Entre narradores “andinos y criollos”:
legado, confrontación y continuidades en la literatura peruana contemporánea
Por Edith Pérez Orozco
Universidad Nacional Federico Villarreal
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
En el 2005, se celebró el Encuentro de Narradores Peruanos en la ciudad de Madrid (España). Entre los días del 23 al 27 de mayo se compartieron propuestas, reflexiones acerca de los 25 años de la narrativa peruana del periodo 1980-2005. La confrontación, devenida del encuentro, entre los así denominados narradores andinos y criollos concitó la atención de escritores y de la crítica literaria peruana. Desde entonces, han transcurrido dos décadas y esta discusión aún se encuentra activa. Uno de los temas es, efectivamente, la pervivencia de la dicotomía escritores criollos (citadinos) y andinos (regionales).
En este ensayo estudiamos la apertura y propuesta acerca de la autorreflexión de los narradores andinos desde 1995, partiendo de los aportes del crítico literario cusqueño Juan Alberto Osorio ( 2002, 2003), así como de los escritores Óscar Colchado Lucio (2005) y Zein Zorrilla (2004, 2005a, 2005b), quienes propusieron sus manifiestos, remarcando su presencia y visibilización, además de remarcar su lugar de enunciación como herederos del legado de José María Arguedas y continuadores de la diégesis andina en el I Congreso Internacional “25 años de narrativa peruana (1980-2005)”. También, revisamos la propuesta de Miguel Gutiérrez (2005a, 2005b), Dante Castro Arrascue (2006, 2019), Luis Nieto Degregori (Olmos, 2015) y Mark R. Cox (2019). La intención es identificar y comprender la propuesta de narrativa andina previo al evento y posterior a ella. Sobre este último acápite, seguimos las reflexiones de Dante Castro acerca de la periodificación al interior de la narrativa andina; remarcando la dicotomía como una agenda vigente; además de enfatizar la insistencia de los narradores criollos o “regios” en invisibilizar y ningunear a los escritores andinos.
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1. La reflexión desde la crítica literaria sobre la narrativa andina ha merecido diversos estudios, entre los que se hallan Mark Cox (2000, 2002, 2010), Jorge Flórez-Áybar (1998), Miguel Ángel Huamán (2000), Jorge Terán Morveli (2005) y Edith Pérez Orozco (2011). Lo cual se condice con los acontecido a inicios de los noventa; momento en el que los productores textuales se legitimaban y se adherían como narradores andinos. Escritores como Óscar Colchado, Juan Alberto Osorio, Zein Zorrilla, Dante Castro, Luis Nieto Degregori y Enrique Paravicino, quienes deliberaron sobre dicha noción e incluyeron profundan reflexiones personales con ansias de sostener un corpus legitimador. Anotamos que muchos escritores de la violencia política son también narradores andinos, como bien lo afirmaban en sus manifiestos, ensayos, entrevistas y artículos periodísticos (Cox, 2000, 2004). Por tanto, los narradores de la violencia política se asocian y aparecen simultáneamente a la narrativa andina.
Zein Zorrilla (2004, 2005a, 2005b) fijaba su posición al respecto de la narrativa andina contemporánea. Desde su lugar de enunciación, Huancavelica, se reconocía como mestizo escindido entre lo andino y criollo “la vida preñada de contradicciones culturales tiene sus ventajas” (2004, p. 12). Escritor migrante, conocedor de la música andina y del arte literario andino. Así, para denominar los términos de novela y andino decide estudiarlos por separado. Considera como novela “aquel novedoso producto de la cultura cultural de occidente que aparece a comienzos del siglo XVIII […] novela: artefacto literario cuyo propósito es narrar las aventuras y desventuras de gentes comunes y corrientes. Narrar, sí, pero a la vez emocionar. Funciones capitales al Arte de la Ficción que hasta la aparición de la novela venían manifestándose en la narrativa oral” (2005a, p. 16). Mientras que lo andino, lo comprende como manifestación cultural que se genera en el espacio geográfico de los Andes “cuyas estribaciones orientales se levantan de las junglas amazónicas y sus occidentales se hunden en las pacíficas aguas del océano que alimentó a nuestros antepasados” (2005a, p.17).
Dentro de su reflexión, Zorrilla defiende su posición como narrador mestizo y escritor de la narrativa andina. Asume que la novela andina ya se hallaba representada dentro del escenario social en los textos de Ciro Alegría y José María Arguedas. Ambos iniciadores del indigenismo, con temas de migración[1]. La propuesta del escritor andino Zein Zorrilla (2005b) busca proponer un nuevo orden para las identidades en crisis, recomponer la sensibilidad de los lectores e incluir técnicas de la cinematográfica dentro del texto andino.
A su vez, el escritor y crítico literario arequipeño, Juan Alberto Osorio[2], busca precisión cronológica sobre la producción narrativa andina y extiende su propuesta.
