Ecos de una fractura: el debate de lo criollo y andino en la representación novelística del conflicto armado interno peruano
Por Paul Asto Valdez
Universidad Nacional Federico Villarreal
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
I. Introducción
El congreso celebrado en Madrid en el año 2005 representó mucho más que un mero encuentro entre escritores, pues se erigió como un punto de partida para retomar, acaso si alguna vez se dejó de lado, el debate sobre la representación de la realidad nacional en la literatura, iniciado en el año de 1965 en el “Primer Encuentro de Narradores Peruanos” organizado por Cornejo Polar. Dicho debate representó un hito para los estudios literarios venideros, que enfocaron buena parte de sus aproximaciones a categorías como la heterogeneidad y la dificultad por definir la novela peruana. De ahí, que el congreso del 2005 fue un evento que reunió a narradores y críticos, tanto del Perú como los que radicaban fuera del mismo, en un intento por reflejar la diversidad cultural del país. Sin embargo, lo que tendría que haber sido una muestra, más o menos armónica de una literatura nacional, terminó reflejando una serie de tensiones literarias propias de un país tan diverso como el nuestro, y que claramente encontró en la literatura una plataforma para un debate necesario.
Dicho debate permitió cuestionar las representaciones tradicionales y abrir paso a una lectura renovada basada en la pluralidad de voces, en donde las tensiones entre las visiones criollas y andinas encontraron su espacio de articulación. Será precisamente esta confrontación entre los discursos criollos y andinos, los que terminarán acentuando la discusión post congreso, en donde se continuará el debate a través de plataformas como el de periódicos y medios digitales[1].
En este sentido, podemos afirmar que el debate en cuestión tuvo una relevancia fundamental para entender la evolución de la narrativa peruana contemporánea, especialmente en lo que concierne a la representación literaria del conflicto armado interno. Este intercambio de ideas no solo permitió visibilizar distintas posturas sobre el papel de la ficción en la construcción de la memoria histórica, sino que también abrió nuevas vías de reflexión sobre cómo se reconfiguran los discursos narrativos en torno a la violencia política en el Perú.
Por ello, en el presente ensayo nos proponemos rastrear y analizar los ecos de dicho debate en el corpus de novelas publicadas después de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), prestando especial atención a las formas en que los autores abordan el trauma colectivo, la responsabilidad moral y las tensiones entre memoria, justicia y ficción. Este recorrido nos permitirá no solo identificar continuidades y rupturas con respecto a las representaciones previas, sino también comprender el modo en que la literatura se convierte en un espacio clave para la disputa y resignificación del pasado reciente.
II. La novela post CVR y su vínculo con el debate
La aparición de las novelas posteriores al informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) marcó la continuidad y reformulación del debate entre lo criollo y lo andino, esta vez en el marco de la representación literaria del conflicto armado interno. Este conflicto cultural y simbólico se reactivó con fuerza a partir de la publicación de Abril rojo (2006), de Santiago Roncagliolo, obra que obtuvo el IX Premio Alfaguara de Novela y generó amplio interés tanto en el ámbito literario como en el mediático. Junto con La hora azul (2005), de Alonso Cueto, son consideradas pioneras dentro de lo que se ha denominado como la novela post CVR[2]. Ambas obras no solo inauguraron una nueva etapa en la ficción peruana contemporánea[3], sino que también posicionaron el conflicto armado como un tema central en la producción literaria del país, abordándolo desde perspectivas que combinan elementos de thriller, introspección psicológica y cuestionamiento ético.
Es en ese contexto, en donde la confrontación entre los discursos criollos y andinos, tan acentuada en el congreso, pone en evidencia que la construcción de la narrativa sobre el conflicto armado interno es, ante todo, un ejercicio ideológico. Por una parte, la tradición criolla se asocia a una representación del conflicto que opta por herramientas estilísticas propias de la novela moderna y de géneros populares, lo que tiende a enfatizar un relato lineal y, en ocasiones, simplificado. Por otro lado, la perspectiva andina apuesta por una visión que revaloriza las particularidades culturales, la diversidad de lenguajes y los elementos simbólicos que permiten visibilizar aquellos aspectos del conflicto que han sido relegados o minimizados en la narrativa oficial. Esta dualidad ideológica resulta en un campo de tensión creativo que no solo refleja las divisiones culturales existentes en la sociedad peruana, sino que impulsa a una relectura crítica de la historia, mediante la cual se cuestiona y se amplía la percepción del pasado.
