Por Mario Suárez Simich
El complejo e irregular desarrollo de la sociedad peruana parece haber sido un obstáculo para comprender el origen y desarrollo del género policial peruano. Por su parte, la crítica ha hecho poco por tratar de sistematizar su génesis y evolución, con el agravante que lo poco teorizado se circunscribe a los textos de un “canon” cuestionable que, por lo parcial, limita la comprensión total del fenómeno y nos lleva a conclusiones equivocadas. Los acercamientos teóricos de Ricardo Sumalavia, en diversos artículos; Alejandro Susti y José Güich, en Caso Abierto, La novela policial peruana entre los siglos XX y XXI o Diego Telles Paz, a nivel latinoamericano, con Detectives perdidos en la ciudad oscura son, con sus aciertos y errores, referentes actuales y vigentes.
Acierta Caso Abierto en incluir en la introducción de su trabajo opiniones de escritores peruanos sobre el policial nacional ya que por ellas podemos apreciar cómo éstos comparten algunos criterios, a nuestro parecer erróneos, con la crítica. El primero, y más discutible, de varios de ellos puede resumirse en lo sostenido por Ricardo Sumalavia en su artículo “El meñique de la suegra” y los orígenes de la novela policial en el Perú:
“…sus preocupaciones artísticas se concentraron y trataron de resolver la identidad peruana en crisis, derivando así rápidamente en la vertiente del indigenismo, en la novela de la tierra -baste con citar a Enrique López Albújar, Ciro Alegría y José María Arguedas-, saltando de esta manera incluso la narrativa vanguardista, salvo notables excepciones. Alejados rápidamente de la ciudad, podemos entender que el relato policial clásico perdiera su espacio vital de desarrollo.”
Jorge Valenzuela, Diego Trelles, Selenco Vega y otros coinciden en términos generales con esta idea. Sin estar desarrollada de manera adecuada, parece que solo el establecimiento de la “ciudad” fuese necesaria para el surgimiento del género. En el Perú, las ciudades se desarrollaron mucho después en relación con muchas del resto del sub continente, dependiendo qué criterios que se utilicen para definir “ciudad”, y aún en la actualidad hay muy pocas “ciudades” en nuestro país. Pero existen otros criterios que no se han tomado en consideración para historiar la evolución del policial o justificar su retraso o surgimiento. Uno de ellos sería definir qué tipo de “ciudad” es la más adecuada para su desarrollo y cuáles eran las carencias de Lima, como primera ciudad, dentro de esos parámetros.
Por otra parte, varios estudiosos coinciden en sostener que el asesinato, materia prima del género, constituye la mayor “ofensa social”, una que nos atañe a todos, por lo que encontrar al autor y ponerlo a manos de la justicia es de vital importancia para convivencia en la urbe. Esto implica una fuerza policial adecuada y entrenada para labor, tanto como un aparato judicial con las mismas características; es decir, un estado aceptablemente eficaz; implica también, entre líneas, un sentido de igualdad entre los ciudadanos en donde todas las víctimas de un asesinato tengan el mismo valor y todos los asesinos, los mismos derechos. A fines de la segunda década del siglo XX, Lima es sacudida por el crimen de Alejandrino Montes; sus víctimas, el matrimonio para el que trabajaba como sirviente. Luis Jochamowitz, en su libro El Descuartizador del Hotel Comercio y otras crónicas policiales, glosa lo que la prensa decía sobre el asesino:
“De él se decía que era primo hermano de Luis Pardo, el famoso bandolero, que era un amante de la literatura…que era un verdadero devorador de novelas policiales, libros que con su murmullo insidioso inspiraban los peores actos; en suma, que estaba “conformado orgánicamente para el crimen...”
Esta cita nos informa que, al 11 de marzo de 1916, fecha del crimen, existía, se vendía y se leía el género policial en Lima, que era factible que, con el escaso sueldo que podía ganar un sirviente, le permitiera ser un “devorador” de estas novelas y que éstas (podrían) inspirar “los peores actos”.