Señala que una de las vertientes de la narrativa peruana actual es la denominada narrativa post-indigenista, conocida como “narrativa andina”. Narrativa producida desde la década de los ochenta, que refiere antecedentes y la continuidad del indigenismo y del neoindigenismo: “esta vertiente narrativa, en su proceso, pasa por las modalidades indigenistas, neoindigenista y andina, que no son parciales ni estancos cerrados ni se conciben puntualmente” (2003, p.157). El corpus diseñado por Osorio (2002) incluye inicialmente a escritores como Luis Nieto Degregori, Óscar Colchado, Mario Guevara y Julián Pérez, entre otros. En su mayoría intelectuales, docentes universitarios, provenientes de clases altas o medias provincianas. Tratan diversos grados de sincretismo cultural y usan los componentes quechuas o aymaras. Además, emplean variables, también tratados por los indigenistas y neoindigenistas. Expanden de manera permanente el universo representado hacia otros aspectos del mundo andino “como perspectivas personales o la vida continua que se añaden a los grandes conflictos sociales” (Ibid.). La ficción se desplaza en un espacio nacional, focalizada en la ciudad de la sierra, a veces marca una línea de continuidad y atiende tanto a lo rural como a lo urbano abarcando otros sectores sociales del país, preocupado por las clases medias provincianas. Sus historias se enuncian desde la perspectiva urbana.
Culturalmente, continúa Osorio, existe la visión andina de la costa y la convergencia de dos realismos: el tradicional y el maravilloso “que establecen la reflexión científica y la reflexión mítica” (Ibid.), que activan dosis de ficcionalidad, constituidas por una mayor conciencia del relato como discurso. Se preocupan por el carácter del signo de los enunciados y en los efectos de sentido que producen. Se amplían los recursos técnicos al incorporar registros complejos y modernos; se asigna un lugar importante al relato oral, al establecimiento de la lengua en búsqueda de la identidad literaria en la que intenta subvertir las formas literarias occidentales en formas tradicionales; la narrativa andina es compleja y heterogénea:
Esta situación reclama una revisión para percibir que posiblemente estemos ingresando en otro momento, creo yo y/o final y culminante, de una narrativa, que viniendo desde el indigenismo, pasa por el neoindigenismo y la narrativa andina, hasta derivar en los últimos años en otros tipos de narrativa. (2003, p.158)
Dentro de la posibilidad de la presencia de la aparición de una nueva narrativa la andina, Osorio expone la siguiente nomenclatura sobre los tipos de narraciones o relatos todavía en el interior de la narrativa andina contemporánea: a) relatos que guardan proximidad con el neoindigenismo y con el indigenismo, b) relatos que se inscriben en el neorrealismo urbano, c) textos que trabajan temas históricos, d) narraciones con carácter fantástico, y e) relatos que encajan en la narrativa moderna y posmoderna, relatos psicológicos y de otra índole. En este apartado, comprendemos que Osorio amplía el espacio de representación de la narrativa andina que va desde el indigenismo y se proyecta hasta una novela posmoderna.
De modo similar, Dante Castro, Zein Zorrilla, Óscar Colchado y Juan Alberto Osorio apuestan por la narrativa andina. Y lo hacen a través de su sensibilidad, percepción e identidad andina. Algunos residentes en provincias y otros migrantes en Lima. Escritores mestizos, sincréticos o transculturadores y ganadores de certámenes literarios a nivel nacional e internacional.
En el 2005, en el Congreso Internacional de Narrativa Peruana en Madrid, los escritores se visibilizaron (Nieto, 2008, 2010), se defendieron y reclamaron su posición como escritores andinos[3]. En dicho Congreso, Colchado (2005) lee su ponencia titulada “La narrativa andina”. Nos sugiere que la denominada narrativa encuentra sus antecedentes en la literatura indigenista y neoindigenista. Se debe considerar lo andino al margen del aspecto geográfico, ya que esta narrativa transciende los límites territoriales y se debe incluir la costa y la Amazonía, “toda vez que lo andino es una manera de sentir y pensar como reflejo de una herencia ancestral” (p. 1).
Entre las características de representación en esta narrativa, se encuentra la concentración en las urbes serranas sin descuidar el campo, se incluye el relato oral como una forma de marcar identidad. A nivel formal, se utilizan las técnicas modernas occidentales (Faulkner y Joyce) y la técnica del mito (José María Arguedas). Además, de incorporar el realismo y la continuidad del realismo[4] maravilloso[5]. Se representa la historia y los acontecimientos de la guerra interna de los ochenta en Ayacucho, u otras épocas, con tendencia a diversificar su temática orientándose al relato de aventuras, de corte policial, amor, terror y humor “como las narraciones que caracterizan a la etapa posmoderna o posvanguardista[6]” (p. 3). Sobre el relato de aventuras considera a su texto ¡Viva Luis Pardo! Y afirma también que es prudente al señalar que existe una multiplicidad de tendencias dentro de la narrativa andina, así como la cantidad de textos poéticos sobre lo andino.
Destaca la aparición de revistas en provincias que visibilizan y personifican la narrativa andina. Revistas como Ciudad letrada dirigida por Manuel Baquerizo en Huancayo; Sieteculebras, de Mario Paredes Guevara en el Cusco; y la Revista Peruana de Literatura, de Ricardo Virhuez en Lima. Y la apuesta de la Editorial San Marcos, en Lima, por publicar dicha narrativa y habilitar la serie “Biblioteca de Narrativa Peruana Contemporánea[7]” que difundió a 30 narradores andinos; además, de la apertura de la colección “Diamantes y pedernales” con cuatro títulos para ser presentados en la Feria del Libro en Madrid (2005). Finalmente, señala que “la narrativa andina es una narrativa en efervescencia que avanza firme hacia su consolidación. Quizá prematuro todavía hablar de un boom, pero lo cierto es que nunca se dio tanto en cantidad y calidad como ahora” (Colchado, 2005, p. 6)[8].