En este contexto, el debate entre lo criollo y lo andino se configura como un campo de disputa en torno a la legitimidad de las voces narrativas y las formas de representar el conflicto armado interno. No se trata solo de una diferencia estilística o temática, sino de una confrontación más profunda sobre quién tiene el derecho y la autoridad para contar esa historia, y desde qué perspectiva debe hacerse. La visión andina, en este marco, se distingue por su cercanía geográfica y vivencial con los hechos de violencia. Esta proximidad le otorga un conocimiento más arraigado tanto de la cosmovisión andina como de la tragedia que significó quedar atrapado entre dos frentes en pugna (Cox, 2000, p. 7).
Desde esta mirada, las narrativas adoptan un enfoque testimonial y realista, en el que la experiencia directa y el dolor colectivo cobran un papel central. Autores como Colchado Lucio y Enrique Rosas Paravicino representan esta vertiente literaria. En sus obras, se construye una narrativa que no solo busca conservar la memoria de los hechos, sino también articular un espacio simbólico en el que el mundo andino y el occidental pueden entrar en diálogo. Esta simbiosis narrativa permite una representación más compleja y matizada del conflicto, en la que lo cultural, lo político y lo ético se entrelazan para ofrecer una visión alternativa y profundamente enraizada en las realidades locales. Así, estas novelas no solo registran el horror vivido, sino que también reclaman un lugar para las voces tradicionalmente marginadas en la construcción de la memoria histórica.
Por otro lado, la visión criolla en la novela post CVR está asociada principalmente a escritores de origen urbano, en su mayoría limeños, quienes abordan el conflicto armado desde una mayor distancia temporal y geográfica. Esta generación de autores, al no haber vivido el conflicto de forma directa, tiende a representarlo desde una perspectiva mediada, influida tanto por discursos institucionales como por intereses editoriales. Estas novelas suelen adoptar un lenguaje estándar, alejado de los registros culturales locales, y se apoyan en estructuras narrativas propias de géneros populares como el policial o el thriller psicológico. Uno de los rasgos más notorios de estas obras es la representación del mundo andino como un espacio exótico, ajeno, misterioso e incluso peligroso. Esta construcción responde, en parte, a las exigencias del mercado literario internacional, que tiende a privilegiar visiones del “otro” presentadas como extrañas, subalternas o folclorizadas, muchas veces desde un profundo desconocimiento de la cultura andina (Camán, 2013, p. 75).
En este sentido, la visión criolla no solo revela una distancia cultural y simbólica frente al conflicto, sino que también reproduce lógicas de representación que refuerzan jerarquías históricas entre lo urbano y lo rural, lo occidental y lo indígena. Así, estas novelas, aunque insertas en el discurso de la memoria, lo hacen desde una mirada que puede resultar reduccionista o instrumental, en la medida en que el mundo andino se convierte más en escenario que en sujeto de la narración.
Si bien es cierto que reducir el análisis del corpus de novelas sobre el conflicto armado interno al debate entre lo criollo y lo andino implica una mirada limitada, esta dicotomía sigue siendo una herramienta útil para explorar las dinámicas del campo literario peruano. En efecto, aunque este enfoque no abarca toda la complejidad de voces, perspectivas y estrategias narrativas presentes en la novela post CVR, permite visibilizar cómo persisten ciertas tensiones históricas vinculadas a la representación, la legitimidad cultural y el acceso a los espacios de reconocimiento literario. Más que una explicación totalizante, esta oposición debe entenderse como una clave de lectura que ayuda a identificar cómo operan las jerarquías simbólicas y las disputas por el sentido dentro del sistema literario nacional.
