ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE LA NARRATIVA HISTÓRICA PERUANA ACTUAL (2005 - 2025)
Por Concepción Reverte Bernal
CONTINUIDAD DE LA NARRATIVA SOBRE LA ÉPOCA COLONIAL Y LAS GUERRAS DE LA INDEPENDENCIA EN EL PERÚ
Entre el 23 y 27 de mayo de 2005, tuve la oportunidad de acudir al I Congreso Internacional 25 Años de Narrativa Peruana (1980-2005), celebrado en Madrid, en cuyo comité organizador figuraron (según orden en el programa): Jorge Eduardo Benavides, Augusto Elmore, Paz Mediavilla, Mario Suárez Simich y M. Ángeles Vázquez. La conferencia inaugural fue impartida por Mario Vargas Llosa, a quien el Perú y los lectores de todo el mundo lamentamos haber perdido el 13 de abril de 2025. Este Congreso consiguió reunir a numerosos narradores peruanos de diversas generaciones, regiones, tendencias políticas y literarias, constituyendo así una verdadera muestra de las narrativas peruanas contemporáneas, lo cual, para mí, fue un gran mérito. Podemos decir que, en relación al género narrativo, el Congreso reflejaba las “literaturas peruanas”, pues, como ha señalado, por ejemplo, Espino Relucé (2019), las literaturas escritas apelan asimismo a la oralidad, y existen vasos comunicantes entre las literaturas indígenas y lo mejor de la narrativa en castellano, por el bilingüismo de ciertos autores y las traducciones[1].
También pude asistir, aunque menos tiempo por razones familiares, al II Congreso Internacional de Narrativa Peruana: Tradición y Rescate, celebrado en Huanchaco, Perú, del 15 al 19 de octubre de 2007, organizado por la directora de Mirada Malva, M. Ángeles Vázquez, y Mario Suárez Simich, donde estuvieron otros narradores peruanos relevantes.
En cuanto a los subgéneros narrativos, en el conjunto de participantes de ambos Congresos, hubo autores que practicaban la novela, extensa o breve, el cuento o relato de diferente extensión, hasta llegar al microrrelato. Las intervenciones manifestaron la existencia de una narrativa urbana, situada tanto en Lima como en otras ciudades del país, y, dentro de ésta, de una narrativa policíaca, espejo de costumbres y de vicisitudes políticas; también de una narrativa de la violencia, por la guerra interna desatada en el país entre el movimiento guerrillero Sendero Luminoso y el estado, a partir de 1980, lo que afectó sobre todo a la población andina, repercutiendo en un aumento de la emigración a la costa; de una narrativa fantástica o simbólica; de una narrativa de tema histórico, que inició su auge coetáneamente y que se centró al principio en el siglo XVI. Asimismo, se observó en todos los subgéneros, un aumento de las obras escritas por mujeres. Estas tendencias se corresponden mayoritariamente con lo sucedido en las mismas décadas a nivel internacional, fruto de la globalización.
Por mi trayectoria profesional anterior, para mí fue particularmente interesante lo que escuché en ambos Congresos sobre la narrativa histórica peruana, centrada curiosamente en esos años en la época del gobierno español en Perú, de lo que derivó mi libro La época colonial en la narrativa peruana contemporánea (Reverte 2020), que dudo pudiera haber escrito de no haber asistido a esos Congresos. Como indiqué en este libro, al leer las obras y conocer a sus autores advertí que dicha narrativa no surgía de un afán escapista frente a la compleja realidad que se vivía, sino que procedía de un afán de profundizar en el pasado para poder comprender mejor el presente. Como también fui observando con el paso del tiempo, la fuerza que iba cobrando esta tendencia era tal, por su gran aceptación, tanto por la crítica literaria como por el número de lectores, que narradores de otras tendencias quisieron sumarse a ella. Conforme nos íbamos aproximando a la fecha de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia del Perú, en 2021, aumentó el número de obras situadas en los años de las luchas por la Independencia, para lo cual fue un acicate la aparición de premios y colecciones que recordaban dicho acontecimiento[2].
Desde 2005, en que, por el primer Congreso al que rindo homenaje aquí, pude conocer a muchos autores peruanos, hasta que terminé el corpus del libro citado (Reverte 2020), intenté ir rastreando todo lo que se había ido publicando sobre el asunto que me interesaba, desde alrededor de los años 80 hasta 2019; ahora mismo no puedo decir lo mismo sobre este “cronotopo” peruano (Bajtin 1991), desde 2019 hasta el día de hoy, como expreso claramente en el título de este artículo. En estos últimos veinte años han fallecido escritores y críticos peruanos muy significativos, por ejemplo, Luis Enrique Tord, José Antonio Bravo, Edgardo Rivera Martínez, Gregorio Martínez, Miguel Gutiérrez, Oswaldo Reynoso, Luis Loayza, José Miguel Oviedo, Carlos Thorne, Óscar Colchado Lucio, Antonio Gálvez Ronceros o, más inesperadamente, Laura Riesco, Patricia de Souza, Pedro Novoa Castillo, Sandro Bossio[3], José Antonio Mazzotti, entre otros. Los ganadores de los Premios Copé de cuento y de novela y de otros premios forman ya una larga lista, por lo que soy consciente de la limitación de mis observaciones.