Asimismo, Miguel Gutiérrez (2005, 29 de junio), en el diario Perú 21, nos informaba sobre el evento que reunía a los narradores peruanos en Madrid. Afirmaba que debía evitarse el olvido de ciertos escritores de los años ochenta, quienes continuaban con la propuesta de una narrativa ética, sobre todo, escritores que apostaban “por valores como los de la justicia y solidaridad humana, pero no desde una perspectiva ideológico-política, sino humanística” (párr. 5). Además, sugería el comienzo de una nueva narrativa andina, en sus palabras:
Uno de los aspectos más importantes de la narrativa actual es el surgimiento de una nueva narrativa andina con autores de indudable valor. Es de conocimiento público que esta corriente es omitida por el grupo hegemónico en sus informes literarios, así como se margina o se minimiza a sus escritores más representativos. (2005, párr. 8)
Ante dicha afirmación, Gutiérrez [9], es claro y consistente al señalar que no debe omitirse la heterogeneidad literaria que se produce, en todo caso, “el Perú no es dual, es diverso y múltiple y en esto reside su posible esperanza” (Ibid.).
La otra perspectiva, sobre la narrativa andina es la del crítico literario Jorge Terán Morveli. Al estudiar las literaturas regionales de la narrativa huaracina (2013), reconoce la necesidad de discutir sobre la narrativa andina contemporánea. En su propuesta nos menciona que dentro de esta se procesa las tensiones en la dinámica de tradición y modernidad[10]. Además, se encuentran presentes las narrativas regionales andinas peruanas en la representación de lo andino, se construye su imagen, existe una lucha simbólica, también de la ideológica interiorizada por el autor con la intención de legitimarse al interior de la literatura peruana. Reconoce que, a partir de los años ochenta, se produce dicha narrativa, en la que se hacen referencias a procesos sociales que articulan la tensión simbólica en nuestra cultura. Para ello elabora un corpus de cuatro ítems sobre la narrativa andina contemporánea: a) la migración interna y externa (con relación a los procesos de modernización, globalización y violencia política), b) se evidencia la dicotomía de tradición y modernidad (enfrentamiento y/o síntesis), c) el uso del castellano andino y d) la utilización de técnicas de la novela urbana de vanguardia. El primer y segundo ítems se relacionan en función a aportes referenciales; mientras que el tercer y cuarto funcionan como aportes formales.
Terán Morveli amplía el corpus y propone dos elementos a incluirse: a) la complejización y ampliación del referente espacial en el que el sujeto andino es representado y muestra “toda su complejidad sociocultural, habita y/o transita los mundos posibles construido como espacios locales y globales, nacionales y trasnacionales” (p. 22). Además, b) considera la variable cultural para admitir a escritores pertenecientes al mundo andino en sus tres modalidades (occidental, quechua y mestiza), además de sus intersticios dentro de la ficcionalización heterogénea. Y, finalmente, sugiere comprender continuidades, giros o ampliaciones de la narrativa andina contemporánea (Terán, 2013).
De lo mencionado, en general, sostenemos que la narrativa andina se estructura de la siguiente manera: 1) la complejización y ampliación del referente espacial de la complejidad sociocultural, habita y/o transita los mundos posibles construido como espacios locales y globales, nacionales y trasnacionales; 2) se asume el tema de la migración interna y externa en relación a los procesos de modernización, globalización y violencia política; 3) se evidencia la dicotomía de tradición y modernidad (enfrentamiento y/o síntesis); 4) el uso del castellano andino; 5) escritor disidente de provincias andinas, de Lima y el Callao, que admite la variable cultural a escritores pertenecientes al mundo andino en sus modalidades (occidental, quechua y mestiza), además de sus intersticios dentro de la ficcionalización heterogénea; 6) escritor perteneciente a la generación del ochenta y noventa con su visión urbana y mestiza ( algunos son docentes universitarios); 7) discurso pluridiscursivo: utilizan elementos intertextuales provenientes de la danza, la música; el uso de los recursos narrativos y temáticos de la tradición oral andina (elementos mitológicos) y de la tradición oral occidental; 8) utiliza técnicas de la novela moderna europea, la utilización de técnicas de la novela urbana de vanguardia y latinoamericana y técnica del realismo mágico; 9) lectores migrantes (ciudad letrada académica, universitarios y estudiantes -nivel primaria y secundaria-; comerciantes, trabajadores) y lectores del Primer Mundo (España, Alemania y Estados Unidos); 10) elabora el discurso transcultural, heterogéneo, multicultural, híbrido y sincrético; y 11) presenta una tipología de narraciones o relatos: a) relatos próximos al indigenismo y neoindigenismo; b) se inscriben en el neorrealismo urbano; c) trabajo de temas históricos; narraciones de carácter fantástico; y d) narraciones modernas y postmodernas, psicológicos, de aventura, humor, etc. Consideramos que aún se continúa con la ampliación de la narrativa andina contemporánea y el debate de cómo se debe comprender y definir el término “andino”.
