figuras cimeras de protagonistas individuales.[38] 

Y así, poco a poco, nos íbamos preparando para el movimiento estudiantil de la década de 1970, que se iniciaría con la lucha por el cogobierno en la universidad pública, corriente, que incrementaría nuestro espíritu crítico, al enfrentarnos con problemas como pensar la misión de la Universidad o tratar de entender la educación como un aparato ideológica de Estado, lo que nos llevaría plantearnos otras miles de pregunta y nos motivaría a estudiar a Carlos Marx y Engels, gracias al influjo próvido de textos, que nos ofrecían la Editorial Oveja Negra y Tercer Mundo, dentro de nuestra producción intelectual colombiana, y Alianza Editorial de Madrid, en una España, en un momento, en el que la censura franquista empezaba a eclipsarse y Siglo XXI de México, en textos a los que se sumaban revistas muy interesantes, que daban cuenta de la realidad del país, de Latinoamérica y del mundo. 

Y fue así, que nos encontramos con ese gran pensador crítico, que fue Estanislao Zuleta, quien nos transmitiera toda una postura y toda una actitud frente al conocimiento, que nos permitiría profundizar en los ricœurianos filósofos de la sospecha, Marx, Nietzsche y Freud, que ampliaba con recomendaciones literarias como Charles Baudelaire, Edgar Allan Poe y Thomas Mann a la cabeza, entre otros. 

Lecturas que complementábamos con el teatro, que llegaba a Medellín y después se produciría allí mismo y el cine-arte, que aprendimos a ver, gracias a personas como Alberto Aguirre, Aurita López y Orlando Mora en el Cine-Club de Medellín y otros cine-clubes como el de la parroquia del Verbo Divino o que provenían de la Universidad, como el Universitario, liderado por Alfredo de los Ríos y el Ukamau, cuyo organizador era el abogado Álvaro Sanín Posada, espacios en los que los foros y discusiones, una vez terminadas las políticos, permitían una mayor comprensión de las cintas, que veíamos, una práctica casi olvidada. 

A la vez que aparecieron la cinemateca Subterráneo, gracias a la acción de Francisco Espinal (Pacholo) y Jorge Farberoff, quienes se proponían difundir el cine, que no proyectaban en las carteleras comerciales, una labor, que continuarían el Museo Moderno de Medellín y el Colombo-Americano, junto con la labor del Cine Libia, ese sí con mayor ánimo de lucro, pero donde se presentaban películas de gran contenido crítico, que también podían aparecer en cualquiera de los teatros medellinenses, en cintas, que casi había que buscar con lupa. 

A su vez, la literatura la absorbíamos a través de las canciones de Joan Manuel Serrat y Paco Ibáñez, quienes me llevaron a apreciar a poetas tan importantes y cuestionadores, como don Antonio Machado, para mí un gran padre espiritual, y Miguel Hernández, además de la lírica española desde el medieval Archipreste de Hita hasta José Agustín Goytisolo, muerto en 1999, poetas satíricos y confrontadores de las sociedades en las que vivieron, con críticas, que siguen aún vigentes, y nos permitían pensar que grandes cosas íbamos a hacer, aunque ahora con una mirada retrospectiva, pueda pensar que he hecho cositas, pequeñas cosas, que bien han valido la pena. 

Pero, yo no era sólo un hombre de cultura libresca sino que me enfrentaba con la vida real, para lo cual el Hospital era toda una escuela, que ponía ante nosotros lo más doloroso de la condición humana; por ejemplo, asistir en la noche, dos salas de lactantes, con graves disenterías, a los que intentábamos salvar de la muerte, aunque no siempre lo lográramos, porque aquello hacía parte de una sociedad desigual, que sometía a casi recién nacidos, a enfrentarse con las Parcas, por falta de una cultura capaz de contener la vida. 

Y, en el sentido, de enfrentar la realidad, era invaluable la experiencia de la policlínica municipal, casi un hospital de guerra en aquel entonces, donde nos enfrentábamos con los efectos de la violencia cotidiana, donde atendíamos gentes, que pertenecen a lo que el gran psicoanalista argentino Rodolfo Moguillansky [39] denomina la otredad, como espacio en el que la sociedad, supuestamente bien pensante, ubica a los humanos, que califica de desechables, deleznables e inmundos, en la medida que cuestionan las “buenas costumbres”, putas, drogadictos y trasvestis, donde lo más divertido era suturar a algún borracho, a quien mientras se lo atendía me hablaba de la metafísica del tango. 

