Marcos Fabián Herrera

Nació en El Pital – Huila - Colombia (1984). Poeta y periodista cultural. Sus artículos de opinión y sus trabajos 

periodísticos se publican en revistas literarias y culturales de Hispanoamérica. 

Su libro El coloquio insolente: Conversaciones con escritores y artistas colombianos recibió elogiosos 

comentarios por parte de reconocidas figuras de la literatura  latinoamericana como Julio Ortega y Sergio 

Ramírez.  Autor del poemario Silabario de Magia (2011) publicado por la editorial bogotana Trilce



Ritual


Hemos aprendido a convocar el sueño y

            ahuyentar el ruido

Para conocer las revelaciones de los

            atormentados.


 Hemos prendido fuego para escuchar el

            mensaje perdido del crepitar en la

            hoguera.

 

Nos hemos extraviado en caminos de

            guijarros y hierbas indómitas, en

            busca de la brizna que nos enseñe el

            sendero.

 

Aún no hemos encontrado la quintaesencia

            de esta arena y la cartografía de los

            sueños ignorados.

 

 

Umbrales

 

Los umbrales han presenciado el paso de la

           gloria y la derrota.

Han visto el ingreso de reyes y vasallos,

           pastores y adivinos.

Han augurado cataclismos y pestes,

Amores y perfidias.

 

Han escuchado el gorjeo del lince, el redoble

           del tambor, el llamado del trompetín

           y la caída de la gárgola.

La sangre y el sudor han franqueado en

           heridas incurables y sienes torturadas.

Son los auténticos historiadores de la ruina.

 

 

Devoción

 

Oficiaron el asombro

Para conjurar el cansancio.

Apuraron la semilla

Para revelar lo inconfesable.

Todos

Hicimos de los ritos proscritos

Febriles creencias

Para devolver el pasado.

 

  

Ensalmo

 

            Para Adriana Loaiza

 

 La cofradía de dioses

Ha conjurado a los

Raptores de ángeles.

Ellos, mortales ocupados

En los retozos de la guerra,

Restañan sus heridas con las bellezas celestes.

 

 

Acacia

 

En este aserrío habita mi ascendencia

Hoy no soy más savia esfumada, follaje perdido.

El invasor de mi un cómplice para convertir mis astillas en parihuela de mortajas.

No soy más que una ramificación

Un inmóvil surco de llagas

Un susurro leñoso

Que teje el silencio.



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