III. Argumentos y tensiones centrales del debate en torno a la novela post CVR
Como se mencionó anteriormente, el debate en torno a la novela sobre el conflicto armado interno adquiere matices relacionados con la legitimación de las formas de representación. En este contexto, la disputa no se limita únicamente a estilos narrativos o enfoques temáticos, sino que se extiende hacia una pugna por definir quién posee la autoridad simbólica para narrar el conflicto y desde qué perspectiva hacerlo. Los ejes de esta legitimación se articulan a partir de diversos tópicos, los cuales, pese a su diversidad, remiten en última instancia a las raíces del debate inicial entre lo criollo y lo andino. Aunque este binomio puede parecer limitado, sigue operando como telón de fondo desde el cual se discuten cuestiones clave como la autenticidad, la representación del “otro” y el lugar de la literatura en la construcción de memoria. Así, lo que está en juego no es solo la forma de narrar el pasado, sino también quién tiene el derecho de hacerlo y bajo qué marcos de legitimidad.
En este marco, uno de los tópicos centrales del debate es el lugar de enunciación y la proximidad al conflicto armado interno. Autores como Cox (2000) y Nieto (2008) han señalado que el surgimiento de una narrativa sobre la violencia política en el Perú estuvo estrechamente vinculado a la cercanía geográfica y testimonial con los hechos. Desde esta perspectiva, se considera que los escritores andinos, por su ubicación territorial y su experiencia directa como testigos o víctimas, cuentan con una ventaja en términos de verosimilitud, sensibilidad cultural y conocimiento profundo del mundo andino. Esta cercanía les permite construir relatos cargados de autenticidad, con un enfoque que privilegia lo testimonial y lo vivencial. En contraste, los escritores asociados a la novela post CVR —mayoritariamente identificados con lo criollo y provenientes de contextos urbanos como Lima— suelen abordar el conflicto desde una mayor distancia, tanto geográfica como temporal. Su aproximación al tema depende en buena medida de fuentes secundarias, entre ellas el Informe final de la CVR[4], que opera como un marco de referencia documental y ético[5].
Otro de los tópicos recurrentes en el debate sobre la novela post CVR es el de la verosimilitud y el conocimiento cultural del mundo representado. Diversos sectores de la crítica literaria han cuestionado la autenticidad de algunas obras clave del corpus post CVR, como Abril rojo de Santiago Roncagliolo y Un lugar llamado Oreja de Perro de Iván Thays. Estas novelas, comúnmente asociadas a una perspectiva criolla y urbana, han sido señaladas por su representación superficial o distorsionada del mundo andino. Las críticas apuntan a que dichas obras adolecen de una falta de verosimilitud, derivada de un conocimiento limitado —o incluso inexistente— de los códigos culturales propios de las comunidades andinas, sus formas de vida, sus lenguajes simbólicos, e incluso de aspectos básicos del funcionamiento del Estado peruano en contextos rurales. Se les acusa de proyectar una mirada limeña que, en ocasiones, reproduce estereotipos con tintes racistas o clasistas, lo que refuerza una representación jerarquizada y exotizante del “otro” andino.
Esta postura contrasta con la de los escritores andinos que también abordan el conflicto armado interno, pero desde una perspectiva más cercana, tanto en términos culturales como geográficos. Sus narrativas suelen estar arraigadas en la experiencia vivida y buscan rescatar formas de memoria colectiva más ligadas a la oralidad, la comunidad y la cotidianidad local. De este modo, la tensión entre verosimilitud y desconocimiento se convierte en un eje central para evaluar no solo la calidad narrativa, sino también la legitimidad ética de las representaciones dentro del campo literario post CVR[6].
Otro eje relevante del debate en torno a la novela post CVR es el de las estrategias narrativas en relación con el mercado editorial. En este terreno, se hace evidente una diferencia marcada en las formas discursivas empleadas por las distintas vertientes de la narrativa sobre el conflicto armado interno. Mientras la llamada vertiente andina tiende a inscribirse dentro de una tradición realista y testimonial —centrada en la experiencia vivida, la denuncia y la reconstrucción de la memoria colectiva—, la vertiente criolla, asociada a la novela post CVR, opta con mayor frecuencia por géneros populares como el thriller, la novela policial o la novela negra[7].
Esta elección responde, en buena medida, a las dinámicas del mercado editorial contemporáneo, que favorece formatos narrativos más accesibles, con estructuras de suspenso, intriga o investigación, pensadas para un público más amplio, tanto nacional como internacional. Sin embargo, esta estrategia también ha sido objeto de críticas por parte de ciertos sectores académicos y críticos literarios, quienes sostienen que dicha elección puede derivar en un tratamiento superficial del conflicto armado, en el que la violencia estética o convertida en un simple recurso narrativo, despojado de su dimensión histórica, política y humana[8].