Entre las novelas históricas comentadas en mi libro (Reverte 2020) (pido disculpas por esta y otras omisiones involuntarias que puede haber) faltaba Claridad tan obscura (2011), del escritor y diplomático arequipeño Carlos Herrera. El oxímoron del título de la novela hace recordar títulos de otras novelas suyas, como Blanco y negro. La razón contradictoria de Ulises García (1995) o Gris. Las vidas de la penumbra (2004). Claridad tan obscura está compuesta por dos líneas muy diferentes: a) El relato distópico de la vida en un encierro de supervivientes de una situación apocalíptica, en época contemporánea, b) La biografía histórica del sacerdote y misionero jesuita Antonio Ruiz de Montoya (Lima, 1585-1652), experto en el mundo indígena, en el que se inspiraron para la famosa película La misión (1986), de Roland Joffé. Al principio, los supervivientes viven en un relativo sosiego, hasta que irrumpe en el lugar un joven de aspecto seductor apodado Alguien, que precipita el desenlace. Tras la epidemia de covid-19, lo que pudo ser interpretado como una visión pesimista de los años venideros, ha quedado convertida en una anticipación de lo que ha sucedido, hecho quizás imaginado por Herrera por sus contactos en el mundo diplomático. Por otra parte, los conocimientos de Ruiz de Montoya sobre la espiritualidad y el mundo indígena, plasmados en sus libros Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús, en las provincias de Paraguay, Paraná, Uruguay y Tape (1639), Arte y vocabulario de la lengua guaraní (1640) o Sílex del divino amor (1651), hacen pensar, en contraste, en un mensaje ecologista y antimaterialista de la novela[4], no solamente en el deseo de recordar al jesuita que da nombre a una universidad limeña. Con este enfoque, a día de hoy, el perfil histórico de Ruiz de Montoya y esta novela de Herrera merecen ser revisados.
Ciertas obras no llegaron hasta mí hasta después de cerrado mi libro. Aunque en él hablé de la novela Cápac Cocha. Del diario de Rosa Francisca Ureta (2006), Premio Novela Corta del Banco de Reserva del Perú, de la violinista, directora de orquesta, profesora y musicóloga arequipeña Zoila Vega Salvatierra, y mencioné su obra narrativa Acuarelas (22012), no había podido obtener su novela histórica Las Saucedo (2015). Esta extensa novela histórica transcurre en el siglo XVIII y su trama se desarrolla principalmente durante el levantamiento que se produjo en Arequipa contra el recaudador de impuestos Juan Bautista Pando, en época del visitador José Antonio de Areche, la cual ha sido vista como uno de los acontecimientos que preceden la etapa final de las luchas por la Independencia[5]. Se trata de una novela entretenida y muy bien escrita, que puede gustar mucho a jóvenes, por las similitudes que tienen los personajes femeninos de la novela con los de Mujercitas (1868), de Louise May Alcott. En una de las colecciones recientes sobre la Independencia del Perú, Vega Salvatierra ha publicado una novela breve sobre el prócer Mariano Melgar y su amigo José María Corbacho, titulada El molle y el sauce (2016). Según he sabido últimamente, a través de uno de los números de la revista Quipu virtual que dirige el poeta y diplomático arequipeño Alonso Ruiz Rosas y por alguna entrevista (Planas 2025), Vega Salvatierra acaba de publicar una novela histórica que muestra la ciudad de Arequipa mediante lo sucedido con seis pianos: Cantar al hablar (Seix Barral, 2025)[6].
La publicación en papel de las extensas novelas El Espía del Inca, de Rafael Dumett, y Los Túpac Amaru, de Omar Aramayo, ambas de 2019, de las que pude tratar en mi libro de 2020, parecieron indicar un nuevo hito en este “cronotopo” peruano.
La atención de peruanos y extranjeros a hechos y personajes de la Conquista del Perú continúa. El Premio Goncourt francés de 2017, Éric Vuillard, publicó hace poco su interpretación de los hechos, traducida al español como Conquistadores, Barcelona, Tusquets (Ventura 2024). El personaje de Francisca, hija del conquistador Francisco Pizarro, estudiada anteriormente por la historiadora María Rostworowski, en la que se basó Álvaro Vargas Llosa para su novela La mestiza de Pizarro. Una princesa entre dos mundos (2003) ha seguido dando secuelas literarias. A principios de 2019 pude ver en el teatro Fernán Gómez de Madrid, la obra Mestiza, de la dramaturga española Julieta Soria, interpretada por Gloria Muñoz, bajo dirección de Yayo Cáceres. Otras obras narrativas posteriores han sido: Francisca. Princesa del Perú (2023), del renombrado autor limeño Alonso Cueto, que todavía no he llegado a leer, o La primera mestiza (2024), de la española Carmen Sánchez-Risco.