2. En el 2015, el escritor Fernando Ampuero en el periódico El Comercio aducía la baja cantidad de escritos entre novelas o cuentos sobre lo andino. Se refería a una “literatura andina [que está] muy de capa caída” (Ampuero, 2015); y la inexistencia de jóvenes escritores que continúen con el legado de Ciro Alegría, José María Arguedas y Eleodoro Vargas Vicuña. Así, menciona:
…, la literatura andina está muy de capa caída. No es, pues, una corriente que se ignora. Es simplemente algo que no asoma. Después del nivel obtenido hacia mediados del siglo XX por Enrique López Albújar, Ciro Alegría o José María Arguedas, o por ese estupendo cuentista que fue Eleodoro Vargas Vicuña, no hay en el interior autores visibles de relieve, a excepción de los veteranos Edgardo Rivera Martínez, Óscar Colchado, Luis Nieto Degregori, Luis Fernando Cueto y Julián Pérez Huarancca; o de jóvenes plumas de Cusco (Karina Pacheco); Puno (Christian Reynoso) y Huancayo (Sandro Bossio y el ya mencionado Ulises Gutiérrez). (Ampuero, 2015, párr.12)
Sin duda, Fernando Ampuero desconoce la presencia de jóvenes escritores. Según el investigador Jorge Terán Morveli (2013) existe una continuidad y contextualización de lo andino en escritores como Eber Zorrilla, Edgardo Norabuena, Niel Palomino Gonzáles, Ugo Velazco, Daniel Gonzáles Rosales, Ulises Gutiérrez, Francois Villanueva, Álex Ginés, Jorge Cabanillas, Jhon Cuéllar, Yero Chuquicaña, Daysi Arévalo, entre otros (J. Terán, comunicación personal, 20 de julio de 2022). Escritores afincados en diversas ciudades regionales del Perú.
Para el año de 2019, en la Feria Internacional de Lima (FIL Lima), el controversial escritor Dante Castro Arrasco realizó un balance de 14 años de la polémica entre andinos y criollos. Según su propuesta, los escritores criollos o “los regios” (citando a Oswaldo Reynoso) continúan con la canalización y acaparamiento de los medios de comunicación y de publicidad[11]. Son quienes gozan de auspicios y preferencias de las grandes casas editoriales (acorde a los temas y a sus autores “internacionalizados”). Por eso, señala no es de extrañar la presencia magnánima del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa como figura central y representativa para los escritores criollos quien redujo, humilló y caricaturizó la imagen y la producción textual del gran escritor andino José María Arguedas y lo encasilló como el escritor de la “utopía arcaica”. Actitud que ningunea el proyecto narrativo y desestima su producción textual.
Castro Arrascue asevera que fue Mario Vargas Llosa quien dirigió la “Comisión encubridora”, en 1983, sobre la muerte de los periodistas en Uchuraccay; comisionado para soterrar la versión oficial del gobierno, acota. Considera que, para escribir sobre los Andes, no se requiere y no es necesario haber nacido en él y menos hablar el quechua. En todo caso, se debe seguir los siguientes aspectos: 1) ser lector y conocedor[12] de la tradición literaria andina; 2) haberse sumergido dentro del contexto andino antes, durante y después de los ochenta; 3) tener una experiencia social, “lo vivido y acumulado en la memoria” es vital; 4) para representar textualmente los Andes se debe considerar elementos textuales como la verosimilitud, coherencia y lógica en el argumento; y, finalmente, 5) el compromiso social del escritor debe vincular la literatura y la política[13] para representar la sociedad andina.
Por otro lado, Dante Castro profundiza en sus reflexiones, y nos explica que la herencia sobre lo andino se trabajó en el Tungsteno de César Vallejo, luego se continuó y amplió desde la herencia andina del mundo andino tradicional y moderno desde la fuente escritural literaria de José María Arguedas hasta llegar a la escritura pentalógica o “La saga de la guerra silenciosa” de Manuel Scorza. Sobre este último, nos dice:
Nadie le exigió a Scorza ser oriundo de la zona andina, ni quechua hablante, pero demostró veracidad citando a sus personajes vivos y sus propios nombres como sujetos reales del conflicto social. Scorza manejó registro histórico de las luchas campesinas, prosa, recursos narrativos, revitalizó la tradición andina (Luna-Escudero, 2006).
Castro, al ejemplificar la figura del escritor Manuel Scorza, aplica cada uno de los cinco aspectos que configura un texto andino. Prácticamente, propone una periodificación para apreciar el origen de la narrativa andina; y, claro, los Andes se presenta como eje central en la producción ficcional de esta. De ese modo, la periodificación considera: a) el vanguardismo andino iniciado por el poeta César Vallejo, b) el indigenismo liderado por José María Arguedas, c) el neoindigenismo (Manuel Scorza) y se continúa con d) los narradores andinos y amazónicos hasta la actualidad. Sugiere que para escribir sobre los Andes se debe investigar, conocer, tener acercamiento o empatía para alcanzar la verosimilitud y, de esa manera, la producción textual se consolide. Así menciona:
Que no se equivoquen los agoreros de la desaparición de lo andino. Está más vigente que nunca. Pero valoremos aquella máxima de Mariátegui que nos aleja de todo tipo de sectarismo e intolerancia ante lo que hacen otros y que debe cerrar puertas a debates estériles: “El desarrollo de la corriente indigenista no amenaza ni paraliza el de otros elementos vitales de nuestra literatura. El indigenismo no aspira indudablemente a acaparar la escena literaria. No excluye ni estorba otros impulsos ni otras manifestaciones.” … ¿Podrán decir lo mismo los regios o hegemónicos? (2019, p. 2)
Similar a la preocupación de los indigenistas en su contexto inicial, la escritura andina provee el tema social en confrontación con el sistema capitalista. De ahí que en los narradores continúa aflorando la escritura confrontacional no solo centrada en lo indígena, sino a un grupo sociocultural diverso y heterógeneo del mundo andino moderno y postmoderno. Se relaciona el compromiso de la literatura con la sociedad y la cultura andina que incluye también a la literatura amazónica para hacerle frente al contexto neoliberal actual. En sus reflexiones, Dante Castro asevera: “Porque esta polémica no surgió del celo ni de la disputa por una mayor publicidad, sino de una decantación de posiciones frente al quehacer literario dentro de un nuevo contexto” (2019, p. 3).
