José Antonio Bravo (1937 – 2016): un legado multifacético entre la Intimidad y la Historia
Por Jeremías B. Martínez Rodríguez
(UNMSM – UCSS)
I
José Antonio Bravo Amézaga (1937-2016) fue una figura multifacética de las letras peruanas. Destacó como poeta, en teatro y novela, como crítico literario. Fue también docente universitario y periodista. Su sólida formación académica y su temprana dedicación a la docencia en diversas instituciones, especialmente en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde fundó los influyentes Talleres de Narración, y la Universidad Femenina del Sagrado Corazón marcaron profundamente su trayectoria.
Su obra narrativa evolucionó desde un intimismo temprano, que se adelantó a las tendencias posteriores de la literatura peruana, hacia la novela histórica y culminó con un retorno a la exploración de la subjetividad y el erotismo. Su labor como crítico literario y antologador también fue fundamental para la difusión y el estudio de la literatura peruana y latinoamericana.
Esta semblanza busca ofrecer una visión general de su rica y variada producción literaria, su estilo distintivo, su influencia en el panorama cultural peruano, así como las influencias que moldearon su obra y el legado que dejó tras su fallecimiento.
II
Nació en Tarma, Junín, pero vivió la mayor parte de su vida en Lima, especialmente en Chorrillos hasta los veinte años. Bravo tuvo una sólida formación académica: cursó estudios en Letras por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y en docencia en Lengua y Literatura en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta). Además, realizó estudios de postgrado en prestigiosas instituciones de México, Francia, España y Estados Unidos.
Ejerció como profesor de Literatura desde muy joven en diversos colegios y universidades, incluyendo la UNMSM desde 1971, donde fundó y dirigió el Taller de Narración, puesto en el que se mantuvo hasta su retiro en 1990. También fue profesor en otras instituciones peruanas y universidades en el extranjero. En 1993, fue nombrado Profesor Emérito de la UNMSM.
III
Bravo inició su carrera literaria en la década de 1960 como poeta, publicando Tristía (1960) y La torre agonida (1963). También incursionó en el teatro con obras como El orate y Karpat (ambas de 1965), obras que él mismo dirigió. En cuanto a su obra narrativa, esta es extensa y diversa; pero se pueden identificar tres etapas: a) Novelas de corte intimista y autobiográfico (1968-1977): En esta primera etapa lo que caracteriza sus novelas, como Las noches hundidas (1968), Barrio de broncas (1971), A la hora del tiempo (1977), y Un hotel para el otoño (1977), es la exploración de la subjetividad intimista. Cabe recordar que la novela Barrio de broncas le valió el Premio Nacional de Novela en 1973. Estas novelas citadas, se centran en el personaje de Miguel. También exploran temas personales y se alejan del realismo mágico dominante del boom latinoamericano. Con esto, se adelanta a una sensibilidad más intimista. Se ha sugerido que estas cuatro novelas forman una especie de cuarteto interconectado, dado el hilo conductor marcada por la recurrencia del protagonista y, precisamente, por el intimismo disonante con la estética predilecta, anclada en la denuncia social realista imperante en el campo literario de su época. b) Novela histórica (1989-2008): En esta etapa, Bravo se dedicó a la novela histórica, fruto de su estudio de las crónicas coloniales. Entre sus novelas históricas destacan Cuando la gloria agoniza (1989), La quimera y el éxtasis (1996), la cual resultó finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, y Machiparo: Crónica fluvial y peregrina (2008). Bravo desarrolló en estas obras una modalidad que algunos críticos denominaron “ensayo novelado”, por el tratamiento intelectual con que aborda lo narrado, pero sin desprenderse de ciertas licencias que lo lleva a centrar su atención en elementos como el mundo interior o las inquietudes de los personajes. c) Retorno al intimismo (2013): Su última novela, Percanta: Memorias de un mirón de azoteas (2013), significó un retorno al tono intimista de sus primeras obras, con elementos eróticos, con lo retorna un narrador que despliega su subjetividad, pero, esta vez, poniendo un mayor énfasis en el lenguaje, sobre todo en los giros lingüísticos populares que caracterizaron su primera etapa.
IV
Bravo fue también un prolífico crítico literario. Publicó numerosos ensayos y antologías sobre literatura peruana y latinoamericana, como Lo real maravilloso en la narrativa latinoamericana actual (1977), Estructura en la narrativa, y varias antologías de narradores peruanos. Con ello, no solo se posicionó como un lector acucioso, capacitado para el análisis literario mediante la narratología estructuralista; sino que dejó marcado que su vena docente seguía palpitante.