Los textos peruanos sobre la época colonial basculan entre el “discurso criollo” y el “discurso andino”, como explicó el crítico limeño Carlos García-Bedoya, en un artículo de 2003, reproducido en un libro suyo (García-Bedoya 2012: 165-179). El narrador nacido en el Departamento de La Libertad, Eduardo González Viaña, ha sido durante muchos años docente en Estados Unidos y es valorado por sus relatos sobre los inmigrantes, uno de ellos la novela El Corrido de Dante (2006), que fue Premio Internacional Latino de Literatura en Estados Unidos en 2007, reimpresa en España en 2008. En 2009 González Viaña publicó la extensa novela histórica Vallejo en los infiernos, centrada en los años en que Vallejo fue encarcelado en Trujillo. Este narrador fue amigo de José Antonio Mazzotti, autor de Coros Mestizos del Inca Garcilaso. Resonancias Andinas (1996) y director de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, con quien González Viaña publicó una antología de textos garcilasistas, en 2016, y compartía una visión más andina del Inca Garcilaso. Todo lo anterior se proyecta en su extensa novela, de título redundante, ¡Kutimuy, Garcilaso!¡Padre nuestro, regresa! (2021), que fue presentada en Madrid, en un acto al que asistí, por el autor, Mazzotti, la profesora Concepción Valverde y el poeta catedrático y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero. En esta novela González Viaña subraya la condición de emigrante del Inca en España, insistiendo en un aspecto reivindicativo, que lo hace compararlo con el prócer cusqueño Túpac Amaru II. Por ello, la novela de González Viaña me hizo evocar lecturas comentadas anteriormente por mí (Reverte 2020): el hermoso Diario del Inca Garcilaso (1562-1616), del profesor de la Universidad de San Marcos y especialista en crónicas Francisco Carrillo Espejo, publicado el mismo año que su estudio El Inca Garcilaso de la Vega dentro de los Cronistas indios y mestizos (1996); el excelente cuento de Selenco Vega “El mestizo de las Alpujarras” (2007), sobre los posibles conflictos de identidad del Inca; la novela de Aramayo, Los Túpac Amaru (2018), por el desplazamiento que tuvo que realizar el Inca Garcilaso de Cusco a Callao antes de embarcarse para España y el viaje trasatlántico posterior. En su afán de mostrar a un Inca diferente, a González Viaña no le importa introducir algún anacronismo, como cuando dice que el Inca coincidió con un mestizo mexicano en España, asimilándolos en la expresión “Hijo de la chingada” (título del capítulo 53 de la novela), aludiendo al famoso ensayo El laberinto de la soledad (1950), de Octavio Paz.
Otro personaje histórico destacado de los siglos coloniales y del mundo andino peruano fue el ayacuchano Guaman Poma de Ayala, coetáneo al Inca Garcilaso y a veces enfrentado con él desde el punto de vista de la crítica histórica y literaria, aunque sus crónicas ofrezcan una visión complementaria. El escritor, lingüista y antropólogo cusqueño, de dilatada trayectoria, Luis Nieto Degregori, ha tenido la osadía de novelar a este cronista, en su excelente obra breve Muchas veces dudé (2022). De Nieto Degregori me he ocupado anteriormente y hace menos tiempo en un artículo sobre esta novela (Reverte 2025a, en prensa). Repetiré aquí brevemente unas cuantas cuestiones recogidas en dicho artículo. Nieto se ha documentado mucho para escribir la novela, para la que ha debido elegir muy bien lo esencial de la crónica ilustrada que es Nueva corónica y buen gobierno, lo cual considero uno de sus mayores aciertos. El extenso texto original es transformado en una novela breve, asimismo ilustrada, con una selección muy meditada. El título de la novela procede de una frase de Guaman Poma, inserta en la Carta que dirige el cronista al monarca (Felipe II al empezar a escribir su crónica, Felipe III al terminarla), la cual constituye una frase simbólica de las dudas históricas que suscita este cronista, de las dudas de todo tipo que quizás poseía él mismo y de las del narrador actual que trata sobre él. La novela está construida en capítulos alternos. Uno de los personajes principales de la novela es el mercedario vasco que le sirvió de maestro, fray Martín de Murúa; las semejanzas y diferencias entre el cronista indígena y el cronista español constituyen uno de los ejes del relato. Paralelamente, la novela cuenta, en el presente, el avance de las investigaciones sobre ambos cronistas, del peruano Ramón Acuña y del norteamericano Charles Taylor, alias “Chuck”, inspirados en especialistas reales (Juan Ossio y Gerald Taylor, este último traductor y editor bilingüe quechua-español de Ritos y tradiciones de Huarochirí), quienes poseen asimismo preguntas acerca de lo que están trabajando. Las dudas que se plantean en la novela conducen al pensamiento de la época; no es casual que se subraye en ella que lo que se cuenta transcurre paralelamente al Taqui Oncoy, que será perseguido por el visitador Cristóbal de Albornoz, a quien Guaman Poma sirvió de ayudante. Otro personaje histórico principal en la novela, relacionado a su vez con el Inca Garcilaso, será el franciscano ayacuchano Luis Jerónimo de Oré. En definitiva, Muchas veces dudé demuestra cómo en una novela histórica breve se puede expresar mucho, logrando suscitar interés, simultáneamente, en historiadores, antropólogos, críticos literarios y el lector común.
En 2022 la Conferencia Episcopal Peruana publicó el libro de José Antonio Benito Rodríguez Perú, tierra ensantada: santos, beatos, siervos de Dios, del que tengo noticia, pero no he llegado a leer. Todas las personas interesadas en la evangelización de América somos conscientes de la importancia que tuvo en ella el sincretismo religioso, con el surgimiento de imágenes o santos locales, como la Virgen de Tepeyac o Guadalupe de México, los santos peruanos Rosa de Lima o fray Martín de Porres, la pintura mural del Cristo de los temblores o Señor de los milagros y los ángeles o arcángeles arcabuceros, en el caso del Perú. Sobre este asunto puede mencionarse una breve biografía, difícil de clasificar, titulada Vida y prodigios de fray Ramón Rojas, el Padre de Guatemala (2010), de Alberto Benavides Ganoza, sobre un franciscano nacido en el siglo XVIII, de cuya vida previa en Guatemala se conoce poco (de ahí su apodo). Este santo tiene muchos devotos en Ica y otras zonas del Perú, porque vivió en Ica cuatro años, hasta su fallecimiento allí en 1839. Santa Rosa de Lima, declarada primera santa americana, ha merecido abundantes escritos y estudios históricos basados en documentos de la época, relatos o películas, como la reciente Rosa Mística (2018), del poeta, guionista y director de cine limeño Augusto Tamayo San Román. En mi libro de 2020, me referí a cuentos históricos del piurano Cronwell Jara Jiménez, uno de ellos “Rosa colgando de la escarpia”, sobre esta santa, cuyo enfoque puede relacionarse con el de la novela que comentaré a continuación, y “Martin niño”, sobre el santo fraile mulato, sin contar menciones de ambos en otros cuentos suyos.
