El encuentro entre dos mundos: andinos vs. criollos, 20 años después
Por Edwin Cavello
Director revista Lima Gris
En mayo de 2005, durante el I Congreso Internacional “25 años de narrativa peruana (1980-2005)”, que se realizó en el Palacio de Linares en Madrid, se desató lo que se podría llamar “el encuentro entre dos mundos”. Una intensa polémica que generó una avalancha de dardos extraliterarios. El congreso reunió a escritores, críticos y académicos para reflexionar sobre un cuarto de siglo de narrativa nacional. Sin embargo, lo que comenzó como una celebración de la literatura peruana se transformó en un campo de batalla ideológico y cultural.
El interesante congreso fue organizado por la Asociación Cultural Mirada Malva y auspiciado por la Embajada del Perú en España y Casa de América de Madrid. El esfuerzo enorme de la organización logró convocar a figuras destacadas de la literatura peruana como Mario Vargas Llosa, quien inauguró el evento, y Miguel Gutiérrez, encargado del discurso de clausura. Fueron cinco días. Es decir, 120 horas entre mesas temáticas, desayunos, almuerzos y cenas, donde se abordaron diversos aspectos de la narrativa peruana contemporánea. Sin embargo, las tensiones latentes entre escritores de distintas procedencias y visiones del país comenzaron a aflorar desde las entrañas.
El discurso inaugural de Vargas Llosa fue la chispa que encendió la polémica. El recordado Nobel, criticó la persistencia de una narrativa "telúrica" y exaltó las ventajas actuales para los escritores en comparación con los años 50; fue interpretado por algunos como una desvalorización de las literaturas regionales y andinas. Aunque también significó una cachetada a los arguedianos. Por su parte, Miguel Gutiérrez —autor de La violencia del tiempo—, en su intervención final, respondió sin titubeos y destacó la importancia de reconocer la diversidad cultural del país y la necesidad de una narrativa que refleje las múltiples realidades peruanas.
Las diferencias no tardaron en manifestarse de manera más explícita. Algunos escritores, identificados con la corriente "criolla", sugirieron que sus colegas "andinos" debían adoptar estrategias similares a las de artistas populares como Chacalón o Dina Paucar para alcanzar el éxito. Esta comparación fue percibida como una minimización de las propuestas literarias regionales y una muestra del centralismo y sesgo limeño. ¿Acaso los cholos no pueden hacer literatura? Pero esto no solo era un debate literario, era en realidad un ajuste de cuentas de las mezquindades y ninguneo que se cargó en las maletas desde Lima hasta Madrid.
Ya en Lima, el escritor Miguel Gutiérrez publicó un artículo en el diario Perú21 titulado "Uso de la Palabra: Encuentro en Madrid", en el que criticó la hegemonía de un grupo que, según él, dominaba los medios de comunicación y marginaba a los escritores andinos. Esta publicación encendió la mecha de un debate que se extendió por varios meses y que involucró a numerosos escritores, críticos y periodistas.
El escritor Alonso Cueto respondió en el mismo diario, intentando negar lo innegable, la existencia de una "secta", y defendiendo la idea de que la literatura debe evaluarse por su calidad, no por su origen geográfico o cultural. Luego le siguió Fernando Ampuero, que desde su cómodo departamento en Barranco argumentó que la narrativa andina no despertaba el mismo interés que en épocas anteriores debido a la falta de figuras del calibre de Ciro Alegría o José María Arguedas. Las declaraciones de Cueto también evidenciaron que conocía poco el Perú.
El debate trascendió el ámbito literario y puso en evidencia las profundas divisiones sociales y culturales del Perú. Para algunos, como la socióloga francesa Anouk Guiné, el conflicto reflejaba las relaciones de poder de tipo colonial y racial que aún perviven en la sociedad peruana. Otros, como el polémico Gustavo Faverón, señalaron la necesidad de reconocer las dificultades que enfrentan los escritores de provincias para acceder a los medios de comunicación y al mercado editorial.
La polémica en la FIL Guadalajara
En 2021, desde el portal Lima Gris se lanzó un artículo cuestionando la lista de los escritores que iban a viajar como invitados con todo pagado a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El artículo fue un nuevo detonante que nos recordó las heridas abiertas entre andinos y criollos dentro de la literatura peruana.
Tras varios días de polémica y publicaciones periodísticas, el Ministerio de Cultura del Perú, bajo la dirección del exministro Ciro Gálvez, decidió modificar la lista oficial de escritores que representarían al país en la 35.ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde Perú era el país invitado de honor. La decisión causó un terremoto literario que quebró el ego de los escritores “hegemónicos”, ya que esto implicó la exclusión de autores como Renato Cisneros, Katya Adaui, Karina Pacheco, Gabriela Wiener y Carmen McEvoy, quienes ya habían sido seleccionados de manera oscura y precipitada por la gestión anterior del exministro de Cultura Alejandro Neyra. Ciro Gálvez justificó la medida argumentando que estos escritores "ya fueron beneficiados" en eventos anteriores y que era necesario dar oportunidad a "escritores emergentes" y de regiones menos representadas, incluyendo autores de comunidades indígenas y afroperuanas. Es decir, era el turno de los andinos y afrodescendientes.
La exclusión de estos escritores de la primera lista provocó una ola de críticas y renuncias por parte de otros autores que consideraron la decisión arbitraria y discriminatoria. Alonso Cueto y Micaela Chirif, entre otros, declinaron su participación en señal de protesta, argumentando que la representatividad cultural no debe basarse únicamente en criterios geográficos o políticos, sino en la calidad y trayectoria literaria. La situación evidenció tensiones entre la búsqueda de una mayor inclusión regional y el respeto a los procesos de selección previamente establecidos, generando un debate sobre las políticas culturales y la promoción de la literatura peruana en el ámbito internacional.
Ecos de Madrid
A 20 años de ese encuentro en Madrid, el debate entre "andinos" y "criollos" sigue siendo objeto de análisis y reflexión. Si bien las tensiones persisten, también es cierto que la literatura peruana ha experimentado una diversificación y una apertura hacia nuevas voces y perspectivas. El auge de las editoriales independientes, la proliferación de ferias del libro en provincias y el acceso a plataformas digitales han permitido que escritores de diversas regiones y contextos sociales encuentren espacios para difundir su obra, incluso, para publicarse ellos mismos.
No cabe duda de que el episodio de Madrid en 2005 puede verse como un momento de inflexión que obligó a la comunidad literaria peruana a confrontar sus propias contradicciones y a reconocer la necesidad de una narrativa verdaderamente inclusiva y representativa de la compleja realidad del país. No olvidemos que la literatura no es solo un arte, sino un instrumento de combate moral e intelectual. Queramos o no, lo de Madrid todavía persiste; solo es cuestión de tiempo para que la mecha se vuelva a encender.