TRIPULANTE PREGUNTA POR UN PUERTO
A Giovanny Gómez
Señor dame una palabra
que tenga la forma de un barco
En la palabra añorabas un barco que llevase al silencio por tripulante.
¿A dónde pretendías ir después de la niebla?
Hablabas de la nostalgia
que habita los lugares desconocidos y hoy no sabemos
a qué puerto llevar tu tristeza.
Allende el mar un verso una casa donde descubrir
que el amor también es una orilla.
Pensabas tal vez que allí el viento se haría barrote
el sol
los sueños: muros.
Entonces encontrarías lo definitivo, cesaría la búsqueda de lo intangible dirías: “la luna esta vieja”
con esa voz a la que nunca le faltaron sombras.
Serían tus pasos
pequeños peces saltando en los andenes buscando las corrientes cálidas del Pacífico.
Toda la soledad cabría en tus manos allí brotarían
como pájaros lejanos poemas
viajeros de un tiempo sin tiempo escritos bajo una lluvia incansable como esta
que precipita contra el rompeolas nuestros corazones desamparados.
POÉTICA
De los días consumidos:
sus deshabitados estruendos, un milagro inesperado,
la eternidad sin memoria.
Que lo dicho
sean un cuerpo de agua que sobreviva a la ceniza.
En el aire los dedos delinean olvidados fonemas
como si fuesen estertores de un dialecto
a punto de extinguirse.
Sea la palabra un relámpago
desaparezca dejando en el aliento una luz.
Sea la cicatriz abierta profetice en cada latido la travesía de la sangre
como una línea infinita como un mapa.
Señale cada recodo
donde la existencia se detuvo
a contener el miedo o el rencor.
Una tormenta sea el poema.
Sacuda los infortunios hasta que las venas revelen el trayecto de la desnudez,
la antigua huella del deseo,
o el deslumbramiento de los dioses ante la insoportable levedad
de los pronombres que ya no somos.
DECLARACIÓN
Esto es grave:
consideren esta declaración como un perjurio
como una insensatez que ha ido acumulándose con el tiempo.
Quizás el desvelo ha socavado mi lucidez
y sean apenas necedades de quién precisa el sueño.
Largas noches he apilado silencios como quién hace montones con los libros
dirán ustedes: ¡Qué locura! acumular el silencio, como si fuese una cosa,
atreverse este a decir tal desfachatez
tan al borde del precipicio que algunos llaman lugar común.
No es fácil, créanme, es casi criminal utilizar las palabras para confesarlo, pero ya es insoportable tanto delirio,
tanta oscuridad represada, tanta sombra reprimida.
Verán, y he aquí el asunto, he pensado abandonar la poesía
dejársela a quienes no tengan los labios resecos
y sus manos no trepiden ante la inminencia de un verso Hay muchos
—en esta ciudad de terribles esperanzas— acechan las calles ahítas de ateridas palabras
que buscan una forma donde instalarse, un lugar al que nombrar
un olor, una cueva donde ocultar su impudicia un árbol borroso donde puedan reposar o arder.
Así las encuentran. Las acogen en el hueco de la mano las acarician, les dan agua o pan y ellas se dejan
se van tras ellos soñando hacerse verso.
Entonces, ante la imagen de la desolación de una existencia opaca y estéril vuelve a mí con renovado frenesí
el incontenible vértigo de la escritura.
Empiezo a deshacer los silencios amontonados a recobrar el delirio
a emancipar las sombras ya enjutas de tanto olvido intento creerme de nuevo poeta
garabateo profiero algo ininteligible
insisto ante la intermitencia del cursor.
Las palabras revolotean alrededor esquivan la jaula de mis dedos
¡Señoras, Señores! no alucino,
decir algo sensato en el siglo del vértigo es un absurdo
incluso intentar hacerlo vibrar bajo el velo de la poesía sin que sea una tragedia, una imitación, un mal presagio.