Además, tuvo una activa labor periodística. Llegó a dirigir el diario Correo y fundó revistas como Cielo Abierto y la memorable Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Asimismo, además de su obra escrita, Bravo fue un pintor, aunque mantuvo su obra plástica en un ámbito privado. Se ha señalado que su sensibilidad pictórica se manifiesta en las descripciones vívidas de su narrativa, sobre todo en el uso de color en las descripciones preciositas y elaboradas con que acompaña muchas de las reflexiones de sus personajes.
V
Durante su primera etapa narrativa, Bravo desarrolló un estilo intimista y autobiográfico, alejándose conscientemente de las tendencias imperante en la década del 70. Sus novelas de este periodo, como Las noches hundidas, Barrio de broncas, A la hora del tiempo y Un hotel para el otoño, se caracterizan por un discurso más subjetivo y una estructura compleja. Como hemos señalado, es innegable la conexión en esta tetralogía, pues se exploran temas personales como la relación de artista con la literatura, con el arte y, más íntimamente, con el amor. Todo esto se evidencia en las peripecias emocionales del personaje principal, Miguel.
En particular, su novela Barrio de broncas (1971), se distingue por estar escrita con la impronta del habla común, con lo que busca impregnar de ritmo y tono al mundo popular que representa. El autor fusiona el “yo” literario y su subjetividad con el objeto. En esta novela, Chorrillos se describe con un lienzo, en cuyo rededor se crean relatos con una fuerte presencia de la naturaleza y el lenguaje coloquial. Asimismo, para desarrollar mejor esa interioridad de la focalización, se destaca el uso de monólogos, que están marcados con un humor, a veces tierno, otros.
Posteriormente, en su etapa de novela histórica, Bravo cultivó una modalidad que algunos críticos, como Manuel Alvar, denominaron “ensayo novelado”. En obras como Cuando la gloria agoniza, La quimera y el éxtasis y Machiparo, Bravo se apoyó de una rigurosa investigación histórica para construir sus narraciones, procurando establecer patrones verosímiles. Esta modalidad se caracteriza, como señala Manuel Pantigoso Pecero por la información histórica como argumento; el uso recurrente de fuentes históricas; la búsqueda verosimilitud; el tránsito constante entre la realidad y la ficción; la bibliografía como sustento; el uso del vocabulario de la época; el empleo de apostillas. Todas estas caracterizaciones funcionan con una sola finalidad: recrear de la forma más verosímil la historia novelada. Así, por ejemplo, el recurrir al lenguaje de la época representada ayuda a formularse una representación más cercana.
Así, Bravo combina el rigor intelectual del ensayo con la libertad creativa de la novela. Con ello, atenúa la responsabilidad del científico, pero aceptando la del escritor que inventa anécdotas para hacer más atractiva y creíble la narración.
A pesar de su dedicación a la novela histórica, se reconoce que Bravo inició su carrera narrativa explorando el ambiente urbano, como lo hace Pantigoso, algo propio de los escritores de su generación. Sin embargo, esta hermandad de época también se vio diferenciada porque su forma de explorar la urbe fue a través de la mirada desde el interior, por lo que muchas de sus reflexiones son apropiaciones del exterior que pasan por el filtro de la subjetividad.
VI
En su última novela, Percanta: Memorias de un mirón de azoteas (2013), Bravo retornó al tono intimista de su juventud, incorporando además elementos de literatura erótica. En esta obra, demuestra su habilidad para desenvolverse en el lenguaje popular, rescatando la llamada subliteratura a través de un tratamiento narrativo de alto nivel formal. Con ello, no solo eleva un género poco cultivado (o cultivado mal), que puede hasta rozar lo prosaico y chabacano, sino que lo nutre de lirismo, siempre nacido de la interiorización del exterior.
Así pues, en términos generales, el estilo de Bravo se caracteriza por una marcada receptividad de estampas e ideas, como señala Tamayo Vargas, con lo que busca destacar el mundo representado. Estira el lenguaje para creando ambientes nutridos de emociones y sensaciones que influyen en la trama. Asimismo, la crítica destaca su capacidad para caracterizar los elementos de la realidad y “pintarlos” después de estructurar su mundo interior.