El narrador limeño Santiago Roncagliolo, que ha escrito relatos muy bien recibidos de otras tendencias, uno de ellos la novela sobre el período de la violencia Abril rojo (2006), se ha atrevido a escribir una gruesa novela histórica, donde aparece Rosa de Lima como personaje principal: El año en que nació el demonio (2023). Roncagliolo dedica la novela a su abuelo, el gran historiador peruano Guillermo Lohmann Villena, especialista en la época colonial, quien, según su nieto, “vivió y entendió más en el siglo XVII que en el XX”, lo cual alguno podría pensar a la inversa ante algunos aspectos de la novela de Roncagliolo, sin que ello suponga restarle valor, pues se advierte documentada. Roncagliolo inicia la “Bibliografía”, situada tras la novela, diciendo (2023: 553): “Esta es una historia de ficción. Sus personajes principales son inventados, e incluso los verdaderos, así como algunos hechos y fechas, han sido transformados mediante la imaginación”. Aquí resalta el asesoramiento que dice que tuvo para escribirla del también escritor e historiador peruano Fernando Iwasaki Cauti, destacando su libro ¡Aplaca, Señor, tu ira! Lo maravilloso y lo imaginario en Lima colonial (2018). También cita, entre otros libros, bibliografía relativa a la condición de la mujer en la época, incluyendo el estudio colectivo Dos monasterios limeños del siglo XVII, agregando que, para construir el personaje de Rosa, recurrió a la biografía del profesor y crítico literario de habla inglesa, especialista en César Vallejo, Stephen M. Hart. Por supuesto, en esta lista aparece bibliografía fundamental para abordar la Inquisición en América durante el siglo XVII y algunos libros sobre las artes oscuras, acordes a la trama de la novela. Para mí, lo mejor de esta novela, que no he llegado a trabajar como hubiera deseado, es la voz de su protagonista y narrador autobiográfico, el alguacil del Santo Oficio limeño Alonso de Morales, de quien nos enteramos más adelante, que está declarando ante la Inquisición, entre otros temas, por su relación con Isabel Flores de Oliva, santa Rosa de Lima (1586-1617), a quien enviaron a vigilar y con la que ha entablado amistad. Este personaje, entre crédulo y perplejo frente a los hechos que trazan la trama, cargada de suspense, recuerda a los grandes pícaros del Siglo de oro. Aunque intente ser fiel al ambiente histórico que retrata, en la novela de Roncagliolo choca algún anacronismo, como que Rosa de Lima llame a Jesús “mi novio” (por ejemplo, 2023:181). La novela sirve como vehículo de denuncia de personajes y costumbres de aquellos años, que también pueden referirse a la actualidad, como cuando el virrey del Perú, don Francisco de Borja y Aragón, príncipe de Esquilache, gentilhombre de cámara en la corte de Felipe III, desprecia a los peruanos considerándolos pueblerinos, o al mostrar la hipocresía de ciertas autoridades civiles y eclesiásticas, como los miembros de la Inquisición o la abadesa del monasterio de Santa Clara. Si la etopeya de santa Rosa en la novela puede no convencer o llegar a escandalizar, el personaje de Alonso de Morales y la construcción de la trama inclinan a la lectura de la novela.
Refiriéndonos ya al siglo XVIII y siguiendo a Aramayo, personajes y hechos en torno a la rebelión de Túpac Amaru y a su familia han dado origen a nuevas narraciones. Por ejemplo, Rodolfo Ibarra: El evangelio según Túpac Amaru II (2021), Rosario Cadena: Hermana de mi alma (2021), o el Premio Copé de Novela 2021, José Luis Villanueva Victorio: El resplandor de la serpiente (2022). Las memorias de Juan Bautista Túpac Amaru, medio hermano de Túpac Amaru II, han merecido hace poco una edición limeña y nuevos estudios (Túpac Amaru 2021). El responsable ha sido el narrador y periodista cultural limeño Juan Manuel Chávez, quien tomó lo anterior como punto de partida para su novela breve Tupa Camaro (2021). Aquí Chávez juega con datos históricos y un entorno contemporáneo desde su mismo título, el cual procede en parte del nombre real de Túpac Amaru y de la pasión que cuenta sentía el protagonista contemporáneo durante su infancia, por un modelo de Chevrolet, el Camaro, que le valió un apodo cariñoso de su familia. El exilio en Ceuta del hermano menor del precursor de la Independencia, se convierte en esta novela en el encierro del protagonista en un apartamento de Barcelona, durante la peor fase del coronavirus. En este apartamento acompañará al cusqueño Tupa Camaro la joven porteña Florencia, con la que viaja posteriormente a Montevideo, para tratar de trasladarse desde allí, ella a Buenos Aires y él al Cusco, trasunto del viaje final frustrado que deseaba hacer el personaje histórico, quien falleció en Buenos Aires. El ingenio de Chávez al transformar las circunstancias originales a una mentalidad coetánea, lleva a convertir al hermano mayor de Tupa Camaro, José Gabriel, en un líder ecologista, asesinado por sus convicciones. La atracción por los miembros de esta familia no cesa; he sabido (sin firma, Quipu virtual 2025) que acaba de aparecer un volumen con Las cartas de Fernando Túpac Amaru y otros documentos (1782-1798), en Lima, Editorial Isole. En una de las colecciones del Bicentenario, Cosme Saavedra convirtió en personaje literario a otra figura de la Independencia, Hipólito Unanue, en El prócer resplandeciente (2021).