3. Castro cuestiona las dicotomías aún persistentes dentro de la literatura peruana e insiste en que queramos o no esta existirá mientras haya confrontaciones socioculturales y el manejo de poder ideológico y político en manos de la hegemonía peruana convirtiéndola en un hacer monodireccional.
Entonces desde su perspectiva estética, ideológica y aún más política asume que la polémica entre estos dos bandos (narrativa criolla, y narrativa andina y amazónica) se debe alejar de la discusión sobre de la condición geográfica de los escritores, y se debe centrar en los sujetos escriturales empáticos con el mundo andino y amazónico por su situación sociocultural, es decir, el contexto en el que se desarrollan los “modos de resistencia”, que permitan “reducir la polémica a una diferenciación entre andino y criollo, me parece injusto y desproporcionado. Esta polémica surge dentro de un determinado contexto y se contagia de las inquietudes y preocupaciones de su época” (2019, p. 1).
Los argumentos de Castro[14] en torno a lo último se comprenden sobre todo en dos niveles: 1) el compromiso del escritor literario al identificarse, sentirse como parte de la sociedad y la cultura andina y amazónica peruana, es una opción cultural más que geográfica; además 2) el escritor andino se preocupa, polemiza y discute al contexto neoliberal o “monopólica” que acarrea conflictos, olvidos socioculturales a nuestro país, y lo hace a través de “modos de la resistencia” desde la escritura y la discusión reflexiva y crítica frente a los narradores criollos.
Como vemos, de acuerdo con su punto de vista, la narrativa andina y amazónica se hallan vigentes dentro de la escena literaria con un carácter tolerante, dinámico, inclusivo que visibiliza las presencias literarias, ideológicas, políticas y éticas de la escritura heterogénea. Narrativa andina y amazónica inclusiva, dialogante y confrontacional con los escritores criollos, quienes mantienen y continúan con la propagación de la agenda del proyecto neoliberal dejado por el escritor Mario Vargas Llosa.
De la misma manera, Mark R. Cox (2019) en su libro La prosa pituca y la guerra de los años 80 y 90 acusa las prácticas del olvido, del negacionismo y del ninguneo del discurso hegemónico. Aduce que sus prácticas son continuas y sistemáticas al impartir discursos mediocres, débiles, especulativos y con falencias en tres instituciones: a) El informe de la CVR, b) la crítica literaria peruana y c) la escritura de los criollos o pitucos. En el primer caso, denuncia los errores, las modificaciones y omisiones en la construcción de la “fidelidad a la verdad” (2019, p. 29) en los testimonios recogidos. Además, el mundo andino es representado como el lugar en el que los andinos iniciaron el problema de la guerra interna. Asimismo, este informe no contó con la participación de intelectuales quechua hablantes para recoger los testimonios. Existe ausencia de diálogo con el público ayacuchano, pues el texto está en castellano. Asimismo, la búsqueda y el sentido del informe es alcanzar la “compasión” que evite cuestionar a los culpables. En ese sentido, la comisión de la CVR propuso un discurso ideológico hegemónico en defensa del Estado peruano.
También se cuestiona la arrogancia de la crítica literaria peruana al tratar el tema de los narradores andinos y del tema de la guerra interna. Denuncia la falta de estudios al respecto y menciona a Miguel Ángel Huamán, crítico literario, quien ha querido intimidarlo al decir que es un investigador que busca la fama, en vez de investigar, ampliar, publicar sobre este tema, pues
Me deja perplejo cómo puede leer la mente si me interesa el “trampolín a la fama” y, cómo alguien puede ganar fama escribiendo sobre la literatura andina. - Aún peor, si quiere insinuar que soy apologista de extrema izquierda como me ha explicado unos amigos, es una acusación sumamente equivocada, sin fundamentos, y altamente irresponsable (2019, p. 67)
Así es como lo vio Mark R. Cox en 1998, y lo reafirma para el 2019, la misma actitud deplorable de la crítica literaria. Desde su perspectiva, eso se debe a los factores de la mercantilización y del poder mediático, la difusión y el marketing de los medios de comunicación y las editoriales multinacionales asociadas a la crítica literaria hegemónica. Según Mark R. Cox:
He presenciado casos de profesores y críticos de universidades e institutos limeños prestigiosos decir, en público y en privado, que no conocen la narrativa andina, pero me podrían asegurar que no tiene ningún valor. Pero no es un asunto sólo en Lima. En la academia norteamericana hay más acceso a los libros de casas editoriales multinacionales y de ensayos que se enfocan en ellos [Alonso Cueto, Santiago Roncagliolo, Daniel Alarcón, Iván Thays]. (2019, p. 16)
La denuncia sobre la actitud soberbia del estudioso es una muestra de la seriedad sobre este tema. Así, también lo manifestaba el escritor Julián Pérez Huarancca cuando refiere que si uno estudia lo andino entonces lo califican de izquierdista.
Para Mark R. Cox (2019), la crítica literaria peruana y la academia norteamericana aún desconocen los textos ficcionales escritos por narradores andinos del interior del Perú sobre la guerra interna de los años ochenta y noventa. Recusan la escritura que producen los escritores andinos hasta la actualidad. Y solo aceptan que los únicos quienes produjeron textos novedosos son Alonso Cueto, Santiago Roncagliolo, Daniel Alarcón e Iván Thays. Por ello, Cox cuestiona la invisibilización de los escritores andinos.