¡Olvídenlo!
siento importunarlos con versos de arte menor al final, no están grave,
no puedo abandonar lo que jamás me ha pertenecido.
DESCENDIENTES DE EOLO
Triste cortina tu cuerpo devela rostros y zumbidos, el abatimiento del día.
El fuego mece sus espigas en otras latitudes dejando a su paso turbulencias.
El corazón del hombre también es de viento.
AUTORETRATO
Qué puedo decir del tiempo,
rastro de un segundo infinitamente repetido,
pozo donde la existencia encuentra su fondo líquido.
Qué de la nariz, herencia de mi padre marca familiar irrenunciable.
Ella nutre los ríos interiores donde también mis ancestros se espesan con la sangre.
De la boca, que no produce palabras sin segunda intención.
Esperan bajo la sombra de los dientes listas para saltar sobre la presa.
Qué de los pies que no van a ningún lado porque solo de raíces inventa caminos.
Qué sé yo de la sangre
si desconozco el ímpetu de la gota, su obstinado destino de piedra.
De estos ojos, si el cuerpo
es un laberinto irrefutable de la muerte donde un minotauro nos espera.
Qué de la poesía,
si la metáfora es un ángel salvaje que aún no domestico,
habitante de un bosque de luz que no se revela,
a un hombre,
―tan común―
como yo.
TEJEDORA
A Wislawa Szymborska
Llenas la palabra de una perfecta intuición
en cada lámpara de la casa reboza ese misterio extiendes como una pradera la costumbre donde árboles exhiben sin pudor sus sombras.
Tejes sigilosos significados en punto de crochet como si fueras la abuela del mundo
y quisieras resguardarlo del frío.
En la punta de las agujas
se balancea la forma de un entrañable cielo codiciado donde saltarán nubes como borregos
y las aves del invierno ajenas a la nostalgia te arrancarán del alma
sin cautelas toda su poesía.
ITINERARIO
El primer paso es un estrecho asombro
túnel donde el sueño se desgarra para hacerse tiempo un grito llena el aire
persuade a la sangre viajar a su propio ritmo. Entonces nos hacemos peregrinos recorremos la irregular superficie de los días mientras la epidermis adquiere su dureza.
Acumulamos palabras a modo de trastos viejos
— espantoso pretexto para encubrir la nostalgia ꟷ ellas crujen a cada movimiento,
anuncian la imposibilidad de vencer nuestras propias vilezas.
Llega la sed
reclama el líquido vital de los besos.
A lo lejos la cordura toma la forma de las pasiones nos habla del amor
de sus escarpadas alturas
de sus inciertas tempestades. Nunca del dolor.
Nunca de la ausencia.
Dice: el viajero habrá de abandonarse para descubrir que lo eterno
también es finito.
Sembramos en algún paraje el hartazgo de la descendencia
— germinan con sus propios trayectos
dispuestos a empezar la travesía ꟷ
Se asoman entre risas para inspeccionar las ruinas que somos declaran nuestra incompetencia de una sola y fulminante mirada.
De esta manera desaparecen persiguiendo sus propias fatalidades.
Otro camino.
Un desvío para acortar el tiempo estorbando en la mochila el paso se hace breve
no importa la belleza en el paisaje revelada
ni la humedad de la caricia que busca algo de tibieza
no importa descubrir los confines de los ojos llenándose de pliegues mientras los pies
hastiados de lejanías
se preparan para deambular el infinito
sin mapas que anticipen la parada
ni indulgencias que prometan el paraíso.
Llegamos al final del viaje cuando estamos listos para volver a partir.
Poema Mención de Honor Concurso Nacional Casa de Poesía José Asunción Silva
2022
AGONÍA
Quitar el polvo a los viejos dolores abrir otra vez las suturas
como si fueran maletas de viaje, hacer un atado con todos los hastíos sacarlos a la fuerza,
saber que la hora ha llegado
y que no hay tiempo para otro aterrizaje.