Otro elemento clave en el análisis de la novela post CVR es la relación que los autores establecen con los discursos oficiales, particularmente con el Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Aunque el debate entre lo criollo y lo andino antecede a la publicación de dicho informe, es evidente que muchos de los autores que integran el corpus post CVR tienden a alinearse ideológicamente con sus postulados. En este sentido, el Informe se convierte en un hipotexto legitimador, utilizado como base ética y narrativa, sin ser objeto de mayores cuestionamientos o problematizaciones. Esta actitud contrasta con la de generaciones anteriores de escritores, quienes adoptaron una postura más crítica frente a los discursos institucionales. Un ejemplo emblemático es el cuestionamiento al informe oficial sobre la masacre de Uchuraccay[9], cuyas conclusiones fueron impugnadas por varios intelectuales y escritores de la época, al considerar que simplificaban o distorsionaban la realidad andina.
La diferencia en la forma de relacionarse con los discursos oficiales se convierte así en otro rasgo distintivo entre las vertientes del debate. Mientras una parte de la novela post CVR incorpora el Informe final de la CVR como una fuente incuestionable de verdad histórica y moral, la tradición previa se caracterizó por una actitud más escéptica y crítica frente a los relatos institucionales. Esta distinción no solo marca un cambio en la orientación ideológica de los textos, sino también en su función dentro del campo cultural: de la literatura como espacio de denuncia y resistencia, a la literatura como herramienta de reafirmación de consensos éticos construidos desde el aparato estatal o desde organismos oficiales.
Finalmente, otro eje fundamental de análisis es el de la visibilidad y la legitimidad dentro del campo literario. El debate en torno a la novela post CVR no solo se expresa en términos estéticos o ideológicos, sino también como una lucha por el reconocimiento simbólico y la presencia en los circuitos culturales dominantes. En este sentido, se observa una persistente invisibilización de la producción literaria andina por parte de la crítica especializada, los medios hegemónicos y el mercado editorial, lo cual responde a patrones históricos de exclusión y jerarquización cultural.
Mientras tanto, los autores criollos, que forman parte del corpus más visible de la novela post CVR, suelen contar con mayor cobertura mediática, presencia en ferias internacionales y acceso a premios literarios de prestigio. Este desequilibrio no solo condiciona qué obras se leen y discuten, sino también qué discursos sobre el conflicto armado interno logran instalarse como legítimos en el imaginario colectivo.
Este fenómeno puede leerse a la luz de las reflexiones de Pierre Bourdieu sobre el campo literario, donde la producción simbólica está atravesada por una lucha constante por el monopolio de la legitimidad. En ese marco, los autores compiten no solo por lectores, sino por la validación de sus perspectivas, su derecho a representar la realidad y su lugar en la historia literaria. Así, la disputa entre lo criollo y lo andino también revela una estructura de poder cultural más amplia, en la que ciertos discursos se consagran mientras otros son sistemáticamente desplazados o silenciados.
IV. Hacia una superación del debate: nuevas direcciones
Si bien es cierto, que la dicotomía de lo criollo/andino puede ser útil para entender ciertas tensiones presentes en la representación de la novela del conflicto armado interno, la misma, puede ser superada. Ejemplo de ello, es la aparición de dos novelas que, no solo cuestionan esta dicotomía, sino también la continuidad ideológica del Informe final, una de las características más resaltante del corpus que conforman las novelas post CVR. Me refiero a Criba[10] (2014) de Julián Pérez y Fuego entre la nieve[11] (2022) de Edgar Norabuena. Estas novelas, aunque escritas por autores con diferentes trayectorias coinciden en una apuesta narrativa que se distancia de las posiciones establecidas, cuestionando la memoria oficial promovida por la CVR, y por problematizar los modos en que se ha representado el conflicto armado interno en la novela peruana.