Entonces, según Dante Castro (2019) y Mark R. Cox (2019) se evidencia una pugna en el campo de producción de textos ficcionales. Esta lucha busca definir qué es ser un buen escritor, cuáles son los recursos del texto para ser considerados de calidad y cuál es la originalidad. En todo caso, también compete la controversia a los bienes simbólicos de la institucionalidad de las editoriales, librerías, páginas culturales, etc.
Siguiendo a Mark R. Cox y Dante Castro, creemos que los escritores andinos ajenos al confort de la ciudad deciden arriesgarse, escriben y denuncian, desde sus textos ficcionales, los sucesos de desaparición, de secuestros, de muertes y el horror que generó la guerra interna desencadenada en nuestro país en los años ochenta y noventa. Digamos que su condición no solo es la de escritor, sino la de investigador o intelectual andino periférico, lo que le permite, al escritor andino en general, testimoniar, escribir y denunciar.
De hecho, Miguel Gutiérrez (2005, 29 de junio) sostenía que los escritores de la generación de los ochenta continuaban con la tradición indigenista y neoindigenista. Y que son escritores comprometidos que “persisten en su entrega a la literatura”, “luchar por abrirse espacio”. No son políticos ni ideólogos, sino humanistas que “creen y apuestan por valores como los de la justicia y solidaridad humana” (2005, párr. 5).
Ya para ese año, el debate develaba la presencia de polaridades aún en resistencia, es decir, la controversia entre los narradores criollos y narradores andinos o provincianos. R. Cox nos dice que el debate no se trata de envidia, rencor, sino es el resultado de conocer la identidad del escritor, desde dónde escribe, para quién lo hace y por qué. Entonces el contraste entre criollo y andino es continuo, evidencia una secuencia polarizada.
En el testimonio del escritor cusqueño Luis Nieto Degregori (Olmos, 2015), la categorización y polarización de escritores criollos y andinos se mantiene vigente[15]; y se visibiliza cuando se representa el tópico de la violencia política por los escritores citadinos, quienes se imaginan el contexto social y político de los ochenta, “…pero esa minoría que tiene en sus manos las riendas del país y a la que pertenece el grueso de escritores no sufrió en carne propia la violencia, salvo casos muy aislados” (p. 60).
Los narradores andinos, escriben en castellano andino y en quechua, bilingüe, se hallan viviendo dentro del contexto peruano, andino y amazónico y comparten la situación de colonialismo y dominación, el espacio de la cosmovisión indígena y comunitaria con el fin de educar, crear sensibilidad y culturizar.
En el testimonio de Miguel Gutiérrez (2005), se explica, por ejemplo, que Alonso Cueto, Iván Thays y Fernando Ampuero conforman la red de “mafia o argolla”, metáfora que refiere al grupo que domina y dirige la vida literaria en el Perú:
A los integrantes del núcleo original, la gente de mi edad los recuerda como hombres exquisitos, elitistas, de modales algo lánguidos, casi virreinales, que los unían, además del espíritu de casta, ciertas ideas estéticas, antes que políticas. Sus críticas eran abiertamente discriminadoras con los escritores que no pertenecían al cogollo clasista. Si el libro tenía calidad y ya no podían ignorar al autor, con suave perfidia limeña condescendían a escribir sobre él, minimizando sus logros y agrandando sus supuestos defectos, con prosa bizarra, José Miguel Oviedo, leve y sutil, Abelardo Oquendo. (2005, párr. 3)
Escritores nietos de españoles “de modales algo lánguidos, casi virreinales, que los unían, además del espíritu de casta, ciertas ideas estéticas”, “pitucos” (Cox, 2019), elitistas, regios (siguiendo a Oswaldo Reynoso); con una intencionalidad estética más que social y política. Escritores que discriminan, invisibilizan, silencian y ningunean a los escritores provincianos y andinos. Minimizan sus logros y amplían y exponen sus defectos. Así lo revela Migue Gutiérrez (2005):
Desde que salió el primer número de Narración, luego de un período de silenciamiento, fuimos objetos de sátiras y burlas, de marginación y de acusaciones diversas, como el de ser escritores acomplejados, envidiosos y mediocres, fanáticos y estalinistas. Sin embargo, todos los que escribieron en la revista continuaron construyendo una obra caracterizada por sus diversas concepciones artísticas, en relación con los temas, estructuras, técnicas y lenguaje. (párr.7)
Así, recordaba que el grupo Narración surgido en los años 60 conformado por escritores como Miguel Gutiérrez, Oswaldo Reynoso, Antonio Gálvez Ronceros, Gregorio Martínez, Roberto Reyes, Augusto Higa Oshiro, entre otros, sintieron la marginación. Además, remarca que sus textos literarios se preocupaban por la “visión del mundo y sentimiento del mundo” como lo sintió Fiódor Dostoyevski; y la mirada a la realidad social a la manera de Franz Kafka. Argumenta que su posición a favor del socialismo fue utilizada por los “argolleros” para demonizarlo y catalogarlo de “mafioso” y “sectarista” y, en verdad, desconocieron su intención de conseguir “una aspiración legítima de las sociedades humanas”, es decir, una intención “humanística” más que política (Gutiérrez, 2005, párr. 5).