José de San Martín ha seguido apareciendo como personaje literario en estos años, por ejemplo, en El secretario del libertador (2021), del escritor Harol Gastelú Palomino, nacido en Huancavelica. 1821. El año de la esperanza del Perú (Penguin Random House Grupo Editorial, 2022), es el homenaje que dedica a esta fecha el escritor y diplomático limeño, antiguo director de la Biblioteca Nacional del Perú, Alejandro Neyra. La misma fecha es homenajeada en la antología 21. Relatos sobre mujeres que lucharon por la Independencia del Perú (2021), selección y prólogo del escritor, editor y crítico José Donaire Hoefken, que contiene relatos, escritos por mujeres, sobre el tema del título. Vale la pena reproducir la “Advertencia” que hace Donaire aquí, por ser una reflexión suya sobre la diferencia entre literatura e historia (2021:29):
Los relatos que conforman este volumen no pretenden reemplazar ni distorsionar el registro histórico. El lector debe asumir cada cuento como un ejercicio de libertad templado por la imaginación y la necesidad de literaturizar, a fin de que se acerque a procesos históricos interpretados desde un plano más vívido e íntimo. Un texto histórico tiene otros propósitos y metas, no suele hurgar en las mentes de los personajes ni especular sobre deseos personales. Por otra parte, se recomienda discreción ante este público, algunos relatos exigen cierta madurez y experiencia para comprender circunstancias inquietantes y hasta perturbadoras.
Una de las narradoras incluidas en este libro es Rosalí León-Ciliotta, quien había tenido el acierto de traducir del inglés y editar Extractos de un diario: Perú, 1821 (2016), del oficial naval británico, oriundo de Escocia, Basil Hall, que fue testigo de lo sucedido en Lima durante varios meses del año de la Independencia.
Frente al predicamento que tiene hasta el día de hoy el general San Martín en el Perú, la otra gran figura militar de la Independencia de América del Sur, el venezolano Simón Bolívar, tuvo escasa aceptación en la región, por sentirlos a él y a sus tropas como invasores extranjeros. En los últimos años se han escrito novelas sobre él y su entorno, por ejemplo, El incandescente fuego de la coronela (1821), de Carlos Rengifo, sobre su famosa amante Manuela Sáenz, o El inquieto colchón del libertador (2021), de Luis Freire Sarria, cuyo asunto evoca el de la tradición de Ricardo Palma “Las tres etcéteras del Libertador”, que convirtió, con ciertos cambios, en “farsa” teatral en el siglo XX, el gaditano José María Pemán.








ALGUNOS EJEMPLOS DE OBRAS NARRATIVAS PERUANAS SOBRE LOS SIGLOS XIX Y XX
Adentrándonos en el siglo XIX, sigue habiendo novelas históricas interesantes publicadas en los últimos años, como El país que no fue (2022), del poeta y narrador arequipeño Miguel Ángel Rodríguez Sosa, sobre la Confederación peruano-boliviana (1836-1839). Antes este autor había publicado, entre otros, El arriero de Tarapacá y Tiempos del Palais Concert (ambos en 2021), sobre el siglo XIX más avanzado y las primeras décadas del XX.
El poeta y narrador Óscar Colchado Lucio (Huallanca, Áncash, 1947-Lima, 2023), recordado por su novela Rosa Cuchillo (1997), Premio Nacional de Novela Francisco Villarreal, la serie de relatos infantiles protagonizados por Cholito y otras obras suyas, ganó el Premio Copé de Cuento 1983 (Veinte cuentos de oro 2019), con “Cordillera negra”. En esta narración Colchado recuerda la rebelión campesina en Huaraz, 1885, liderada por el indígena Pedron Pablo Atusparia, a través de su seguidor Pedro Cochachín, en la que intervendrá el narrador. El excelente cuento transita entre lo histórico y lo mítico y, por el año de su publicación, apunta claramente al terrible presente coetáneo con Sendero Luminoso. Casualmente, en 2024, la periodista y narradora Gabriela Wiener, a la que volveré a referirme, ha publicado una novela, de base autobiográfica, que se titula Atusparia, por el nombre del colegio limeño donde estudió. Entre los Veinte cuentos de oro (2019), que recogen los ganadores del Premio Copé de dicha modalidad entre 1979 y 2018, hay otras narraciones históricas que no mencioné en mi libro de 2020, como “La iniciación suprema de Guacri Caur”, premio 1989, del periodista, narrador y crítico del departamento de La Libertad Eduardo Paz Esquerre, que se sitúa en época prehispánica, en el territorio de la cultura Chimú, o “El derbi de los penúltimos”, premio 1998, del narrador e historiador limeño Fernando Iwasaki. En este cuento Iwasaki sigue tres momentos de la biografía del periodista peruano Félix del Valle (Ica, 1892-Buenos Aires, 1950): Lima 1916, Madrid 1939, Buenos Aires 1944, haciendo un recorrido entre Perú – España - Argentina, acorde a una parte de la propia biografía de Iwasaki y a sus intereses.
