Carlos-Enrique Ruiz

Manizales, Colombia, 1943. Ingeniero de Caminos. Director-fundador de la revista Aleph (1966 - ...), con 46 años de existencia y 161 ediciones al segundo trimestre de 2012. Profesor emérito, honorario y especial ‘ad-honorem’ de la Universidad Nacional de Colombia. Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua. Se ha desempeñado como director de la Biblioteca Nacional, en la dirección universitaria y profesor siempre. Doctor h.c. en Humanidades de la Universidad de Caldas. La biblioteca central de la Universidad Nacional de Colombia (Manizales, Campus-la-Nubia) lleva su nombre, asignado por resoluciones del Ministerio de Educación Nacional y del Consejo de Sede. Director de la “Cátedra Aleph” en la UN, con 20 versiones (al primer semestre 2012), y de la “Cátedra abierta Grandes Temas de Nuestro Tiempo”, con versiones más recientes: en el 2010 sobre el Bicentenario de las Independencias (memorias publicadas, Ed. UN-Manizales, 2011) y en el 2011, “Literatura, Música y Pensamiento”.

Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Decires (1981); Imaginería de caminos (1989); Sesgo de claveles (2004); Nociones del vigía (2005); Las lluvias del verano (2006); Tregua al amanecer (2007); Cien años en el espejismo de la nostalgia (ensayo, 2007); Reportajes de Aleph – Selección (2007); Los signos de la espera (2008);  Matilde Espinosa en la contienda de vida y poesía (ensayo, 2009); Cuestiones del decir - Antología 1960-2006 (2009); Educación y humanismo en la vida universitaria (Ed. Página Maestra Editores, Bogotá 2010); El clamor de la clepsidra (2010); Meditación acerca del Desasosiego de Pessoa (2011); La redondez del alba (2011); Media hora de lluvia en el jardín (2012). Autor de los poemas del ciclo de canciones: “En las praderas del alma”, en el género de música culta, con música del maestro mexicano, maestro Ramón Mier G., con estreno el 23 de marzo 2011 (Auditorio de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales).

Participante invitado en algunos festivales internacionales de Poesía. Ha sido traducido al portugués, búlgaro y alemán.  Incluido en antologías: Territorios comunes II (México, 2008), Antologie – VI Festival Lateinamerikanischer Poesie in Wien (Viena, 2011). Medalla al mérito del “Festival Internacional de Arte” (2011).  Ensayos, artículos y poemas suyos se han acogido en algunas revistas internacionales. 




            Leer poemario Media hora de lluvia en el jardín (2012)



 Carlos–Enrique Ruiz ha puesto en circulación su libro Media hora de lluvia en el jardín, enriquecido con acuarelas de Pilar González-Gómez. Esta obra reúne casi un centenar de composiciones ligadas por un impulso poético unificante, que viene a sumarse a la valiosa labor del escritor colombiano, conocido por su entrega a la poesía, la proeza de su revista Aleph, sostenida a lo largo de algo más de nueve lustros, y su estimable tarea universitaria. 

Ruiz, que es un Ingeniero de Caminos -como creo que lo fuera su compatriota Jorge Isaacs-  siente la atracción del misterio real y lo traduce por una doble vía: la de una mirada sensible y receptiva, y la de una vigilia interrogante y lúcida.  En otros momentos hemos visto imponerse la segunda modalidad, mientras en esta ocasión prevalece la primera.

Leves toques impresionistas, escuchas del sonido del mundo y anotaciones de sus formas  plásticas se hilvanan en estos poemas atentos al don de cada día,  recorridos por la subyacente interrogación sobre el sentido de la existencia. En ellos se impone una simbólica aérea y acuática, donde impera la fluidez, la permanente transformación del todo, la continuidad de los reinos.

El poeta hace gala de una serenidad casi oriental, emboza los sentimientos en un discurso ecuánime,  de respiración amplia y ritmos irregulares, cuya  ligera  musicalidad otorga  sentido a su decir y a su callar.  Nos invita a compartir esta contemplación despierta, esta meditación sobre el tiempo y el espacio que nos constituyen,  mostrando nuestra situación entre el naufragio y la espera, entre el errar y la esperanza. 

La poesía surge sin desprenderse del todo del silencio grávido que la precede. Hace lugar a la reflexión que da cuenta de “la fe del carbonero” y “los arrebatos de la apostasía”. Poesía que se define a sí misma: “Divagación en notas de fermosura descompuesta/ con reto de infinito”.

 Graciela Maturo

 Buenos Aires, 9 de marzo de 2012

 


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