Ahora bien, su primera etapa, la juvenil, se puede entender también como una etapa de aprendizaje literario, donde va hilvanando recursos que luego pondrá en marcha cuando ingrese a su etapa de primera madurez, es decir, cuando se aboque a la temática histórica. Precisamente, este giro estilístico y temática se desarrolla por su fascinación por la Conquista y la Colonia del Perú, así como su interés en la obra de Ricardo Palma, particularmente en la idea de una “novela-río” en sus Tradiciones peruanas. Si bien el intimismo que marca su primera etapa no tuvo una recepción masiva en la crítica, esto se debe a la estética preferentemente sociorrealista. Esta predilección, nacida de las novelas del boom, marcan un retorno con mayor aprendizaje. Por eso, la recreación de la historia en su última etapa también tiene una veta social, pero siempre matizado del intimismo que lo adelantó a su época.
VII
Se puede afirmar, entonces, que lo caracteriza su obra es esa fluctuación entre el intimismo y la Historia. El mismo Bravo, sobre la tetralogía que marcó su primera etapa, afirmó que se trataba de un ciclo de relatos novelescos que buscaban esbozar una perspectiva sobre las edades de la vida a partir de su propia y personal experiencia. Son novelas hermanas que exploran un desarrollo de personaje a través de una vida, desde las inquietudes de la infancia hasta la vejez.
Como señala Alejandro Susti, la narrativa urbana peruana moderna se define por una serie de elementos que exploran la compleja relación entre los individuos y el espacio de la ciudad, particularmente el barrio como unidad significativa. Así, este espacio es representado como un “vestigio del pasado”, un lugar donde las huellas de un tiempo que se resiste a desaparecer coexisten con la realidad cambiante del presente y la inminencia del futuro. De este modo, el barrio se erige como un anclaje perdido en medio de las crisis de la época, encarnando códigos de conducta y un ethos amenazados por la inestabilidad de la vida moderna. Por ello, la centralidad del barrio responde a una necesidad de un espacio con identidad propia y un sentido de pertenencia para sus habitantes, sometido a las continuas presiones de un entorno urbano en transformación.
VIII
Barrio de broncas, en este sentido, presenta que remite en su estructura fragmentaria, al rompimiento mismo de ese presente que todavía vive en el pasado. Así, la fragmentariedad responde a una propuesta de ruptura y anclaje: las estampas, aleatorias a veces, son recuerdos de ese pasado que se resiste a marcharse y pervive en la memoria anclada en el presente de la narración. El entrelazamiento de historias paralelas, con el espacio urbano, en realidad, le dan protagonismo a la ciudad representada: Chorrillos. Pero todo ello se da desde la mirada íntima, por lo que estamos frente una dialéctica: el mundo interior y el entorno. De esto, resulta el discurso fragmentario de la novela. Por ejemplo, la representación de conflictos sociales y violencia como elementos disruptivos inherentes al proyecto modernizador de la ciudad, son presentados a través de la mirad del Narrador lo que viene focalizado por una mirada crítica que cree ver en el pasado un tiempo mejor.
En A la hora del tiempo la estructura pasa a un segundo plano y se prioriza el movimiento. Estamos, entonces, frente a otra arista de su poética: el desplazamiento como retorno. Si en Barrio de broncas el desplazamiento es simbólico, dado que se da a través de la memoria, aquí los personajes (Miguel y Melisa) emprenden viajes reales que no son más que un retorno al origen. Así, el inicio evocador de la novela, no solo señala este viaje de la memoria, sino que se aúna con el movimiento espacial de lo personaje, de lo que se deduce un aprendizaje de la vida y la experiencia. El final, por ello, cuando la muerte llega, se entiende como el final también de ese viaje emprendido por los personajes. Si bien la novela no tiene un argumento establecido como tal, las anécdotas que se cuenta sirven como sustituto de ese viaje memorístico que caracteriza Barrio de broncas. Vale añadir que también el Narrador se encuentra ya en una edad madura, y es ahí donde la memoria se ve matizada por la experiencia que le permite evaluar los recuerdo con mayor lirismo, el cual nace del desplazamiento territorial, al interactuar con otras culturas, por ejemplo, lo que no sucede en la Barrio de broncas, donde el único referente es la vivencia. Aquí, en A la hora del tiempo, se tiene también la experiencia del viaje, es decir, el conocimiento de otras realidades.
IX
Considerando la trayectoria de José Antonio Bravo, su legado es significativa para las letras peruanas. En primer lugar, su visión como novelista se adelantó a ciertas tendencias, especialmente con su ciclo inicial de novelas urbanas que exploraban la intimidad y la subjetividad de una manera distinta al realismo mágico dominante de su época. Este enfoque más personal y su experimentación con la estructura de la novela “abierta” ofrecieron una perspectiva diferente dentro del panorama narrativo peruano.