Más angustiante era asistir en la sala de sépticas en el departamento de ginecología y obstetricia, a donde llegaban aquellas, que habían recurrido a abortos inducidos, que se habían complicado con severas infecciones.

No se las denunciaba, por su violación de la Ley, para que recurriesen al servicio; pero, ellas, ignorantes de esa disposición, nos mentían defensivamente y decían que se habían caído, mientras médicos y enfermeras de un moralismo cruel, cargado de sadismo, con una risa sardónica, les preguntaban si se habían caída sobre una sonda, para aludir a la maniobra abortiva, lo que me desgarraba el alma, al igual que cuando llegaban a la medicatura rural, aquellos niños desnutridos en grado máximo, hinchados o famélicos, como niños de los que habíamos visto en las fotos de Biafra, a quienes, a pesar de la prohibición del Servicio Seccional de Salud de Antioquia de hospitalizarlos, yo los ingresaba para que, al menos, por un tiempo tuvieran buena comida, rodeados de afecto, gracias a la conciencia, que pude crear en el equipo de enfermería, para evitar la privación afectiva, que podía ser tan nociva como la desnutrición misma. 

Pero cada vez que llegaba un niño de éstos y veía a sus padres, los encontraba tan humillados, tan conformes con la explotación a la que estaban sometidos, sin poder vislumbrar una vida distinta, que me restañaba el alma y dentro de mí repetía indignado,  aquellos versos de Miguel Hernández:

 

Me duele este niño hambriento

como una grandiosa espina,

y su vivir ceniciento

revuelve mi alma de encina…

 

¿Quién salvara a este chiquillo

menor que un grano de avena?

¿De dónde saldrá el martillo

verdugo de esta cadena? [40]

 

Y todo aquello en un contexto violento, en el que, al principio de aquella práctica en pueblos antioqueños, era escandaloso ver como los coletazos de la violencia de 1948, en 1974, veintiséis años después, hacía que viejas vendettas, no respetaran ni la misa dominical, porque entre los mismos gamonales se exterminaban, por viejos odios y por cosas relacionadas con la cuestión agraria, lo que nos obligaba a frecuentes necropsias, que yo hacía bien; pero, de mala gana, porque esa tarea, para nada me gustaba, en la medida que mi anhelo era curar la vida y no ser casi un sepulturero, que atendía cadáveres. 

Y más allá de aquel pueblo, cuyo nombre prefiero omitir, me esperaba la psiquiatría, mi meta original, una vez convertido en doctor, me disponía a luchar contra la práctica de esos crímenes de la paz, que eran los oprobios de la psiquiatría, esos que, como estudiante, vi practicar, cuando observaba una fila india de pacientes, que esperaban ser acostados en una camilla, para que un enfermero les pusiera unas tenazas oxidadas sobre las sienes y pasar corrientazos sin anestesia alguna, que ponían a aquellos cuerpos a convulsionar, para luego pasar a otra camilla, que los llevaría a su cama, aún a riesgo de que sus vértebras se fracturaran. 

-          ¡No! – pensaba yo – ¡Eso  hay que cambiarlo de alguna manera! 

Aunque, para entonces, no había leído aún esa magnífica tesis de Michel Foucault, que tanto contribuiría a la reforma psiquiátrica, La historia de la locura en la época clásica [41], ni las grandes obras de los antipsiquiatras europeos, ingleses, italianos y franceses, a quienes, a mediados de la década de 1970, sí que había estudiado, dispuesto con otro grupo de colegas, a hacer una crítica del manicomio desde adentro, con prácticas distintas, de ahí que bajo la inspiración del Alfredo Moffat de la Psicoterapia del oprimido [42]  y Wilbur Grimson [43] hice una sociedad de locos dentro del manicomio mismo, al principio con algunas resistencias de los viejos empleados, pero después con gran aceptación de la nueva idea, que haría, que el mismo Hospital Mental de Antioquia premiara a nuestro servicio por haber reducido en un gran porcentaje el tiempo de hospitalización. 

