
Prólogo al estudio Ni se compra ni se vende.
Reflexiones sobre el mundo actual
Elviro Queda Todo
A finales del siglo XX, 1999 para ser exactos, pusimos en marcha una revista internacional. Para recibir algún trabajo de otro continente, teníamos que esperar alrededor de un mes, y eso si no se perdía por el camino. Luego, para la respuesta, otro tanto. Y además los envíos eran carísimos. Hoy día cualquier envío de texto, incluso de imagen, se hace instantáneamente y, al menos en apariencia, de forma gratuita. En todo caso, el envío no hay que pagarlo. Encima, a veces aún no le he dado a la tecla de enviar, o acabo de darle, y ya me está llegando la respuesta. ¡Jo! O esta tecnología es tan adelantada que se anticipa, ¿o es que permite leer el pensamiento? Si no les ha dado tiempo ni a leer lo que les he enviado, ¿cómo pueden responderme ya? ¿O es que les iba llegando conforme lo escribía, aunque no le hubiera dado a la tecla de enviar?
En más de una ocasión usted habrá notado que está hablando (hablando, no escribiendo, por teléfono o con alguna aplicación de audio) y si ha comentado interés en alguna clase de objeto comienzan a llegarle publicidad de marcas que venden ese producto a sus páginas de internet. ¿Nos espían? ¿Nos oyen? Desde luego, saben lo que pensamos.
En una conversación con un conocido que trabajaba en la cocina de un restaurante, poco lector, pero bastante sensato, me decía: Mis padres tuvieron un trabajo (en realidad mi padre. Mi mamá trabajaba en casa, que ya era duro de por sí, pero sin salario) con un sueldo pequeño. Pero ahorraron para comprarse una casa, un automóvil y darnos estudios a los que quisimos estudiar y hasta ayudarnos en los primeros gastos cuando nos independizamos. Y hoy día trabajamos fuera mi esposa y yo, los dos con sueldos aceptables para lo que hay, y no conseguimos ahorrar un duro y con solo dos hijos, no con seis como mis padres. Pero claro -continuó- entonces mi madre hacía comida para todos con cosas asequibles, ¡y sanas!, que no desperdiciaba nunca. La ropa se heredaba de hermanos mayores a menores hasta que ya era puro guiñapo. Las distracciones eran juegos de calle con limas viejas desechadas, cuerdas para saltar, huesos de codo sobrantes de la matanza, cajetillas de mixtos vacías, etc. El turismo era, como mucho, excursiones al río donde nos lo pasábamos pipa haciendo el tonto y dando panzazos desde una roca… Había, cuando había, un teléfono para toda la casa y se usaba solo para casos de grave necesidad. Había, si lo había, un auto en toda la familia y una televisión. Y nadie se iba por ahí de francachela gastándose los cuartos en güisquis ni po…(sonó un pitido para tapar). Hoy día comemos cuatro o cinco cosas distintas (a menudo de comida rápida y poco sana) y desperdiciando lo que no está escrito (hazle comer de un día para otro al nene o la nena). La ropa hay que renovarla no una vez al año, y por supuesto cada uno la suya, nada de “heredar”, sino cada temporada; o sea, cuatro veces al año. Y con ropas caras porque si no son de marca, el nene o la nena quedan mal. Hay en una casa un teléfono móvil de alta gama por cada persona (a veces más porque el nene o la nena “necesitan” más de uno). Y hay que renovarlos cada cierto tiempo porque si no ya no están de moda y pareces un cateto. Los peques tienen montones de juguetes electrónicos y caros de los que se hartan pronto porque les aburren y hay que comprar otros. Hay tres o cuatro coches por familia (más que hijos porque alguno puede tener dos). Y se usan hasta para ir a tirar la basura al contenedor que está a cincuenta metros. Por supuesto, se va de francachelas a sitios de ocio en los que te soplan, entre entrada y copas, en una sola noche la cuarta parte del sueldo de la semana, si no más. Un alquiler te cuesta, a la que te descuides, el 80 o el 90 por ciento de un sueldo mensual. Se va de turismo cada año más lejos, aunque sea a un hotel o una playa como la que tienes cerca, pero al otro lado del mundo (no vas a colgar en las redes fotos de la playa de aquí, vaya mieeeerda, ¿no?). Si hay que entramparse para ello, ¡no pasa na!, c´est la vie. Si te has podido meter en una hipoteca para hacerte de una casa y no tener que estar de alquiler, ¡ya agárrate las pelotas!
¿Pero a dónde vamos? -terminaba mi amigo apesadumbrado por su propia reflexión-. Y uno no sabía si responder alguna pamplina para quitar hierro a su angustia, o simplemente reír por no llorar.
Una anécdota ilustrativa (este prólogo no es más que eso, algo que ilustra de qué va este rollo) es la de una vecina, ya mayor y muy inocente, con la que charlábamos junto a su hija, una joven despierta, y un grupo de vecinos. Había un tema del que se necesitaba información y alguien dijo de consultar el Google. Eran más de las doce de un noche de verano. Mi vecina, un tanto apesadumbrada y desde su inocencia supina, comentó: a estas horas el señor Google estará dormido. La carcajada de su hija fue estruendosa; menos mal que la señora no se molestó. Los demás, con respeto a la edad y a la inocencia de su madre, solo sonreímos. La mamá, aunque no se molestara sí que inquirió: ¿de qué te ríes? La hija, inteligente como es, debió pensar, cómo le explico yo a mi mamá que Google no es un sabio que consulta libros y puede que tenga ayudantes como esa tal Alexa que sabe de to y hasta te pone música en casa; si bien, según la que le pidas, te avisa de que te pueden cargar en tu cuenta el costo del servicio, que, además, el “señor” Google está en todas partes y a todas horas y que todo lo sabe, como si fuera Dios, pero sin serlo. No, al menos, un Dios de otro mundo. Todo eso, o algo así, debió pensar; así que se limitó a sonreír y a decirle a su madre: no, por nada, mamá. No te preocupes, es que eres muy graciosa.