Otro factor que permite entrever los artículos periodísticos de la época es la visión lombrosiana del criminal, cuando sostiene que estaba “conformado orgánicamente para el crimen”, pero esta visión va más allá de lo formulado por Lombroso; en el Perú, a los rasgos físicos que indicaban un tendencia innata para el crimen y las influencias exógenas, se implica el concepto racial de tal manera que en Perú de esos años que un “indio” asesine a un negro o viceversa, era consecuencia de un especie de “atavismo lombrosiano”. La conmoción del causada por el crimen de Alejandrino Montes trasciende el asesinato, es señal de “…un profundo sentimiento de rebeldía y odio para los que tienen posición y hacienda”; los que poseían ambas, tenían “…la idea general y absurda de que en este país todos roban y todos delinquen”. (Glosado por Jochamowitz). Lo execrable del crimen no es el asesinato de la pareja de esposos, sino los síntomas de rebeldía y odio contra el patrón que implican. ¿Podía surgir el género policial en estas condiciones?
Al no poder contar con textos de ficción policial en los que analizar la relación entre crimen, criminal, estado y sociedad, la crónica roja se convierte en una fuente importante donde buscar estas relaciones y una vez encontrada éstas, proponer hipótesis sobre las condiciones, favorables o no, al surgimiento de una narrativa policial.
“Es grande -decía un diario- el número de aficionados a pesquisas que se han presentado en la Intendencia solicitando ser autorizados para emprender por su cuenta las investigaciones que juzguen convenientes”. “Alguien que firmó (sigue glosando Jochamowitz sobre el mismo crimen): “un lector de Conan Doyle” envió una carta a un diario…”
Por lo glosado, se ve que había un interés por las pesquisas policiales y, entre los que leían la crónica roja, lectores de Conan Doyle; lo que indicaría un interés por el género y condiciones “favorables” para su surgimiento, al menos en Lima. Tampoco se investigado la llegada de la narrativa policial extranjera al Perú en las dos primeras décadas del siglo XX, su distribución, su consumo, los autores más vendidos o las fechas de las traducciones al español de esta narrativa. Así mismo, no hay estudios ni estadísticas sobre el Pulp policial llegado al Perú un par de décadas después. La publicación de El meñique de la suegra en Variedades. Revista Semanal Ilustrada, año VII, no. 194. Lima, 18 de noviembre de 1911, con el subtítulo de: Espeluznante novela policial limeña, demuestra que el género era conocido y había atraído la atención de muchos jóvenes intelectuales como los que colaboraban en esa revista.
Hay muchos vacíos aún para tener un panorama que nos permita tener certezas sobre el origen y la evolución de la narrativa policial en el Perú. Pero una hipótesis fiable para desarrollar el tema es partir del punto en que su evolución ha sido “singular” en relación con el resto del policial latinoamericano, rastrear esa singularidad en relación a los tres momentos claves del género, el policial clásico, la novela negra y el neo policial, el que Trellez llama “Novela policial alternativa latinoamericana” y define como:
“…un género alterno que incorpora, reformula e, incluso, subvierte algunas de las estructuras y convenciones de la matriz original con el fin de adaptarla y hacerle creíble para estas complejas sociedades”.
Teniendo en cuenta que cada autor, al intentar hacer “policial peruano” dialoga e interactúa con los dos primeros momentos para plantear en el texto una “alternativa” creíble para compleja sociedad peruana. En este contexto es necesario depurar algunos conceptos teóricos sobre el género que puede inducir a errores. Me refiero, como ejemplo, a lo que denominamos “novela de pesquisa”, que comparte muchas características en común con la novela policial en general, pero que no pertenece al género; por lo que confundir una con otra resulta perjudicial en los trabajos críticos. La novela de pesquisa comparte con la policial el suspense, un personaje, que incluso puede ser un policía, realizando una investigación, una trama basada en pistas y una solución, pero la razón o motivo que genera la pesquisa no es un asesinato. Uno de los mejores ejemplos de este tipo de novela son algunas de las publicadas por José Güich Rodríguez, tanto en El Misterio de Loma Amarilla (2009), El Misterio del Barrio Chino (2013) o El Misterio de las Piedras secuestradas (2020), escogemos estos tres títulos porque en ellos está clave para comprender la diferencia. No por casualidad el autor coloca la palabra “misterio” al inicio de los tres títulos, es precisamente un “misterio” lo que desencadena las “pesquisas” que el “detective” aficionado, Pablo Teruel, debe develar y devela. Estos misterios, fenómenos climatológicos y sensoriales anómalos en las proximidades de Loma Amarilla o la aparición de signos inexplicables en diferentes comercios del Barrio Chino son el motor de la trama y el suspense, no un asesinato. En lo demás, las novelas de Güich se desarrollan siguiendo las pautas del género policial, que es una pesquisa. Pero no solo un “misterio” puede desencadenar una novela de pesquisa, también una búsqueda, ya de un objeto o una persona, incluso un delito menor como un robo o una estafa; si se habla de asesinato, ya estamos en el policial. Por lo visto, podemos afirmar que, si bien la novela policial es un tipo de novela de pesquisa, no todas las novelas de pesquisas son novela policial.