Y, paralelamente, formamos grupos de estudios psicoanalíticos, que luego se transformarían en instituciones como Psiquis y luego Odres, dentro de las no estrictamente lacanianas y otras lacanianas in strictu senso, de tal forma, que fuimos pioneros en la práctica del psicoanálisis en Medellín, con lo cual, hacíamos práctica la teoría de uno de los grandes filósofos de la sospecha, Sigmund Freud, una labor, que beneficiaría a muchísimas personas en nuestra ciudad, en la medida que el psicoanálisis nos lleva a una crítica de uno mismo y sus circunstancias, capaz de producir cambios y transformaciones. 

Hasta que vendría el gran desgarrón del asesinato del antiguo profesor de salud pública, Héctor Abad Gómez, por el único delito de ser defensor de los Derechos Humanos, a lo que se seguiría el exterminio de candidatos a la presidencia de varios partidos y el exterminio casi total de los miembros de la Unión Patriótica, mientras se oían noticias de grandes masacres, como si nos acercáramos al principio del fin, como si Tánatos nos invadiera completamente, de tal forma, que volví como un texto básico para intentar pensar la situación un artículo de la psicoanalista francesa, residente en Argentina, Janine Puget: Violencia Social y Psicoanálisis. Lo impensado y lo impensable, el cual señalaba la importancia de estudiar el macrocontexto social en el que se inscribe la vida de grupos, familias, parejas y sujetos singulares, víctimas de ella, de tal manera, que ante el asesinato y desplazamiento forzado de gente bastante allegada a mí, me dediqué a estudiar sobre esa trama social, en la que estábamos inscritos, mientras estallaban bombas, circulaban amenazas, muchas de las cuales se cumplían, con un gran dolor de patria y me llevaría a formar un grupo de estudio en la Universidad de Antioquia, que recibió la ultimátum de fuerzas oscuras, para que no siguiéramos con esos estudios, que creíamos que podrían beneficiar a la salud mental de la comunidad universitaria, lo que comprobaba la tesis de la doctora Puget, cuando sostiene que la violencia social ataca la capacidad de pensar. [44]

Alonso Salazar y Víctor Gaviria, con el libro No nacimos p’a semilla y la película Rodrigo D. No-Futuro, nos ayudarían a intentar comprender el mundo del sicariato, en medio del aquél caos, que se vivió a fines de la década de 1980 y principios de la de 1990, ya que tanta, tanta violencia era un hecho bastante difícil de asimilar y tratar de elaborar. [45]  [46] 

Pero, no era sólo ese tema el que nos ocupaba y en un curso de epistemología, que hicimos en Psiquis, la primera institución psicoanalítica que se fundara en Medellín, tuvimos el privilegio de tener por docente a Guillermo Hoyos, quien nos habló de la escuela de Frankfurt y de Jürgen Habermas, lo que nos permitiría conocer, por primera vez, los conceptos de teoría de la acción comunicativa y de la Razón dialogada [47], en un momento en que se intentaba imponer desde el neoliberalismo de Milton Friedman, el pensamiento único, con la propuesta de Francis Fukuyama [48], de dar fin a la historia, para caer en una suerte de mundo orwelliano [49], con un neolenguaje, manejados por un Gran Hermano, que dirigiese nuestra capacidad de pensar y nuestra capacidad de amar, que aún tendremos que estar estudiando para combatir ese reduccionismo, que ha afectado hasta nuestra propia práctica médica, al quedar casi en condición de obreros de las Entidades Promotoras de Servicios, con su enriquecimiento fraudulento y sus falsas cooperativas. [50]  [51]

Otro fenómeno, que bien vale la consideración crítica, en contra de este manejo gubernamental de la salud, ya que ahí se propicia una medicina de mala calidad, donde el mayor beneficiario es la entidad prestadora de servicios, porque, en realidad, de verdad son empresas que no promueven nada, que explotan al médico y son tacañas con el paciente, sin tener en cuenta los problemas sociales de los pacientes. 

Y ahora creo que es importante la polémica que ha suscitado el resultado del plebiscito, que tanta ilusión había generado en el mundo, como bien lo señalo en mi artículo, Colombia a la altura de un gran país, ilusión, que se renueva, con el premio Nobel de la paz otorgado a Juan Manuel Santos, aunque Uribe aproveche para criticar el acuerdo. [52] [53] [54]

De tal modo, que me alegro que el pensamiento crítico funcione como una especie de tábano socrático [55], que impida que lleguemos a ese espíritu neoliberal de Fukuyama, profeta del fin de la Historia, para que la dialéctica de la vida no se detenga y podamos seguir un quehacer filosófico, que aspira a un conocimiento honesto e insobornable, a la vez que el aguijoneo a certidumbres y prejuicios, pueda hacer que el espíritu crítico nos lleve a no comportarnos como el viejo burócrata de Saint-Ex [56] y nos lance a aventurarnos a navegar por un océano de incertidumbres, en la que el conocimiento crítico nos sirva de brújula [57]. 