Para ello, harán uso de recursos como la metaliteratura, la ironía y una postura crítica que no se limita a repetir discursos heredados. En lugar de reafirmar los marcos ya establecidos —ya sea desde lo criollo, lo andino o la novela post CVR alineada con la CVR— estas obras proponen una mirada más compleja y autorreflexiva sobre la violencia, la memoria y la propia función de la literatura en estos procesos. Este giro crítico sugiere la emergencia de una nueva etapa en la narrativa peruana sobre el conflicto armado, en la que se trascienden los marcos binarios y las adhesiones ideológicas automáticas. Se abre así un espacio para narrativas más libres, híbridas y cuestionadoras, que interrogan tanto el pasado como los discursos que intentan fijarlo.
V. Conclusiones
El debate entre las perspectivas criollas y andinas en la novela sobre el conflicto armado interno va mucho más allá de una simple disputa estética. Pone en evidencia tensiones profundas en torno a la autoridad narrativa: quién tiene el derecho de contar el conflicto, desde qué experiencia, con qué herramientas discursivas y en función de qué intereses. Este enfrentamiento revela diferencias sobre la relación con los discursos oficiales —como el Informe final de la CVR—, el tipo de conocimiento que se privilegia (vivencial o mediado), las estrategias narrativas utilizadas y la influencia de las dinámicas del mercado editorial. Aunque la dicotomía de lo criollo/andino puede resultar reductiva, ha sido un marco estructurante tanto para la crítica literaria como para la autopercepción de muchos escritores que han abordado este periodo.
En este contexto, la novela post CVR, especialmente en su primera etapa, se caracterizó por una tendencia a alinearse ideológicamente con los postulados de la CVR y por el uso frecuente de géneros populares como el thriller o la novela policial. Esta elección puede entenderse como expresión de una generación más distante —temporal, geográfica y simbólicamente— del conflicto armado interno, que recurre a estrategias narrativas distintas para conectar con nuevos públicos y marcos de legitimación.
Sin embargo, la emergencia de obras recientes que critican tanto la memoria oficial como las fórmulas narrativas heredadas marca una evolución dentro del campo literario. Novelas como Criba o Fuego entre la nieve abren un camino hacia zonas híbridas, donde se cuestionan los binarismos tradicionales y se exploran formas más complejas, autorreflexivas y críticas de narrar la violencia. En este nuevo escenario, la novela sobre el conflicto armado interno ya no se define únicamente por su adscripción a uno u otro polo, sino por su capacidad de interrogar el pasado desde ángulos menos previsibles, más incómodos, y éticamente comprometidos.
En última instancia, este debate no solo refleja una disputa por estilos o ideologías, sino que subraya la dificultad —y al mismo tiempo, la urgencia— de narrar la violencia en una sociedad atravesada por fracturas históricas, culturales y sociales. La literatura, en este sentido, se convierte en un espacio clave no para cerrar el pasado, sino para mantenerlo abierto al cuestionamiento y a la memoria activa.
VI. Referencias bibliográficas
Asto, P. (2018). Criba y la novela post CVR, o hacia una nueva vertiente en la novela sobre el conflicto armado interno. En E. Pérez & J. Terán (Eds.), Cuadernos Urgentes: Julián Pérez Huarancca (pp. 143-167). Distopía Editores.
Asto, P. (2023). La novela policial y el discurso periodístico como síntomas de crisis social en La conciencia del límite último de Carlos Calderón Fajardo. En P. Asto (Ed.), Cuadernos Urgentes: Carlos Calderón Fajardo (pp. 39-73). Distopía Editores.
Bourdieu, P. (1989). El campo literario. Prerrequisitos críticos y principios de método. Criterios (25), 20-42.
Braunstein, N. (2012). La memoria del uno y la memoria del otro: inconsciente e historia. Siglo XXI Editores.
Camán, R. (2013). Del estereotipo a la humanización del subversivo como personaje en la novela El camino de regreso (2007) de José de Piérola [Tesis de Maestría, Universidad Nacional Mayor de San Marcos). Repositorio Institucional de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos https://hdl.handle.net/20.500.12672/3583
Cox, M. (2000). El cuento peruano en los años de la violencia. Editorial San Marcos.
Cox, M. (2008). Bibliografía anotada de la ficción narrativa peruana sobre la guerra interna de los años ochenta y noventa (con un estudio previo). Revista de Crítica Literaria Latinoamericana XXXIV, (68), 185-226.