Dejar fluir los ríos subterráneos, contener el eco
a su rumor de piedra,
reclamar que aún nos queda tiempo para una última confesión.
De las palabras hacer raíces, contemplar de nuevo el mundo obscuro que emigró tras ellas.
Ceder los secretos,
llenar de aburrimiento la luz en la ventana y ocultar los párpados tras el libro
que no se va a leer.
Entender al final que desde siempre estuvimos vencidos y que la muerte
es nuestra primera y única victoria.
Del libro: No hubo tiempo para la inmortalidad
Editorial Caza de libros
2017
ENTRE NOS
Soy el mismo y el otro,
la vida y la esencia ―suspendida al vacío― en una misma
exhalación,
el que me contiene y el contenido
batiéndonos simultáneamente, llaga a llaga,
frente a la muerte.
Apretados los labios sombrean la delgada línea del silencio, cada palabra es una gloriosa huida
que busca un pedazo de tierra para exiliarse.
Atrapado y dividido, soy la misma roca,
fragmento que orbita tiernamente alrededor de los ojos.
Cada espejo impregna su metálico y sordo fantasma en las profundas cavidades del nuevo siglo.
Allí los niños ignoran el asombro blanco de las leyendas.
Emerge desde mi propio e inconfesable fondo el fruncido gesto mineral del asesino,
su boca luctuosa,
su mirada carnívora
devorándose y devorándome.
En cada párpado
hay una jubilosa margen que lo detiene.
Soy un hombre que no tolera encontrarse consigo mismo.
Del libro: No hubo tiempo para la inmortalidad
Editorial Caza de libros
2017

Hernán Mallama Roux.
Nació en Roldanillo Valle. Licenciado en Español y Comunicación Audiovisual de la Universidad Tecnológica de Pereira. Educador hace 33 años, dedicado a la investigación educativa. Ha publicado los libros “Hoguera en Eclipsiris” en coautoría con Luis Enrique Tabares (1999); “Éxtasis Poesía al desamor” (2003). Y el Libro–Arte: “Enfisemas. Poemas para sobrevivir despacio”. Edición exclusiva para Estados Unidos en 2013. Coautor del libro de cuentos “Sueños Móviles” publicado por el Ministerio de Cultura y La Compañía Creativa “Trazasueños”. En 2017 La editorial “Caza de Libros” publica el poemario “No hubo tiempo para la inmortalidad” Colección Poetas Colombianos Siglo XXI. En 2019 la misma editorial publica “AULA12, Reflexiones sobre la investigación en el aula”. Ha sido invitado a diversos encuentros literarios en el país e incluido en varias antologías poéticas como “Colombia es un país que amabas” Editorial Escarabajo (2024) en el que poetas colombianos escriben a los líderes sociales asesinados. Recibió el reconocimiento del Instituto de Cultura de Pereira por sus aportes literarios a la ciudad en 2009 y del Ministerio de Educación Nacional en 2015 por su proyecto “AULA12. Una escuela feliz para la Paz y la Libertad”. En 2019 fue incluido en la antología “Palabras entre dos ríos. (Nuevos poetas pereiranos)” y en 2020 en la Antología de cuento “La primera lluvia” con el cuento “Taró o la Primera lluvia” realizadas por la Secretaría de Cultura de Pereira y la Biblioteca “Ramón Correa Mejía”. Ganador de la Residencia Literaria de “Casa Creativa” con la novela “Los indefensos” en 2021 y Séptima Mención en el Concurso Nacional “Casa de Poesía Silva” en 2022. Desde 2015 a la fecha, ha recibido diversos reconocimientos de la Secretaría de Educación Municipal por sus aportes a la educación y a la cultura pereirana. La editorial Periscopio acaba de publicar su novela “La muerte llega disfrazada de ella misma” Actualmente es Docente de la Institución Educativa “San Fernando” y de la Universidad Tecnológica de Pereira.