Vilagarcía de Arousa, 7 de octubre del 2016



* Conferencia dictada desde Vilagarcía de Arousa para el Grupo Sofos, en la Casa-museo Otraparte en Envigado, Antioquia, el 8 de octubre del 2016. 

[1] Mann, Th. La montaña mágica. 14 a  ed. Edhasa, Barcelona, 2009, 1056 pp. 

[2] Piglia, R. Crítica y ficción. Siglo Veinte, Buenos Aires, 1990, pp. 17-18.

[3] Bion, W. R. Volviendo a pensar. 6ª ed. Hormé-Paidós,  2013, 225 pp. 

[4] Bion, W. R. Aprendiendo de la experiencia. Paidós Ibérica, Barcelona, 1997, 160 pp.

[5] Guggenheim, D. Una verdad incómoda (documental fílmico).  http://www.filmaffinity.com/es/film771735.html 

[6] Bion, W. R. Atención e interpretación.  Paidós, Buenos Aires,  1974,  p. 112. 

[7] Popper, K. La lógica de la investigación científica. Tecnos, Madrid,  2008, 576 pp. 

[8] Saint-Exupéry, A. Tierra de hombres.  9ª ed., Editorial Troquel, Buenos Aires, 1971,  pp. 19-20

[9] Kant, I. ¿Qué es la Ilustración? Alianza Editorial, Madrid, 2007, 256 pp. 

[11] Redacción Política. El precursor de la independencia: Antonio Nariño y los Derechos del Hombres. El Espectador, 23 de mayo del 2013.

http://www.elespectador.com/noticias/politica/antonio-narino-y-los-derechos-del-hombre-articulo-423822

[12] García, M. C. Pedro Nel Gómez Agudelo.Ninfa amada por Zeus con el gorrión grande (1966). Textos sobre la Colección de Arte del Banco de la República, Santafé de Bogotá. http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/textos-sobre-la-coleccion-de-arte-del-banco-de-la-republica/pedro-nel-gomez/ninfa-amada-por-zeus 

[13] Gutiérrez González, G. A Medellín desde el Alto de Santa Elena. http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/literatura/poegrego/poegrego12.htm 

[14] McLuhan, M. y B.R. Powers La aldea global. Gedisa, Barcelona, 1990, 208 pp. 

[15] Mejía Duque, J. Narrativa y necoloniaje en América Latina. Editorial Crisis, Buenos Aires, Medellín, 1974, 145 pp.

[16] Beauvoir, S. de. El segundo sexo. Cátedra, Madrid, 2005, 912 pp. 

[17] Morales Escobar, P.  Los primeros Lgtbi que exigieron sus derechos en Medellín. El Tiempo, 29 de junio del 2015.

http://www.eltiempo.com/colombia/medellin/derechos-lgtbi-en-medellin/16018275 

[18] Trotsky, L. La revolución traicionada y otros escritos. CEIP León Trotsky, Museo Casa León Trotsky y Ediciones IPS, Buenos Aires, 1914, 368 pp. 

[19] Rascovsky, A. El filicidio y su trascendencia en la motivación inconsciente de la guerra. Exposición en la Conferencia organizada por el Instituto de las Naciones Unidas, Nueva York, 1967.

[20] Luther King, M. I have a dream 1/2. https://www.youtube.com/watch?v=I_TUUqD3xcE

[21] Luther King, M. I have a dream 2/2. https://www.youtube.com/watch?v=zKYIBelAG_8

[22] Thoreau, H. D. Desobediencia civil. José J. de Olañeta, Palma de Mallorca,  2011, 46 pp.

[24] Tillich, P. The courage to be. Yale University Press, New Haven,  1952, 197 pp.

[25] Ricœur, P. Freud: una interpretación de la cultura. Editorial Siglo XXI, México, 1970, p.32.

[26] Althusser, L. Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Freud y Lacan. Nueva Visión, Buenos Aires, 2005, 96 pp.

