En el barrio solo hay guerra
porque, hermano, paz ya no
Bobby Nigeria
Este relato NO está basado en hechos reales,
las escenas que reproduce son fruto de la imaginación
Es viernes tarde y Kala prepara un tajín para la cena. Los peques corretean por el salón y demandan la atención de su madre valiéndose de estrategias varias. Para practicar castellano, Kala ha sintonizado una emisora española y en la radio suena una canción de Shakira, la de la bicicleta. Halima da vueltas con su pequeño triciclo al ritmo de la música y tararea “lleva, llévame en tu bicicleta, óyeme, Carlos, llévame en tu bicicleta”. De mientras, Mounir persigue a Hakim por la casa porque le toca a él jugar con el móvil, y va gritando “¡mamá, mamá, no me lo deja, me toca a mí! A Kala le parece graciosa la escena y se le escapa la risa. Hakim, dale el móvil a tu hermano, yala. Hakim obedece. Halima sigue con el triciclo: “lleva, llévame en tu bicicleta”. Kala se los queda mirando medio ensimismada. Tiene unos hijos realmente preciosos; se siente orgullosa. Se desensimisma y vuelve con los preparativos de la cena. Al terminar la canción, una voz en off se cuela invasiva en la cocina y dice: “con los gitanos siempre igual; los moros se llevan todas las ayudas…”; Kala queda tan desconcertada que apenas es capaz de seguir el resto del discurso; al final alcanza a escuchar “ante el racismo no mires hacia otro lado, ministerio de no sé qué, gobierno de España”. Lo que le faltaba, que la insultaran en su propio hogar. Radio de blancos con anuncios para blancos. Además, ¿cómo se supone que tendría que reaccionar alguien como Kala ante semejante mensaje por parte de la institución que le niega la legalidad y que, ahora, a través de sus altavoces oficiales, les dice a sus vecinos blancos que, al menos, no la insulten? Sigue cocinando, cada vez más contrariada, casi airada, hasta que el timbre de la puerta le reconduce la atención. No esperaba recibir visitas. Se seca las manos con el trapo de cocina, se quita el delantal y se encamina hacia la puerta. El timbre vuelve a sonar. Ya, ya, se queja mientras descorre el pestillo. Al otro lado del umbral dos hombres trajeados con maletines y papeles la saludan con aires de suficiencia. ¿Kala Abdellaoui? Ella asiente insegura, con desconfianza. Venimos de parte de la propiedad para ofrecerle un trato, sentencia el uno mientras el otro secunda. La desconfianza de Kala se reafirma. Le dejan unos segundos para que asimile y responda, pero lo único que ella les devuelve es un silencio incómodo que exige con apremio los detalles del trato. Si se van en una semana la propiedad está dispuesta a darles, atenta, ¡4000 euros! La cifra la pronuncia con aplomo y pretensión en exceso, como si fuera algo inaudito. Eso sí, necesitamos una respuesta inmediata, pues esta oferta no se va a mantener por mucho tiempo. Kala sigue mirándolos sin decir nada, incomodándoles; quiere que sepan que no es tan tonta como ellos piensan. ¿Qué dice, señora Abdellaoui? No puedo contestar ahora, tengo que hablar con mi familia, responde finalmente. Pero ya le hemos dicho que… No voy a responderles ahora, repite cortando a su interlocutor. Kala sabe que si están dispuestos a pagarle esta cifra de entrada también lo estarán en esperar su respuesta un par de días, incluso en aumentar la oferta dado el caso. Les da su número de teléfono y les dice que la llamen en dos o tres días. Los hombres trajeados, ante la muestra de seguridad de Kala, se resignan y dejan de insistir. Eso sí, mientras se alejan de la entrada uno de ellos le aconseja: si yo fuera usted lo cogería sin pensarlo, señora, de todas formas, la van a echar de ahí, y sin darle nada a cambio. Kala lo fulmina con la mirada y cierra la puerta.
Alcanza el móvil y escribe a Diana para explicarle lo sucedido, que si es algo habitual, le pregunta, y que si se puede fiar de que le den ese dinero si finalmente deciden irse. Diana la llama al cabo de un rato para informarle. Se ve que estos chantajes por parte de la propiedad están a la orden del día, vamos, que son de lo más habitual. Es más, la mayoría están dispuestos a aumentar la oferta hasta 8 o 10000 euros, puesto que el beneficio que obtendrán de la vivienda supera con creces esta cifra. Probablemente pagarán, sí, pero la cuestión es que Kala y su familia, si finalmente los echan, difícilmente podrán encontrar una alternativa habitacional en el mercado ordinario, por mucho que les den 4000 euros; y si la encontraran, tal y como están los precios no les daría más que para pagar la entrada y el primer mes. Además, la propiedad es un gran tenedor y está obligada a ofreceros un alquiler social, le recuerda Diana.