La asociación entre pasado y presente de otros autores está asimismo en la novela Historia (2021), del ayacuchano Julián Pérez, que había obtenido anteriormente los premios Nacional de Novela Federico Villarreal con Retablo (2004), Copé de oro de Novela con Criba (2013) y Novela Corta Julio Ramón Ribeyro con Anamorfosis (2017). En Historia, Pérez Huarancca evoca tres períodos de violencia de la historia peruana: el de las luchas de la Independencia, la guerra con Chile y la guerra interna con Sendero Luminoso.
La escritora y periodista limeña Fietta Jarque, experta en Arte, que trabajó durante muchos años para el diario español El País, se dio a conocer como narradora por su excelente novela colonial Yo me perdono (1998), donde, en la estela de Luis Enrique Tord, consigue recrear la figura de Juan Pérez de Bocanegra, párroco de la iglesia de Andahuaylillas, en los alrededores del Cusco, calificada por su belleza como “capilla sixtina” americana. En esta ocasión, como reconoce ella misma, inspirada por El Paraíso en la otra esquina (2003), de Vargas Llosa, en su novela Madame Gauguin (2022) trata del personaje opaco en aquella novela de Aline Chazal, madre del célebre pintor Paul Gauguin, e hija de la escritora y activista política, pionera del feminismo, Flora Tristán. Jarque rescata a este personaje histórico, oscurecido por la fuerza de su madre y de su hijo, cada uno de ellos obsesionado con la misión que se había impuesto en su vida, que tienden a anular a Aline. Además, Jarque resalta cómo la biografía de Aline quedó marcada por haber sido en su infancia víctima de malos tratos, por parte de su padre André Chazal; a lo largo de la novela planea el grave asunto de la pederastia (Reverte 2024a).
Otra interesante novela publicada recientemente y que transita entre el pasado decimonónico y el presente, que ha logrado bastante difusión, ha sido Huaco retrato (2021), de la periodista, narradora y poeta limeña Gabriela Wiener, a la que dediqué un artículo en un monográfico de la Revista Iberoamericana dedicado a jóvenes escritoras latinoamericanas (Reverte 2023). En esta novela, Wiener, conocida también en España por sus crónicas de El País, establece una trama doble. Por una parte, narra la historia de un posible antepasado suyo, un judío austríaco llamado Charles Wiener, que escribió Perú y Bolivia: Relato de viaje seguido de estudios arqueológicos y etnográficos y de notas sobre la escritura y los idiomas de las poblaciones indígenas, obra publicada por primera vez en francés, en 1880, que fue traducida y editada al español, en 1993, por el profesor y narrador peruano Edgardo Rivera Martínez. Por otra parte, hace una narración autobiográfica, que parte de su viaje de España a Perú, a raíz del fallecimiento de su padre, el periodista y analista político limeño Raúl Wiener. En ambas tramas el término descolonización resulta significativo y reflejan conflictos psicológicos, raciales y sociales, individuales y colectivos.
El narrador limeño Mario Suárez Simich, se dio a conocer como escritor a través de logrados cuentos y novelas sobre el período colonial y las luchas de la Independencia, como las novelas El paraíso del Arcángel San Miguel (2003) y El tiempo que muere en nuestros brazos (Cartas a Silvia) (2004). La última de estas dos obras, que trata sobre el prócer arequipeño Mariano Melgar, ha sido nuevamente comentada y publicada, en torno al centenario del fallecimiento del poeta en 2015 y dentro de una de las Colecciones del Bicentenario (2021). Suárez Simich no abandonó la narrativa histórica de temática colonial, pues hace poco ha aparecido una colección que recoge cuentos suyos sobre este “cronotopo” peruano: Atrapados en el juego de Dios (2024). La colección lleva un elogioso prólogo del narrador Roberto Reyes Tarazona. Los cuentos se sitúan en diversos siglos y en ellos trata de conquistadores, piratas e incluso del Inca Garcilaso de la Vega, en el cuento que da título a la colección, donde se refiere a la acusación de traición contra su padre, el capitán español Garcilaso de la Vega, que tuvo importante repercusión en su vida. Aun considerando la calidad de sus cuentos, en estas páginas deseo detenerme más en la novela histórica publicada por Simich un poco antes, El carnaval de los espíritus (2021), donde refleja lo que fue la emigración italiana en el Perú desde el último cuarto del siglo XIX a las primeras décadas del XX, la cual se integró en el poder económico y social del país, asunto que ha venido suscitando obras históricas y literarias en el siglo XXI. Para mí una comprensión mejor de la narrativa histórica, exige al crítico que la pretenda, leer conjuntamente los textos históricos principales que sirvieron al autor para escribir su relato de ficción, esta puede ser la causa de que muchos críticos la dejen de lado. Lamentando aquí no poder ahondar más en esta magnífica novela de Suárez Simich, adelanto unas cuantas notas que puedan animar a que se lea más. La novela transcurre en Lima, el año 1939, durante la celebración del Campeonato sudamericano de fútbol, entre el 15 de enero y el 12 de febrero de ese año, concluyendo en domingo de carnaval, de ahí la mención del título. A lo largo de esta novela Suárez Simich emplea hábilmente recursos para mantener alerta al lector, uno de ellos la alteración del orden cronológico de los primeros capítulos, el primero de los cuales empieza con el narrador autodiegético encerrado en el maletero de un coche, sin saber por qué. Este narrador será Alberto Kisich Ampuero, policía de la PIP (antigua Policía de Investigaciones del Perú), según ha reconocido el propio Suárez Simich, homenaje a su padre, que fue miembro de esta institución, y al origen familiar. A Alberto le encarga un amigo futbolista, Víctor Bielich, alias “Pichín”, que actúe de detective para investigar el extraño deceso del amante de una amiga de su esposa, punto de partida del género policíaco en el que también se inserta la novela. Por el año crucial en que se sitúa la novela, fecha del fin de la Guerra Civil Española y del inicio de la Segunda Guerra Mundial, conforme avance la novela iremos advirtiendo que los sucesos locales reflejan la política nacional peruana, entre el segundo gobierno de Augusto B. Leguía (1919-1930), el breve período del General Luis Miguel Sánchez Cerro (1930-1933), quien había depuesto a Leguía y fue asesinado por un joven aprista, y el gobierno de Óscar Raimundo Benavides (1933-1939), ecos de la política internacional. En estos hechos y tensiones participa asimismo la inmigración italiana que funda el Banco Italiano del Perú, en 1889; tras la fecha de esta novela, en 1941, este banco cambiaría de nombre a Banco de Crédito del Perú, lo que sirve para que la novela se proyecte simultáneamente hacia el presente. La palabra “espíritus” del título se debe a que en el desarrollo de esta historia cumple un papel importante un supuesto médium llamado Manuel Cenzano, de tal manera que en sus últimas páginas encajan todas las piezas de la trama. En el ambiente político de esos años se habla además de los anarquistas y del vals peruano, que tuvo como representante destacado al famoso compositor de ideología anarquista Felipe Pinglo. El lector que se introduzca en esta novela no quedará decepcionado, pues podrá conocer además algunos hechos y personajes cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días en Perú.