4. Asimismo, Gutiérrez aseveraba que este grupo de escritores citadinos en la actualidad siguen la doctrina neoliberal del pensamiento conservador vargasllosiano, “el viejo clan se reagrupa y reestructura con nuevos rostros y el apoyo discreto y pertinaz de los sobrevivientes del grupo” (ibid.). Reestructuran sus textos y personalidades, frivolidad y cinismo, baja formación humanística. Escritores que rechazan el realismo social y se encapsulan en universos personales y poéticos del “yo”, evitan el compromiso social y se convierten en apolíticos. Y lo que discute tanto el escritor Miguel Gutiérrez como el aguerrido Dante Castro es que los “regios” rechazan e invisibilizan a escritores andinos; a diferencia de estos cuando manifiestan que los narradores y poetas de la ciudad influenciaron en el proyecto escritural de los narradores andinos; así lo confirman en las diversas entrevista realizadas a escritores como Enrique Rosas Paravicino, Julián Pérez, Óscar Colchado, Dante Castro entre otros; cuando declaran que han empleado recursos técnicos de la narrativa urbana; y temas referentes a los sujetos marginales dentro de su producción literaria. Abiertamente, confiesan la intertextualidad con César Vallejo, Martín Adán por su capacidad de manejo del lenguaje y la elaboración de la estructura; asimismo con César Moro por sus temas; diálogo con Julio Ramón Ribeyro por la precisión de sus cuentos; y, de hecho, lo impensable, en el caso de Dante Castro cuando confiesa que dialoga con el primer Mario Vargas Llosa, quien escribió Gabriel García Márquez, historia de un deicidio, siendo este un texto vinculado a la escritura de compromiso social.
Estos aspectos nos hacen comprender que se asume la estrategia temática y estructural de la narrativa urbana “criolla” o hegemónica en sus textos ficcionales. De modo que los narradores andinos dialogan con los escritores urbanos en lo referente al artefacto estético literario, en la construcción del lenguaje, la escritura y el abordaje en el tema asociado a las preocupaciones sociales y culturales en la representación textual sobre los otros, los marginales. Eso quiere decir que la narrativa criolla puede presentar un corpus; siguiendo a Dante Castro Arrascue (2006) existen: 1) narradores criollos de compromiso estético y de ideología social como Martín Adán, César Moro, Ribeyro, el primer Mario Vargas Llosa, primera generación; 2) narradores criollos defensores del capitalismo neoliberal como Mario Vargas Llosa, segunda generación como Alonso Cueto, Fernando Ampuero, Iván Thays; y 3) narradores criollos con interés mercantilista y publicitario al servicio de la ideología neoliberal o Generación post-nueva narrativa peruana (Fernando Ampuero, 2015). Es el caso de Jeremías Gamboa, Renato Cisneros, Diego Trelles, Claudia Salazar, Santiago Roncagliolo, Daniel Alarcón, Carlos Yushimito, Sergio Galarza, Jack Martínez y Raúl Tola.
Como vemos, la polémica de los narradores andinos frente a los criollos perdurará. Como sugiere Dante Castro, mientras exista diferencia sociocultural esta problemática se mantendrá vigente. Además, ser escritor andino no se le identifica solo por su lugar de origen geográfico; y es, en realidad, una opción cultural; así lo confesó, por ejemplo, Dante Castro quien es originario de la región del Callao, pero representa los Andes de la violencia política con credibilidad y originalidad. También, es necesario remarcar que los narradores criollos o “regios” ningunean e invisibilizan a los narradores andinos; actitud contraria en el caso de los escritores regionales quienes aceptan y refieren abiertamente la influencia de escritores criollos en sus producciones. Finalmente, siguiendo a Dante Castro y al investigador Juan Zevallos Aguilar (2018), lo andino vincula la opción cultural; el desplazamiento o migración transnacional y el tópico de la guerra interna. Por tanto, ya se debe plantear el concepto metáfora del archipiélago cultural transandino que inicia con la narrativa transandina.
Referencias bibliográficas
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NOTAS
[1] En definitiva, asume la existencia de conflictos dentro de la migración. Asume la presencia de escritores que viven en provincias y producen textos; y los afincados en Lima, quienes participan en concursos literarios.
[2] En 1995, 2002 y 2003, había propuesto el estudio de “La narrativa andina” en encuentros y revistas literarias.
[3] Sin embargo, Luis Nieto aseveraba que es “difícil comprender un debate literario que termina derivando en tales posiciones sin tener presente, como señalaba Antonio Cornejo Polar (1994:12), la «heteróclita pluralidad»” (Nieto, 2010 [1990], p.43).
[4] Asume que Rosa Cuchillo pertenece al realismo maravilloso.
[5] Concibe que ese realismo se adscribe en la mayoría de su producción. Dice: “Califican a esta narrativa como pasadista, telúrica, mundonovista, agrarista primitiva, etc., un poco haciendo coro a un sector de la nueva narrativa hispanoamericana, que cuestiona a los escritores del boom y, sobre todo a lo real maravilloso, como García Márquez y sus epígonos” (4). Aseguraba, citando a Marcos Yauri, comprender que los andes sigue un proceso de modernización el cual permite la relación entre tradición y modernidad. Y sea el lugar donde migra el campesino no se desliga de sus creencias del pensamiento mágico que le es connatural (Colchado, 2005, p. 4). Así, los campesinos continuaban con sus ritos de ofrenda a la “madre Tierra antes de iniciar sus tareas o al wamami, el apu, al dios montaña. Seguimos siendo todavía un país de desarrollo desigual y combinado, donde conviven lo premoderno, lo moderno y lo posmodernos” (ibid.).
[6] Considera al texto de Crónica de San Gabriel de Julio Ramón Ribeyro como un texto de literatura andina y posmoderna.