Por la noche, después de cenar, Kala le cuenta a Zaid lo sucedido. Los hombres, los trajes, la oferta y lo que dice la gente del GHAS. La verdad es que resulta de lo más tentador, sobre todo ante la posibilidad de perder la casa de gratis. Pero es verdad, qué van a hacer luego si nadie les alquila una vivienda. Tenemos que conseguir lo del alquiler social, concluye Kala con la conformidad de Zaid. Mañana informará a Diana de la decisión que han tomado y el lunes lo compartirán con el resto de la asamblea.
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En el interior de un casoplón de la parte alta de Barcelona, Miquel Noguera levanta pesas en su gimnasio particular mientras se admira en un espejo que ocupa una pared entera de 7 metros. Suena techno-house a todo trapo. El espacio esta insonorizado. Ya solo le quedan 3 tandas de tríceps para terminar el entreno, unos UVA y listo. Luego tiene reunión de negocios con su padre y su hermana, y encima su madre no va a estar hoy, ni ella ni el apoyo incondicional que siempre le brinda. Además, no puede evitar estar ansioso en vistas al desahucio de uno de los bloques de Zona Franca que adquirió recientemente, programado para la semana que viene. Confía en que, gracias a Jordi y Esteban, por mucho perroflauta que se ponga en la entrada, los mossos recibirán órdenes categóricas de ejecutar, pero le preocupa la creciente fuerza de esos sindicatos de barrio de mierda, y de barrios de mierda. Como algo salga mal puede perder mucho dinero, muchísimo, y ya es capaz de oír a su hermana con sus telodijes, eso es un mercado muy volátil, Miquel, ya te lo dije, estás haciendo inversiones demasiado arriesgadas. Qué hija de puta que es. Y su padre ahí, observando serio, ostentando su poder, como único juez y verdugo. Solo pensarlo le entran ganas de cagar.
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El domingo, mientras Kala toma el té con su amiga Amina, la llaman los hombres del traje. Los buitres no tienen festivos. Les transmite la decisión que han tomado, que no piensan aceptar la oferta y que lo único que quieren es el alquiler social, aquello a lo que la ley les da derecho (por una vez que lo hace…). La negativa, junto a la impotencia y condescendencia blancoide del hombre del traje, lo saca de sus casillas. ¿En serio?, tiene gracia que usted hable de legalidad cuando está ocupando una propiedad de otra persona. Una persona con muchas casas, y yo pagué por entrar en esta. Señora, debe de estar loca si cree que le van a hacer un alquiler social, eso no va a suceder; además, podemos subir la oferta hasta 6000, piénseselo, o se acabará arrepintiendo. Ya le he dicho que no; si no piensa ofrecerme un contrato de alquiler no vuelva a llamarme, adiós, y cuelga el teléfono, en una mezcla desconcertante entre vulnerabilidad y empoderamiento que Amina, empática, asimila como si fuera suya. La euforia se apodera de ellas y empiezan a reírse, jajaja, jajaja, y se abrazan con ternura y se ríen de nuevo y Kala se lleva la mano a la cabeza como dando a entender que acaba de cometer un disparate y Amina refuerza con gestos su actuación y vuelven a reírse e imitan con mofa el tono del hombre del traje: “señora, debe de estar loca si…”, y siguen riéndose hasta que les duele la cara y Kala alberga dudas pero no las muestra. Celebran el momento a pesar del miedo.