Sosteníamos líneas arriba que las investigaciones sobre el género policial en el Perú se han realizados analizando textos pertenecientes solo a un número limitado de autores por lo que este artículo reseñaremos brevemente otros autores que también escriben policial peruano y su trabajo forma parte de ese intento colectivo de adaptar el género a la realidad peruana.



Los Desaparecidos. Manuel A. Bedoya. Considerada la primera novela policial escrita por un peruano, publicada en España en 1914, ha sido reedita por la editorial Altazor en 2024. Su autor vivió fuera del Perú muchos años por lo que ésta y otras novelas policiales que escribió no reflejan el país, sino más bien la Belle Epoque europea y el inicio de la producción y venta masiva de libros. También sirve de referencia para ver como adapta el género anglosajón a los lectores hispanohablantes. Mack Bull, el detective que crea para las cuatro novelas que escribirá, es un millonario norteamericano dedicado a la investigación privada. Como personaje es tributario de Maurice Le Blanc y de Conan Doyle y hasta posee un método propio para resolver sus casos; sin embargo, por el ambiente, la atmósfera y ciertos recursos está influenciado por Poe. El lujo, los personajes snobs y la moral “caballeresca” de sus personajes masculinos y un barniz apenas fatal en los femeninos es un intento de atraer a los lectores, obreros, empleados, que empiezan a consumir este género.
Pólvora para Gallinazos. Esta novela, cuya primera edición fue publicada en 1985 bajo el seudónimo de C.C García, es el primer intento de adaptar el modelo americano de novela negra al casi inexistente policial peruano. En 2023, ya con el verdadero nombre del autor, Mirko Lauer, sale la segunda edición. Con seguridad el seudónimo de la primera refleja la consideración de “poco seria” que se atribuía al policial en esos años, más si consideramos a Lauer como un escritor “culto”. El narrador protagonista es el típico del género negro clásico y es desde ese punto vista que el abogado metido a detective privado va describir y juzgar la realidad a la que se enfrenta con la irónica frialdad de un Sam Spade. Y al igual que en El Halcón Maltés, un caso de búsqueda de un familiar desaparecido, se complica hasta ofrecer un pequeño muestrario de la corrupción, de las mafias del narcotráfico o el contrabando, y hasta una red de espionaje. Sin alejarse de las virtudes del modelo americano ni de la influencia de Dashiell Hammett, Lauer presenta la primera propuesta de policial peruano, lo que hace de Pólvora para Gallinazos un texto referente para analizar el desarrollo del género en el Perú.
Sangre de Patriota. Gonzalo Aguilar Rojas. Es una novela en que se unen el género histórico y el policial, publicada en 2017, es la ópera prima de este joven autor. Este libro pasó desapercibido por la crítica a pesar de ser una historia escrita con el sabor del buen folletín del siglo XIX. En algo más de las 600 páginas que tiene la novela Aguilar Rojas, junto con la pesquisa policial, la búsqueda de un asesino en serie que escoge entre sus víctimas a soldados chilenos en los días de la ocupación chilena de Lima luego de la guerra del Pacífico -cumple el rol de detective el juez Álvaro Cárdenas, quien tiene el tiempo en contra ya que teme que los ocupantes tomen represalias contra la población civil por las muertes-, desarrolla y entreteje diferentes historias de amor, traición, envidia y episodios históricos como la fuga del entonces coronel Avelino Cáceres, herido en la defensa de los reductos, hacia la sierra central desde donde liderará la resistencia contra el invasor chileno. Todo esto al más puro estilo de Dumas. En 2024 este autor publicó una segunda novela policial ¿En qué piensa una mujer que mata?, basada en un crimen que sacudió la cuidad de Huancayo y que alimentó la crónica roja varios meses en esa ciudad. Un padre y su hijo son asesinados a las afueras de la ciudad de Huancayo y parece no haber sospechosos, hasta que el oficial de la policía, Jorge Arteaga Leiva, empieza a investigar a la esposa y madre de las víctimas hasta descubrir los motivos que la llevan crimen, Aguilar Rojas se adentra en la novela negra con acierto retratando de la violencia latente en esa región del país.