Cox, M. (2010). Sasachakuy tiempo: Memoria y pervivencia. Editorial Pasacalle.
De Lima, P. (24 de mayo de 2006). Inocencia y contundencia. Zonadenoticias: https://zonadenoticias.blogspot.pe/2006/05/inocencia-y-contundencia.html
De Vivanco, L. (2013). Pares-dispares: dinámicas de simbolización de la violencia política en la literatura peruana (de 1980 al presente). En: L. De Vivanco (ed.), Memorias en tinta. Ensayos sobre la representación de la violencia política en Argentina, Chile y Perú. (pp. 333 – 361). Ediciones Universidad Alberto Hurtado, pp. 333-361.
Faverón, G. (2007). La otra guerra del fin del mundo. La narrativa peruana y los años de la violencia política. Puente aéreo https://puenteareo1.blogspot.pe/2007/05/violencia-quimera.html
Nieto, L. (2008). Los escritores andinos, violencia y la invisibilidad. Argumentos
Quiroz, V. (2013). Cartografía de los senderos que se bifurcan. Breve estudio comparativo de Adiós Ayacucho y Lituma en los andes. En L. De Vivanco, Lucero (ed.). Memorias en tinta. Ensayos sobre la representación de la violencia política en Argentina, Chile y Perú. (pp. 400 – 417). Universidad Alberto Hurtado.
[1] Buena parte de dicho debate lo podemos encontrar en la revista Ómnibus.
https://www.omni-bus.com/congreso/debate/indicedebate.html
[2] La categoría de “novela post CVR” fue propuesta inicialmente por Paolo de Lima en 2006, quien planteó que el principal criterio para definirla es la fecha de publicación: se trata de novelas que emergen tras la aparición del Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Según esta perspectiva, el marco temporal es determinante, pues marca un antes y un después en la manera en que la literatura peruana aborda el conflicto armado interno. Posteriormente, Faverón (2007) amplía el enfoque al considerar que estas novelas no solo son posteriores en el tiempo, sino que mantienen una afinidad ideológica con el Informe de la CVR, en tanto comparten una preocupación por la memoria, la justicia y la revisión crítica del pasado reciente. Desde esta óptica, el contenido ético y político de las obras también resulta clave para su categorización. Años más tarde, Asto (2018) propone una mirada más integral al señalar que son tres los elementos fundamentales para comprender esta categoría: lo cronológico, lo ideológico y la representación. Estos tres factores deben entenderse en relación con la transtextualidad, ya que el Informe final de la CVR opera como hipotexto —es decir, como un texto base— desde el cual estas novelas dialogan, reinterpretan y reformulan el discurso sobre la violencia.
[3] Esto último lo podemos entender con la proliferación de novelas sobre el conflicto armado interno en los cinco años posteriores al congreso. Un ejemplo concreto de esta tendencia es el año 2007, en el cual se publicaron al menos cinco novelas que abordaron directamente el conflicto. Esta producción continuó en los años siguientes, con cuatro novelas publicadas en 2009 y tres más en 2010. Estos datos no solo muestran un crecimiento sostenido del interés literario en el tema, sino que también evidencian cómo el contexto sociopolítico y los debates públicos en torno a la memoria y la reconciliación influyeron directamente en el campo cultural.
[4] Asto (2018), sostiene que las novelas publicadas después del Informe final de la CVR incorporan sus resultados a través de diferentes formas de transtextualidad. Esta se emplea como un recurso discursivo para dar sensación de verosimilitud. Dado que los autores están distanciados en tiempo y espacio del conflicto armado, recurren a la memoria oficial que representa dicho Informe, lo que explica la ausencia de cuestionamientos hacia esa versión de los hechos. En otras palabras, al utilizar el Informe como base —ya sea desde el paratexto o mediante referencias temporales a hechos del conflicto—, estas novelas no solo buscan construir un mundo narrativo creíble, sino que además reproducen y refuerzan la perspectiva ideológica del texto original.
[5] El uso de notas de autor o advertencias en las novelas de Thays y Roncagliolo, buscan validad la ficción apelando a hechos reales o al uso de fuentes documentales (implícitamente, la CVR), pueden leerse como una estrategia para compensar la posible falta de experiencia atribuida a la perspectiva criolla distante.