El lunes Kala llega a la asamblea del GHAS cuando ya han empezado. El último piso que tenía estaba hecho un cristo y se ha demorado más de lo previsto, y ni siquiera le van a pagar el tiempo extra. Toma asiento y se concentra para coger el hilo. Diana la saluda desde el otro lado del corro. Están organizando la defensa del bloque de Zona Franca, que tiene el desahucio programado para el jueves. 14 núcleos familiares podrían perder su casa. Dinamización trata de repartir los roles para el día de: quién se va a encargar de hablar con la comitiva, con la SIPHO (Servei d’Intervenció i mediació en situacions de Pèrdua d’Habitatge i/o Ocupacions), con la Brimo (brigada móvil de los mossos d’esquadra), quién dinamizará las protestas o quién se encargará del roll antirepre (reducción de daños de la represión policial, cuyo cometido consiste en tener localizadas a todas las compas del colectivo, saber a quién identifica la policía, qué hacer en caso de detención y este tipo de cosas). Tenemos que ser muchas el jueves, es el primer lanzamiento y si nos movilizamos podremos pararlo. Comicom (comisión comunicación) prepara el mensaje para mandar junto al cartel de la convocatoria por el grupo de whatsapp y a otros colectivos afines, como el Sindicat de Poble Sec, Raval Rebel, l’Escola Popular de Sants, Can Vies, l’Horta alliberada, el Refugi, el Casal de Joves o el Casal indepe de Sants.
Kala, ¿quieres comentar algo sobre tu caso?, le pregunta una de las de dinamización cuando ya han terminado de organizar el jueves. Sí, contesta Kala, lo que provoca un silencio expectante y una atención colectiva dirigida hacia ella. Busca intimidada la mirada de Diana para que le dé el empujón que precisa, y sigue: vinieron a vernos de parte de la propiedad y nos ofrecieron 4000 euros a cambio de abandonar la casa. La gente la escucha atenta. Les dije que llamaran al día siguiente o al otro para hablarlo con mi marido. Aunque tengamos ese dinero nos costará mucho encontrar un hogar, así que les hemos dicho que no, que lo único que queremos es el alquiler social. Entonces subieron a 6000, pero les dije lo mismo. En el rostro de sus oyentes, Kala es capaz de percibir una especie de orgullo colectivo ante la reciente muestra de determinación por parte de su familia. Alguien pide turno para hablar y le pregunta a Kala si ya la ha llamado el abogado de oficio. Ella niega con un gesto. Pues no sé a qué espera, observa un tercero. No debería tardar mucho ya, dice Diana.
La asamblea se alarga media hora más. Al terminar proponen ir a tomar algo a una terraza cercana, pero Kala se despide, pues una chica de la Escuela Popular se ha quedado cuidando a los niños y no quiere hacerla esperar. Camina a paso vivo. Al doblar la esquina situada a 30 metros de su portal, dos hombres blancos sin trajes la increpan: ¿Kala Abdellaoui? Ella confirma. Tienes que irte de aquí, esta no es tu casa. No tengo a donde ir, responde ella tratando de mantener la serenidad y sin detenerse. Este es tu problema. Si, aquí no te queremos, puta mora asquerosa. Kala sigue caminando y busca apresurada las llaves dentro del bolso; la serenidad se le desmorona. ¿Me has oído, mora de mierda? Ya en el portal, sin contestar y con las manos temblorosas, Kala intenta introducir la llave en el bombín. Los blancos sin traje siguen insultándola y amenazándola muy de cerca. Casi puede notar su aliento en la oreja. Os vamos a amargar la vida si no os vais de aquí. Kala teme que le van a hacer daño. Está muerta de miedo. Por fin consigue abrir la puerta, se mete desesperada en la estancia y se la cierra de golpe en las narices. Cierra el pestillo y observa por la mirilla. Parece que se van. Apoya la espalda y la cabeza en la pared del recibidor y empieza a llorar, de rabia, de impotencia, pero rápido disimula, porque en ese momento Hakim, Mounir y Halima corren eufóricos hacia sus brazos. ¡Mamá, mamá, mamá! Hola guapos, sonríe Kala mientras se esparce con la mano las lágrimas de las mejillas. Nerea, la chica que se había quedado con sus hijos, percibe la turbación de Kala pero espera el momento oportuno para preguntarle. Se instalan en la mesa de la cocina y le cuenta lo sucedido. De nuevo, un montón de lágrimas se le precipitan por las pestañas: todavía tiene el miedo metido en el cuerpo. Nerea intenta tranquilizarla, le explica que mandar a matones para intimidar a los inquilinos es una práctica habitual de los grandes tenedores, que la empresa más conocida se llama Desokupa, que son fachas de gym, de batido proteico, de testosterona muy mal canalizada, y que sería extraño que la agredieran físicamente, ya que suelen moverse dentro de los márgenes de la legalidad. Kala consigue recomponerse y envía un mensaje por el grupo del GHAS explicando lo sucedido. Nerea se despide intranquila, pero Kala le insiste en que se vaya a su casa, que ha sido el susto pero que ya está más tranquila. Al rato, desde el grupo de whatsapp algunas compas del colectivo deciden reunirse al día siguiente para dar respuesta al acoso que Kala está sufriendo. Ella agradece la iniciativa y se pone a calentar la cena. No es capaz de quitarse de la cabeza las palabras de esos hombres, y sus caras de odio, sobre todo sus caras. Su marido debe estar a punto de llegar y a Kala le parte el alma tener que explicarle lo que ha pasado, así que decide omitir los insultos y la intimidación para ahorrarle el mal trago.