La mamá se quedó tan contenta y no hicimos la consulta al señor Google. Esto puede parecer un chiste, pero es algo que ocurrió de verdad y que yo lo presencié. Y eso ilustra el salto vertiginoso que se ha dado entre generaciones y entre modos de vivir y de pensar.
La vida está llena de facetas dramáticas y humorísticas, y en este libro yo no voy a eludir ni unos ni otras. En estas líneas habrá momentos en que se puede reír, llorar o darle un hachazo al televisor o al móvil. Pero lo que cada cual haga es cosa suya. Como diría mi primo: allá películas. Lo que esta obra propone es pensar. Pensar sobre nosotros mismos, sobre nuestra vida, cómo vivimos, cómo hemos llegado a esto, a dónde parece que vamos, qué podemos hacer…
No es un libro de filosofía en el sentido intelectual, buscando abstracciones y explicaciones académicas a hechos cotidianos; aunque sí en el sentido clásico del reflexionar y pensarnos. Como no es académico, aunque bebe de muchas lecturas (quien esté vivo y tenga curiosidad es lo que suele hacer: leer mucho), no tiene notas a pie de página, ni al final, ni bibliografía ni nada de eso. A veces menciono algún libro o algún nombre, pero no es un libro para hacer currículum, ni para entrar en el baile de egos que se retroalimentan en el refrito endogámico de todo lo académico. Si alguien quiere ampliar cuestiones, hay bibliotecas y buscadores (el del señor Google incluido) en internet que pueden ofrecer multitud de opciones. Tampoco es un libro de cifras y de datos, que se ponen viejos antes de ser publicados y más en un mundo tan disparatado y veloz como el actual. De igual manera, cifras actualizadas siempre se pueden consultar en organismos, buscadores y sitios de fiar (cuidado con los charlatanes, que ahora hay más que nunca). Aquí, más bien, analizaremos tendencias, aspectos estructurales y su dirección, más que los coyunturales (tácticos que dirían algunos) que cambian con frecuencia según el aire que les dé.
Es un libro de sociopolítica, en el sentido amplio de la palabra política: organización de lo social. Pero no es un libro de política partidista. Quienes se muevan en los márgenes estrechos de partidos e ideologías: izquierda, derecha, independentismos, populismos varios que no son -dicen- ni de derechas ni de izquierdas pero en seguida están dando apoyo a los de una u otra tendencia de manera más sectaria, simplista y dogmática que las de los propios partidos, aquí no van a encontrar eco. Nada de eso nos interesa (a mí como escritor y a usted mientras lea esto). Aquí habrá pensamientos que pueden confundir, aclarar, aplaudir, sorprender o rechazar gentes de uno u otro prejuicio. Pero solo a quienes estén dispuestos a preguntarse y buscar respuestas sin prejuicios, sectarismos ni planteamientos previos anquilosados en esquemas dogmáticos, les puede servir y ayudar a sacar algo en claro. Si no lo va a leer con actitud abierta (lo que no quiere decir que tenga que darme la razón en todo, por supuesto) y cuestionadora de todo, sin dar nada por sentado hasta que no razone, mejor no pierda el tiempo y acuda a sus consignas y lugares comunes. Este no es su libro en ese caso.
Yo no soy enemigo de lo misterioso y hasta de lo paranormal. Pero este ensayo no es sitio para eso. Es un estudio que pretende ser racional; todavía más: razonable. Cada problema o cada situación que afrontemos lo vamos a hacer (usted que lee y yo que planteo) con la razón y el sentido común. Intentando comprender y explicarnos qué sucede, por qué y a qué puede dar lugar.
Es un libro de pensamiento. Nada más. Pero nada menos. Queremos saber dónde estamos (y no se refiere a nacionalismos ni pequeñeces varias; si alguien eligió donde nacer que me lo diga; si no, mejor que calle), cómo hemos llegado hasta aquí y qué dirección llevamos (y hasta donde podamos, prever en qué abismo -o paraíso, o tal vez mezcla de ambos- podemos terminar).
Y en función de todo eso, qué podemos hacer. De qué partes de nuestra vida somos todavía dueños y de cuáles más lo podemos ser. Hasta qué punto hay aún opciones para ser libres y felices; al menos a ratos y, en lo posible, cada vez más.
De eso va esto. Así que si le interesa, vamos al lío. Y si no, mucho gusto y hasta otra. Un placer haberle conocido.
Se puede descargar gratuitamente el ensayo en https://www.miradamalva.com/biblioteca/nisecompra/Ni%20se%20compra%20ni%20se%20vende.pdf
1ª edición, La Mirada Malva, 2025
Colección Mirada Ensayo Digital n. 10
ISBN: 978-84-124343-9-2