[6] Las críticas de inverosimilitud o exotismo dirigidas a novelas como Abril rojo o Un lugar llamado Oreja de Perro, encajan directamente en los argumentos del debate sobre el conocimiento cultural y la mirada externa.
[7] El uso del thriller en Abril rojo o la estructura fragmentada y polifónica en La sangre de la aurora y Generación Cochebomba, si bien se tratan de estrategias válidas, responden en relación con las tendencias del mercado y las críticas sobre superficialidad que emergen del debate.
[8] Braunstein (2012), sostiene que aquella predilección por parte de los consumidores, por los distintos relatos que describen atrocidades cometidas, por y contra otros seres humanos, se debe a que aquel tipo de producción cultural, se ha convertido en la forma más barata y eficaz de entretenimiento. Por lo tanto, es inevitable pensar en el éxito editorial que trae consigo tratar de aquella manera dicho tema y, cómo de pronto, dicha estrategia discursiva, se vincula en mayor medida desde una perspectiva generacional.
[9] De Vivanco (2013), sostiene que a diferencia del Informe de Informe de Uchuraccay (1983), la novela Adiós Ayacucho (1986) de Julio Ortega ofrece otra perspectiva. Mientras que el Informe está “cargado de significaciones prejuiciosas”, la novela propone una lectura histórica y estructural de la violencia. En otras palabras, este primer enfoque busca comprender las causas profundas de la violencia surgida durante el conflicto armado interno. Por otro lado, Quiroz (2013), argumenta que Lituma en los Andes (1993) de Mario Vargas Llosa funciona como una versión ficcional del Informe, ya que ambos reproducen una visión polarizada entre lo occidental y lo andino. En cambio, la novela Adiós Ayacucho (1986) de Julio Ortega cuestiona ese mismo Informe, que termina funcionando como su "hipotexto político". Este aspecto es clave, porque, como señala Quiroz, los autores que escriben sobre el conflicto armado interno suelen incorporar de forma constante referencias a discursos no ficcionales, como el Informe de Uchuraccay o los medios de comunicación.
[10] Asto (2018), sostiene que la novela de Pérez Huarancca, marca un punto de partida en el debate literario sobre la narrativa del conflicto armado interno. A diferencia de las novelas posteriores al Informe de la CVR, que suelen respaldar sus conclusiones, Criba adopta una postura crítica frente a esa memoria oficial. La novela cuestiona el discurso dominante y plantea una memoria alternativa. Esta obra inicia una nueva etapa al confrontar tanto los enfoques temáticos como las estrategias discursivas predominantes. En vez de promover una visión uniforme y conciliadora, Criba denuncia cómo la memoria oficial actúa como un instrumento ideológico del Estado.
[11] Aunque Edgar Norabuena pertenece a una generación más joven (1978) que Julián Pérez, retoma y reformula las críticas que este planteó. Ambos comparten una mirada crítica hacia el Informe final de la CVR, pero Norabuena lleva la discusión más allá, integrando nuevas formas narrativas y estilísticas dentro de la novela post CVR. Uno de estos avances se ve en el uso de recursos metaliterarios. En este caso, lo metaliterario aparece en el diálogo entre dos amigos que comparten un pasado en común como miembros de Sendero Luminoso. Este recurso, como en Criba, no solo busca narrar el conflicto, sino también cuestionar cómo se ha construido la memoria oficial al respecto. La conversación revisita el pasado, pero sobre todo pone en duda las maneras en que ha sido contado por las instituciones y la literatura.

Paul Asto Valdez (1984)
Es licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Federico Villarreal y egresado de la Maestría de Literatura con mención en Estudios Culturales por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sus intereses académicos abordan la narrativa peruana contemporánea con énfasis en la literatura del conflicto armado interno. Actualmente, prepara la edición de su libro Aproximaciones a la novela post CVR. Una lectura desde la transtextualidad. Es codirector de la colección de crítica Cuadernos Urgentes. Asimismo, en narrativa, ha publicado los libros de cuentos La muerte se sueña sola (2012) e Historias cotidianas (2019).