
La Celebración. Una experiencia artística y universal
Entrevista a Juano Villafañe
Por Ana Lema Colangelo
Escritora y Artista argentina
Juano Villafañe. Ensayista. Gestor Cultural. Dramaturgo. Director artístico del Centro Cultural de la Cooperación (Buenos Aires, Argentina) y con más de 50 años de participación en la cultura, hoy charla con Revista Ómnibus, sobre su reciente obra teatral "La Celebración, una comedia para los que vendrán"
Ana Lema Colangelo: Como coautor de La Celebración, una comedia para los que vendrán, ¿cómo describirías la obra para quienes aún no la vieron?
Juano Villafañe: La obra representa la tertulia, la reunión, los lugares donde se encuentran los artistas, los intelectuales, los escritores, para debatir, polemizar, intercambiar producciones, ideas, criterios estéticos, inclusive temas de la vida cultural, social o política. Esos encuentros se siguen sucediendo con distintas modalidades hasta nuestros días. Por relaciones familiares, por los vínculos artísticos, pude reconocer desde los años sesenta las diversas formas en que se encontraban titiriteros, artistas visuales, escritores, actores, músicos, para intercambiar sus producciones, sus obras y debatir sobre el sentido del arte y la poesía. Por mi casa pasaban siempre representantes de la cultura, amigos de mis padres Javier Villafañe y Elba Fábregas. Personalidades como Ariel Bufano, Antonio Berni, Alejandra Boero, Hamlet Lima Quintana, Emilio Pettoruti, Enrique Molina, Leda Valladares, Poroto Botana, entre otros muchos venían a nuestros encuentros. Reuniones que históricamente también se hicieron en las acogedoras casas de Liber Fridman o de Mario Pepe Quintana durante muchos años. Las tertulias, las reuniones, siempre nos permitieron abordar las grandes conversaciones, donde también estaban presentes el juego, la irreverencia, el silencio poético, el ritual de la música, el canto, el debate político. Toda reunión que se precie de tal permite reconocer actuaciones, representaciones, personajes, puestas en escena, diversos estados teatrales. La Celebración. Una comedia para los que vendrán también es un encuentro de artistas y escritores, donde de alguna forma se exaltan esos diversos estados teatrales que provocan las tertulias. Con Manuel Santos Iñurrieta abordamos en común la dramaturgia de esta obra desde dos perspectivas generacionales distintas, pero que se complementan en un sentido histórico y con las formas de reconocer los rituales del presente
ALC: En la trama aparecen 5 personajes que el anfitrión y sus invitados, aunque nunca terminan de llegar todos, siempre existe esa sensación de ausencia, pero no imprescindible. Es decir, como quienes debieran llegar fueran los que están ¿Cuál es tu opinión al respecto?
J.V: Con La celebración. Una comedia para los que vendrán hemos trabajado justamente pensando de qué manera se puede crear una gran comedia envolvente, donde se vayan presentando los distintos momentos teatrales que nacen cuando se celebra una reunión entre artistas y escritores, que a la vez esperan la llegada de otros artistas y escritores. En el trabajo teatral, los actores y actrices, Irene Almus, Eduardo Calvo, Alfredo Castellani, Martina Greiner, Diana Kamen, Sergio Lumbardini, cada uno construye a su manera su propio rol. Son personaje asociando a diversas tradiciones, historias, trayectorias, anécdotas, cuentos que fueron circulando de boca en boca, no hay tipificaciones de figuras históricas, pero sí representaciones y espíritus colectivos del mundo cultural argentino. La obra circula alrededor de los invitados que tienen que llegar, pero nunca llegan, una suerte de “esperando a Godot”, con la diferencia que los invitados esperados al final llegan y lo notable es cómo llegan y cómo el público se sorprende de esa gran cantidad de invitados que se presentan al final de la obra: ¿de dónde han llegado todos esos invitados sorpresivamente? Este es el gran desenlace inesperado que ofrece la obra como final.
ALC: En la pieza aparecen la comedia, el drama sutil y una invitación a la reflexión sobre la sociedad y la política. ¿Cómo fue combinar todos esos aspectos manteniendo el equilibrio entre los mismos y sin perder de vista el hecho poético que sobrevuela la pieza?
J. V: En toda reunión que se precie de tal tiene presenta naturalmente diversas acciones teatral que van de una polémica, un recital, la muestra de alguna obra que tal o cual artista está realizando, el humor, inclusive, la introspección los climas poéticos o los debates políticos. Estas acciones diversas se van hilvanado a través de estados poéticos que se entrecruzan mágicamente sin alterar las acciones teatrales y el juego lúdico de los protagonistas que siguen manteniendo la reunión. La propia puesta realizada por Manuel Santos Iturrieta permite que la historia de las acciones teatrales de cualquier tertulia sea a la vez atravesada por la poesía explícitamente.
ALC: En uno de los momentos de La Celebración aparece "el niño imaginario" presentado de una manera tan lúdica y hasta contundente, diría, que muchos espectadores se giran como si lo fueran a poder ver. ¿Qué te genera esta situación y
qué nos podes decir sobre ese personaje, digamos "invisible" pero, a su vez tan tangible?
J. V: El niño invisible es el representante final de la magia, de la inocencia, pero también del futuro y si se quiere de la rebeldía. Todos creen ver un niño y terminan viendo un niño que circula por la casa. La idea de la puesta en escena es que el espectador crea que hay un niño circulando por el espacio escénico o por la platea.
ALC: Naciste en Quito (Ecuador) en el seno de una familia de artistas y evidentemente esto marcó tu vida pero en una mirada más me general ¿confías en el arte como medio de siembra para un mejor futuro de las generaciones venideras?
J.V: Yo tuve una formación si se quiere renacentista. Mis padres me estimularon a que me formara artísticamente, estudie música diez años, artes plásticas, historia del arte, hice títeres y fundamentalmente me dedique a la poesía, a la literatura y a la gestión cultural. Hay que pensar que todos estamos construidos por epifanías y por experiencias poéticas. El poeta mexicano Octavio Páz decía que las experiencias poéticas son estados de reconciliación de los hombres y las mujeres con el mundo. Los artistas desde las experiencias poéticas originales elaboramos luego una obra de teatro, una película, un poema. Las obras de arte generan belleza y la belleza genera inteligencia humana. Hoy más que nunca ante la colonización algorítmica y la inteligencia artificial hay que reivindicar todo lo que produce la inteligencia humana desde la belleza y la ciencia. Sin desconocer los avances tecnológicos hay que justamente reapropiarse de las nuevas tecnologías para ir por la soberanía digital y del comercio electrónico. Hay que reapropiarse de los mundos digitales como alguna vez nos reapropiamos de la palabra impuesta por el colonizador. Por eso el convivio artístico, el ritual de la celebración presencial, la producción de imágenes y metáforas genera afecto y es la única forma de comunicar humanamente y este ritual, estos encuentros son irremplazables, no hay tecnología ni inteligencia artificial que reemplace al encuentro vivencial entre hombres y mujeres. El arte sigue siendo el lugar más humano y la poesía lo que más se parece al mundo transformado.

Ana Lema Colangelo.
Licenciada en Periodismo. Redactora corresponsal para Europa. Poeta. Escritora. Ensayista y traductora, ítalo argentina.