He seguido este rumbo en mi artículo porque la novela de Suárez Simich anticipa algunos temas que tratará Mario Vargas Llosa en su última novela, cuando, sabiéndose enfermo, dedicó al Perú, con un juego de palabras muy significativo en su título y a modo de epílogo, Le dedico mi silencio (2023). Después de haber estado atenta durante años a la trayectoria de Vargas Llosa (Reverte 2022[7]), he analizado esta última novela suya en un artículo que está próximo a aparecer publicado en Antípodas, en un número coordinado por un gran experto en la obra de Vargas Llosa, Roy Boland (Reverte 2025b, en prensa).
A sugerencia del director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, la revista Granta en español dedicó un volumen a los escritores de Perú, en 2023, con ocasión del traslado del Congreso Internacional de la Lengua Española, de Arequipa a Cádiz, por las circunstancias políticas. En este número se hace una encuesta a los autores peruanos, “Sabor es saber” (pp.131-148), con la pregunta: “¿cuál es su sabor preferido, plato o materia prima en la cocina peruana y por qué”, recurriendo así al fácil consenso, nacional e internacional, de la alta calidad de la cocina del país. En Le dedico mi silencio, Vargas Llosa apela asimismo a la unidad nacional de los peruanos, pero a través de otro lazo, más espiritual, que es el gusto por la llamada música criolla, cuya evolución narra desde sus orígenes afroperuanos a la actualidad, en una de las dos historias que componen esta novela. El segundo hilo narrativo será la historia del narrador-protagonista Toño Azpilcueta, obsesionado por el excelso guitarrista criollo Lalo Molfino, cuya vida investigará a lo largo de la novela. Por otra parte, los años del nacimiento y desarrollo del vals criollo coinciden aproximadamente con los años de mayor inmigración italiana en el Perú (1880-1920), aspecto estudiado por Zanutelli (2001), entre otros, quien ha realizado conjuntamente publicaciones sobre el vals peruano. En la medida en que un lector perspicaz y conocedor de las obras del Nobel peruano avance en la novela, advertirá que esta novela recuerda bastante a una de sus novelas más autobiográficas La tía Julia y el escribidor (1977), donde el propio Vargas Llosa se convirtió en autor y personaje literario. El estilo melodramático de las radionovelas de Pedro Camacho en esa novela, quien era visto a su vez por “Varguitas” como modelo del escritor profesional en el que deseaba convertirse, está también presente en Le dedico mi silencio y en la música criolla peruana. Entre los relatos truculentos de Camacho, hay dos que guardan parecido con historias recogidas en esta última novela de Vargas Llosa: la historia de don Federico Téllez Unzátegui (cap. VIII), obsesionado con las ratas y su exterminio; la historia del cantante y compositor Crisanto Maravillas (cap. XVIII), nacido en un callejón de la plaza de Santa Ana de Lima, quien está enamorado de una joven para él inalcanzable, por pertenecer a clases sociales muy distantes. En Le dedico mi silencio Vargas Llosa repite la teoría de su famoso artículo sobre la “huachafería” peruana, extendiendo su adscripción, como un rasgo de identidad, a todas las clases sociales del Perú, con una justificación simultáneamente tierna y crítica. En su exposición sobre la evolución del vals peruano, Vargas Llosa indica la diferencia entra la “guardia vieja”, cuyo representante más famoso fue el compositor e intérprete Felipe Pinglo Alva (Lima, 1899-1936) y la renovación del vals o nuevo vals criollo, cuya compositora y cantante de fama internacional fue Chabuca Granda (Cotabambas, Apurímac, 1920-Miami, Estados Unidos, 1983), quien estaba muy ligada a la ciudad de Lima, que festejó en sus canciones. Tal como ha explicado Gérard Borras al hablar de la música de Felipe Pinglo (2012), su generación vivió años de gran agitación social, con el surgimiento de nuevos partidos políticos (la Alianza Popular Revolucionaria Americana o APRA y el Partido Socialista del Perú) y de grupos anarcosindicalistas, frente a los presidentes de la llamada “República aristocrática” del Perú, cuyo tramo final se fija en la década de los años 30 del siglo pasado. Sin que yo repita aquí todo lo señalado en mi artículo de 2025, existe otra analogía entre la última novela de Vargas Llosa y El carnaval de los espíritus de Suárez Simich, y es que en Le dedico mi silencio se habla de personajes de origen italiano; por ejemplo, el padre adoptivo de Lalo Molfino era un sacerdote italiano que lo recogió en un basural y Toño Azpilcueta dice en la novela que, aunque su apellido sea vasco, su padre fue un italiano (2023: 251). También se nombran sitios de Lima ligados a ese país, como el café Palermo, lugar de reunión de los poetas peruanos de los años 50 del siglo XX. Vargas Llosa cita a varias personas que se han dedicado a dar a conocer mejor el vals criollo, los cuales poseen asimismo apellido italiano: Manuel Zanutelli Rosas o Eduardo Mazzini. Para terminar, deseo agregar que en Le dedico mi silencio Vargas Llosa rinde homenaje, una vez más, al escritor andino José María Arguedas, destacando, en esta ocasión, su novela Yawar Fiesta (por ejemplo, Vargas Llosa 2023: 273), otro rasgo del mensaje que ha querido legar Vargas Llosa a los peruanos: un elogio del mestizaje y una llamada a la unidad, sea cual sea el origen y condición.