Cosecha de Tiburones. Luis Fernando Cueto. Esta novela, publicada en 2022, está sin duda emparentada con Pólvora para Gallinazos y trasciende la novela negra para situarse en el policial hispanoamericano. A partir de la investigación del asesinato de un periodista, el teniente Diamantino Rojas iniciará un descenso hasta el corazón de la corrupción del Perú. La descripción de cómo están entrelazados y relacionados los diversos estamentos sociales del país, desde los sicarios hasta el presidente de la República y cómo esa esa alianza tácita se convierte en un oscuro poder que maneja todas las instituciones, todos los poderes. Este descenso es descrito con fervor naturalista y narrado con una ácida ironía por el narrador. 37 años después, la punta del iceberg que esbozaba Lauer en su novela, se rebela en toda su crudeza a tal punto que la ficción de Cueto y la actual realidad son indistinguibles, ya solo eso sería un mérito del autor. Cuando la crítica se ocupe de analizar esta novela, se dará cuenta del paso adelante que significa en el policial peruano.
Adalmiro y la Valquiria. Miguel Ángel Rodríguez Sosa. Publicada en 2023, es buena muestra del último avance del policial en la narrativa peruana. Y no sólo en lo detectivesco, ya que también es histórica, ambientada en la década del 60 del siglo pasado y basado en un crimen que remeció a la “sociedad limeña” por estar implicados personas de la élite social de ese entonces. Este ayuntamiento de géneros le sirve al autor para especular con sucesos y hechos que van más allá del crimen y que solo se pueden plantear gestionando el pasado (la historia) desde una verosimilitud narrativa, de esta manera ambos géneros funcionan como una bisagra. Por otro lado, el autor cumple a cabalidad con esa tradición del policial que obliga a un sólido diseño del personaje principal, el detective, (base para nuevas entregas/casos), algo que necesita el policial peruano, y Adalmiro Sifuentes está certeramente perfilado dentro de su tiempo. Así mismo, cumple con eficiencia con las servidumbres que impone el género como el de una prosa fluida, una estructura accesible que permita al lector seguir y “vigilar” al narrador en las pesquisas de los detectives. El asesinato de José López de Restrepo, el “condesito”, a manos de su novia Sigrid Schmidt, la “Valquiria”, es solo la superficie bajo la que se agita un mar de fondo de nazis ocultos en el Perú, narcotráfico naciente y empresarios corruptos.
El Asesinato de Laura Olivo. Jorge Eduardo Benavides. Después de transitar por diversos géneros, este autor publica, en 2018, una novela de corte policial clásico, ganadora del XIX Premio Unicaja, con mucha aceptación en España, pero poco conocida en el Perú. Para armar la trama policial Benavides se vale de un detective afroperuano de ascendencia vasca, el “Colorado” Larrazabal, quien fuera detective en el Perú y expulsado de la institución por problemas políticos durante el gobierno de Alberto Fujimori. Larrazabal tiene una novia de origen marroquí, trabaja gestionando trámites para un abogado peruano y vive en el barrio de Lavapiés. Conocedora de su antiguo trabajo, su casera le encarga demostrar la inocencia de su sobrina acusada de asesinar a la conocida agente literaria Laura Olivo. Desde la complejidad multicultural representado por el barrio de Lavapiés hasta el mundo glamoroso de la industria editorial española, pasando por intrigas y rencillas entre los escritores, la búsqueda de un manuscrito que puede explicar el asesinato, Benavides maneja con acierto el suspense y los resortes narrativos del género policial y retrata con soltura el proceso de asimilación de los inmigrantes y como el éste va cambiando poco a poco el perfil de la ciudad. También, su detective esta diseñado de forma sólida, lo que le permite escribir nuevos casos para él; algo necesario para la novela policial peruana.
La Fauna de la Noche. Sandro Bossio Suárez. Publicada en 2011, es la primera novela policial de este autor, muy leído y reconocido en su región, Junín, en el centro del Perú. La narrativa de Bossio Suárez está de teñida de elementos fantásticos, tributaria de la novela gótica, pero siempre anclados en la sólida realidad. Del mismo modo, muchas de sus obras se enmarcan dentro de la narrativa histórica como El Llanto en las Tinieblas, El Aroma de Disidencia o El algoritmo de Babel. En este policial hay un bien equilibrado contrapunto entre el pasado, que por un lado sustentan la trama, y por otro la visión crítica del presente, al estilo de la novela negra americana, de la sociedad peruana durante el gobierno de Alberto Fujimori. Escrita, además, con la depurada prosa a la que nos tiene acostumbrados el autor. Una fraternidad secreta creada durante el virreinato por el doctor Avenario Calastro al interior de la Facultad de Medicina de San Marcos, secuestra a mendigos para experimentar con ellos. Un estudiante encuentra el cadáver del rector de esa facultad con claras evidencias de tortura. Un periodista de Policiales, junto con un alumno de medicina serán los encargados de desenmarañar la trama tejida por esta fraternidad y a la vez se sumergirán en la realidad de un país donde los asesinatos impunes del gobierno son parte de lo cotidiano. La Fauna de la Noche es otra novela que nos acerca a un policial peruano.