Además, su dedicación a la enseñanza y la formación de nuevos escritores a través de sus talleres en la Universidad de San Marcos fue crucial. Muchos de sus alumnos se convirtieron en autores importantes, lo que subraya su papel como mentor y su impacto en las generaciones posteriores de narradores peruanos.
Su interés por la oralidad y la cultura popular también dejó una marca distintiva en su obra, especialmente en novelas como Barrio de broncas, donde el lenguaje coloquial y el ritmo del habla común son elementos centrales. Esta conexión con la tradición oral y su capacidad para plasmarla en la escritura lo distinguieron como un narrador particular.
Finalmente, su incursión en la novela histórica, a través de un formato que se denominó “ensayo novelado”, representó una búsqueda por comprender y reinterpretar el pasado peruano desde una perspectiva literaria que combinaba rigor histórico con elementos de ficción. Aunque quizás menos reconocido en su momento, este abordaje híbrido del género histórico es una contribución singular a la narrativa peruana. En conjunto, el legado de Bravo se caracteriza por una exploración constante de nuevas formas narrativas, un compromiso profundo con la formación de escritores y una sensibilidad particular hacia las voces y la historia del Perú.
En definitiva, la obra de José Antonio Bravo representa una exploración constante de las posibilidades narrativas, un compromiso con la reflexión crítica y una dedicación a la formación de nuevos talentos, asegurando así su presencia continua en el panorama literario del Perú. Su particular visión y su sensibilidad hacia la historia y la cultura peruana constituyen un legado valioso que merece ser revisitado y apreciado por las futuras generaciones de lectores.







Jeremías B. Martínez Rodríguez (Lima, 1989). Es bachiller y licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Cursa la maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana (UNMSM) y egresó de la maestría de Literatura Infantil y Juvenil (UCSS). Ha participado como ponente en diferen-tes congresos y coloquios a nivel nacional e internacional. Realiza videorreseñas y video-críticas en el canal de YouTube La Hoguera Discreta.
En el 2012, obtuvo la mención honrosa en el concurso “Un millón de palabras” organizado por la Municipalidad de Santiago de Surco, en las categorías de Poesía y Cuento. En el 2014, obtuvo la beca para investigadores otorgada por el Instituto de Investigaciones Humanísticas (IIH) para el desarrollo de su tesis El canon literario peruano como instrumento hegemónico para la conservación del poder: su formación en las escuelas. Ha sido finalista en el “Premio Bienal Copé de Novela” del año 2015, concurso organizado por Petroperú, con la novela Saudade. En el 2020, resultó finalista del “Premio XXIII de No-vela Corta Julio Ramón Ribeyro” organizado por el Banco Central de Reserva de Perú (BCR) con la novela de ciencia ficción El tercer hombre. En el 2021, resultó finalista de “Premio a la Joven Literatura Latinoamericana Edición IX” organizado por la Alianza Francesa con la novela de realismo fantástico En la ciudad sentimental. Con esa misma novela, resultó también finalista en el concurso I Premio Internacional Casa Tomada Novela Fantástica.
Ha publicado textos de ficción en revistas como El Bosque, Syntagmas o Cuadernos Literarios, artículos académicos en Cuadernos Urgentes – Cromwell Jara, Cuadernos Urgentes – Marcos Yauri Montero, Cuadernos Urgentes – Feliciano Padilla y Cuadernos Urgentes – Carlos Calderón Fajardo.
En el 2018, publicó la novela Saudade (Editorial Coriolis). En el 2019, con el apoyo de Cielo Gris Editores publicó La conjura de los dinosaurios. En el 2020, publicó la novela La ceguera es como el mar (Cielo Gris Editores). En el 2022, publicó la novela Vuelo en un tiempo sin alas (Cielo Gris Editores). En el 2023, publicó la segunda edición de La ceguera es como el mar. En el 2024, la novela de ciencia ficción Aquí quise construir un hogar (Cielo Gris Editores).
Pertenece al grupo de investigación Grupo de Estudios sobre Ética y Literatura (GDESEYL). Su investigación se centra, actualmente, en el canon literario peruano, la autoficción, la narrativa peruana contemporánea y la literatura infantil y juvenil, sobre todo, en el Plan Lector.