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NOTAS
[1] Como cabe recordar, Historia de las Literaturas en el Perú (2017 y ss.) fue la denominación escogida por la Casa de la Literatura del Perú, para su obra en varios volúmenes. El deseo de mostrar la diversidad peruana ha estado también en la Revista Peruana de Literatura, dirigida por el escritor limeño Ricardo Vírhuez Villafane. Para evitar incluir excesivas referencias bibliográficas, omito en este artículo las que están en mi libro (Reverte 2020), otros trabajos publicados por mí previamente (Reverte 2022, 2023, 2024, 2025) y las de textos que he manejado, pero no me ha dado tiempo a leer para escribir estas páginas.
[2] En la celebración de los 150 años de la Independencia del Perú surgieron eventos y publicaciones históricas y literarias del Sesquicentenario. En torno a 2021 ha habido otro tanto, algunos para todo tipo de público o dirigidos preferentemente a jóvenes. A modo de ejemplo: Colección Bicentenario Petroperú; La literatura del Bicentenario, Ediciones Altazor, dirigida por Willy del Pozo; Colección del Bicentenario, dirigida por Marco Carrascal Herrera, José Castro Lovera, Juan Manuel Chávez, Editorial Arcángel San Miguel (ARSAM); Rumbo al Bicentenario, Colección Literaria Ediciones Críticas, Ediciones MyL, etc.
[3] Después del fallecimiento de Bossio, en 2023, la Red literaria peruana me encargó un texto breve para su Bibliografía esencial, que se concretó en una comparación entre El llanto en las tinieblas (2002), situada en el XVIII, y El aroma de la disidencia (2016), situada en su ciudad natal, Huancayo, en tiempos de las guerras de la Independencia. Esta última novela hace evocar muy claramente a Gabriel García Márquez (Reverte 2024b).
[4] Para mí no es casual que la 44 edición de Arte Contemporáneo en Madrid (ARCO) se haya dedicado a la Amazonía, bajo el título: “Wametisé: Ideas para un amazofuturismo” (Alonso 2025).
[5] Lo que se cuenta en la novela en relación a los pasquines está en Carlos Cornejo Quesada (2012).
[6] La galardonada escritora, traductora y profesora arequipeña Teresa Ruiz Rosas, recibió el Premio Juan Rulfo, en Francia, en 1999, por su cuento “Detrás de la calle Toledo”. Otra narradora destacada es la antropóloga y editora cusqueña Karina Pacheco. No trato más de ambas ahora, porque cuando he tenido ocasión de hablar con ellas, declararon no haberse dedicado especialmente a la narrativa histórica.
[7] En las bibliografías suelen aparecer dos años de publicación de este libro, lo que causa confusión: 2021, fecha de registro consignada en él, y 2022, fecha en que salió a la venta.

Concepción Reverte Bernal, nacida en Caracas (Venezuela), estudió el colegio en Lima (Perú). Ha sido profesora de la Universidad de Piura, en Perú, y es licenciada en Filología románica y doctora en Filología hispánica por la Universidad de Navarra, en España. Entre 1983 a 2023 ejerció como profesora de Literatura hispanoamericana en la Universidad de Cádiz, España, siendo nombrada Catedrática de la misma especialidad en esa universidad en 2009. Actualmente es Colaboradora honoraria del departamento de Filología clásica, en la misma universidad española.
Ha publicado los libros: Aproximación crítica a un dramaturgo virreinal peruano: Fr. Francisco del Castillo ("el Ciego de la Merced") (1985), El teatro de Fr. Francisco del Castillo (edición crítica) (1988), Articulación temática en la narrativa y teatro de Mario Vargas Llosa. Visión del Perú (1994), Fuentes europeas - Vanguardia hispanoamericana (1998), Teatro y Vanguardia en Hispanoamérica (2006), La época colonial en la narrativa peruana contemporánea (2020), Mario Vargas Llosa: Work in Progress (2022). Organizadora de congresos internacionales cuyos volúmenes de actas ha preparado, ha coeditado los libros Pedagogía Teatral: Conceptos y Métodos (1996), América y el Teatro Español del Siglo de Oro (1998) y editado Diálogos culturales en la Literatura Iberoamericana. Actas del XXXIX Congreso del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana (2013). Ha publicado además numerosos artículos, comunicaciones en actas de congresos o capítulos de libros sobre literatura y teatro hispanoamericanos.