No les reces a los Muertos. Lenin Solano Ambía. Este autor ha publicado varias novelas de diverso corte policial. En Cementerio Pére Lachaise, de 2014, una serie de asesinatos son cometidos en este famoso campo santo de París (donde reside el autor), cerca de las tumbas de conocidas figuras de la literatura; dos detectives peruanos son los encargados de encontrar al asesino, el oficial Chacaliasa y el teniente Martínez. Sus pesquisas no progresan a pesar de usar varias estrategias destinadas a tender una trampa al asesino y encontrarlo infraganti. Sin identificarlo ni mucho detenerlo, ambos policías desaparecen y se encuentran los cadáveres de dos saqueadores de tumbas que mueren en una reyerta entre ambos, ellos son señalados oficialmente como los asesinos, mientras que los detectives siguen sin aparecer. Emparentada con Poe, en esta novela, como se ve, el terror y lo fantástico comparten trama con lo policial. Sin embargo, en No les reces a los Muertos, Publicada en 2011 y que ya tiene 7 ediciones, hay un cambio de giro. Una serie de asesinatos en Lima apunta un perfil de mujer determinado, el hecho alarma a la policía y a la sociedad, por lo que se asignan al mejor detective para investigar el caso, el oficial Rodolfo Chavarría. La trama se va desarrollando tanto desde punto de vista de la policía por un narrador omnisciente; como la del asesino, desde una primera persona a la manera de Dostoievski en Crimen y Castigo. En este policial, el asesino en serie va más allá de ser encasillado dentro un problema siquiátrico. Si bien la infancia y la adolescencia de éste lo inclinan hacia la violencia, las víctimas no son escogidas por una fijación o por su fisonomía, sino por su conducta; pero detrás de esa conducta hay factores sociales, incluso morales, que el asesino “castiga” con la muerte. Así planteada, más allá de la trama de un asesino en serie, el autor nos ofrece una visión de lo deteriorada que está la sociedad peruana.
Esta una pequeña relación de la narrativa policial producida en el Perú, donde hay una cuantiosa, caótica y muy buena producción de narrativa en general, cuyos causes comerciales son disímiles; esto hace difícil estar al tanto, resulte oneroso e imposible (por cuestión de tiempo) leer todo lo que se produce. En el Perú no basta con ir a una librería para comprar un libro.






Mario Suárez Simich (Lima, Perú). Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Derecho en la San Martín de Porras. Ha sido profesor de literatura en varios centros preuniversitarios, en San Marcos y en la Universidad Femenina del Sagrado Corazón. Como periodista ha trabajado como editorialista en el diario El Universal de Lima, fue editor del suplemento Asalto al cielo que publicaba el Diario de Marka, colabora en la actualidad con diferentes medios de prensa del Perú y ha sido corresponsal del diario Correo y de la Revista Peruana de Literatura; también con revistas y otros medios audiovisuales de España como el Instituto Cervantes, Ómnibus, o la revista especializada Página. Fue uno de los organizadores del Primer Congreso de Narrativa Peruana organizado en Madrid y del Segundo celebrado en Huanchaco, Perú. Ha publicado tres novelas El Paraíso del Arcángel San Miguel, El tiempo que muere en nuestros brazos (Cartas a Silvia), El Carnaval de los Espíritus y el libro de relatos Atrapados en el juego de Dios. También Chimú, el guardián de las líneas del tiempo (infantil). Cuentos suyos han sido publicados en diversas revistas y antologías. Fundó, junto con Christian Fernández, la editorial Naylamp que publicó a varios jóvenes autores de la generación del 80. Ha dado conferencias en España, Francia, Alemania y Austria. Es Miembro de Número del Instituto Ricardo Palma. En la actualidad prepara un estudio sobre la novela histórica en el Perú y una segunda novela policial.