[27]  Esguerra, L. e I. Claux Carriquiry. La búsqueda. Del convento a revolución armada. Testimonio de Leonor Esguerra. Aguilar, Bogotá, 2011, 310 pp.

[28]   West, M. Las sandalias del pescador. Punto de Lectura, Madrid, 2001, 248 pp. 

[29] Freud, S. La moral sexual “cultural” y la nerviosidad moderna. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993, pp. 159-182.

[30] López, R.  Momentos del Psicoanálisis en Colombia. Editorial El Propio Bolsillo, Medellín, 1995,  299 pp.

[31] Reich, W. Sex-Pol Essays, 1929-1934. Vintage Books, New York, 1972, 420 pp.

[32] Ángel, F. Nosotros Vosotros Ellos. Tragaluz editores, Medellín, 2008, 299 pp.

[33] García Lorca, F. Los encuentros de un caracol aventurero en Libro de Poemas. 5ª ed. Editorial Losada, Buenos Aires, 1968, pp. 15-21.

[34] Althusser, L. Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Freud y Lacan. Nueva Visión, Buenos Aires, 2005, 96 pp. 

[35] Esguerra, L. e I. Claux Carriquiry.  La búsqueda. Del convento a la revolución armada. Testimonio de Leonor Esguerra. Aguilar, Bogotá, 2011, 310 pp.

[36] Rodríguez Asien, E. La economía política en el Ché. http://www.eumed.net/ce/2010a/era.htm 

[37] Yourcenar, M. y M. Galey. Con los ojos abiertos. Entrevistas con Matthieu Galey. Emecé, Buenos Aires, 1982, 285 pp.

[38] Varios autores. Los Hombres de la Historia. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968-1971. 

[39] Moguillansky, R. Nostalgia del absoluto, extrañeza y perplejidad. Clínica y teoría de lo negativo. La pérdida de la ilusión de lo absoluto y la ruptura del sentido común. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2004, 332 pp.

[40] Hernández, M. Antología. 4ª ed., Losada, Buenos Aires, 1970, 96-98.

[41] Foucault, M. Historia de la locura en la época clásica (t I y II). Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2000, 988 pp.

[42] Moffat, A. Psicoterapia del oprimido. Ideología y técnica de la psiquiatría popular. 2ª ed., Editorial-Librería ECRO,  Buenos Aires, 1974, 279 pp.

[43] Grimson, W. Sociedad de locos. Experiencia y violencia en un hospital psiquiátrico. Nueva Visión, Buenos Aires, 1972, 296 pp.

[44] Puget, J.  Violencia social y psicoanálsis. Lo impensable y lo impensado. Psicoanálisis (APdeBA), 8 (2-3): 307-366, 1986.

[45] Salazar, A. No nacimos p’a semilla. Corporación Región-Cinep, Bogotá, 1990, 223 pp. 

[46]  Gaviria V. Rodrigo D. No futuro. https://www.youtube.com/watch?v=zALEvrIEZ54

[47]  Habermas, J. Teoría de la acción comunicativa: racionalidad de la acción (t I y II). Taurus, Madrid, 1999, 1144 pp.

[48] Fukuyama, F. The end of history and the last man. Free Press, New York , 1993, 418 pp. 

[49] Orwell, G. 1984. S. L. U. Espasa libros,  Barcelona, 2007, 416 pp.

[50] Semana. Saludcoop, el desfalco de la historia. Semana del 23 de noviembre del 2013.

[51] Confecoop. Las cooperativa de trabajo asociado en Colombia. Agosto del 2009. http://www.confecoop.coop/observatorio/11/files/doc11.pdf

[53] Marcos, A.  El presidente de Colombia Juan Manuel Santos gana el premio Nobel de la Paz 2016. El País-España. 7 de octubre del 2016.

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/07/actualidad/1475828983_681895.html

[54] García, J. Uribe: “Deseo que conduzca a cambiar acuerdos dañinos para la democracia”. El País-España. 7 de octubre del 2016.

[55] Diez de la Cortina Montemayor, E. Semblanza filosóficahttp://cibernous.com/autores/socrates/teoria/biografia.html

[56] Saint-Exupéry, A. Tierra de hombres.  9ª ed., Editorial Troquel, Buenos Aires, 1971,  pp. 19-20

[57] Sátiro, A. Fragmento de una entrevista que realiza Angélica Sátiro a Edgar Morin. http://sitiosenelcorazon.blogspot.com.es/2014/01/edgar-morin.html