[7] En 2008, Virginia Vílchez Samanez entrevista al escritor Félix Huamán Cabrera acerca de la serie “Biblioteca de Narrativa Peruana Contemporánea” a cargo de la editorial San Marcos. En dicha entrevista confiesa que Óscar Colchado es “un best seller en el Perú”. Debido a su esfuerzo de promocionarse en colegios de Lima y viajar “a todos los sitios del Perú”. Su acercamiento a los estudiantes y padres de familia es el resultado de su publicidad personal. Esta entrevista nos evidencia al escritor no solo como productor de texto, sino como aquel interesado en promocionar y publicitar sus textos con temáticas andinas para reforzar la existencia de la identidad andina heterogénea. Además, su inclinación de lograr convencer a una comunidad lectora joven, neófitos en la lectura. No es casual su enfoque en producir textos sobres literatura infantil y juvenil. Por, ejemplo, la saga de Cholito. Ver: Librosperuanos.com
[8] “Sin embargo, tratar de ahondar acerca del verdadero rumbo de la literatura andina hoy, sería caer en una discusión bizantina. Cada cual tiene derecho a escribir como mejor le parezca y a revelar los temas que le vienen desde dentro como un imperativo. Lo importante es hacer buena literatura. Los lectores hay para todos los gustos, y la literatura no necesariamente tiene que ser sociológica o antropológica” (Colchado, 2005, p. 5)
[9] Según el poeta Paolo de Lima (2019), en el 2005, después del I Congreso Internacional…, celebrado en Madrid, se inició un inusitada y descontrolada controversia sobre la literatura de “lo andino” y “lo criollo”, desbordada en diversas publicaciones digitales e impresas. Esto lo inicia el escritor Alonso Cueto el 30 de mayo en el diario Perú21, sigue Iván Thays y lo continúan Dante Castro, Miguel Gutiérrez, César Hildebrandt, Fernando Ampuero, M. Ángeles Vásquez, Rocío Ferreira, Oswaldo Reynoso, José Miguel Oviedo, Giovanna Pollarolo, Julio Ortega, Gregorio Martínez, Tomás Escajadillo, Mario Suárez Simich, Anouk Guine, entre otros. Se recurrió a revistas y diarios como Perú21, La República, El Peruano, El Comercio, Correo, La Primera, El Suplemento Identidades, Caretas, Ómnibus y El Hablador, principalmente.
[10] La tradición, dice, siguiendo a Pozas Horcasitas, deben ser entendida como asociada a los valores de la cultura quechua. Se presenta dentro de un sesgo colectivo de la sociedad andina. Se articula la reciprocidad como práctica que regula las relaciones del hombre con el hombre, la naturaleza y las divinidades. Mientras que la modernidad origina una individualidad y diversas formas de procesar las relaciones entre tradición y modernidad.
[11] En el 2006, Dante Castro, en una entrevista académica, señalaba que los narradores andinos conformaron una pequeña industria cultural alternativa, anti-sistema; recurren a la tecnología y a la publicidad digital y les hacen frente a los obstáculos. Son constantes y comprometidos, forman una colectividad, mantienen su conciencia sociocultural, política, estética e ideológica. Además, van en busca de recuperar a sus lectores por medio de la habilitación de ferias de libros regionales y locales, y abaratan los libros (Luna-Escudero, 2006).
[12] “Es muy difícil narrar sobre aquello que no se conoce” (Castro, citado por Luna-Escudero, 2006).
[13] Su posición es considerar la literatura “militante”, la relación entre autor y obra. En sus palabras: “En mi caso, el cuento se convierte en el fusil automático ligero, dentro de una guerra irregular contra los aplanadores de conciencia. O sea, no es fuego; si va para abrir fuego y dar en el blanco” (Luna-Escudero, 2006).
[14] Recordemos que Dante Castro es chalaco, escritor de ciudad, pero su decisión y autolegitimación escritural es ética, humanística, política y estética vinculada con la narrativa andina. Además, si nos damos cuenta vincula dentro de la narrativa andina a la narrativa amazónica.
[15] De hecho, las dicotomías son persistentes y continuas en nuestra literatura peruana. Según Antonio Cornejo Polar (1994), el binarismo en el Perú se articula con la llegada de los españoles. Acorde a su época, los escritores marcaban diferencias ideológicas y estéticas como, por ejemplo, el Inca Garcilaso de la Vega en contraposición a Felipe Guamán Poma de Ayala; Ricardo Palma y Manuel González Prada; José de la Riva Agüero y Osma con José Carlos Mariátegui; Mario Vargas Llosa y José María Arguedas. Entonces las dicotomías nos muestran polarización entre indígena/mestizo, la oralidad/la escritura, lo blanco/lo indio, el hispanismo/el indigenismo, lo urbano/lo regional, lo criollo/lo andino.

Edith Pérez Orozco
Bachiller y Licenciada en Literatura por la Universidad Nacional Federico Villarreal. Magíster en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Magíster en Ciencias de la Comunicación para el Desarrollo. Posee el Título en Segunda Especialidad en Docencia Universitaria y Superior en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Además, tiene estudios concluidos en el doctorado en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado el libro Racionalidades en conflicto: cosmovisión andina (y violencia política) en Rosa Cuchillo de Óscar Colchado Lucio (2011). Es codirectora y editora de la colección de crítica literaria Cuadernos Urgentes (del 2015 hasta la actualidad). Miembro del equipo de investigación del Grupo de Estudios sobre Ética y Literatura (GDESEYL) de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM. Docente investigadora en la Facultad de Educación - UNFV.