Al día siguiente, la mañana del martes se presenta como otra cualquiera: Halima no quiere terminarse el desayuno, con Mounir no hay manera de que se vista solo y Hakim no para de chinchar a ambos, pero con cariño. Sin embargo, cuando ya están todos listos, Mounir, que es el primero en salir de casa, pisa una mierda que alguien ha dejado en el escaloncito de la entrada, resbala y se cae al suelo, manchándose el pantalón de mierda. El niño empieza a llorar y Kala se apresura a consolarlo e intentar levantarlo. Tranquilo, cariño, solo ha sido una pequeña caída. Venga, vamos a cambiarte de ropa. Cuando consigue asirlo del suelo y se disponen a entrar, descubren una enorme pintada en la puerta que dice PUTOS MOROS FUERA, una pintada que Hakim y Halima llevan rato observando sin decir nada. Kala queda del todo atónita; mira a banda y banda de la calle pero no ve a nadie sospechoso. Todavía huele a pintura. Ayuda a Mounir a quitarse las zapatillas manchadas de mierda y a entrar en la casa. Luego cierra la puerta, muy lentamente, como si le pidiera permiso a sus hijos, que no han dejado de mirarla. ¿Quién ha escrito eso?, pregunta Hakim. ¿Por qué nos dicen eso, mamá?, dice Halima. Mounir sigue llorando. Kala se agacha y los abraza con fuerza mientras les dice que no lo sabe, pero que no deben temer, porque ella y papá los protegerán. La rabia que Kala siente no cabe en un solo cuerpo, y aun así, nada en comparación con el amor que profesa a sus hijos. Por eso no grita todo lo fuerte que podría, ni se desmorona, ni maldice a esos malnacidos a viva voz; todo lo que hace es restarle importancia, animar a sus peques mientras le cambia la ropa a Mounir. Al salir de casa de nuevo, fotografía con el móvil la pintada y la mierda para mandarlo por el grupo y se dirige con los niños hacia la escuela. Kala sigue intentando minimizar lo sucedido, pero teme que esas palabras quedarán sujetas al imaginario de sus hijos irremediablemente. Tras dejarlos en la escuela y antes de ir al primer piso, envía las fotos con la explicación al GHAS y a Zaid. Al parecer, cuando él salió de casa esta mañana no había nada de eso, así que han tenido que hacerlo entre las 6:30 y la 8:00.
El tercer piso de la mañana es el ático de la señora que la acusó de haber robado dos pulseras de oro, lo que le faltaba. Después de lo de hoy, se le hace especialmente difícil limpiarle la mierda a esa blanca rica y engreída. Por fin termina el servicio y se despide. Saliendo de la puerta del ascensor, la llaman al teléfono. Es el abogado, un tal Pelayo Vehemente, que la cita para el viernes a las 11. Ya era hora.
- El de Zona Franca se ejecuta en el 1er lanzamiento y desahucian a muchas familias (casos variados con SS)
- Se negocia con Anticipa el caso de Kala, pero después del 1er lanzamiento (usar audio reunión Jocs Florals).
- Cambia de dueño y lo adquiere la empresa de Miquel Noguera dentro de un paquete de viviendas.
- Publicamos el caso con el nombre de Noguera en la prensa: la hermana y el padre lo critican por ello
- Consigue el alquiler social (discurso de Kala como el de Fito)

Eduard Mir Neira
Ocupación actual: Doctorando con contrato predoctoral | Departament de Filologies Romàniques | Universitat Rovira i Virgili
Grado en Lengua y Literatura Hispánicas (Universitat Rovira i Virgili)
Máster Universitario en Investigación Avanzada en Estudios Humanísticos (Universitat Rovira i Virgili)
Máster universitario en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas (Universitat de Barcelona).